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16 de mayo 2017    /   BRANDED CONTENT
 

¿Qué están estudiando ahora los grandes escritores de mañana?

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«El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo. Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es»

(Umberto Eco)

Si por algo se caracteriza el proceso de publicar un libro es por las dudas.

El autor duda si arrancar el texto de una u otra manera, si bautizar a un personaje con un nombre común o uno exótico, si matarlo o dejarlo con vida.

El editor duda si apostar o no por un autor novel, si publicar ya la obra de un autor consagrado o hacerlo unos meses más tarde, si añadir un título más a esa colección.

El corrector duda si dejar esa coma o quitarla, cuando ambas son correctas.

En toda esa sucesión de decisiones nadie tiene la verdad absoluta. Son cuestiones en su mayor parte subjetivas. A resolverlas puede ayudar la experiencia, los buenos consejos e incluso la intuición.

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Muchos grandes escritores de la historia estudiaron cualquier otra cosa: Chèjov, Pío Baroja y Sir Arthur Conan Doyle estudiaron Medicina; Dostoievski, Ingeniería; Kafka, Química; Gabriel García Márquez, Julio Verne, León Tolstoi y Gustave Flaubert, Derecho; H. G. Wells, Biología y Zoología; Isaac Asimov, Bioquímica; Ernesto Sábato, Física y Lewis Carroll, Matemáticas (lo que le resultó útil para introducir curiosos juegos de lógica en sus obras).

Solo algunos cursaron estudios relacionados con lengua y literatura: Alice Munro, Charles Bukowski, Haruki Murakami, James Joyce, Julio Cortázar, J.R.R. Tolkien, Miguel de Unamuno, Milan Kundera, Paul Auster y Umberto Eco son algunos de ellos.

Y otros no cursaron estudios superiores en absoluto, como fue el caso de Edgar Allan Poe, Ernest Hemingway, Jorge Luis Borges, Joseph Conrad, Juan Rulfo, Marcel Proust o Ray Bradbury.

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Esta escasez de formación específica sobre escritura hace suponer que se formaron principalmente leyendo mucho y entrenando una mirada atenta hacia todo lo que pudiera sugerirles una historia.

Por suerte, la formación evoluciona y actualmente existe una oferta educativa para ejercitarse en las tareas editoriales que antes se aprendían sobre todo con el oficio y la vocación.

La formación en materias editoriales no debe olvidar lo que siempre ha funcionado en ese proceso de toma de decisiones: la vocación, la experiencia, la intuición y los buenos consejos. Por eso, Escuela Cursiva, la escuela de escritura y edición de Penguin Random House Grupo Editorial (que aglutina editoriales de la talla de Alfaguara, Plaza & Janés, Lumen o Debate), ha optado por un método muy práctico en el que los cursos de edición los imparten editores y, los de escritura, escritores. El objetivo de este formato es que los interesados en forjarse una carrera en ese sector reciban las sugerencias de los que ya lo han conseguido.

La escritora Rosa Montero, que imparte uno de los MOOCs del centro, asegura que «se trata del curso al que siempre hubiera querido asistir antes de ponerme en marcha». En él, los aspirantes a escritores podrán encontrar recursos que los grandes autores tuvieron que aprender por su cuenta. Por ejemplo, técnicas para librarse de los temidos bloqueos o herramientas para encontrar su propia voz narrativa.

Cursiva es, en palabras de sus creadores, «un campus virtual y presencial» donde uno puede especializarse en la parte del proceso de edición que más le interese: desde la escritura del libro hasta su promoción, pasando por la corrección ortotipográfica o la lectura editorial. El grupo editorial se sirve de los profesionales que trabajan en él (editores, correctores y autores como Elísabet Benavent o el Premio Alfaguara 2013 José Ovejero) para difundir su sabiduría a aquel que esté interesado en sumergirse en el mundo del libro.

No hay una sola manera de llegar a ser un escritor o un editor de éxito, pero elijas el camino que elijas, aunque decidas hacerlo después de estudiar Medicina como hicieron algunos de los grandes, ahora tienes la oportunidad de acortar algunos pasos del camino dejándote aconsejar por algunos de los mejores.

pexels-photo

Imágenes: Pexels.com

«El libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo. Quizá evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es»

(Umberto Eco)

Si por algo se caracteriza el proceso de publicar un libro es por las dudas.

El autor duda si arrancar el texto de una u otra manera, si bautizar a un personaje con un nombre común o uno exótico, si matarlo o dejarlo con vida.

El editor duda si apostar o no por un autor novel, si publicar ya la obra de un autor consagrado o hacerlo unos meses más tarde, si añadir un título más a esa colección.

El corrector duda si dejar esa coma o quitarla, cuando ambas son correctas.

