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30 de octubre 2016    /   ENTRETENIMIENTO
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Hay una razón por la que nadie en Ámsterdam muere solo: la poesía

30 de octubre 2016    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Sucede en Ámsterdam y en otras ciudades holandesas que cuando no queda nadie para despedir a una persona en su propio funeral, siempre asiste el poema de un extraño.

Adiós extraño,
Te digo, adiós.
En la carretera hacia ninguna parte,
hacia el último país,
donde todo el mundo es bienvenido,
cuando nada tiene que saberse de tu origen.

Estos fueron los primeros versos del primero de los más de 212 poemas que desde 2002 una lista de poetas voluntarios, desde distintas ciudades de Holanda, escriben y recitan en los funerales de personas que han muerto sin nadie de quien despedirse, sin amigos, sin familia, sin lágrimas.

La Fundación Funeral Solitario nació de la mano de Frank Starik con una única idea y propósito: romper con versos el silencio del que muere en soledad. «El funeral es un momento de reconocimiento en el que es necesario que alguien aporte alguna palabra sobre ti. Una de nuestras cualidades esenciales como seres humanos es la necesidad de una historia. Lo que logran estos poemas es devolver historias y recuerdos a las personas que de alguna manera las han perdido a lo largo del camino», explica Starik. «Sólo se trata de aportar dignidad al difunto».

La idea de Starik fue en realidad aportar algo más a una iniciativa personal que ya existía en la ciudad. Durante muchos años, el funcionario del ayuntamiento de Ámsterdam Ger Frits se había encargado de que todos los funerales a los que no acudía nadie contasen con algún tipo de homenaje.

Cada vez que desde la administración localizaban una muerte sin nadie a quien reportar, Frits acudía al hogar del difunto como parte de la rutina habitual para dejar zanjadas cuestiones tan administrativas y mundanas como las facturas sin pagar.

El funcionario aprovechaba la ocasión para hacer un posible boceto de la vida de esa persona que le permitiese recordarlo en su funeral, al que después asistía con flores e incluso con música. Cuando el poeta Frank Stark le escribió para ofrecer voluntariamente sus poemas a su encomiable labor de acompañar a los muertos solitarios, Frits se negó. Aquello le pareció abusar demasiado de la confianza de los difuntos.

«A pesar de que le dije que no, Starik siguió insistiendo con su idea de los poemas y continuó escribiéndome emails para convencerme», explica Frits en un documental radiofónico que la BBC emitió hace algunos años y que retrata no sólo el proyecto, sino la profunda relación que se forjó entre sus fundadores.

Finalmente, el poeta convenció al funcionario y desde entonces nació una iniciativa que no ha dejado de crecer y que ha llenado de versos los funerales de cientos de personas sin nadie de quien despedirse en Ámsterdam y en muchas otras ciudades holandesas.

Starik se convirtió así en una suerte de poeta municipal ya que el proyecto ha sido financiado desde entonces por el Ayuntamiento, por otros organismos públicos y privados y por donaciones individuales que ven en el Funeral Solitario una manera de acercarse a las personas que nunca conocieron y que ya nunca podrán conocer.

Después de él se fueron uniendo más y más artistas que hoy conforman una red de 30 poetas y que siempre están disponibles para escribir versos a un desconocido. Para inspirar sus palabras en honor de esas personas, muchas veces acompañan a los funcionarios a sus casas, hacen fotos de sus paredes, se encuentran de pronto con un recuerdo, imágenes, restos en la nevera, un mantel, comida para perros…

Otras veces, sin embargo, la muerte es, si cabe, más anónima porque las personas no mueren en sus casas, sino en la calle, en un lago, bajo un puente. Entra entonces más en juego el encuentro personal del poeta con el acto unívoco de la muerte.  «Los poetas están ahí representando a la comunidad porque, incluso cuando ellos mismos han buscado morir solos, alguna vez formaron parte de la comunidad», explica Starik.

En la mayoría de estos funerales solitarios —como media suele haber unos 15 al año en Ámsterdam— apenas asisten los trabajadores del cementerio, funcionarios del ayuntamiento y el poeta con sus versos. A menudo asisten también otros poetas que después de la ceremonia, con un café y un trozo de pastel, comentan el poema como otro modo de seguir recordando al difunto desconocido.

