Publicado: 30 de mayo 2016 09:30  /   BUSINESS
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Fútbol: el dinero acerca el éxito, pero no siempre lo consigue (datos)

Publicado: 30 de mayo 2016 09:30  /   BUSINESS     por          
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La maldición se repitió. Como le pasó al Valencia hace algunos años, el Atlético de Madrid ha nadado contra viento y marea, rodeado de equipos que le superan en historia y presupuesto, para morir en la orilla. Primero lo hizo con un gol en el descuento y una paliza en la prórroga, y esta vez en los penalties. Un calco de lo que pasó entonces a aquel Valencia. Ganan, de nuevo, los poderosos. ¿La ley del fútbol?

La extensión del fútbol a nivel planetario es tal que es incorrecto decir que se trata de un deporte de ricos. En realidad lo juegan y siguen todos, desde las favelas de Río que contemplaban los fastos del Mundial de Brasil mientras sus habitantes luchan por sobrevivir, hasta en los palcos donde empresarios y dirigentes se confiesan.

Como cualquier producto planetario de masas, da muchísimo dinero y, a la vez, se alimenta vorazmente de dinero. Y el dinero, claro está, todo lo condiciona. Aunque si hay algo que hace que el deporte, en general, sea algo seguido por miles de millones de personas en el mundo es que se puede condicionar, pero no determinar. Por eso el Alcorcón le metió cuatro al Real Madrid en Copa hace unos años y por eso ahora el mundo se maravilla con el título conseguido por el Leicester City en Inglaterra.

La cuestión es, ¿hasta dónde ‘mancha’ el dinero? Es decir, ¿cuánto condiciona?

Echando un vistazo a los datos fiscales de la FIFA y a varios informes de Deloitte, hay una primera cuestión llamativa: el fútbol mundial no está dominado por quien cabría esperar. El fútbol español es, actualmente, el más poderoso del mundo: campeón mundial hace cinco años, bicampeón vigente en Europa y doble campeón en Champions League y Europa League, siendo que en ambas competiciones se han apaleado títulos con acento español en la última década.

Pero el fútbol español no es el más rico del panorama actual.

A día de hoy, y con una progresión ascendente, entre las cinco grandes ligas hay un campeón económico incuestionable: la liga inglesa es la más poderosa monetariamente, superando en más del doble a la liga española que ni siquiera es tercera porque el campeonato alemán también le supera.

Las diferencias eran sutiles entre los cinco campeonatos en la temporada 96/97, donde la liga italiana también despuntaba. Con el paso del tiempo la brecha se ha agigantado: mientras casi todas las grandes competiciones han ido creciendo con ritmo sostenido —salvo el bache de la italiana—, el campeonato inglés se ha disparado en ganancias.

El hecho de estar en esas ‘cinco grandes’ ligas sí condiciona los resultados a nivel continental: cuanto mayor sea el potencial de la competición, más plazas hay disponibles para que equipos de ese país compitan en Europa. Así, por ejemplo, el año pasado España envió cinco equipos a la Champions League, algo que nunca había sucedido hasta ahora. Algo que choca, por ejemplo, con campeonatos de ligas menores donde ni siquiera el campeón se clasifica, sino que tiene que superar eliminatorias previas para poder alcanzar la fase de grupos.

De ahí que si se suman los partidos jugados por equipos de cada país durante las últimas temporadas se dibujen dos bloques diferenciados donde el dinero hace de frontera: las cinco ligas más ricas del continente son también las que más partidos han jugado en Champions. Eso sí, con un invitado que aminora las diferencias con el resto: Portugal no queda demasiado atrás e incluso se cuela entre los grandes en la segunda competición, la Europa League.

Así, el dinero condiciona, pero no define del todo. Porque la liga inglesa es el doble de rica que la española, pero la distancia en partidos en competición continental es mínima en Champions League e inexistente en Europa League, donde se invierten los papeles.

