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16 de noviembre 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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Si publicas un libro con fotos, no lo llames fotolibro

16 de noviembre 2015    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Una nutrida comunidad de fotógrafos españoles apuesta cada vez más por el fotolibro. El formato vive un dulce renacimiento. El madrileño Daniel Mayrit acaba de ganar el premio al Mejor Primer Fotolibro que cada año la Fundación Aperture otorga en el Paris Photo. Es la segunda vez que un fotógrafo español se alza con este prestigioso galardón. En 2013 le tocó al malagueño Óscar Monzón con su libro Karma.
Sin embargo, desde  hace unas semanas, la empresa Fotoprix ha empezado a amenazar con acciones legales a cualquiera que utilice la palabra «fotolibro».

«FOTOLIBRO es una marca registrada por Fotoprix, S.A. en al año 2005. Efectivamente, ante el uso que se está haciendo de la misma en diversos medios, ha decidido emprender acciones judiciales en contra de quien la use indebidamente», asegura Jordi Solans, abogado de esta empresa.

Karma, de Óscar Monzón
Karma, de Óscar Monzón

Este bufete ha enviado recientemente un burofax a Blank Paper Escuela, en el que les instan a dejar de usar este término para referirse a los libros de fotografía. «Como no tenemos tiempo, dinero ni energías que perder en farragosos procesos judiciales, y tenemos la siguiente edición de Fiebre prácticamente a la vuelta de la esquina, hemos decidido dejar de utilizar el término ‘fotolibro’ tanto en Fiebre como en Blank Paper Escuela. Los cambios no tienen lugar de la noche a la mañana, pero estamos en proceso de dejar de utilizarlo completamente para evitar problemas que puedan echar al traste el festival.Pero aunque no respondamos judicialmente, sí queremos explicar por qué utilizamos este término desde un inicio, para dejar claro que no es nuestra intención generar ningún daño comercial a esta multinacional, con la que hasta ahora no teníamos nada que ver», comunicaba la escuela a través de su página web.
De esta forma, el pasado 4 de noviembre nacía la expresión #fotolibres en un intento de lanzar un debate sobre la apropiación de un término genérico por parte de una empresa privada. Dicho sea de otra forma: ¿podría una compañía adueñarse de una palabra como fotografía?
Según el artículo 5 de la Ley de Marcas, no pueden ser registrados como marca los signos «que se hayan convertido en habituales para designar los productos o los servicios en el lenguaje común o en las costumbres leales y constantes del comercio».
El porqué de las naranjas, de Ricardo Cases
El porqué de las naranjas, de Ricardo Cases

«En mi opinión, lo que ha hecho Fotoprix intentado prohibir que una escuela de fotografía use la palabra ‘Fotolibro’ por tenerla registrada es de una torpeza extrema. Para empezar, es un acto descorazonador, únicamente propio de truhanes y bandidos y que les deshumaniza totalmente. Su acto se resume en pocas palabras: ponerle la zancadilla a un colectivo de personas que lleva años luchando como nadie en España por la fotografía», asegura Alberto Lizaralde, director creativo en Havas además de autor de fotolibros, ¡ups!, de #fotolibres como Everything will be ok.
Desde un punto de vista puramente estratégico, Lizaralde está convencido de que se trata de un error. Y pone como ejemplo la política adoptada por Blurb, la empresa que se dedica a hacer libros de fotografía independientes y autopublicados a través de una plataforma online.
«Blurb decidió hace tiempo ponerse de lado de sus potenciales clientes: los fotógrafos. Crearon un premio al mejor fotolibro autopublicado con una dotación de 18.000 euros con una categoría específica para estudiantes de fotografía. ¡Qué casualidad! También han patrocinado premios al mejor fotolibro en importantes festivales internacionales como el de Kassel. Y yo mismo les he visto con un stand en el festival de Arles», señala Lizaralde.
Casa de Campo, de Antonio M. Xoubanova
Casa de Campo, de Antonio M. Xoubanova

«Mientras Blurb impulsa la difusión del fotolibro a nivel mundial, porque saben que les beneficia, Fotoprix pretende apropiarse de la exclusividad. Mientras Blurb se ha convertido en uno de los líderes del mercado, Fotoprix entra en concurso de acreedores con una deuda de 12 millones de euros. Son dos formas distintas de ver el mundo, pero una sola de cavarse su propia tumba», añade Alberto.
La batalla sobre el término «fotolibro» acaba de comenzar. «Nos ha llegado una sentencia de 2014, por la que Fotoprix pierde una demanda muy similar por el mismo término contra un competidor directo. Y pierde por una de las razones por las que creemos que podría perder con nosotros, porque «fotolibro» es un término de uso común en el sector», afirma Olmo González, uno de los portavoces del colectivo MOB, que organiza la tercera edición de Fiebre junto a Blank Paper Escuela.
Olmo González reconoce que se asombró cuando descubrió que Fotoprix había registrado esa palabra. «Lo que nos sorprende es que el mundo de los fotolibros, que nunca han sido rentables para nadie, despierte tanto interés por parte de una empresa. A lo mejor ven el futuro comercial del sector mucho más positivo que nosotros, no sé. ¡Ojalá les vaya tan bien! Si vienen más burofaxes como este, significa que hay futuro», bromea el fotógrafo.
Pain, de Toni Amengual
Pain, de Toni Amengual