Hay veces que los funerales se hacen públicos por circunstancias especiales, como fue el caso del funeral solitario número 207: un bebé casi recién nacido había aparecido muerto en la orilla de un lago de Ámsterdam. En la ceremonia, además del poema escrito y recitado por el propio Starik, que ya está retirado, compartieron palabras incluso los policías que habían encontrado el cadáver, según cuenta Ingeborg Van Teeseling, que también formó parte de la ceremonia.

En el documental de radio de la BBC la periodista Michele Ernsting les pregunta a ambos, Ger Frits y Frank Starik, si hubo o hay alguna motivación religiosa tras la iniciativa. Ambos dicen que no, ni siquiera son religiosos; y ven en el funeral solitario un gesto de hermandad con los vecinos de su comunidad.

Para la periodista es difícil que este tipo de iniciativas pudieran llevarse a cabo en ciudades de cualquier otro país. «La holandesa es una sociedad donde sorprendentemente no existe el concepto de clase social. La idea de que todos somos iguales en la muerte está en el centro de muchos de los valores holandeses. Me pregunto si, en una sociedad como puede ser la inglesa, definida por la pertenencia o no a una clase social, estaría el contribuyente dispuesto a pagar por algo así», explicaba en una entrevista.

¿Qué palabras se escriben para alguien que ya nadie conoce? «A menudo ves que el poeta, en su poema, siente su camino hacia la personalidad de la persona que ha muerto, como una cámara que trata de hacer zoom, pero que al final no logra una imagen enfocada», explica María Marnas, otra de las poetas que forman parte de la fundación, en la película documental Poem of death (Poema de muerte). «Porque se sabe muy poco, casi todos los poemas de los funerales solitarios son existencialistas. Son poemas sobre por qué alguien necesita un amigo en la vida, sobre si tienes que unirte a alguien, si tienes que casarte y tener hijos… Cada vez que escribes un poema, todas estas preguntas rondan tu cabeza».

Para Starik, como para tantos otros poetas del mundo, la poesía no es sólo arte, no es sólo un medio de expresión, sino que tiene un propósito social, político y comunitario. «No aceptando que una persona pueda ser enterrada sin que nadie se preocupe, sin que nadie le llore, sin nadie que hable, haces a los que están a su alrededor, a todos nosotros, culpables del hecho de que esa persona haya muerto. Nos hace a todos parte de la pérdida. El poeta no es un familiar. No puede ser un sustituto de la amistad. Pero le rinde homenaje a una persona que nunca ha conocido. A una persona que nadie más va a conocer ya nunca», afirma.

Los conocemos bien
cuelgan las mugrientas ventanas como ojos apáticos
en las fachadas de las casas
los párpados bajados
las desgastadas cortinas
tras las que las personas invisibles viven

los conocemos bien
las personas invisibles
tumbadas en sofás y camas
ocultos por puertas sin nombres

los conocemos bien
a las puertas, las ventanas, no a las personas

Sucede en Ámsterdam y en otras ciudades holandesas que cuando no queda nadie para despedir a una persona en su propio funeral, siempre asiste el poema de un extraño.

Adiós extraño,
Te digo, adiós.
En la carretera hacia ninguna parte,
hacia el último país,
donde todo el mundo es bienvenido,
cuando nada tiene que saberse de tu origen.

Estos fueron los primeros versos del primero de los más de 212 poemas que desde 2002 una lista de poetas voluntarios, desde distintas ciudades de Holanda, escriben y recitan en los funerales de personas que han muerto sin nadie de quien despedirse, sin amigos, sin familia, sin lágrimas.

La Fundación Funeral Solitario nació de la mano de Frank Starik con una única idea y propósito: romper con versos el silencio del que muere en soledad. «El funeral es un momento de reconocimiento en el que es necesario que alguien aporte alguna palabra sobre ti. Una de nuestras cualidades esenciales como seres humanos es la necesidad de una historia. Lo que logran estos poemas es devolver historias y recuerdos a las personas que de alguna manera las han perdido a lo largo del camino», explica Starik. «Sólo se trata de aportar dignidad al difunto».

