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20 de noviembre 2018    /   CREATIVIDAD
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Dibujos japoneses para vender fuegos artificiales por catálogo

20 de noviembre 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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¿Cómo se hace un pedido de fuegos artificiales? ¿Se dice «quiero uno de esos que hacen fisshhhh, luego ¡pum!, y se abren en forma de palmera con estrellas de color rosa y verde» o se dice «quiero uno que explote tres veces a tres alturas diferentes, con tres colores distintos»? Si fuera así, ¿los dependientes de las tiendas de pirotecnia comprenderían lo que se les pide?

Para solucionar esos problemas de comunicación y expandir sus productos por otros países que no hablaban o escribían japonés, Jinta Hirayama diseñó una serie de catálogos que describían, con dibujos de fácil interpretación, los diferentes modelos de fuegos artificiales, sus colores y sus fases de explosión.


Jinta Hirayama había fundado en la ciudad de Yokohama en 1877 Hanabi Hirayama y Hanabi Yokoi, dos empresas dedicadas a la pirotecnia. Desde el primer momento, su objetivo fue destacar en ese sector, para lo cual decidió modernizar el diseño de fuegos artificiales, una industria procedente de China que tenía un importante desarrollo en el país vecino, pero que en Japón se caracterizaba por su poca creatividad.

Mientras que los fuegos artificiales chinos mostraban una enorme complejidad en sus diseños y colores, los japoneses tenían una gama cromática muy limitada, que se centraba únicamente en tonos naranjas y amarillos.

El éxito de esos nuevos fuegos artificiales desarrollados por Hirayama fue tal que cuando el presidente de los Estados Unidos Ulysses S. Grant visitó Japón en 1879 como parte de la gira de tres años que le llevó a recorrer casi todo el mundo, el espectáculo de fuegos artificiales realizado en su honor fue desarrollado por la empresa Hirayama.

En la época de la visita de Grant, hacía relativamente poco que Japón se había abierto al comercio con países occidentales. De hecho, ni siquiera fue una decisión tomada por la propia voluntad de los gobernantes de la dinastía Tokugawa, sino obligada por la beligerante actitud del comodoro de la Armada estadounidense Matthew C. Perry, que bloqueó el puerto de Hyogo con buques de guerra hasta que Japón se plegó a las condiciones de los americanos.

Finalmente, las presiones y amenazas internacionales abrieron Japón al comercio mundial y, aprovechando la coyuntura, la empresa de fuegos artificiales Hirayama se convirtió en una de las primeras en aprovechar esas oportunidades. En 1883, dos años antes de que Japón tuviera su propio registro de patentes y se sumase a la Convención de París, la empresa patentó en Estados Unidos unos fuegos artificiales que podían ser vistos con luz diurna.

En realidad, y aunque se denominaban fuegos artificiales, la innovación de Hirayama consistía en que lo que se veía en el cielo no era pólvora encendida, sino pedazos de papel de variados colores, gramajes y formas, que eran liberados en el aire y que acababan cayendo al suelo mientras formaban atractivas composiciones.

Esta política expansionista y emprendedora hizo que Hirayama decidiera vender sus creaciones en Estados Unidos y Europa, especialmente en el Reino Unido. Para ello era necesario explicar a los clientes finales y distribuidores las condiciones de venta y los diseños de los fuegos artificiales. Pero ¿cómo?

El primer problema fue solucionado imprimiendo los catálogos en inglés y japonés; el segundo, realizando minimalistas pero efectivas imágenes en tintas planas que describían tanto los colores como los diferentes momentos de la explosión de la pirotecnia.

Olvidados durante años por avances técnicos como la fotografía o el cine, que permitían registrar directamente el resultado final del productos, el interés histórico y gráfico de este material ha hecho que la Biblioteca Pública de Yokohama haya decidido recuperarlos y ponerlos a disposición del público. En la web de esta entidad se pueden encontrar seis catálogos que se pueden consultar online y descargarlos en pdf.





