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Publicado: 21 de abril 2023 01:43  /   BRANDED CONTENT
 

El lado oscuro del ‘streaming’ en la nueva serie documental ‘Frankenstream’

Publicado: 21 de abril 2023 01:43  /   BRANDED CONTENT              
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Frankenstream

La adopción masiva del streaming es la culminación de una tormenta perfecta en la que factores tecnológicos, económicos y sociales han influido simultáneamente. 

Tecnológicamente, vivimos en un mundo nuevo: si entre la invención del teléfono (1876) y la de la televisión (1926) pasaron 50 años, entre la de internet (1983) y la del streaming (1993) fueron apenas 10. Las formas en las que enviamos información han vivido varias revoluciones consecutivas, cada vez más rápidas.

Hoy, en el transcurso de un día, se publican 500 millones de tuits, se añaden más de 720.000 horas de vídeo a YouTube y se envían casi 300.000 millones de e-mails. Emitimos y recibimos información en cantidades mareantes. Y lo hacemos, gracias a que la tecnología lo permite.

En un mundo en el que estamos acostumbrados a la inmediatez, las plataformas de contenidos en streaming han encontrado un importante nicho de mercado. Si las carteleras televisivas eran espera y anticipación, el catálogo de Netflix es impulso e inmediatez. Añádase que los soportes físicos de reproducción están desapareciendo: basta pensar cuántos de nosotros aparcamos hace años nuestro MP3 en un cajón para pasarnos al catálogo que todo lo puede de Spotify.

La conexión a internet permanente es un fenómeno que no ha dejado de crecer en las últimas décadas y, por si faltaba un evento histórico que la acabase de establecer, llegó la pandemia con sus respectivos confinamientos.

LAS CIFRAS QUE REFLEJAN UN PROBLEMA REAL

Según un estudio de Melvin M. Vopson, físico de la Universidad de Portsmouth, si tomamos la producción digital de productos audiovisuales en 2020, y asumiendo que esta producción crece un 20% cada año, en unos 350 años «el número de bits producidos excederá el número de todos los átomos del planeta». O lo que es lo mismo, en 2373 habrá más de 130.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 bits de producción de contenidos para medios de comunicación de soporte audiovisual.

Pero no hace falta que nos vayamos tan lejos. Ya a día de hoy, de acuerdo con la serie documental Frankenstream, YouTube emite 11 millones de toneladas de CO2 al día, lo mismo que una ciudad tan grande como Frankfurt o Glasgow. Y el problema no es exclusivo del contenido audiovisual, la transmisión de música también contamina.

En el año 2020, solo la plataforma Spotify generó 169.000 toneladas de CO2, que es más de lo que produjo en términos de dióxido de carbono toda la industria musical norteamericana en el año 2000. Sí, ese año 2000 donde los CD y casetes todavía eran la norma y en el que para poder escuchar una canción hacía falta un soporte físico por cada persona que quisiera escucharla.

El problema es que no somos conscientes del impacto ambiental que supone acceder de forma inmediata a contenidos digitales a través de una pantalla. Al fin y al cabo, una serie en streaming son unos y ceros enviados a través de un cable. Y se podría llegar a la conclusión equivocada de que, al consumirla, los únicos recursos que se necesitan es la electricidad que alimenta el ordenador y el televisor que la está reproduciendo. 

Nada más lejos de la realidad, y ese es el punto de partida de Frankenstream: el monstruo que nos devora, un documental sobre la industria del streaming disponible en ARTE.tv, dirigido por Pierre-Philippe Berson y Adrien Pavillard, que examina la historia y el éxito de la plataformas digitales, y cuestiona nuestra ceguera ante la contaminación que generan. 

Frankenstream: el monstruo que nos devora es un collage de archivos, entrevistas y datos que ofrecen una inmersión aterradora en esta tecnología: un espejo de nuestros propios excesos en internet.

Este documental no solo nos invita a cambiar de perspectiva ante nuestro consumo digital, sino que también nos muestra cómo se presenta el futuro del streaming y cómo podemos influir en él para ser partícipes de una revolución más verde.