La idea de Starik fue en realidad aportar algo más a una iniciativa personal que ya existía en la ciudad. Durante muchos años, el funcionario del ayuntamiento de Ámsterdam Ger Frits se había encargado de que todos los funerales a los que no acudía nadie contasen con algún tipo de homenaje.

Cada vez que desde la administración localizaban una muerte sin nadie a quien reportar, Frits acudía al hogar del difunto como parte de la rutina habitual para dejar zanjadas cuestiones tan administrativas y mundanas como las facturas sin pagar.

El funcionario aprovechaba la ocasión para hacer un posible boceto de la vida de esa persona que le permitiese recordarlo en su funeral, al que después asistía con flores e incluso con música. Cuando el poeta Frank Stark le escribió para ofrecer voluntariamente sus poemas a su encomiable labor de acompañar a los muertos solitarios, Frits se negó. Aquello le pareció abusar demasiado de la confianza de los difuntos.

«A pesar de que le dije que no, Starik siguió insistiendo con su idea de los poemas y continuó escribiéndome emails para convencerme», explica Frits en un documental radiofónico que la BBC emitió hace algunos años y que retrata no sólo el proyecto, sino la profunda relación que se forjó entre sus fundadores.

Finalmente, el poeta convenció al funcionario y desde entonces nació una iniciativa que no ha dejado de crecer y que ha llenado de versos los funerales de cientos de personas sin nadie de quien despedirse en Ámsterdam y en muchas otras ciudades holandesas.

Starik se convirtió así en una suerte de poeta municipal ya que el proyecto ha sido financiado desde entonces por el Ayuntamiento, por otros organismos públicos y privados y por donaciones individuales que ven en el Funeral Solitario una manera de acercarse a las personas que nunca conocieron y que ya nunca podrán conocer.

Después de él se fueron uniendo más y más artistas que hoy conforman una red de 30 poetas y que siempre están disponibles para escribir versos a un desconocido. Para inspirar sus palabras en honor de esas personas, muchas veces acompañan a los funcionarios a sus casas, hacen fotos de sus paredes, se encuentran de pronto con un recuerdo, imágenes, restos en la nevera, un mantel, comida para perros…

Otras veces, sin embargo, la muerte es, si cabe, más anónima porque las personas no mueren en sus casas, sino en la calle, en un lago, bajo un puente. Entra entonces más en juego el encuentro personal del poeta con el acto unívoco de la muerte.  «Los poetas están ahí representando a la comunidad porque, incluso cuando ellos mismos han buscado morir solos, alguna vez formaron parte de la comunidad», explica Starik.

En la mayoría de estos funerales solitarios —como media suele haber unos 15 al año en Ámsterdam— apenas asisten los trabajadores del cementerio, funcionarios del ayuntamiento y el poeta con sus versos. A menudo asisten también otros poetas que después de la ceremonia, con un café y un trozo de pastel, comentan el poema como otro modo de seguir recordando al difunto desconocido.

Hay veces que los funerales se hacen públicos por circunstancias especiales, como fue el caso del funeral solitario número 207: un bebé casi recién nacido había aparecido muerto en la orilla de un lago de Ámsterdam. En la ceremonia, además del poema escrito y recitado por el propio Starik, que ya está retirado, compartieron palabras incluso los policías que habían encontrado el cadáver, según cuenta Ingeborg Van Teeseling, que también formó parte de la ceremonia.

En el documental de radio de la BBC la periodista Michele Ernsting les pregunta a ambos, Ger Frits y Frank Starik, si hubo o hay alguna motivación religiosa tras la iniciativa. Ambos dicen que no, ni siquiera son religiosos; y ven en el funeral solitario un gesto de hermandad con los vecinos de su comunidad.

Para la periodista es difícil que este tipo de iniciativas pudieran llevarse a cabo en ciudades de cualquier otro país. «La holandesa es una sociedad donde sorprendentemente no existe el concepto de clase social. La idea de que todos somos iguales en la muerte está en el centro de muchos de los valores holandeses. Me pregunto si, en una sociedad como puede ser la inglesa, definida por la pertenencia o no a una clase social, estaría el contribuyente dispuesto a pagar por algo así», explicaba en una entrevista.

