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2 de febrero 2018    /   CINE/TV
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Magos, jedis y superhéroes gais, pero solo de boquilla

2 de febrero 2018    /   CINE/TV     por          
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Esta semana, durante la promoción de Fantastic Beast: The Crime of Grindelwald, el director David Yates avanzó algunos detalles sobre esta nueva película del universo Harry Potter. Pero fue un comentario en concreto el que llamó la atención de los fans. No se iba a tratar o explicitar la homosexualidad de Albus Dumbledore, uno de los personajes más queridos de la franquicia.

El fandom de Harry Potter, bastante activo en redes, reaccionó de una forma inédita: criticando con fuerza a J.K. Rowling, autora de los libros y guionista de esta película, por comentar desde hace años fuera de cámara (o de los libros) lo que no se atreve a plasmar en sus obras. La escritora ha zanjado con un tuit todas las críticas.

¿Pero, por qué toda esta polémica? Para entenderla hay que rebobinar 10 años. En un encuentro con lectores en 2007, Rowling aseguraba que Dumbledore era gay. Siete libros, 17 años y más de 3.000 páginas no fueron suficientes para que la escritora inglesa lo mencionara en su obra, ni siquiera cuando relataba de forma prolija la juventud del personaje o su relación con su mejor amigo (ahora novio, según la autora). ¿Por qué? Porque haciéndolo se exponía al boicot de los conservadores y a la censura en numerosos países. Decirlo en una rueda de prensa generaba titulares, despertaba simpatías entre quien tenía que generarlas y tenía callados a los más moralistas. Funcionaba.

Funcionaba tan bien que Rowling volvió a repetir fórmula para promocionar Animales fantasticos y donde encontrarlos, la película inmediatamente anterior a la que se promociona ahora. Entonces aseguró que la homosexualidad no sería un tema tabú, que sería algo que reflejarían las películas. Pero no ha sido así.

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Puede que la paciencia se haya agotado no solo por culpa de la autora de Harry Potter. Ella fue la primera en tirar de una fórmula que tiene más de marketing que de activismo o de libertad creativa, pero no ha sido, ni mucho menos, la única.

De hecho, se ha convertido en una práctica habitual en las superproducciones de Hollywood. ¿Recuerdas los titulares que generó el hecho de que Lefou, personaje secundario de la nueva versión de La Bella y la Bestia, fuese gay? En realidad en la película no hay más que un comentario velado y un baile coral en el que dos hombres acaban, por casualidad, bailando juntos. Es un gag, dura apenas unos segundos, pero se convirtió en el eje central sobre el que se promocionaba toda la película. Después de amenazas de boicot, países como Rusia o Malasia, que censuran sin pudor (o con exceso) toda referencia homosexual, proyectaron las películas íntegramente. Porque siendo sinceros no había nada que censurar.

Lo mismo pasó con Thor: Ragnarok: a la hora de promocionar la película anunciaron que incluirían a un personaje gay y a uno bisexual. Se olvidaron de mencionar que en la película no se dice de ninguna forma que lo sean, y que este es un detalle al que solo se hacía referencia en los cómics.

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Los grandes estudios hacen guiños al público homosexual en ruedas de prensa, desarrollan tramas LGTB en productos derivados para fans (cómics oficiales y demás). Pero en las películas no se atreven a mencionarlos, ni siquiera de refilón. No se quieren cerrar mercados como el ruso o el árabe, no quieren afrontar el boicot de los conservadores.

Pero el problema real no son los países lejanos ni las mentes retrogradas. Las películas con personajes gais no funcionan bien en taquilla. Call me by your name, una de las grandes favoritas a los Oscars este año, apenas ha recaudado 9 millones de dólares en EEUU, una cifra que palidece al lado del resto de nominadas, con ejemplos como Dunkerke (178) Let me Out (175) o Los archivos del Pentágono (47). El año pasado la película ganadora, Moonlight, fue la que menos recaudó de todas las nominadas, (20 millones frente a los 135 de Lalaland o los 146 de Figuras Ocultas).

