8 de septiembre 2010    /   BUSINESS
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Freegans: La rebelión contra la fecha de caducidad y la sociedad de consumo

8 de septiembre 2010    /   BUSINESS     por          
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Parece que el mundo sólo funciona comprando, pagando y vendiendo. Pero no. Hay otra forma de vivir en la que no es necesario sacar monedas cada vez que quieres adquirir algo. Es lo que hace el movimiento contracultural de los freegans.

Este colectivo pone en entredicho las fechas de caducidad, en concreto, y la sociedad de consumo, en general. El día impreso en un producto no es para ellos una sentencia de muerte. Es, más bien, todo lo contrario. El día que se liberan de caer en la basura y morir víctimas de la descomposición. El día en que las cadenas de las grandes corporaciones, de la cultura de «usar y tirar» y del circuito monetario en el que si no hay billetes, no hay nada que hacer. Y, a menudo, nada tiene que ver con la podredumbre.

Muchos de esos artículos acaban en un contenedor por un desperfecto en su envasado o porque al día siguiente el calendario dirá que, efectivamente, es ese día de la fecha impresa.

Las tiendas de los freegans abren cuando los supermercados cierran. Los locales son los cubos de basura donde depositan los productos que han desechado las cadenas de alimentación y el precio es 0. Lo único que hay que hacer es ser puntual para que alguien no se haya llevado la mercancía antes.

Pero no hay que hacerse líos. Sí, hay gente que acude a los contenedores porque no tienen otra. No tienen dinero. Los freegans, en cambio, eligen esta opción por motivos éticos. Consideran que el sistema actual se basa en el derroche y eso no les gusta nada. Se alzan contra un sistema que necesita producir y producir, vender y vender, para seguir vivo, aun a costa de destrozar el planeta y dejar muertos de hambre a millones de personas.

Pero, además, no comen ni carne ni pescado. Decidieron llamarse freegans por la unión de las palabras free (gratis) y vegan (vegano). El movimiento está más desarrollados en otros países, como EEUU y el Reino Unido, pero en España también hay algunos grupos que lo practican de vez en cuando. Son personas liberadas de esa asociación cultural predominante en nuestro país de: “coges cosas de la basura = eres pobre, sucio y fracasado”.

También tienen claro que una comida hecha con frutas y verduras tomadas de un contenedor, en perfecto estado, es mucho más saludable que los menús de las cadenas rápidas de alimentación o que muchos productos procesados comprados en el supermercado.

El centro social autogestionado La Tabacalera, el Patio Maravillas o El Invernadero de Lavapiés han hecho algunas acciones en esta línea. Este último colectivo organizó el verano pasado una cena freegan “dentro de una línea de trabajo parasistema (vivir de forma paralela al sistema)”, explica Luis Tamayo, miembro de El Invernadero de Lavapiés. “Pensamos hacer algo con el tema de la comida y de ahí surgió la idea de hacer algo con el movimiento freegan”.

Dedicaron una semana a la “investigación y recogida” de comida. Después llegó la cita: Offlimits y “la suerte” de tener una chef en el grupo. En este vídeo puedes ver la cena freegan, aunque feegan… con licencias. ¡Comieron carne y pescado!

El freeganismo no queda aquí. No sólo se ciñe a la comida. Es un modo de vida que hace de la calle un supermercado lleno de bicicletas, muebles, ropa… en oferta siempre que alguien haya decidido, previamente, deshacerse de ellas. Es, en general, una crítica a la sociedad de consumo y se adscribe totalmente a la cultura del reciclaje. Los freegans frecuentan espacios como Sin dinero, donde se fomenta el intercambio y la cultura de lo gratis.

Foto de Zane Selvans reproducida bajo licencia CC.

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Parece que el mundo sólo funciona comprando, pagando y vendiendo. Pero no. Hay otra forma de vivir en la que no es necesario sacar monedas cada vez que quieres adquirir algo. Es lo que hace el movimiento contracultural de los freegans.

Este colectivo pone en entredicho las fechas de caducidad, en concreto, y la sociedad de consumo, en general. El día impreso en un producto no es para ellos una sentencia de muerte. Es, más bien, todo lo contrario. El día que se liberan de caer en la basura y morir víctimas de la descomposición. El día en que las cadenas de las grandes corporaciones, de la cultura de «usar y tirar» y del circuito monetario en el que si no hay billetes, no hay nada que hacer. Y, a menudo, nada tiene que ver con la podredumbre.

Muchos de esos artículos acaban en un contenedor por un desperfecto en su envasado o porque al día siguiente el calendario dirá que, efectivamente, es ese día de la fecha impresa.

Las tiendas de los freegans abren cuando los supermercados cierran. Los locales son los cubos de basura donde depositan los productos que han desechado las cadenas de alimentación y el precio es 0. Lo único que hay que hacer es ser puntual para que alguien no se haya llevado la mercancía antes.

Pero no hay que hacerse líos. Sí, hay gente que acude a los contenedores porque no tienen otra. No tienen dinero. Los freegans, en cambio, eligen esta opción por motivos éticos. Consideran que el sistema actual se basa en el derroche y eso no les gusta nada. Se alzan contra un sistema que necesita producir y producir, vender y vender, para seguir vivo, aun a costa de destrozar el planeta y dejar muertos de hambre a millones de personas.

Pero, además, no comen ni carne ni pescado. Decidieron llamarse freegans por la unión de las palabras free (gratis) y vegan (vegano). El movimiento está más desarrollados en otros países, como EEUU y el Reino Unido, pero en España también hay algunos grupos que lo practican de vez en cuando. Son personas liberadas de esa asociación cultural predominante en nuestro país de: “coges cosas de la basura = eres pobre, sucio y fracasado”.

También tienen claro que una comida hecha con frutas y verduras tomadas de un contenedor, en perfecto estado, es mucho más saludable que los menús de las cadenas rápidas de alimentación o que muchos productos procesados comprados en el supermercado.

El centro social autogestionado La Tabacalera, el Patio Maravillas o El Invernadero de Lavapiés han hecho algunas acciones en esta línea. Este último colectivo organizó el verano pasado una cena freegan “dentro de una línea de trabajo parasistema (vivir de forma paralela al sistema)”, explica Luis Tamayo, miembro de El Invernadero de Lavapiés. “Pensamos hacer algo con el tema de la comida y de ahí surgió la idea de hacer algo con el movimiento freegan”.

Dedicaron una semana a la “investigación y recogida” de comida. Después llegó la cita: Offlimits y “la suerte” de tener una chef en el grupo. En este vídeo puedes ver la cena freegan, aunque feegan… con licencias. ¡Comieron carne y pescado!

El freeganismo no queda aquí. No sólo se ciñe a la comida. Es un modo de vida que hace de la calle un supermercado lleno de bicicletas, muebles, ropa… en oferta siempre que alguien haya decidido, previamente, deshacerse de ellas. Es, en general, una crítica a la sociedad de consumo y se adscribe totalmente a la cultura del reciclaje. Los freegans frecuentan espacios como Sin dinero, donde se fomenta el intercambio y la cultura de lo gratis.

Foto de Zane Selvans reproducida bajo licencia CC.

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