23 de marzo 2015    /   CINE/TV
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Game Over

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La melodía Tubular Bells del despertador del móvil te saca de un sueño en el que te habías convertido en un Angry Bird. Miras la hora en la pantalla. 07:15. Cuatro interacciones en Twitter, un comentario a tu última entrada en Facebook, dos solicitudes de amistad. Con una mano las repasas todas mientras echas la primera meadita del día. Hoy es el cumpleaños de Sandra. La felicitas con un corazoncito aunque hace seis años que no os veis.
Te haces un selfie recién duchado y lo subes a Instagram con tu frase habitual: «Ya estamos aquí». Diez likes, dos «buenos días» y un piropo a los cuatro minutos. Respondes con un guiño 😉 Repasas la actualidad en Menéame, haces un comentario en una noticia y le das a compartir. Tienes un karma de ciento tres y encima la app del tiempo dice que hace sol: 🙂 Cuando sales a la calle, sin embargo, está nublado pero no te das cuenta porque vas mirando el mail. Pones el Google Maps en el autobús para no tener que ir pendiente. Mientras, tuiteas un meme del pequeño Nicolás que te han enviado al Telegram. Te favean dos, te retuitean tres, uno te dice que XD y otro que LOL.
Un mensaje en la pantalla te avisa de que el GPS está «redirigiendo». Te has pasado la parada. Bajas en la siguiente y echas a andar siguiendo las indicaciones del mapa. Con el auricular escuchas tu sesión privada de Spotify. No oyes al saxofonista que está tocando en la esquina ni ves a la chica que choca contigo porque iba chateando en Google Plus. Tampoco ves los primeros copos de nieve que empiezan a caer cuando entras en el edificio.
«Está nevando», te dice un compañero al llegar. «No puede ser, en mi app no dice nada», le respondes. Él tiene razón, tú le haces una foto de la nevada, vuelves a tu sitio y la subes a tu Flikr. Alejandra G. empieza a seguirte, tú a ella también. Habláis de veros. Sabes que no ocurrirá. Te pasas la mañana comentando en el ordenador imágenes de la nieve que sube gente a la que no conoces. Tu trabajo te aburre. Nada en Linkedin. Cuando sales a comer no queda ni un copo en la calle. Están todos en la red. Antes de comerte el menú, también le haces foto y la compartes. Siete ‘me gusta’. No habláis mucho entre compañeros. Estáis mirando el Wassap. Hablando con gente con la que nunca quedas.
Tu amigo Pedro te dice por MD que no puede ir al concierto. ;_( En el metro, de camino, repasas algunas de tus canciones favoritas del grupo en Youtube y después ves la mitad del bolo a través de la pantalla porque estás grabando vídeos para enviárselos a él. Te responde con un :(((. Luego en casa, cenas mientras hablas por Skype con Eva y Manuel, con los que no quedas desde que tuvieron a la niña. Les dices que a ver si os veis. Sabes que no ocurrirá.
En la cama, ves el capítulo que te has bajado de Black Mirror en el que el Primer Ministro se folla a un cerdo frente a las pantallas del mundo entero y piensas que tú jamás lo harías. Escribes el último tuit del día: twitter off. Con la navegación de incógnito te metes en un par de páginas guarras y empiezas a masturbarte. A la mitad, la batería del móvil te avisa de que se va a apagar. Una última vibración y se va a negro. Tu cara ligeramente desencajada por la excitación se refleja en la pantalla. Game over.

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Te haces un selfie recién duchado y lo subes a Instagram con tu frase habitual: «Ya estamos aquí». Diez likes, dos «buenos días» y un piropo a los cuatro minutos. Respondes con un guiño 😉 Repasas la actualidad en Menéame, haces un comentario en una noticia y le das a compartir. Tienes un karma de ciento tres y encima la app del tiempo dice que hace sol: 🙂 Cuando sales a la calle, sin embargo, está nublado pero no te das cuenta porque vas mirando el mail. Pones el Google Maps en el autobús para no tener que ir pendiente. Mientras, tuiteas un meme del pequeño Nicolás que te han enviado al Telegram. Te favean dos, te retuitean tres, uno te dice que XD y otro que LOL.
Un mensaje en la pantalla te avisa de que el GPS está «redirigiendo». Te has pasado la parada. Bajas en la siguiente y echas a andar siguiendo las indicaciones del mapa. Con el auricular escuchas tu sesión privada de Spotify. No oyes al saxofonista que está tocando en la esquina ni ves a la chica que choca contigo porque iba chateando en Google Plus. Tampoco ves los primeros copos de nieve que empiezan a caer cuando entras en el edificio.
«Está nevando», te dice un compañero al llegar. «No puede ser, en mi app no dice nada», le respondes. Él tiene razón, tú le haces una foto de la nevada, vuelves a tu sitio y la subes a tu Flikr. Alejandra G. empieza a seguirte, tú a ella también. Habláis de veros. Sabes que no ocurrirá. Te pasas la mañana comentando en el ordenador imágenes de la nieve que sube gente a la que no conoces. Tu trabajo te aburre. Nada en Linkedin. Cuando sales a comer no queda ni un copo en la calle. Están todos en la red. Antes de comerte el menú, también le haces foto y la compartes. Siete ‘me gusta’. No habláis mucho entre compañeros. Estáis mirando el Wassap. Hablando con gente con la que nunca quedas.
Tu amigo Pedro te dice por MD que no puede ir al concierto. ;_( En el metro, de camino, repasas algunas de tus canciones favoritas del grupo en Youtube y después ves la mitad del bolo a través de la pantalla porque estás grabando vídeos para enviárselos a él. Te responde con un :(((. Luego en casa, cenas mientras hablas por Skype con Eva y Manuel, con los que no quedas desde que tuvieron a la niña. Les dices que a ver si os veis. Sabes que no ocurrirá.
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