Y estamos hablando de películas más o menos de autor, films que se hacen sin pensar demasiado en la taquilla, así que si analizamos las grandes producciones de Warner o Disney parece comprensible que no se incluyan personajes gais para minimizar los riesgos. Es lícito. Pero si su finalidad es ganar dinero no tiene sentido que se erijan en defensores de las minorías en las ruedas de prensa, que se postulen como los Harvey Milks del séptimo arte.

El ‘shippeo’ como estrategia de marketing. El caso de ‘Star Wars’

El shiping es un neologismo inglés que describe la implicación emocional de los seguidores de una obra con un hipotético romance entre dos personajes de esta, más allá de lo narrado explícitamente en la obra original. Este fenómeno nace en los foros de internet y hasta ahora moría en ellos. Pero en los últimos años las productoras, los periodistas y el público se han volcado en la red, y lo que sucede en esta acaba siendo noticia fuera de ella.

Hoy en día un shippeo con suficiente predicamento salta de los foros a los medios online y de estos a las ruedas de prensa. Los responsables de la película no pierden la oportunidad de contestar de forma abierta e inclusiva y fantasean con reflejarlo en su obra, pero nunca lo hacen. Las productoras se mueven en un balance complicado: ofrecen un cebo al potencial público gay, y a los medios que buscan a la desesperada un titular. Pero a la vez intentan que este guiño no se convierta en un argumento real. Se habla de ello fuera de pantalla pero no en pantalla.

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El ejemplo más sangrante, y uno de los más recientes, es el de Star Wars. Todo empezó con un par de escenas de El despertar de la fuerza. A raíz de la química entre Poe, el personaje de Oscar Isaac, y Finn, al que interpreta John Boyega, los fans empezaron a hablar de romance y los medios se hicieron eco.

El tema se convirtió en pregunta recurrente y en lugar de negarlo, todos los responsables de la película se mostraron entre entusiasmados y misteriosos, emplazando a los fans de la saga a ver la siguiente película para ver qué rumbo tomaba su relación. JJ Abrams, director de la primera película de este reboot, Rian Johnston, director de la segunda, Kathleen Kennedy, presidenta de LucasFilms, todo el reparto, incluídos los actores Oscar Isaac y John Boyega echaron más leña al fuego o al menos dejaron que ardiera sin matizar que la realidad iba a ser bien distinta.

Pero la maquinaria promocional de la película fue aún más allá, y a pocos meses del estreno de  Los últimos jedi se empezó a hablar del primer personaje queer de la franquicia. Se referían, probablemente, a la vicealmirante Holdo, interpretada por Laura Dern, de cuya sexualidad, en la película se sabe tanto como de la de BB8. Eso sí, en la novela oficial Leia: Princess of Alderaan decía una frase ambigua que daba a entender que no tendría interés romántico en los hombres.

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«Finn, desnudo, chorreando». Son las tres palabras que pronuncia Poe antes de ver al que podría convertirse en su novio en Los últimos jedi. La frase tiene truco. Poe solo repite, sorprendido, lo que le dice su droide: una serie de pitidos que el espectador no puede entender, y que suponen una descripción, certera pero tramposa, de lo que está sucediendo en pantalla.

Estas palabras constituyen un guiño velado al público gay, que lleva años especulando con el posible romance. Es un guiño tan sutil que los niños solo verán como una gracia. «Es gracioso porque parece maricón», pensarán. Pero con el pasar de los minutos confirmarán lo que ya intuían: no lo es. Guiño para unos, chiste para otros, una práctica cobarde, inmovilista y lucrativa. Una práctica que desgraciadamente se está convirtiendo en algo habitual en el cine comercial.

Si algo ha demostrado la nueva saga de Star Wars es que puede reflejar un mundo moderno sin sacrificar el argumento. Sin necesidad de pergreñar discursos feministas o inclusivos, sin que la raza o el sexo sean algo importante, las dos nuevas películas de Star Wars se han convertido en películas de referencia en cuanto a feminismo y diversidad racial. Nadie se ha escandalizado porque la protagonista fuerte sea una mujer, o porque sus aliados sean un negro, un latino y una oriental. Pero parece que ese discurso no es válido aún con el mundo gay.