¿Cómo se hace un pedido de fuegos artificiales? ¿Se dice «quiero uno de esos que hacen fisshhhh, luego ¡pum!, y se abren en forma de palmera con estrellas de color rosa y verde» o se dice «quiero uno que explote tres veces a tres alturas diferentes, con tres colores distintos»? Si fuera así, ¿los dependientes de las tiendas de pirotecnia comprenderían lo que se les pide?

Para solucionar esos problemas de comunicación y expandir sus productos por otros países que no hablaban o escribían japonés, Jinta Hirayama diseñó una serie de catálogos que describían, con dibujos de fácil interpretación, los diferentes modelos de fuegos artificiales, sus colores y sus fases de explosión.


Jinta Hirayama había fundado en la ciudad de Yokohama en 1877 Hanabi Hirayama y Hanabi Yokoi, dos empresas dedicadas a la pirotecnia. Desde el primer momento, su objetivo fue destacar en ese sector, para lo cual decidió modernizar el diseño de fuegos artificiales, una industria procedente de China que tenía un importante desarrollo en el país vecino, pero que en Japón se caracterizaba por su poca creatividad.

Mientras que los fuegos artificiales chinos mostraban una enorme complejidad en sus diseños y colores, los japoneses tenían una gama cromática muy limitada, que se centraba únicamente en tonos naranjas y amarillos.

El éxito de esos nuevos fuegos artificiales desarrollados por Hirayama fue tal que cuando el presidente de los Estados Unidos Ulysses S. Grant visitó Japón en 1879 como parte de la gira de tres años que le llevó a recorrer casi todo el mundo, el espectáculo de fuegos artificiales realizado en su honor fue desarrollado por la empresa Hirayama.

En la época de la visita de Grant, hacía relativamente poco que Japón se había abierto al comercio con países occidentales. De hecho, ni siquiera fue una decisión tomada por la propia voluntad de los gobernantes de la dinastía Tokugawa, sino obligada por la beligerante actitud del comodoro de la Armada estadounidense Matthew C. Perry, que bloqueó el puerto de Hyogo con buques de guerra hasta que Japón se plegó a las condiciones de los americanos.

Finalmente, las presiones y amenazas internacionales abrieron Japón al comercio mundial y, aprovechando la coyuntura, la empresa de fuegos artificiales Hirayama se convirtió en una de las primeras en aprovechar esas oportunidades. En 1883, dos años antes de que Japón tuviera su propio registro de patentes y se sumase a la Convención de París, la empresa patentó en Estados Unidos unos fuegos artificiales que podían ser vistos con luz diurna.

En realidad, y aunque se denominaban fuegos artificiales, la innovación de Hirayama consistía en que lo que se veía en el cielo no era pólvora encendida, sino pedazos de papel de variados colores, gramajes y formas, que eran liberados en el aire y que acababan cayendo al suelo mientras formaban atractivas composiciones.

Esta política expansionista y emprendedora hizo que Hirayama decidiera vender sus creaciones en Estados Unidos y Europa, especialmente en el Reino Unido. Para ello era necesario explicar a los clientes finales y distribuidores las condiciones de venta y los diseños de los fuegos artificiales. Pero ¿cómo?

El primer problema fue solucionado imprimiendo los catálogos en inglés y japonés; el segundo, realizando minimalistas pero efectivas imágenes en tintas planas que describían tanto los colores como los diferentes momentos de la explosión de la pirotecnia.

Olvidados durante años por avances técnicos como la fotografía o el cine, que permitían registrar directamente el resultado final del productos, el interés histórico y gráfico de este material ha hecho que la Biblioteca Pública de Yokohama haya decidido recuperarlos y ponerlos a disposición del público. En la web de esta entidad se pueden encontrar seis catálogos que se pueden consultar online y descargarlos en pdf.





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