En toda esa sucesión de decisiones nadie tiene la verdad absoluta. Son cuestiones en su mayor parte subjetivas. A resolverlas puede ayudar la experiencia, los buenos consejos e incluso la intuición.

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Muchos grandes escritores de la historia estudiaron cualquier otra cosa: Chèjov, Pío Baroja y Sir Arthur Conan Doyle estudiaron Medicina; Dostoievski, Ingeniería; Kafka, Química; Gabriel García Márquez, Julio Verne, León Tolstoi y Gustave Flaubert, Derecho; H. G. Wells, Biología y Zoología; Isaac Asimov, Bioquímica; Ernesto Sábato, Física y Lewis Carroll, Matemáticas (lo que le resultó útil para introducir curiosos juegos de lógica en sus obras).

Solo algunos cursaron estudios relacionados con lengua y literatura: Alice Munro, Charles Bukowski, Haruki Murakami, James Joyce, Julio Cortázar, J.R.R. Tolkien, Miguel de Unamuno, Milan Kundera, Paul Auster y Umberto Eco son algunos de ellos.

Y otros no cursaron estudios superiores en absoluto, como fue el caso de Edgar Allan Poe, Ernest Hemingway, Jorge Luis Borges, Joseph Conrad, Juan Rulfo, Marcel Proust o Ray Bradbury.

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Esta escasez de formación específica sobre escritura hace suponer que se formaron principalmente leyendo mucho y entrenando una mirada atenta hacia todo lo que pudiera sugerirles una historia.

Por suerte, la formación evoluciona y actualmente existe una oferta educativa para ejercitarse en las tareas editoriales que antes se aprendían sobre todo con el oficio y la vocación.

La formación en materias editoriales no debe olvidar lo que siempre ha funcionado en ese proceso de toma de decisiones: la vocación, la experiencia, la intuición y los buenos consejos. Por eso, Escuela Cursiva, la escuela de escritura y edición de Penguin Random House Grupo Editorial (que aglutina editoriales de la talla de Alfaguara, Plaza & Janés, Lumen o Debate), ha optado por un método muy práctico en el que los cursos de edición los imparten editores y, los de escritura, escritores. El objetivo de este formato es que los interesados en forjarse una carrera en ese sector reciban las sugerencias de los que ya lo han conseguido.

La escritora Rosa Montero, que imparte uno de los MOOCs del centro, asegura que «se trata del curso al que siempre hubiera querido asistir antes de ponerme en marcha». En él, los aspirantes a escritores podrán encontrar recursos que los grandes autores tuvieron que aprender por su cuenta. Por ejemplo, técnicas para librarse de los temidos bloqueos o herramientas para encontrar su propia voz narrativa.

Cursiva es, en palabras de sus creadores, «un campus virtual y presencial» donde uno puede especializarse en la parte del proceso de edición que más le interese: desde la escritura del libro hasta su promoción, pasando por la corrección ortotipográfica o la lectura editorial. El grupo editorial se sirve de los profesionales que trabajan en él (editores, correctores y autores como Elísabet Benavent o el Premio Alfaguara 2013 José Ovejero) para difundir su sabiduría a aquel que esté interesado en sumergirse en el mundo del libro.

No hay una sola manera de llegar a ser un escritor o un editor de éxito, pero elijas el camino que elijas, aunque decidas hacerlo después de estudiar Medicina como hicieron algunos de los grandes, ahora tienes la oportunidad de acortar algunos pasos del camino dejándote aconsejar por algunos de los mejores.

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Imágenes: Pexels.com

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Opiniones 4
  • Soy un escritor nivel desearía contactarme con alguna editorial que estuviera disponible a escucharme y a publicarme alguna de mis novelas

  • Actualmente trabajo como médico (cosa diferente a decir que «soy médico»). Después de seis años de carrera, uno de preparación para las oposiciones, cuatro de especialidad y otros cuatro ejerciendo como especialista, empecé a perder la vocación. Buscando una escapatoria a una situación personal que se me hacía cada vez más insostenible, empecé a mirar hacia mi amante secreta: la literatura. Retomé la escritura, me presenté con cuentos cortos y microrrelatos a varios concursos, repasé y envié una novela a una docena de editoriales… Estaba tan desesperado y perdido que llegué a iniciar el grado de lengua y literatura españolas, con el fin de encontrar algo que me sacara de una rutina que me envenenaba por dentro. Y fue entonces cuando contactaron conmigo de una editorial para publicar mi novela.
    Ahora la profesión que me da de comer no me parece tan oscura, el grado de literatura ha despertado en mí un hambre insaciable y la publicación de la novela está a punto de convertirse en mi gran sueño cumplido.

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