La importancia de la inclusión en las grandes producciones

En su reciente discurso de agradecimiento de los premios Feroz, Javier Calvo (codirector junto a su pareja, Javier Ambrosi de La llamada) decía que cuando era niño jamás tuvo referentes homosexuales en la gran pantalla, y que se sentía solo e incomprendido. A diferencia de lo que pueda parecer, las cosas no han cambiado tanto desde entonces.

Con películas como la mencionada Call me by your name, La vida de Adele o Moonlight cosechando premios y buenas críticas, podría pensarse que en los últimos años la representación en el cine del colectivo LGTB ha mejorado considerablemente. Pero no es así. Hablamos de películas dirigidas a un público adulto, películas de nicho, que reciben más premios que espectadores.

La importancia de que se incluyan personajes LGTB en este tipo de producciones radica en que sus espectadores no son mayoritariamente gais, sino heterosexuales, no son eminentemente adultos sino que también atraen a niños y adolescentes. Y si se quiere acabar con la homofobia deberían ser estos los primeros en ver normal en la ficción lo que es normal en la calle desde hace años.

El cine comercial sigue huérfano de personajes LGTB. Hay brujas, magos, jedis y superhéroes pero no hay gais ni lesbianas. Llenarse la boca en una rueda de prensa no va a cambiar las cosas. A tenor de lo sucedido con JK Rowling, tampoco parece que siga reportando publicidad positiva.

Esta semana, durante la promoción de Fantastic Beast: The Crime of Grindelwald, el director David Yates avanzó algunos detalles sobre esta nueva película del universo Harry Potter. Pero fue un comentario en concreto el que llamó la atención de los fans. No se iba a tratar o explicitar la homosexualidad de Albus Dumbledore, uno de los personajes más queridos de la franquicia.

El fandom de Harry Potter, bastante activo en redes, reaccionó de una forma inédita: criticando con fuerza a J.K. Rowling, autora de los libros y guionista de esta película, por comentar desde hace años fuera de cámara (o de los libros) lo que no se atreve a plasmar en sus obras. La escritora ha zanjado con un tuit todas las críticas.

¿Pero, por qué toda esta polémica? Para entenderla hay que rebobinar 10 años. En un encuentro con lectores en 2007, Rowling aseguraba que Dumbledore era gay. Siete libros, 17 años y más de 3.000 páginas no fueron suficientes para que la escritora inglesa lo mencionara en su obra, ni siquiera cuando relataba de forma prolija la juventud del personaje o su relación con su mejor amigo (ahora novio, según la autora). ¿Por qué? Porque haciéndolo se exponía al boicot de los conservadores y a la censura en numerosos países. Decirlo en una rueda de prensa generaba titulares, despertaba simpatías entre quien tenía que generarlas y tenía callados a los más moralistas. Funcionaba.

Funcionaba tan bien que Rowling volvió a repetir fórmula para promocionar Animales fantasticos y donde encontrarlos, la película inmediatamente anterior a la que se promociona ahora. Entonces aseguró que la homosexualidad no sería un tema tabú, que sería algo que reflejarían las películas. Pero no ha sido así.

lefugay

Puede que la paciencia se haya agotado no solo por culpa de la autora de Harry Potter. Ella fue la primera en tirar de una fórmula que tiene más de marketing que de activismo o de libertad creativa, pero no ha sido, ni mucho menos, la única.

De hecho, se ha convertido en una práctica habitual en las superproducciones de Hollywood. ¿Recuerdas los titulares que generó el hecho de que Lefou, personaje secundario de la nueva versión de La Bella y la Bestia, fuese gay? En realidad en la película no hay más que un comentario velado y un baile coral en el que dos hombres acaban, por casualidad, bailando juntos. Es un gag, dura apenas unos segundos, pero se convirtió en el eje central sobre el que se promocionaba toda la película. Después de amenazas de boicot, países como Rusia o Malasia, que censuran sin pudor (o con exceso) toda referencia homosexual, proyectaron las películas íntegramente. Porque siendo sinceros no había nada que censurar.