Frankenstream disponible en Arte.tv, la plataforma cultural europea con los mejores documentales producidos en el continente.

La adopción masiva del streaming es la culminación de una tormenta perfecta en la que factores tecnológicos, económicos y sociales han influido simultáneamente. 

Tecnológicamente, vivimos en un mundo nuevo: si entre la invención del teléfono (1876) y la de la televisión (1926) pasaron 50 años, entre la de internet (1983) y la del streaming (1993) fueron apenas 10. Las formas en las que enviamos información han vivido varias revoluciones consecutivas, cada vez más rápidas.

Hoy, en el transcurso de un día, se publican 500 millones de tuits, se añaden más de 720.000 horas de vídeo a YouTube y se envían casi 300.000 millones de e-mails. Emitimos y recibimos información en cantidades mareantes. Y lo hacemos, gracias a que la tecnología lo permite.

En un mundo en el que estamos acostumbrados a la inmediatez, las plataformas de contenidos en streaming han encontrado un importante nicho de mercado. Si las carteleras televisivas eran espera y anticipación, el catálogo de Netflix es impulso e inmediatez. Añádase que los soportes físicos de reproducción están desapareciendo: basta pensar cuántos de nosotros aparcamos hace años nuestro MP3 en un cajón para pasarnos al catálogo que todo lo puede de Spotify.

La conexión a internet permanente es un fenómeno que no ha dejado de crecer en las últimas décadas y, por si faltaba un evento histórico que la acabase de establecer, llegó la pandemia con sus respectivos confinamientos.

LAS CIFRAS QUE REFLEJAN UN PROBLEMA REAL

Según un estudio de Melvin M. Vopson, físico de la Universidad de Portsmouth, si tomamos la producción digital de productos audiovisuales en 2020, y asumiendo que esta producción crece un 20% cada año, en unos 350 años «el número de bits producidos excederá el número de todos los átomos del planeta». O lo que es lo mismo, en 2373 habrá más de 130.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 bits de producción de contenidos para medios de comunicación de soporte audiovisual.

Pero no hace falta que nos vayamos tan lejos. Ya a día de hoy, de acuerdo con la serie documental Frankenstream, YouTube emite 11 millones de toneladas de CO2 al día, lo mismo que una ciudad tan grande como Frankfurt o Glasgow. Y el problema no es exclusivo del contenido audiovisual, la transmisión de música también contamina.

En el año 2020, solo la plataforma Spotify generó 169.000 toneladas de CO2, que es más de lo que produjo en términos de dióxido de carbono toda la industria musical norteamericana en el año 2000. Sí, ese año 2000 donde los CD y casetes todavía eran la norma y en el que para poder escuchar una canción hacía falta un soporte físico por cada persona que quisiera escucharla.

El problema es que no somos conscientes del impacto ambiental que supone acceder de forma inmediata a contenidos digitales a través de una pantalla. Al fin y al cabo, una serie en streaming son unos y ceros enviados a través de un cable. Y se podría llegar a la conclusión equivocada de que, al consumirla, los únicos recursos que se necesitan es la electricidad que alimenta el ordenador y el televisor que la está reproduciendo. 

Nada más lejos de la realidad, y ese es el punto de partida de Frankenstream: el monstruo que nos devora, un documental sobre la industria del streaming disponible en ARTE.tv, dirigido por Pierre-Philippe Berson y Adrien Pavillard, que examina la historia y el éxito de la plataformas digitales, y cuestiona nuestra ceguera ante la contaminación que generan. 

Frankenstream: el monstruo que nos devora es un collage de archivos, entrevistas y datos que ofrecen una inmersión aterradora en esta tecnología: un espejo de nuestros propios excesos en internet.

Este documental no solo nos invita a cambiar de perspectiva ante nuestro consumo digital, sino que también nos muestra cómo se presenta el futuro del streaming y cómo podemos influir en él para ser partícipes de una revolución más verde.

Frankenstream disponible en Arte.tv, la plataforma cultural europea con los mejores documentales producidos en el continente.

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