23 de marzo 2018    /   CREATIVIDAD
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De cómo las bailarinas dejaron de ser herramientas en manos ajenas

23 de marzo 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Uno de los rumores más apasionantes del mundo del pop rock en los 90 fue el que enfrentó a Shakira (por entonces una cantante alternativa) con Alanis Morissette (por entonces una cantante). Según se publicó, la segunda denunció a la primera por plagio. No fue por una canción concreta, sino por un estilo general. Entre los detalles que aducía la canadiense se encontraba el hecho de que Shakira se plantara en el escenario con los pies descalzos.

Isadora Duncan llevaba muerta entonces 70 años, pero habría sido interesante saber su opinión sobre esta disputa. La mítica bailarina fue, que se sepa, la primera artista en quitarse los zapatos sobre un escenario para bailar. Lo hizo a finales del siglo XIX. Podría haberlas denunciado a las dos. También podría haberlo hecho la bailarina Loië Fuller; a ellas y a todos los cantantes actuales. A Fuller la llamaban El hada de la electricidad. Fue la primera artista en crear un juego de luces e integrarlo en sus actuaciones, la primera en concebir la iluminación como parte del espectáculo. Incluso lo patentó.

La danza se concibe como algo ajeno y brumoso, casi como algo elitista, desligado de la actualidad. Sin embargo es un arte de su tiempo, una disciplina que se relaciona con otras, que se refleja en la sociedad y que tiene su eco en nuestro día a día. Esta es la mentalidad que ha impulsado la exposición La bailarina del futuro del Espacio Fundación Telefónica, una propuesta que podrá hacer las delicias de un aficionado, pero que no por ello reniega a encandilar a cualquier neófito.

 

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«La persona que vaya a ver el musical de El rey león aquí al lado no sospechará que lo que está viendo está relacionado con el expresionismo de Mary Wigman, pero viene de ahí». Miguel Ángel Delgado traza paralelismos entre la cultura popular y la danza de las vanguardias. Es el comisario, junto a María Santoyo, de esta exposición, que pretende destacar el trabajo de siete mujeres que revolucionaron el mundo del baile.

«Es cierto que queríamos hacer una exposición sobre mujeres, pero eso, por sí solo, no se sostenía», añade Santoyo. «Entonces empezamos a bucear en las artes del siglo XX, buscamos a los pioneros en el mundo de la danza y nos dimos cuenta de que, salvo Ted Shawn, todas eran mujeres». Cabe poner en contexto las palabras de Santoyo. A pesar de que el baile sea concebido como una disciplina eminentemente femenina, lo cierto es que no es así. «Lo es, pero solo en su ejecución», matiza Agnes López, bailarina de la Compañía Nacional de Danza que ha prestado su cuerpo y sus movimientos para muchas de las instalaciones de esta muestra. «Hay muchísimas más mujeres en los conservatorios; cuando se llega al ámbito académico, la cosa está repartida al 50% y si hablamos de posiciones de poder, el ambiente es eminentemente masculino», añade.

Si pudiera decir lo que siento no valdría la pena bailarlo

Las vanguardias del siglo XX no solo pasaron por la danza, pasaron por los cuerpos de sus bailarinas. Isadora Duncan, Loïe Fuller, Joséphine Baker, Tórtola Valencia (única española en la muestra) Mary Wigman, Martha Graham y Doris Humphrey. Estas siete mujeres se dieron cuenta de que con sus cuerpos podían crear belleza, podían crear fealdad, podían crear incluso discurso. Y los liberaron. Dejaron de ser herramientas en manos ajenas y rompieron las reglas establecidas.

Hubo algunas, como Graham, que relacionaron la danza con los avances en el psicoanálisis de Jung. Hubo otras, como Humphrey, que estudiaron la quinestesia, e incluso quienes, como Fuller, se adentraron en otras ciencias. En este caso, su amistad con el matrimonio Curie la llevó a interesarse por el radio, elemento sobre el que dio varias charlas académicas, y a incorporar en sus espectáculos los últimos avances tecnológicos de la época.

La importancia de estas mujeres supone un oasis. Un oasis largo, que extiende sus aguas desde los primeros compases del siglo XX hasta los años 40. Un oasis heterogéneo que va desde la actualización del baile clásico al charlestón, el expresionismo, el dadaísmo o la disciplina que influyó, de forma definitiva, en los musicales actuales.