Lo mismo pasó con Thor: Ragnarok: a la hora de promocionar la película anunciaron que incluirían a un personaje gay y a uno bisexual. Se olvidaron de mencionar que en la película no se dice de ninguna forma que lo sean, y que este es un detalle al que solo se hacía referencia en los cómics.

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Los grandes estudios hacen guiños al público homosexual en ruedas de prensa, desarrollan tramas LGTB en productos derivados para fans (cómics oficiales y demás). Pero en las películas no se atreven a mencionarlos, ni siquiera de refilón. No se quieren cerrar mercados como el ruso o el árabe, no quieren afrontar el boicot de los conservadores.

Pero el problema real no son los países lejanos ni las mentes retrogradas. Las películas con personajes gais no funcionan bien en taquilla. Call me by your name, una de las grandes favoritas a los Oscars este año, apenas ha recaudado 9 millones de dólares en EEUU, una cifra que palidece al lado del resto de nominadas, con ejemplos como Dunkerke (178) Let me Out (175) o Los archivos del Pentágono (47). El año pasado la película ganadora, Moonlight, fue la que menos recaudó de todas las nominadas, (20 millones frente a los 135 de Lalaland o los 146 de Figuras Ocultas).

Y estamos hablando de películas más o menos de autor, films que se hacen sin pensar demasiado en la taquilla, así que si analizamos las grandes producciones de Warner o Disney parece comprensible que no se incluyan personajes gais para minimizar los riesgos. Es lícito. Pero si su finalidad es ganar dinero no tiene sentido que se erijan en defensores de las minorías en las ruedas de prensa, que se postulen como los Harvey Milks del séptimo arte.

El ‘shippeo’ como estrategia de marketing. El caso de ‘Star Wars’

El shiping es un neologismo inglés que describe la implicación emocional de los seguidores de una obra con un hipotético romance entre dos personajes de esta, más allá de lo narrado explícitamente en la obra original. Este fenómeno nace en los foros de internet y hasta ahora moría en ellos. Pero en los últimos años las productoras, los periodistas y el público se han volcado en la red, y lo que sucede en esta acaba siendo noticia fuera de ella.

Hoy en día un shippeo con suficiente predicamento salta de los foros a los medios online y de estos a las ruedas de prensa. Los responsables de la película no pierden la oportunidad de contestar de forma abierta e inclusiva y fantasean con reflejarlo en su obra, pero nunca lo hacen. Las productoras se mueven en un balance complicado: ofrecen un cebo al potencial público gay, y a los medios que buscan a la desesperada un titular. Pero a la vez intentan que este guiño no se convierta en un argumento real. Se habla de ello fuera de pantalla pero no en pantalla.

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El ejemplo más sangrante, y uno de los más recientes, es el de Star Wars. Todo empezó con un par de escenas de El despertar de la fuerza. A raíz de la química entre Poe, el personaje de Oscar Isaac, y Finn, al que interpreta John Boyega, los fans empezaron a hablar de romance y los medios se hicieron eco.

El tema se convirtió en pregunta recurrente y en lugar de negarlo, todos los responsables de la película se mostraron entre entusiasmados y misteriosos, emplazando a los fans de la saga a ver la siguiente película para ver qué rumbo tomaba su relación. JJ Abrams, director de la primera película de este reboot, Rian Johnston, director de la segunda, Kathleen Kennedy, presidenta de LucasFilms, todo el reparto, incluídos los actores Oscar Isaac y John Boyega echaron más leña al fuego o al menos dejaron que ardiera sin matizar que la realidad iba a ser bien distinta.

