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3 de septiembre 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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El origen de los dichos: Aquí hay gato encerrado

3 de septiembre 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Edgar Allan Poe escribió El gato negro, un cuento donde el asesino es descubierto porque se dejó a un gato negro y tuerto atrapado detrás de la pared que había levantado para esconder el cadáver de su mujer. (Vaya, un destripe).

Es tentador pensar que ahí está el origen de este dicho tan español como es «haber gato encerrado», pero no. Seamos serios. Por mucho que admiremos al gran Poe, nuestro gato tiene unos cuantos siglos más. Exactamente, se originó en el Siglo de Oro, o lo que es lo mismo, entre los siglos XVI y XVII.

El gato que nos ocupa no tiene nada que ver con ese mimoso felino que hace miau y que suele sentarse en nuestro regazo en el sofá. Si acudimos al DRAE, encontraremos otras acepciones para gato, entre ellas, estas:

2. m. Bolso o talego en que se guardaba el dinero.
3. m. Dinero que se guardaba en él.

Covarrubias ya lo escribía también en su Tesoro de la lengua castellana: «Gatos, los bolsones de dinero, porque se hacen de los pellejos desollados enteros y sin abrir», según nos explica José María Iribarren en El porqué de los dichos.

Y el Diccionario de Autoridades aclara incluso que estas talegas donde se guardaba el dinero en época de El Buscón estaban hechas con la piel de estos animalillos.

La cuestión era que, fueran de piel de gato o de cualquier otro bicho, los propietarios de estas bolsas las escondían cuidadosamente tanto en sus casas como en sus bolsillos, si tenían que salir a la calle. Así pues, cuando un ladrón quería afanar alguno de estos talegos, observaba a su víctima para intentar averiguar dónde guardaba el tesoro; y avisaba a sus colegas de profesión con ese «ahí hay gato encerrado», para advertirles de que había algo que llevarse.

Nos aclara Cejador en Fraseología, o estilística castellana que «hay gato encerrado» equivale a «tiene misterio», «tiene secreto», y «díjose del gato en el sentido de bolsa, por lo cerrada e impenetrable». Aunque como bien dice Iribarren, más que por lo cerrada e impenetrable, por lo escondida que estaba.

Por cierto, por extensión, un gato es también el ladrón que se llevaba la bolsa con las monedas. Lo suyo era que quedara encerrado también una vez cazado, pero, claro, eso ya era otra historia.

Edgar Allan Poe escribió El gato negro, un cuento donde el asesino es descubierto porque se dejó a un gato negro y tuerto atrapado detrás de la pared que había levantado para esconder el cadáver de su mujer. (Vaya, un destripe).

Es tentador pensar que ahí está el origen de este dicho tan español como es «haber gato encerrado», pero no. Seamos serios. Por mucho que admiremos al gran Poe, nuestro gato tiene unos cuantos siglos más. Exactamente, se originó en el Siglo de Oro, o lo que es lo mismo, entre los siglos XVI y XVII.

El gato que nos ocupa no tiene nada que ver con ese mimoso felino que hace miau y que suele sentarse en nuestro regazo en el sofá. Si acudimos al DRAE, encontraremos otras acepciones para gato, entre ellas, estas:

2. m. Bolso o talego en que se guardaba el dinero.
3. m. Dinero que se guardaba en él.

Covarrubias ya lo escribía también en su Tesoro de la lengua castellana: «Gatos, los bolsones de dinero, porque se hacen de los pellejos desollados enteros y sin abrir», según nos explica José María Iribarren en El porqué de los dichos.

Y el Diccionario de Autoridades aclara incluso que estas talegas donde se guardaba el dinero en época de El Buscón estaban hechas con la piel de estos animalillos.

La cuestión era que, fueran de piel de gato o de cualquier otro bicho, los propietarios de estas bolsas las escondían cuidadosamente tanto en sus casas como en sus bolsillos, si tenían que salir a la calle. Así pues, cuando un ladrón quería afanar alguno de estos talegos, observaba a su víctima para intentar averiguar dónde guardaba el tesoro; y avisaba a sus colegas de profesión con ese «ahí hay gato encerrado», para advertirles de que había algo que llevarse.

Nos aclara Cejador en Fraseología, o estilística castellana que «hay gato encerrado» equivale a «tiene misterio», «tiene secreto», y «díjose del gato en el sentido de bolsa, por lo cerrada e impenetrable». Aunque como bien dice Iribarren, más que por lo cerrada e impenetrable, por lo escondida que estaba.

Por cierto, por extensión, un gato es también el ladrón que se llevaba la bolsa con las monedas. Lo suyo era que quedara encerrado también una vez cazado, pero, claro, eso ya era otra historia.

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