«Es la historia que se viene repitiendo últimamente en varios sectores: las viejas empresas intentando evitar que las nuevas formas de hacer las cosas no les quiten el trozo de pastel. Los taxistas intentando prohibir Uber, los hoteles intentando cerrar Airbnb, las discográficas viendo Internet como una amenaza… Lo más inteligente es detectar nuevas oportunidades de negocio. Que las hay, y muchas», señala Lizaralde.
«Quizás Fotoprix podría haber sacado más partido de nuestro uso de la palabra si hubieran venido con ánimo conciliador, pues al final lo que hacemos es sumar entre todos a que mucha más gente conozca el término. En nuestro caso, promovemos su uso en un sector especializado, pero que acaba teniendo repercusión en medios de comunicación, algo que una empresa como Fotoprix solo conseguiría pagando por un espacio publicitario. En el caso que nos trae a esta entrevista, la publicidad que están obteniendo, según nos consta en el uso de la etiqueta #Fotolibres en redes sociales, es bastante negativa. Nosotros abandonamos el uso de la palabra y ellos están perdiendo la posibilidad de caerle bien a mucha gente», reflexiona González.
«Sinceramente no tengo muy claro lo que gana Fotoprix impidiendo que usen la palabra. Pero sí tengo claro lo que pierden: todo un colectivo de fotógrafos, más grande de lo que piensan, que eran potenciales clientes de los productos que Fotoprix vende», concluye Lizaralde.
Difícil adivinar lo que opinan los directivos de Fotoprix sobre este asunto. «Nuestro cliente agradece su interés y su amable propuesta, pero en estos momentos no considera oportuno publicar ningún reportaje sobre el asunto», nos informan desde su bufete.
R.I.P. fotolibro. Bienvenidos #fotolibres.
You haven´t seen their faces, de Daniel Mayrit
You haven´t seen their faces, de Daniel Mayrit

Paloma al aire, de Ricardo Cases
Paloma al aire, de Ricardo Cases

Una nutrida comunidad de fotógrafos españoles apuesta cada vez más por el fotolibro. El formato vive un dulce renacimiento. El madrileño Daniel Mayrit acaba de ganar el premio al Mejor Primer Fotolibro que cada año la Fundación Aperture otorga en el Paris Photo. Es la segunda vez que un fotógrafo español se alza con este prestigioso galardón. En 2013 le tocó al malagueño Óscar Monzón con su libro Karma.
Sin embargo, desde  hace unas semanas, la empresa Fotoprix ha empezado a amenazar con acciones legales a cualquiera que utilice la palabra «fotolibro».

«FOTOLIBRO es una marca registrada por Fotoprix, S.A. en al año 2005. Efectivamente, ante el uso que se está haciendo de la misma en diversos medios, ha decidido emprender acciones judiciales en contra de quien la use indebidamente», asegura Jordi Solans, abogado de esta empresa.

Karma, de Óscar Monzón
Karma, de Óscar Monzón

Este bufete ha enviado recientemente un burofax a Blank Paper Escuela, en el que les instan a dejar de usar este término para referirse a los libros de fotografía. «Como no tenemos tiempo, dinero ni energías que perder en farragosos procesos judiciales, y tenemos la siguiente edición de Fiebre prácticamente a la vuelta de la esquina, hemos decidido dejar de utilizar el término ‘fotolibro’ tanto en Fiebre como en Blank Paper Escuela. Los cambios no tienen lugar de la noche a la mañana, pero estamos en proceso de dejar de utilizarlo completamente para evitar problemas que puedan echar al traste el festival.Pero aunque no respondamos judicialmente, sí queremos explicar por qué utilizamos este término desde un inicio, para dejar claro que no es nuestra intención generar ningún daño comercial a esta multinacional, con la que hasta ahora no teníamos nada que ver», comunicaba la escuela a través de su página web.
De esta forma, el pasado 4 de noviembre nacía la expresión #fotolibres en un intento de lanzar un debate sobre la apropiación de un término genérico por parte de una empresa privada. Dicho sea de otra forma: ¿podría una compañía adueñarse de una palabra como fotografía?
Según el artículo 5 de la Ley de Marcas, no pueden ser registrados como marca los signos «que se hayan convertido en habituales para designar los productos o los servicios en el lenguaje común o en las costumbres leales y constantes del comercio».
El porqué de las naranjas, de Ricardo Cases
El porqué de las naranjas, de Ricardo Cases