Pero la maquinaria promocional de la película fue aún más allá, y a pocos meses del estreno de  Los últimos jedi se empezó a hablar del primer personaje queer de la franquicia. Se referían, probablemente, a la vicealmirante Holdo, interpretada por Laura Dern, de cuya sexualidad, en la película se sabe tanto como de la de BB8. Eso sí, en la novela oficial Leia: Princess of Alderaan decía una frase ambigua que daba a entender que no tendría interés romántico en los hombres.

leia-and-han-solo-leia-and-han-solo

«Finn, desnudo, chorreando». Son las tres palabras que pronuncia Poe antes de ver al que podría convertirse en su novio en Los últimos jedi. La frase tiene truco. Poe solo repite, sorprendido, lo que le dice su droide: una serie de pitidos que el espectador no puede entender, y que suponen una descripción, certera pero tramposa, de lo que está sucediendo en pantalla.

Estas palabras constituyen un guiño velado al público gay, que lleva años especulando con el posible romance. Es un guiño tan sutil que los niños solo verán como una gracia. «Es gracioso porque parece maricón», pensarán. Pero con el pasar de los minutos confirmarán lo que ya intuían: no lo es. Guiño para unos, chiste para otros, una práctica cobarde, inmovilista y lucrativa. Una práctica que desgraciadamente se está convirtiendo en algo habitual en el cine comercial.

Si algo ha demostrado la nueva saga de Star Wars es que puede reflejar un mundo moderno sin sacrificar el argumento. Sin necesidad de pergreñar discursos feministas o inclusivos, sin que la raza o el sexo sean algo importante, las dos nuevas películas de Star Wars se han convertido en películas de referencia en cuanto a feminismo y diversidad racial. Nadie se ha escandalizado porque la protagonista fuerte sea una mujer, o porque sus aliados sean un negro, un latino y una oriental. Pero parece que ese discurso no es válido aún con el mundo gay.

La importancia de la inclusión en las grandes producciones

En su reciente discurso de agradecimiento de los premios Feroz, Javier Calvo (codirector junto a su pareja, Javier Ambrosi de La llamada) decía que cuando era niño jamás tuvo referentes homosexuales en la gran pantalla, y que se sentía solo e incomprendido. A diferencia de lo que pueda parecer, las cosas no han cambiado tanto desde entonces.

Con películas como la mencionada Call me by your name, La vida de Adele o Moonlight cosechando premios y buenas críticas, podría pensarse que en los últimos años la representación en el cine del colectivo LGTB ha mejorado considerablemente. Pero no es así. Hablamos de películas dirigidas a un público adulto, películas de nicho, que reciben más premios que espectadores.

La importancia de que se incluyan personajes LGTB en este tipo de producciones radica en que sus espectadores no son mayoritariamente gais, sino heterosexuales, no son eminentemente adultos sino que también atraen a niños y adolescentes. Y si se quiere acabar con la homofobia deberían ser estos los primeros en ver normal en la ficción lo que es normal en la calle desde hace años.

El cine comercial sigue huérfano de personajes LGTB. Hay brujas, magos, jedis y superhéroes pero no hay gais ni lesbianas. Llenarse la boca en una rueda de prensa no va a cambiar las cosas. A tenor de lo sucedido con JK Rowling, tampoco parece que siga reportando publicidad positiva.

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Opiniones 3
  • Solo quería comentar para ver si es posible subsanar unos cuantos errores que me parecen bastante gordos en el artículo, con el cual por lo demás estoy de acuerdo.

    1)El nombre correcto en español para la película Hidden Figures es Figuras Ocultas, no Talentos Ocultos.
    2)El director de Los últimos Jedi no se llama Joe Johnston, sino Rian Johnson
    3)Kathleen Kennedy nunca ha «echado leña al fuego» con el tema de Finn y Poe, si acaso todo lo contrario. Hay varios artículos con entrevistas donde se la cita diciendo que saben que es algo de lo que los fans hablan, que esto se ha comentado en las reuniones de guionistas pero que no íbamos a ver nada de esto en Los últimos Jedi.
    4)El personaje de Laura Dern, la vice almirante Holdo hasta donde yo se no ha aparecido en comics aún, y la frase está mal citada. La discusión sobre la sexualidad del personaje ocurre en una novela dedicada a Leia llamada Leia: princesa de Alderaan y en el intercambio entre personajes Holdo nunca dice no estar interesada en hombres, simplemente hace un comentario a la afirmación de Leia de que solo se siente atraída por humanos masculinos. Holdo responde con un «¿De veras? Eso parece bastante restrictivo», dejando entrever si entornas mucho los ojos que su sexualidad puede que sea más abierta. Pero desde luego no niega que se sienta atraída por hombres. Igual que tampoco afirma nada sobre su propia sexualidad.