Ahora bien, si por pertenecer a un campeonato más poderoso clasificas a más equipos, la balanza se desequilibra. Sólo el paso sucesivo de las rondas, donde los mejores equipos van echando a los más débiles, puede ‘limpiar’ esa ventaja estadística. Y, de nuevo, la tendencia se repite: la liga española es la que aglutina mayor porcentaje de plazas en la fase de grupos de ambas competiciones… un porcentaje que se dispara cuando se miden las eliminatorias de octavos donde quedan dieciséis equipos por país y la ventaja de cupo se diluye.

El dato habla por sí solo: la tercera competición en ganancia económica, con menos de la mitad que la primera, ha ocupado más de un tercio de las plazas de octavos de las competiciones europeas desde la temporada 2003/2004. Y la tercera liga mejor situada, desplazando a la segunda más rica, es una que ni siquiera está entre las cinco grandes

En finales la cosa se iguala, al menos en Champions: los equipos españoles e ingleses han alcanzado la final de la máxima competición europea en ocho ocasiones desde la temporada 2003/2004, aunque con distinto final: España suma seis títulos por los tres de Inglaterra. Y no es la única discordancia con la capacidad económica: Alemania, segunda en ingresos, es cuarta en finales y títulos, y Portugal, de nuevo, se cuela entre los cinco grandes en resultados sin serlo en dinero.

En la Europa League, segunda competición, la correlación con lo económico es inexistente. Ahí los equipos españoles han copado hasta diez puestos en la final, y han ganado ocho de ellas. Rusia, una de las ligas con mayor crecimiento económico pero no entre las más potentes, se cuela como segunda y Portugal, de nuevo, se cuela en tercera posición. Otros países que no están en la élite económica, como Ucrania o Escocia, desplazan a los más ricos, que en algunos casos ni aparecen, como sucede con Italia.

¿Cómo se explica, entonces, el éxito del fútbol español y el fracaso relativo del inglés? ¿Por qué el fútbol alemán o el italiano no rentabilizan su dinero mientras el portugués emerge entre los ricos sin serlo? Porque no se puede ceñir el cómputo económico únicamente a los campeonatos, sino que hay que bajar hasta los clubes.

Al hacerlo, la realidad sobresale: la competición más rica es la inglesa, pero no son los clubes ingleses los más potentes en lo económico. Real Madrid y Barcelona, ambos equipos españoles, lideran la tabla a una considerable distancia de los demás equipos, en datos a cierre de la temporada pasada.

El gráfico de los veinte equipos más ricos esconde, sin embargo, algunas trampas. La primera, que los dos primeros son españoles, pero en total sólo hay tres clubes de esa nacionalidad. La segunda, que los clubes ingleses no son los más ricos, pero sí los más numerosos entre los ricos —con algunas sorpresas, como que equipos ‘medianos’ sean más potentes económicamente que los grandes de Europa—. La tercera, que el cuarto equipo más rico sea el único francés presente, un país que no ha conseguido nada en términos continentales en los últimos años.

Y hay una evidencia más: entre los veinte equipos más ricos del continente sólo uno es de fuera de las cinco grandes ligas, el Galatasaray turco. Así que, de nuevo, el dinero condiciona, aunque no determine.

La última comparación que queda, por tanto, es la de la riqueza de los equipos con el palmarés en las últimas temporadas, y ahí hay dos claros ganadores. En Champions, el Barcelona, el segundo más rico con cuatro finales, las cuatro ganadas, a mucha distancia de sus seguidores —como el Real Madrid, el más rico—, pero también como otros mucho menos acaudalados, como el Milan.

En Europa League, de nuevo, la divergencia: el rey absoluto es el fútbol español, primero con el Sevilla y sus cinco títulos, y después con el Atlético con otros dos, por delante de todos los demás. El segundo aparece en la mitad de la tabla de los veinte más ricos, pero el primero ni siquiera aparece. Como tampoco otros muchos de esta lista de participaciones en la final, donde el fútbol portugués, ruso, ucraniano o escocés vuelven a hacerse un hueco en detrimento de los grandes.

Al final en el fútbol, como en la vida, el dinero ayuda. Pero no siempre lo es todo. Y si no, sólo hay que recordar hace unos años a Rayo y Alavés disputándose una eliminatoria de UEFA memorable que el equipo vitoriano pasaría para alcanzar la final.