«En mi opinión, lo que ha hecho Fotoprix intentado prohibir que una escuela de fotografía use la palabra ‘Fotolibro’ por tenerla registrada es de una torpeza extrema. Para empezar, es un acto descorazonador, únicamente propio de truhanes y bandidos y que les deshumaniza totalmente. Su acto se resume en pocas palabras: ponerle la zancadilla a un colectivo de personas que lleva años luchando como nadie en España por la fotografía», asegura Alberto Lizaralde, director creativo en Havas además de autor de fotolibros, ¡ups!, de #fotolibres como Everything will be ok.
Desde un punto de vista puramente estratégico, Lizaralde está convencido de que se trata de un error. Y pone como ejemplo la política adoptada por Blurb, la empresa que se dedica a hacer libros de fotografía independientes y autopublicados a través de una plataforma online.
«Blurb decidió hace tiempo ponerse de lado de sus potenciales clientes: los fotógrafos. Crearon un premio al mejor fotolibro autopublicado con una dotación de 18.000 euros con una categoría específica para estudiantes de fotografía. ¡Qué casualidad! También han patrocinado premios al mejor fotolibro en importantes festivales internacionales como el de Kassel. Y yo mismo les he visto con un stand en el festival de Arles», señala Lizaralde.
Casa de Campo, de Antonio M. Xoubanova
Casa de Campo, de Antonio M. Xoubanova

«Mientras Blurb impulsa la difusión del fotolibro a nivel mundial, porque saben que les beneficia, Fotoprix pretende apropiarse de la exclusividad. Mientras Blurb se ha convertido en uno de los líderes del mercado, Fotoprix entra en concurso de acreedores con una deuda de 12 millones de euros. Son dos formas distintas de ver el mundo, pero una sola de cavarse su propia tumba», añade Alberto.
La batalla sobre el término «fotolibro» acaba de comenzar. «Nos ha llegado una sentencia de 2014, por la que Fotoprix pierde una demanda muy similar por el mismo término contra un competidor directo. Y pierde por una de las razones por las que creemos que podría perder con nosotros, porque «fotolibro» es un término de uso común en el sector», afirma Olmo González, uno de los portavoces del colectivo MOB, que organiza la tercera edición de Fiebre junto a Blank Paper Escuela.
Olmo González reconoce que se asombró cuando descubrió que Fotoprix había registrado esa palabra. «Lo que nos sorprende es que el mundo de los fotolibros, que nunca han sido rentables para nadie, despierte tanto interés por parte de una empresa. A lo mejor ven el futuro comercial del sector mucho más positivo que nosotros, no sé. ¡Ojalá les vaya tan bien! Si vienen más burofaxes como este, significa que hay futuro», bromea el fotógrafo.
Pain, de Toni Amengual
Pain, de Toni Amengual

«Es la historia que se viene repitiendo últimamente en varios sectores: las viejas empresas intentando evitar que las nuevas formas de hacer las cosas no les quiten el trozo de pastel. Los taxistas intentando prohibir Uber, los hoteles intentando cerrar Airbnb, las discográficas viendo Internet como una amenaza… Lo más inteligente es detectar nuevas oportunidades de negocio. Que las hay, y muchas», señala Lizaralde.
«Quizás Fotoprix podría haber sacado más partido de nuestro uso de la palabra si hubieran venido con ánimo conciliador, pues al final lo que hacemos es sumar entre todos a que mucha más gente conozca el término. En nuestro caso, promovemos su uso en un sector especializado, pero que acaba teniendo repercusión en medios de comunicación, algo que una empresa como Fotoprix solo conseguiría pagando por un espacio publicitario. En el caso que nos trae a esta entrevista, la publicidad que están obteniendo, según nos consta en el uso de la etiqueta #Fotolibres en redes sociales, es bastante negativa. Nosotros abandonamos el uso de la palabra y ellos están perdiendo la posibilidad de caerle bien a mucha gente», reflexiona González.
«Sinceramente no tengo muy claro lo que gana Fotoprix impidiendo que usen la palabra. Pero sí tengo claro lo que pierden: todo un colectivo de fotógrafos, más grande de lo que piensan, que eran potenciales clientes de los productos que Fotoprix vende», concluye Lizaralde.
Difícil adivinar lo que opinan los directivos de Fotoprix sobre este asunto. «Nuestro cliente agradece su interés y su amable propuesta, pero en estos momentos no considera oportuno publicar ningún reportaje sobre el asunto», nos informan desde su bufete.
R.I.P. fotolibro. Bienvenidos #fotolibres.
You haven´t seen their faces, de Daniel Mayrit
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Paloma al aire, de Ricardo Cases
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