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Antes de los cepedistas, antes de los beliebers y los directioners estaban las isadorables. Un siglo antes para ser exactos. Con este nombre se conoce a las seguidoras de Isadora Duncan. No era una masa de fans desaforadas, sino sus discípulas y a través de ellas se han podido reconstruir los movimientos de un mito.

He creado algo nuevo, algo compuesto de luz, color, música y danza; sobre todo de luz y danza

Isadora Duncan es una de las bailarinas más importantes de la historia y nadie sabe cómo bailaba. Con ella se inicia la exposición La bailarina del futuro. Unas vasijas griegas, un bosque de proyecciones que recrea las olas del mar, unos dibujos del artista Abraham Walkowitz… La muestra expone sus influencias y sus huellas en el mundo del arte, pedazos del rompecabezas para que el visitante componga el baile en su cabeza. Deconstruye el mito.

«Josefina Baker no baila al son del tam-tam como los salvajes, porque esto sería anodino y carecería de interés; baila como nosotros nos imaginamos que deben bailar los salvajes». Esta es la reseña, no carente de prejuicios, con la que anunciaba el periódico ABC la llegada a Madrid de La Reina del Charleston. Las letras flotan en la exposición, animando al visitante a imaginar un Madrid anterior a la guerra. Un Madrid racista, sí, pero que intentaba huir de los ritmos castizos y prefería verse reflejada en los locos años 20 de Nueva York. Frente a estas palabras un vídeo de Baker pone imagen a las palabras. Una mujer espigada se descoyunta con un frenetismo de dibujos animados. Es hipnótica.

Tengo la creencia de que aprendemos a través de la práctica, signifique esto aprender a bailar practicando la danza o aprender a vivir practicando la vida

La exposición avanza entre curiosidades, instalaciones interactivas y piezas de todo tipo. Puede que después de verla las anécdotas que relacionan a estas siete mujeres con Shakira, Justin Bieber o El rey león se antojen pequeñas, diminutas, triviales. Pero es importante relacionar el impacto cultural de estas mujeres con nuestro día a día, trazar arroyos que conecten este oasis con el maremágnum del panorama cultural actual. Es necesario reivindicar a unas mujeres que renegaron de su rol como actrices secundarias y se convirtieron en pioneras, no solo en la danza sino en la sociedad.

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Uno de los rumores más apasionantes del mundo del pop rock en los 90 fue el que enfrentó a Shakira (por entonces una cantante alternativa) con Alanis Morissette (por entonces una cantante). Según se publicó, la segunda denunció a la primera por plagio. No fue por una canción concreta, sino por un estilo general. Entre los detalles que aducía la canadiense se encontraba el hecho de que Shakira se plantara en el escenario con los pies descalzos.

Isadora Duncan llevaba muerta entonces 70 años, pero habría sido interesante saber su opinión sobre esta disputa. La mítica bailarina fue, que se sepa, la primera artista en quitarse los zapatos sobre un escenario para bailar. Lo hizo a finales del siglo XIX. Podría haberlas denunciado a las dos. También podría haberlo hecho la bailarina Loië Fuller; a ellas y a todos los cantantes actuales. A Fuller la llamaban El hada de la electricidad. Fue la primera artista en crear un juego de luces e integrarlo en sus actuaciones, la primera en concebir la iluminación como parte del espectáculo. Incluso lo patentó.

La danza se concibe como algo ajeno y brumoso, casi como algo elitista, desligado de la actualidad. Sin embargo es un arte de su tiempo, una disciplina que se relaciona con otras, que se refleja en la sociedad y que tiene su eco en nuestro día a día. Esta es la mentalidad que ha impulsado la exposición La bailarina del futuro del Espacio Fundación Telefónica, una propuesta que podrá hacer las delicias de un aficionado, pero que no por ello reniega a encandilar a cualquier neófito.

 

fot-maleny-baker-josephine-museo-nacional-del-teatro-almagro

«La persona que vaya a ver el musical de El rey león aquí al lado no sospechará que lo que está viendo está relacionado con el expresionismo de Mary Wigman, pero viene de ahí». Miguel Ángel Delgado traza paralelismos entre la cultura popular y la danza de las vanguardias. Es el comisario, junto a María Santoyo, de esta exposición, que pretende destacar el trabajo de siete mujeres que revolucionaron el mundo del baile.