Fuentes:

Foto: Shutterstock

La maldición se repitió. Como le pasó al Valencia hace algunos años, el Atlético de Madrid ha nadado contra viento y marea, rodeado de equipos que le superan en historia y presupuesto, para morir en la orilla. Primero lo hizo con un gol en el descuento y una paliza en la prórroga, y esta vez en los penalties. Un calco de lo que pasó entonces a aquel Valencia. Ganan, de nuevo, los poderosos. ¿La ley del fútbol?

La extensión del fútbol a nivel planetario es tal que es incorrecto decir que se trata de un deporte de ricos. En realidad lo juegan y siguen todos, desde las favelas de Río que contemplaban los fastos del Mundial de Brasil mientras sus habitantes luchan por sobrevivir, hasta en los palcos donde empresarios y dirigentes se confiesan.

Como cualquier producto planetario de masas, da muchísimo dinero y, a la vez, se alimenta vorazmente de dinero. Y el dinero, claro está, todo lo condiciona. Aunque si hay algo que hace que el deporte, en general, sea algo seguido por miles de millones de personas en el mundo es que se puede condicionar, pero no determinar. Por eso el Alcorcón le metió cuatro al Real Madrid en Copa hace unos años y por eso ahora el mundo se maravilla con el título conseguido por el Leicester City en Inglaterra.

La cuestión es, ¿hasta dónde ‘mancha’ el dinero? Es decir, ¿cuánto condiciona?

Echando un vistazo a los datos fiscales de la FIFA y a varios informes de Deloitte, hay una primera cuestión llamativa: el fútbol mundial no está dominado por quien cabría esperar. El fútbol español es, actualmente, el más poderoso del mundo: campeón mundial hace cinco años, bicampeón vigente en Europa y doble campeón en Champions League y Europa League, siendo que en ambas competiciones se han apaleado títulos con acento español en la última década.

Pero el fútbol español no es el más rico del panorama actual.

A día de hoy, y con una progresión ascendente, entre las cinco grandes ligas hay un campeón económico incuestionable: la liga inglesa es la más poderosa monetariamente, superando en más del doble a la liga española que ni siquiera es tercera porque el campeonato alemán también le supera.

Las diferencias eran sutiles entre los cinco campeonatos en la temporada 96/97, donde la liga italiana también despuntaba. Con el paso del tiempo la brecha se ha agigantado: mientras casi todas las grandes competiciones han ido creciendo con ritmo sostenido —salvo el bache de la italiana—, el campeonato inglés se ha disparado en ganancias.

El hecho de estar en esas ‘cinco grandes’ ligas sí condiciona los resultados a nivel continental: cuanto mayor sea el potencial de la competición, más plazas hay disponibles para que equipos de ese país compitan en Europa. Así, por ejemplo, el año pasado España envió cinco equipos a la Champions League, algo que nunca había sucedido hasta ahora. Algo que choca, por ejemplo, con campeonatos de ligas menores donde ni siquiera el campeón se clasifica, sino que tiene que superar eliminatorias previas para poder alcanzar la fase de grupos.

De ahí que si se suman los partidos jugados por equipos de cada país durante las últimas temporadas se dibujen dos bloques diferenciados donde el dinero hace de frontera: las cinco ligas más ricas del continente son también las que más partidos han jugado en Champions. Eso sí, con un invitado que aminora las diferencias con el resto: Portugal no queda demasiado atrás e incluso se cuela entre los grandes en la segunda competición, la Europa League.

Así, el dinero condiciona, pero no define del todo. Porque la liga inglesa es el doble de rica que la española, pero la distancia en partidos en competición continental es mínima en Champions League e inexistente en Europa League, donde se invierten los papeles.

Ahora bien, si por pertenecer a un campeonato más poderoso clasificas a más equipos, la balanza se desequilibra. Sólo el paso sucesivo de las rondas, donde los mejores equipos van echando a los más débiles, puede ‘limpiar’ esa ventaja estadística. Y, de nuevo, la tendencia se repite: la liga española es la que aglutina mayor porcentaje de plazas en la fase de grupos de ambas competiciones… un porcentaje que se dispara cuando se miden las eliminatorias de octavos donde quedan dieciséis equipos por país y la ventaja de cupo se diluye.