¿Qué palabras se escriben para alguien que ya nadie conoce? «A menudo ves que el poeta, en su poema, siente su camino hacia la personalidad de la persona que ha muerto, como una cámara que trata de hacer zoom, pero que al final no logra una imagen enfocada», explica María Marnas, otra de las poetas que forman parte de la fundación, en la película documental Poem of death (Poema de muerte). «Porque se sabe muy poco, casi todos los poemas de los funerales solitarios son existencialistas. Son poemas sobre por qué alguien necesita un amigo en la vida, sobre si tienes que unirte a alguien, si tienes que casarte y tener hijos… Cada vez que escribes un poema, todas estas preguntas rondan tu cabeza».

Para Starik, como para tantos otros poetas del mundo, la poesía no es sólo arte, no es sólo un medio de expresión, sino que tiene un propósito social, político y comunitario. «No aceptando que una persona pueda ser enterrada sin que nadie se preocupe, sin que nadie le llore, sin nadie que hable, haces a los que están a su alrededor, a todos nosotros, culpables del hecho de que esa persona haya muerto. Nos hace a todos parte de la pérdida. El poeta no es un familiar. No puede ser un sustituto de la amistad. Pero le rinde homenaje a una persona que nunca ha conocido. A una persona que nadie más va a conocer ya nunca», afirma.

Los conocemos bien
cuelgan las mugrientas ventanas como ojos apáticos
en las fachadas de las casas
los párpados bajados
las desgastadas cortinas
tras las que las personas invisibles viven

los conocemos bien
las personas invisibles
tumbadas en sofás y camas
ocultos por puertas sin nombres

los conocemos bien
a las puertas, las ventanas, no a las personas

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Opiniones 6
  • LA POESÍA ES UNA LECTURA PARA PERSONAJES SELECTOS, CON CARENCIAS ESPECIALMENTE DE AISLAMIENTO EMOCIONAL…ES COMO LEER TEXTOS FILOSÓFICOS, HAY QUE BUSCAR EL MOMENTO Y LA MOTIVACIÓN PARA SER PAREJA INDIVISIBLE.

  • Es maravilloso comprobar que lo único que necesitan los países para ser avanzados, es comenzar por ser humanos. Tratar a los demás como a uno le gustaría ser tratado. Neuronas espejo, empatía, humanidad no psicótioca, altruismo, ponerse en el papel de los demás. Eso es absolutamente todo. No hay nada más en el misterio del progreso humano.

  • La poesía es la ciencia de lo imposible.
    La poesía es el arte de lo imprevisible.
    La poesía es filosofía del corazón.
    La poesía es religión de la vida.
    La poesía es: la estrategia política más poderosa del amor.

  • Me parece que el título del artículo es engañoso… sugiere que en Amsterdam nadie muere solo. Mientras que justamente ese es el problema: la cantidad de gente que muere sin estar acompañados por un ser querido, ni un familiar ni un amigo ni un vecino que se interese por ellos… Sin duda el gesto del funcionario y del poeta nombrados en la nota son maravillosos y otorgan algo de dignidad a la situacion de un funeral anónimo. Pero al fallecido no le sirve de nada. De qué valen muestras de afecto después de la muerte? Si hay algo que he aprendido en casi 20 años de vivir en Amsterdam, es que se trata de una de las sociedades mas individualistas del mundo. Una persona, incluso un familiar, sólo ayuda a otro si no le incomoda en sus planes y tiene un hueco en su agenda. En los funerales se esfuerzan por mostrar su desconsuelo y honrar al muerto con discursos, fotos, videos y otras muestras dolorosas. Mientras que en vida quizás la única demostración de afecto no pasa de un apretón de manos, incluso entre padres e hijos, o una o dos visitas anuales a la familia. No confundamos un gesto simpático como el ilustrado en la nota con rasgos de «países avanzados» -como sugiere un comentario. No hay nada humano, empático ni altruista que destacar en una sociedad donde cada uno está ocupado en procurar su propio bienestar y mientras siga habiendo tantos que en su última hora están en soledad total y no pueden llevarse ni una sola memoria de un afecto a su tumba.

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