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21 de diciembre 2018    /   CIENCIA
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¿Cambiar tu forma de ser solo depende de ti? Va a ser que no

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La vida es nacer, crecer, reproducirse y que te digan que cambies durante todo el trayecto. Cada época dicta su ambición. La de hoy, sea por el flanco laboral o el personal físico y mental, es el cambio. El cambio pasó de ser posibilidad a dogma: se dice que no solo todos los cambios son positivos, también son posibles.

Pero llega la ciencia y manda parar. Conocer las investigaciones revela que el cambio, hoy, adquiere rango de fe: se habla incluso de que la actitud puede sanar enfermedades. Pero ¿hasta qué punto puedes cambiar tu personalidad?

El libro Deja de intentar cambiar recoge y divulga los descubrimientos científicos al respecto. Su coautora (junto a Rodrigo Martínez), la psicóloga Mara Aznar, afirma que es imposible modificar lo sustancial, y que lo sustancial es más grande de lo que se cree. «Nos dicen que nos adaptemos al entorno y la idea es al revés: que el entorno se adapte a nosotros», sintetiza.

«El 50% de nuestra personalidad es predisposición genética, no se puede cambiar. No puedes pasar de ser introvertido a extrovertido, y vivir eso como un defecto e intentar cambiarlo requiere mucho esfuerzo y genera una frustración continua. Es como darse contra una pared», señala. El otro 50% sí se puede cambiar; corresponde a la experiencia privada: el cómo procesamos lo que ocurre. Para modificar esa porción primero debemos ser conscientes de cómo somos y aceptarlo. Gracias a eso, podemos movernos hacia relaciones o trabajos que casen con nuestra forma de ser.

No nacemos como un folio en blanco. El ambiente no nos configura del cogote al meñique. Nuestra predisposición genética marca si somos más o menos introvertidos, estables emocionalmente, responsables, empáticos o abiertos a nuevas experiencias. El entorno no crea esas cualidades, son esas cualidades las que determinan cómo el entorno marca a una persona.

Si tomas a dos gemelos idénticos (que comparten ADN) y los educas en familias distintas, con los años, la correlación entre sus personalidades rondará el 90%. Así lo comprobó Thomas Bouchard, psicólogo de la Universidad de Minnesota. Sin embargo, la correlación de personalidades entre hermanos criados en la misma casa ronda solo el 50%.

Pero hay un dato más intrigante. Dos gemelos criados en una misma casa se parecen menos (un 80%) que si crecen en lugares diferentes. Genes idénticos, ambientes idénticos y, sin embargo, son un poco más distintos. ¿El motivo? Se esfuerzan en diferenciarse el uno del otro. Necesitan ser un poco más únicos.

La vida es nacer, crecer, reproducirse y que te digan que cambies durante todo el trayecto. Cada época dicta su ambición. La de hoy, sea por el flanco laboral o el personal físico y mental, es el cambio. El cambio pasó de ser posibilidad a dogma: se dice que no solo todos los cambios son positivos, también son posibles.

Pero llega la ciencia y manda parar. Conocer las investigaciones revela que el cambio, hoy, adquiere rango de fe: se habla incluso de que la actitud puede sanar enfermedades. Pero ¿hasta qué punto puedes cambiar tu personalidad?

El libro Deja de intentar cambiar recoge y divulga los descubrimientos científicos al respecto. Su coautora (junto a Rodrigo Martínez), la psicóloga Mara Aznar, afirma que es imposible modificar lo sustancial, y que lo sustancial es más grande de lo que se cree. «Nos dicen que nos adaptemos al entorno y la idea es al revés: que el entorno se adapte a nosotros», sintetiza.

«El 50% de nuestra personalidad es predisposición genética, no se puede cambiar. No puedes pasar de ser introvertido a extrovertido, y vivir eso como un defecto e intentar cambiarlo requiere mucho esfuerzo y genera una frustración continua. Es como darse contra una pared», señala. El otro 50% sí se puede cambiar; corresponde a la experiencia privada: el cómo procesamos lo que ocurre. Para modificar esa porción primero debemos ser conscientes de cómo somos y aceptarlo. Gracias a eso, podemos movernos hacia relaciones o trabajos que casen con nuestra forma de ser.

No nacemos como un folio en blanco. El ambiente no nos configura del cogote al meñique. Nuestra predisposición genética marca si somos más o menos introvertidos, estables emocionalmente, responsables, empáticos o abiertos a nuevas experiencias. El entorno no crea esas cualidades, son esas cualidades las que determinan cómo el entorno marca a una persona.

Si tomas a dos gemelos idénticos (que comparten ADN) y los educas en familias distintas, con los años, la correlación entre sus personalidades rondará el 90%. Así lo comprobó Thomas Bouchard, psicólogo de la Universidad de Minnesota. Sin embargo, la correlación de personalidades entre hermanos criados en la misma casa ronda solo el 50%.

Pero hay un dato más intrigante. Dos gemelos criados en una misma casa se parecen menos (un 80%) que si crecen en lugares diferentes. Genes idénticos, ambientes idénticos y, sin embargo, son un poco más distintos. ¿El motivo? Se esfuerzan en diferenciarse el uno del otro. Necesitan ser un poco más únicos.

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