24 de diciembre 2019    /   CREATIVIDAD
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Las fotos de Madrid de Kike Carbajal son nuestro Vietnam fotográfico

24 de diciembre 2019    /   CREATIVIDAD     por          
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Existen dos sociedades en una. La sociedad que somos y la sociedad que creemos que somos. El fotógrafo Kike Carbajal piensa que la imagen que tenemos de nosotros mismos está deformada por el filtro Valencia de Instagram, por las narrativas publicitarias y por la idea de que somos mejores de lo que somos en realidad.

Carbajal se ha lanzado con todo el coraje necesario a uno de los entornos más hostiles del planeta: el centro de Madrid en diciembre. Cada vez que dispara su cámara, trata de guardar para siempre la imagen real de lo que somos. «Me llama la atención que queremos aparentar lo que vemos en Instagram. Cuando aparece la cámara sonreímos. Pero lo que yo busco es lo que pasa antes y después», explica. Esas fotos de Madrid son nuestro retrato sin filros.

Carbajal, vecino de la zona, ni siquiera sale de caza. Es la manada la que invade su ecosistema. De pronto, las calles reordenan su flujo con direcciones obligatorias para peatones. Las personas deciden confluir en el mismo sitio en 30 días de vértigo. La Puerta del Sol, la plaza de Callao o las calles Preciados, Carmen, Arenal o Carretas tientan sus límites de aforo y crean situaciones límite.

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Así, sus fotos de Madrid se llenan de miradas de hastío; de pensamientos imaginados que dicen «¿qué carajo hago yo entre este millón de personas?»; de buscavidas, vidas buscadas y destinos no encontrados; de niños cansados y padres aún más cansados; de disfraces-con-señor-dentro haciendo perritos con globos; de vendedores de lotería con su expositor de décimos colgado, pequeñas sucursales móviles de Doña Manolita.

Como explicita su libro Somos la calle, la comunidad humana que formamos es desordenada, ruidosa, plural, caótica. Al menos hasta que alguien saca el móvil y abre Instagram, que es cuando toca posar.

En los otros casos, cuando se bajan las defensas, cuando el aire despeina las cabelleras, cuando en las caras se lee el agotamiento, es cuando Carbajal dispara su cámara y cuando consigue concentrar en unas pocas fotos la síntesis de toda una sociedad.

     

  

 

Existen dos sociedades en una. La sociedad que somos y la sociedad que creemos que somos. El fotógrafo Kike Carbajal piensa que la imagen que tenemos de nosotros mismos está deformada por el filtro Valencia de Instagram, por las narrativas publicitarias y por la idea de que somos mejores de lo que somos en realidad.

Carbajal se ha lanzado con todo el coraje necesario a uno de los entornos más hostiles del planeta: el centro de Madrid en diciembre. Cada vez que dispara su cámara, trata de guardar para siempre la imagen real de lo que somos. «Me llama la atención que queremos aparentar lo que vemos en Instagram. Cuando aparece la cámara sonreímos. Pero lo que yo busco es lo que pasa antes y después», explica. Esas fotos de Madrid son nuestro retrato sin filros.

Carbajal, vecino de la zona, ni siquiera sale de caza. Es la manada la que invade su ecosistema. De pronto, las calles reordenan su flujo con direcciones obligatorias para peatones. Las personas deciden confluir en el mismo sitio en 30 días de vértigo. La Puerta del Sol, la plaza de Callao o las calles Preciados, Carmen, Arenal o Carretas tientan sus límites de aforo y crean situaciones límite.

Así, sus fotos de Madrid se llenan de miradas de hastío; de pensamientos imaginados que dicen «¿qué carajo hago yo entre este millón de personas?»; de buscavidas, vidas buscadas y destinos no encontrados; de niños cansados y padres aún más cansados; de disfraces-con-señor-dentro haciendo perritos con globos; de vendedores de lotería con su expositor de décimos colgado, pequeñas sucursales móviles de Doña Manolita.

Como explicita su libro Somos la calle, la comunidad humana que formamos es desordenada, ruidosa, plural, caótica. Al menos hasta que alguien saca el móvil y abre Instagram, que es cuando toca posar.

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En los otros casos, cuando se bajan las defensas, cuando el aire despeina las cabelleras, cuando en las caras se lee el agotamiento, es cuando Carbajal dispara su cámara y cuando consigue concentrar en unas pocas fotos la síntesis de toda una sociedad.

     

  

 

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