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23 de febrero 2015    /   BRANDED CONTENT
 

En una situación de vida o muerte… ¿podrías confiar en tus seres queridos?

23 de febrero 2015    /   BRANDED CONTENT              
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Podemos ser educados, entrenarnos, aprender, aceptar directrices y afinar nuestras reacciones. Pero, mientras hacemos todo esto, la naturaleza se mofa de nosotros: sabe bien que, llegado el caso, los instintos primitivos que nos grabó a fuego tendrán más fuerza que cualquiera de esos comportamientos adquiridos.
Las reacciones imprevisibles de las personas ante situaciones extremas han inspirado al director sueco Ruben Östlund el tema central de su cuarto largometraje, Fuerza mayor. Hay una explicación para que Tomas, el padre de ejemplar que lleva a su familia a esquiar a Oslo, huya despavorido ante la amenaza de una avalancha de nieve en lugar de quedarse a proteger a su mujer y a sus hijos.
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El cerebro ha ido desarrollándose de manera que las capacidades más recientes las realizan las capas más superficiales, que son también las más evolucionadas. En las zonas más profundas se encuentran las funciones más primitivas, como el impulso de supervivencia. Este nace de la amígdala, un órgano que funciona con un mecanismo muy simple ante una situación de amenaza: huir o luchar. A o B. No hay tiempo para digresiones cuando está en peligro nuestra integridad. En situaciones límite, la amígdala pulsa el botón de «emergencia», y el sistema endocrino es el «departamento» encargado de implementar esa orden. Algo así como un comité de crisis. Inmediatamente se detienen todos los procesos que no sean necesarios para salir del atolladero (por ejemplo, la digestión, el deseo sexual o la creatividad) y se dirige gran cantidad de sangre a los músculos: lo que importa es la acción. La adrenalina se dispara, el corazón late más rápido, los pulmones cogen más aire y las suprarrenales empiezan a producir hidrocortisona, la hormona que moviliza las reservas energéticas, como si no hubiera mañana.
Toda esto tenía sentido cuando el ser humano tenía que enfrentarse a fieras o algún otro peligro mortal, pero en la vida moderna y civilizada, semejante fiesta de hormonas (especialmente cuando el estado de alarma es injustificado, precipitado o permanente) deriva en disfunciones de todo tipo, problemas de salud y situaciones sociales complicadas.
En la película, la avalancha de nieve que siembra el pánico entre los esquiadores se detiene finalmente sin ocasionar daños. Pero la amígdala de Tomas se lo había tomado en serio, y aunque todo queda en un susto, la armonía familiar ya no será la misma. Ahora, Tomas tendrá que justificar su decisión impulsiva, cuestionarse códigos sociales (como que el hombre de la familia nunca debe retroceder ante el peligro) y ganarse de nuevo el respeto y la confianza de su familia. Es ese tira y afloja de sentimientos, emociones y decepciones posterior a la situación límite lo que realmente constituye la piedra angular del largometraje.

Según estudios llevados a cabo en 2012 por Mikael Elinder y Oscar Erixson, de la Universidad de Upsala, las mujeres tienen menos posibilidades de sobrevivir a una catástrofe marítima, y los pasajeros tienen menos que los tripulantes. De este estudio, que analizó naufragios ocurridos durante tres siglos, se desprende que realmente lo más efectivo es dejar a un lado las normas sociales y guiarse por el «sálvese quien pueda». ¿Pensará lo mismo la familia de Tomas?
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Fuerza mayor se estrena en cines el próximo 27 de febrero. Ganó el Giraldillo de Oro a la mejor película y el premio al Mejor Guión en el Sevilla Festival de Cine Europeo y el Premio del Jurado de la sección Una cierta mirada en Cannes. Además, está nominada a los Globos de Oro y preseleccionada para los Oscar.
¡Regalamos diez entradas dobles para el estreno! Tenéis hasta el miércoles 25 para responder a esta pregunta: «Estás con tu pareja tomando un café en una terraza. Ella te está contando algo sobre su trabajo, y entonces miras a su espalda y ves un león que avanza sigiloso hacia vuestra mesa. ¿Qué haces?» Los autores de las mejores respuestas podrán asistir al pre estreno de la película en los Cines Golem el próximo 26 de febrero a las 20:30 h.

