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17 de enero 2019    /   ENTRETENIMIENTO
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El libro que certifica la fotogenia de los gatos callejeros

17 de enero 2019    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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La elegancia quiso cuerpo y vida, por eso se transformó en gato

(Guillermo de Aquitania)

Era la escritora Muriel Spark quien, ante un estado de desasosiego, aconsejaba mirar a un gato. Observar los gestos de un minino «serena el ánimo», aseguraba. Puede que esa capacidad de sosegar el alma de quien los contempla sea la razón por la que Spark es solo una de los numerosos los escritores y artistas que pasaron y pasan sus vidas junto a uno (o varios) de estos animales.

Los fotógrafos Tuul y Bruno Morandi se suman a la lista. Hace casi una década comparten casa con Mujra, su gato, y hace unos cuantos más que dedican buena parte de su trabajo a los félidos que encuentran por la calle, en cualquier rincón del mundo.

Durante las últimas dos décadas, su trabajo les ha hecho viajar casi constantemente. En sus visitas a Zanzíbar, Mongolia, Japón, Grecia o Marruecos los Morandi siempre acababan fotografiando gatos, a veces sin querer. Retratarles a ellos en exclusiva fue una decisión tomada casi por inercia.

El libro Le Gran Odysée des Chats (La gran odisea de los gatos) recoge muchas de estas imágenes. Felinos sintecho de Lamu, Kioto o Éfeso que despliegan su variado abanico de poses mientras se tumban al sol, pelean o simplemente se dejan fotografiar.

La actitud de los gatos hacia la cámara y hacia los fotógrafos, cuentan estos, depende mucho de su relación con los vecinos humanos. Aunque también del carácter del animal. En lugares como Japón, donde los gatos disfrutan de un excelente estatus, era mucho más fácil acercarse y acariciarles.

«Es lo más parecido al paraíso felino. Aunque en la mayoría de los apartamentos los gatos están prohibidos por el dueño, los japoneses se vuelven locos cuando ven a uno. Para ellos es casi como un pequeño dios. Hay más de 11 islas donde los cuidan, las cafeterías de gatos son muy populares en todo el país ¡e incluso hay templos dedicados a los gatos!», explican.

Para los Morandi, cualquier animal es fotogénico. «Y en el caso de los gatos, contemplarlos es un placer permanente y muy conmovedor».  Consideran lógico que los vídeos y fotos de gatitos arrasen en la red, aunque la naturaleza de su libro es completamente distinta: «Queríamos mostrar a los gatos callejeros de todo el mundo desde el punto de vista de un fotógrafo profesional».

Por eso están convencidos de que incluso los no amantes de los gatos (que sí, los hay) también pueden disfrutar de él: «Basta con que les guste la fotografía», aseguran.

La elegancia quiso cuerpo y vida, por eso se transformó en gato

(Guillermo de Aquitania)

Era la escritora Muriel Spark quien, ante un estado de desasosiego, aconsejaba mirar a un gato. Observar los gestos de un minino «serena el ánimo», aseguraba. Puede que esa capacidad de sosegar el alma de quien los contempla sea la razón por la que Spark es solo una de los numerosos los escritores y artistas que pasaron y pasan sus vidas junto a uno (o varios) de estos animales.

Los fotógrafos Tuul y Bruno Morandi se suman a la lista. Hace casi una década comparten casa con Mujra, su gato, y hace unos cuantos más que dedican buena parte de su trabajo a los félidos que encuentran por la calle, en cualquier rincón del mundo.

Durante las últimas dos décadas, su trabajo les ha hecho viajar casi constantemente. En sus visitas a Zanzíbar, Mongolia, Japón, Grecia o Marruecos los Morandi siempre acababan fotografiando gatos, a veces sin querer. Retratarles a ellos en exclusiva fue una decisión tomada casi por inercia.

El libro Le Gran Odysée des Chats (La gran odisea de los gatos) recoge muchas de estas imágenes. Felinos sintecho de Lamu, Kioto o Éfeso que despliegan su variado abanico de poses mientras se tumban al sol, pelean o simplemente se dejan fotografiar.

La actitud de los gatos hacia la cámara y hacia los fotógrafos, cuentan estos, depende mucho de su relación con los vecinos humanos. Aunque también del carácter del animal. En lugares como Japón, donde los gatos disfrutan de un excelente estatus, era mucho más fácil acercarse y acariciarles.

«Es lo más parecido al paraíso felino. Aunque en la mayoría de los apartamentos los gatos están prohibidos por el dueño, los japoneses se vuelven locos cuando ven a uno. Para ellos es casi como un pequeño dios. Hay más de 11 islas donde los cuidan, las cafeterías de gatos son muy populares en todo el país ¡e incluso hay templos dedicados a los gatos!», explican.

Para los Morandi, cualquier animal es fotogénico. «Y en el caso de los gatos, contemplarlos es un placer permanente y muy conmovedor».  Consideran lógico que los vídeos y fotos de gatitos arrasen en la red, aunque la naturaleza de su libro es completamente distinta: «Queríamos mostrar a los gatos callejeros de todo el mundo desde el punto de vista de un fotógrafo profesional».

Por eso están convencidos de que incluso los no amantes de los gatos (que sí, los hay) también pueden disfrutar de él: «Basta con que les guste la fotografía», aseguran.

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