El dato habla por sí solo: la tercera competición en ganancia económica, con menos de la mitad que la primera, ha ocupado más de un tercio de las plazas de octavos de las competiciones europeas desde la temporada 2003/2004. Y la tercera liga mejor situada, desplazando a la segunda más rica, es una que ni siquiera está entre las cinco grandes

En finales la cosa se iguala, al menos en Champions: los equipos españoles e ingleses han alcanzado la final de la máxima competición europea en ocho ocasiones desde la temporada 2003/2004, aunque con distinto final: España suma seis títulos por los tres de Inglaterra. Y no es la única discordancia con la capacidad económica: Alemania, segunda en ingresos, es cuarta en finales y títulos, y Portugal, de nuevo, se cuela entre los cinco grandes en resultados sin serlo en dinero.

En la Europa League, segunda competición, la correlación con lo económico es inexistente. Ahí los equipos españoles han copado hasta diez puestos en la final, y han ganado ocho de ellas. Rusia, una de las ligas con mayor crecimiento económico pero no entre las más potentes, se cuela como segunda y Portugal, de nuevo, se cuela en tercera posición. Otros países que no están en la élite económica, como Ucrania o Escocia, desplazan a los más ricos, que en algunos casos ni aparecen, como sucede con Italia.

¿Cómo se explica, entonces, el éxito del fútbol español y el fracaso relativo del inglés? ¿Por qué el fútbol alemán o el italiano no rentabilizan su dinero mientras el portugués emerge entre los ricos sin serlo? Porque no se puede ceñir el cómputo económico únicamente a los campeonatos, sino que hay que bajar hasta los clubes.

Al hacerlo, la realidad sobresale: la competición más rica es la inglesa, pero no son los clubes ingleses los más potentes en lo económico. Real Madrid y Barcelona, ambos equipos españoles, lideran la tabla a una considerable distancia de los demás equipos, en datos a cierre de la temporada pasada.

El gráfico de los veinte equipos más ricos esconde, sin embargo, algunas trampas. La primera, que los dos primeros son españoles, pero en total sólo hay tres clubes de esa nacionalidad. La segunda, que los clubes ingleses no son los más ricos, pero sí los más numerosos entre los ricos —con algunas sorpresas, como que equipos ‘medianos’ sean más potentes económicamente que los grandes de Europa—. La tercera, que el cuarto equipo más rico sea el único francés presente, un país que no ha conseguido nada en términos continentales en los últimos años.

Y hay una evidencia más: entre los veinte equipos más ricos del continente sólo uno es de fuera de las cinco grandes ligas, el Galatasaray turco. Así que, de nuevo, el dinero condiciona, aunque no determine.

La última comparación que queda, por tanto, es la de la riqueza de los equipos con el palmarés en las últimas temporadas, y ahí hay dos claros ganadores. En Champions, el Barcelona, el segundo más rico con cuatro finales, las cuatro ganadas, a mucha distancia de sus seguidores —como el Real Madrid, el más rico—, pero también como otros mucho menos acaudalados, como el Milan.

En Europa League, de nuevo, la divergencia: el rey absoluto es el fútbol español, primero con el Sevilla y sus cinco títulos, y después con el Atlético con otros dos, por delante de todos los demás. El segundo aparece en la mitad de la tabla de los veinte más ricos, pero el primero ni siquiera aparece. Como tampoco otros muchos de esta lista de participaciones en la final, donde el fútbol portugués, ruso, ucraniano o escocés vuelven a hacerse un hueco en detrimento de los grandes.

Al final en el fútbol, como en la vida, el dinero ayuda. Pero no siempre lo es todo. Y si no, sólo hay que recordar hace unos años a Rayo y Alavés disputándose una eliminatoria de UEFA memorable que el equipo vitoriano pasaría para alcanzar la final.

Fuentes:

Foto: Shutterstock

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