Podemos ser educados, entrenarnos, aprender, aceptar directrices y afinar nuestras reacciones. Pero, mientras hacemos todo esto, la naturaleza se mofa de nosotros: sabe bien que, llegado el caso, los instintos primitivos que nos grabó a fuego tendrán más fuerza que cualquiera de esos comportamientos adquiridos.
Las reacciones imprevisibles de las personas ante situaciones extremas han inspirado al director sueco Ruben Östlund el tema central de su cuarto largometraje, Fuerza mayor. Hay una explicación para que Tomas, el padre de ejemplar que lleva a su familia a esquiar a Oslo, huya despavorido ante la amenaza de una avalancha de nieve en lugar de quedarse a proteger a su mujer y a sus hijos.
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El cerebro ha ido desarrollándose de manera que las capacidades más recientes las realizan las capas más superficiales, que son también las más evolucionadas. En las zonas más profundas se encuentran las funciones más primitivas, como el impulso de supervivencia. Este nace de la amígdala, un órgano que funciona con un mecanismo muy simple ante una situación de amenaza: huir o luchar. A o B. No hay tiempo para digresiones cuando está en peligro nuestra integridad. En situaciones límite, la amígdala pulsa el botón de «emergencia», y el sistema endocrino es el «departamento» encargado de implementar esa orden. Algo así como un comité de crisis. Inmediatamente se detienen todos los procesos que no sean necesarios para salir del atolladero (por ejemplo, la digestión, el deseo sexual o la creatividad) y se dirige gran cantidad de sangre a los músculos: lo que importa es la acción. La adrenalina se dispara, el corazón late más rápido, los pulmones cogen más aire y las suprarrenales empiezan a producir hidrocortisona, la hormona que moviliza las reservas energéticas, como si no hubiera mañana.
Toda esto tenía sentido cuando el ser humano tenía que enfrentarse a fieras o algún otro peligro mortal, pero en la vida moderna y civilizada, semejante fiesta de hormonas (especialmente cuando el estado de alarma es injustificado, precipitado o permanente) deriva en disfunciones de todo tipo, problemas de salud y situaciones sociales complicadas.
En la película, la avalancha de nieve que siembra el pánico entre los esquiadores se detiene finalmente sin ocasionar daños. Pero la amígdala de Tomas se lo había tomado en serio, y aunque todo queda en un susto, la armonía familiar ya no será la misma. Ahora, Tomas tendrá que justificar su decisión impulsiva, cuestionarse códigos sociales (como que el hombre de la familia nunca debe retroceder ante el peligro) y ganarse de nuevo el respeto y la confianza de su familia. Es ese tira y afloja de sentimientos, emociones y decepciones posterior a la situación límite lo que realmente constituye la piedra angular del largometraje.

Según estudios llevados a cabo en 2012 por Mikael Elinder y Oscar Erixson, de la Universidad de Upsala, las mujeres tienen menos posibilidades de sobrevivir a una catástrofe marítima, y los pasajeros tienen menos que los tripulantes. De este estudio, que analizó naufragios ocurridos durante tres siglos, se desprende que realmente lo más efectivo es dejar a un lado las normas sociales y guiarse por el «sálvese quien pueda». ¿Pensará lo mismo la familia de Tomas?
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Fuerza mayor se estrena en cines el próximo 27 de febrero. Ganó el Giraldillo de Oro a la mejor película y el premio al Mejor Guión en el Sevilla Festival de Cine Europeo y el Premio del Jurado de la sección Una cierta mirada en Cannes. Además, está nominada a los Globos de Oro y preseleccionada para los Oscar.
¡Regalamos diez entradas dobles para el estreno! Tenéis hasta el miércoles 25 para responder a esta pregunta: «Estás con tu pareja tomando un café en una terraza. Ella te está contando algo sobre su trabajo, y entonces miras a su espalda y ves un león que avanza sigiloso hacia vuestra mesa. ¿Qué haces?» Los autores de las mejores respuestas podrán asistir al pre estreno de la película en los Cines Golem el próximo 26 de febrero a las 20:30 h.

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Opiniones 20
  • Podría decir que me arrancaría un brazo para lanzárselo al león y así entretenerlo para huir con él, pero no tengo tanta fuerza como para hacer eso sola y sin un buen cuchillo, de modo que… como muy posiblemente estuviese tomándome un brownie de chocolate con mi chico, moriríamos. Primero él, tiene más carne que yo, lo siento, pero es así. Aunque bueno, no soy muy veloz. Quizás lo más bonito sería morir juntos, dudo que lanzarle el brownie lo entretuviese.

    • ¡Hola, Diego! Eres uno de los diez ganadores del concurso. ¡Enhorabuena!
      Tienes que enviarnos un mail antes de mañana a las 11:00 a isabel@yorokobu.es diciéndonos tu nombre y apellidos y confirmando que puedes ir mañana, jueves 26 de febrero, al preestreno de «Fuerza mayor» en los Golem, para que te pongamos en una lista con tu acompañante.
      🙂

  • Me encantaría poner algo valiente, tipo a saltaría hacia el león para que mi pareja pudiese escapar. Pero susurraría un: «hostia puta» y saldría por piernas tropezándome con todo lo habido y por haber. Al final también me comería el león, seguro.