«Es cierto que queríamos hacer una exposición sobre mujeres, pero eso, por sí solo, no se sostenía», añade Santoyo. «Entonces empezamos a bucear en las artes del siglo XX, buscamos a los pioneros en el mundo de la danza y nos dimos cuenta de que, salvo Ted Shawn, todas eran mujeres». Cabe poner en contexto las palabras de Santoyo. A pesar de que el baile sea concebido como una disciplina eminentemente femenina, lo cierto es que no es así. «Lo es, pero solo en su ejecución», matiza Agnes López, bailarina de la Compañía Nacional de Danza que ha prestado su cuerpo y sus movimientos para muchas de las instalaciones de esta muestra. «Hay muchísimas más mujeres en los conservatorios; cuando se llega al ámbito académico, la cosa está repartida al 50% y si hablamos de posiciones de poder, el ambiente es eminentemente masculino», añade.

Si pudiera decir lo que siento no valdría la pena bailarlo

Las vanguardias del siglo XX no solo pasaron por la danza, pasaron por los cuerpos de sus bailarinas. Isadora Duncan, Loïe Fuller, Joséphine Baker, Tórtola Valencia (única española en la muestra) Mary Wigman, Martha Graham y Doris Humphrey. Estas siete mujeres se dieron cuenta de que con sus cuerpos podían crear belleza, podían crear fealdad, podían crear incluso discurso. Y los liberaron. Dejaron de ser herramientas en manos ajenas y rompieron las reglas establecidas.

Hubo algunas, como Graham, que relacionaron la danza con los avances en el psicoanálisis de Jung. Hubo otras, como Humphrey, que estudiaron la quinestesia, e incluso quienes, como Fuller, se adentraron en otras ciencias. En este caso, su amistad con el matrimonio Curie la llevó a interesarse por el radio, elemento sobre el que dio varias charlas académicas, y a incorporar en sus espectáculos los últimos avances tecnológicos de la época.

La importancia de estas mujeres supone un oasis. Un oasis largo, que extiende sus aguas desde los primeros compases del siglo XX hasta los años 40. Un oasis heterogéneo que va desde la actualización del baile clásico al charlestón, el expresionismo, el dadaísmo o la disciplina que influyó, de forma definitiva, en los musicales actuales.

cartel-de-krenes-para-to_rtola-valencia-mae-institut-del-teatre-foto-jesu_s-atienza

Antes de los cepedistas, antes de los beliebers y los directioners estaban las isadorables. Un siglo antes para ser exactos. Con este nombre se conoce a las seguidoras de Isadora Duncan. No era una masa de fans desaforadas, sino sus discípulas y a través de ellas se han podido reconstruir los movimientos de un mito.

He creado algo nuevo, algo compuesto de luz, color, música y danza; sobre todo de luz y danza

Isadora Duncan es una de las bailarinas más importantes de la historia y nadie sabe cómo bailaba. Con ella se inicia la exposición La bailarina del futuro. Unas vasijas griegas, un bosque de proyecciones que recrea las olas del mar, unos dibujos del artista Abraham Walkowitz… La muestra expone sus influencias y sus huellas en el mundo del arte, pedazos del rompecabezas para que el visitante componga el baile en su cabeza. Deconstruye el mito.

«Josefina Baker no baila al son del tam-tam como los salvajes, porque esto sería anodino y carecería de interés; baila como nosotros nos imaginamos que deben bailar los salvajes». Esta es la reseña, no carente de prejuicios, con la que anunciaba el periódico ABC la llegada a Madrid de La Reina del Charleston. Las letras flotan en la exposición, animando al visitante a imaginar un Madrid anterior a la guerra. Un Madrid racista, sí, pero que intentaba huir de los ritmos castizos y prefería verse reflejada en los locos años 20 de Nueva York. Frente a estas palabras un vídeo de Baker pone imagen a las palabras. Una mujer espigada se descoyunta con un frenetismo de dibujos animados. Es hipnótica.

Tengo la creencia de que aprendemos a través de la práctica, signifique esto aprender a bailar practicando la danza o aprender a vivir practicando la vida

La exposición avanza entre curiosidades, instalaciones interactivas y piezas de todo tipo. Puede que después de verla las anécdotas que relacionan a estas siete mujeres con Shakira, Justin Bieber o El rey león se antojen pequeñas, diminutas, triviales. Pero es importante relacionar el impacto cultural de estas mujeres con nuestro día a día, trazar arroyos que conecten este oasis con el maremágnum del panorama cultural actual. Es necesario reivindicar a unas mujeres que renegaron de su rol como actrices secundarias y se convirtieron en pioneras, no solo en la danza sino en la sociedad.

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