    Creo que un buen artículo ha de citar correctamente las cosas a las que hace referencia ya sea una noticia importante o un pequeño artículo como este explicando un fenómeno fan y de la cultura popular. Se que a lo mejor esto no es prioritario por la temática pero compartir este artículo digamos por twitter por ejemplo me obliga a aclarar que aunque me parece interesante esta pieza contiene errores.

    • Buenas Angie. Lo primero, muchas gracias por tu critica constructiva, tienes toda la razón. Hay cosas matizables o subjetivas, pero como podrás comprobar, he corregido todos los errores objetivos que mencionas. Los detalles son importantes y son una prioridad, en este y en todos nuestros artículos. Creo que fallé a la hora de hacer un buen factcheking y revisar toda la info que tenía, gracias por corregirme. Me encanta tener lectores tan informados y con tanto criterio, para la próxima revisaré dos, tres y hasta cien veces todos los datos. Un saludo

  • Un par de errores más:

    1)Por más que he buscado no he encontrado quien entre el equipo de Star Wars pudo decir que habría «muchos personajes queer» en Los últimos Jedi. Lo más parecido que he leído fue un comentario de J. J. Abrahams en el que decía algo así como que lo lógico sería que hubiera personajes LGBT en Star Wars por que la galaxia es muy grande y lo raro sería su ausencia. Algunas revistas de cine pusieron en sus titulares que Holdo sería el primer personaje queer de Star Wars en la gran pantalla, pero es debatible que eso haya sido algo que Disney o Lucasfilm haya querido colgarse como medalla. Más bien decisión editorial de dichos medios de resaltar este hecho, que por otro lado vuestro artículo señala correctamente que de poco sirve para la visibilidad ya que la sexualidad de Holdo nunca es mencionada en pantalla.

    2)El artículo menciona que «Nadie se ha escandalizado porque la protagonista fuerte sea una mujer, o porque sus aliados sean un negro, un latino y una oriental.». Y aunque me encantaría que esto fuera cierto me temo que no lo es. La comunidad fan ha estado debatiendo hasta la exasperación sobre como las pelis de la nueva trilogía son propaganda feminista de las SJW o «social justice warriors». Rey para estos fans es una Mary Sue (algo así como un personaje femenino especialmente odiable por el hecho de que todo le sale bien a la primera, pero buscad el termino en TV tropes para mayor aclaración), o que como es posible que haya un stormtrooper negro. De hecho la controversia sobre el pobre Finn empezó desde el momento en el que salió el primer trailer de The Force Awakens y si escarvais un poco encontrareis respuestas bastante airosas de la cuenta oficial de Star Wars en facebook a los fans que que pusieron el grito en el cielo por escoger a Boyega como uno de los protagonistas.

    Detalles, detalles, detalles. Vuelvo a reiterar que entiendo que la temática del artículo hará que la rectificación de los fallos no sea una prioridad, y siento ser la típica fan puntillosa que viene a molestar, pero ya que vamos a hablar de visibilidad y a poner de relieve la problemática actitud de los estudios de Hollywood mejor hacerlo hablando con propiedad, ¿no?

    Hablo sinceramente y sin sorna, pues resulta que este tema me importa bastante como persona LGBT y como fan acérrima de varias de las franquicias nombradas en el artículo. El tema de las franquicias engañando y poniendo un cebo al publico LGBT para obtener su atención y su dinero da para largo y hay muchos más ejemplos tanto en la pantalla grande (capitán america Winter soldier, Wonder Woman) como en la pequeña (Sherlock de la BBC, Supernatural, Teen Wolf, Once upon a time…)

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