  • Sacaría mi teléfono móvil y lo grabaría todo:
    ¡Carne desgarrada, vísceras desparramadas y ríos de sangre!
    Mi alfombra escarlata, directa al estrellato en la red.
    El gore vuelve a estar de moda en internet…
    P.D. Además, hace tiempo que ya no soportaba a mi novia…

  • evidentemente nada, todo el mundo sabe, que los leones son como las abejas, si te quedas quieto, continuan su camino

  • Si algo me han enseñado las telecomedias de los 90, edad dorada de las mismas que tuve la oportunidad de suf— disfrutar mi novia me estaría contando algo de su jefe
    – Estoy harto de sus miradas. Es la TERCERA vez que me invita a «cenar a su casa» este mes… [miro por encima de su hombro y observo al león que se aproxima hacia su espalda]. No me digas, LO TENGO DETRÁS.
    En ese momento salgo corriendo mientras irremediablemente el león devora a mi santa novia… Sin embargo en la siguiente escena estoy viendo la tele en el salón, ella aparece visiblemente enfadada y con la ropa destrozada por lo que parecen garras felinas y grita MIGUEEEEEEEEEEL
    [Aplausos enlatados, fundido a negro y créditos]
    P.D. Oh dios mío no me puedo creer lo que acabo de escribir…

    • ¡Hola, Miguel! Tu respuesta era la primera de la lista de reservas, y como ha fallado uno de los ganadores iniciales, ¡tienes premio ¡Enhorabuena!
      Tienes que enviarnos un mail antes de mañana a las 11:00 a isabel@yorokobu.es diciéndonos tu nombre y apellidos y confirmando que puedes ir mañana, jueves 26 de febrero, al preestreno de “Fuerza mayor” en los Golem, para que te pongamos en una lista con tu acompañante.
      🙂

  • Contestaré a vuestra pregunta con otra pregunta. ¿Por qué ella? ¿Por qué es el hombre el que debe ser heroico y defender a la mujer?
    En mi caso estaría con mi chico, hablando de su trabajo. Y al ver el león, simplemente seguiría escuchando lo que me tiene que contar, es importante. Seguramente sea un león homófobo y prefiera «atacar» a una pareja heterosexual. Mira, ni tan mal.

    • ¡Hola, Rubén! Si vuelves a leer la pregunta, verás que pone «tu pareja». No especifica si la pareja es femenina o masculina.
      Aunque es muy frecuente, no sé bien por qué, que la gente piense en una mujer al leer esa palabra, que en realidad quiere decir «compañero o compañera» aunque sea gramaticalmente femenina.
      ¡Saludos!

  • Pues no sé, invocaría a Ángel Cristo para que me diese fuerza de domador, y que podamos salir indemnes los dos, y seguir escuchando sus lamentos (bolivianos) laborales.

  • Pues yo la verdad,creo que hablaría muy despacio o sea muy bajito y me remangaría las mangas y los canales para que el león viera que tengo muy poca chicha y por mi pareja no me preocuparía demSiado porque es una persona de recursos y fijo que haría algo espectacular para desconcertar al León.

  • «…y Arbalejo ha dejado su puesto en Shangai, así que…» Lo capté de refilón. Avanzando por un lado, un león macho adulto nos acechaba. ¿Mi respuesta? ¡Sería pretencioso que me la achacara!
    Miles de años atrás, los antepasados de cada marido cobarde habían sobrevivido. Ahora marcaban a los hombres a mi alrededor con su mayor éxito: saber huir, postrarse ante el miedo. Pero no a mí. En mí, hoy, trascendía la imagen de algún padre troglodita sacrificándose por su prole. Todos terminamos pagando el precio de nuestro billete, ¿no?
    El caso es que, viéndose descubierto, el león se abalanzó sobre mi Vanessa. Los antiguos valientes en mi interior reaccionaron al instante. Pateé la silla vacía que había entre nosotros. Ello frenaría el embate. Acto seguido, arranqué de cuajo la sombrilla que nos había guarecido del sol, y la extendí y cerré vigorosamente para amedrentarlo. Y gritaba y gritaba. El mundo se iba cerrando entorno a esta violencia, cuyo objeto natural era proteger a mi hijo nonato. Y grité más. Y le dí la vuelta al parasol – la punta causaría más daño – y lo lancé con todas mis fuerzas!
    …y si mi adversario hubiera sido realmente un león macho adulto, sus viejos fantasmas habrían tomado a la sombrilla por el hinchar y deshinchar de las orejas de un elefante. Habrían temido a la estruendosa silla como en sus días temieron a la tormenta. Tampoco les hubiera hecho ninguna gracia lo del dardazo. Sí, la deriva genética de mis ancestros me había preparado bien contra la de los grandes felinos… Pero no contra un puesto ejecutivo en Shanghai.
    Mi vida, pues; al garete. Pero la estirpe continúa.

    • hola! ayer os mandé las mías pero a otro e-mail vuestro que tenéis operativo.Ups!!!
      O no las habéis visto o habéis decidido que no me merecía ver ni el NO-DO…

      • Os las envié al e-mail de contacto de Yorokobu…Grrrrrrr!!!
        Echad un vistazo a ver…por si Akuna matata y ¨nos hacemos unas peliculillas¨.
        gracias!

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