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1 de abril 2019    /   IDEAS
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Genealogía viva: tu pasado puede decidir en qué vas a trabajar

1 de abril 2019    /   IDEAS     por          
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Pongámonos épicos por un momento: desde el principio de los tiempos el humano se ha hecho la misma pregunta: ¿quién soy, de dónde vengo? Encontrar la respuesta a semejante duda ha sido el trabajo de los filósofos, historiadores y científicos desde hace siglos. Que si el Big Bang, que si la evolución de las especies, que si la religión… ¿No sería más fácil consultar nuestra genealogía para saciar esa curiosidad?

De genealogía sabe mucho Mireia Nieto. Esta experta universitaria en Genealogía y Archivos por la Universidad de Córdoba lleva años buceando en sus orígenes y en los de quien se interesa por conocer su propia historia familiar desde su web Tataranietos.

La genealogía «es una ciencia auxiliar de Ciencias Sociales, no solo de la Historia, pero está muy asociada a ella», explica Nieto. «Es una ciencia porque utiliza un método científico para demostrar filiaciones y relaciones de parentesco».

Además, implica el conocimiento en otras muchas materias como la Historia, la Documentación y la Archivística, «la Antropología, para saber más sobre relaciones de parentesco; Sociología y Psicología, para entender mejor las relaciones humanas; Genética, para explorar la vía de la genealogía genética (test de ADN) con el fin de demostrar parentescos biológicos…».

Ella aboga por una disciplina que va más allá de un árbol genealógico donde quede reflejado el linaje familiar y si en alguna rama perdida de ese árbol hubo algún noble de cuyo escudo y blasón podamos presumir. Es más, recomienda centrarse solo en el conocimiento profundo de las primeras generaciones que nos precedieron, «al menos hasta los tatarabuelos», no más atrás.

genealogía viva portada del libro

Por eso prefiere hablar de genealogía viva, algo que define como «una gran dosis de pasado, mucho presente y una apuesta de futuro». Se trataría, pues, de «un nuevo enfoque que propone conocer mejor nuestra identidad y conectar con nuestros familiares, parientes, antepasados y ancestros investigando y analizando sus biografías», tal y como explica en las primeras páginas de su libro Genealogía viva. El árbol genealógico como vía de crecimiento personal.

«Todos los seres humanos explicamos nuestra existencia por las decisiones o acciones de otros que nacieron antes que nosotros y, además, una parte de nuestra manera de entender el mundo se la debemos a aquellos que nos han criado. Así que conocer la historia de nuestra familia y nuestros orígenes biológicos es fundamental para entender cómo hemos llegado a existir y nos hemos convertido en la persona que somos en la actualidad». Es decir, para nuestro autoconocimiento.

Para empezar, Nieto prefiere cambiar la imagen del árbol genealógico tradicional por la de red. «Si cambiásemos la metáfora del árbol genealógico por la de red genealógica, reflejaríamos mejor quién forma parte de nuestra familia y a quién debemos nuestra genética. Con el árbol tendemos a hacer una representación gráfica clásica en la que solo se incluye a aquellas personas con las que presuntamente compartimos genes». Y la genealogía viva que defiende esta experta es mucho más.

«La genealogía no equivale a la investigación de los parentescos biológicos», aclara, «tanto estudia la familia (lazos sociales) como los orígenes biológicos». Y en esos lazos sociales se incluyen amigos, parejas, compañeros de trabajo e incluso mascotas. Nuestra historia vital no viene marcada solo por el ADN, sino por una serie mucho más compleja de relaciones y circunstancias. No saber quiénes fueron nuestros padres o nuestros abuelos solo implica desconocer una parte de nuestra genealogía.

¿Y qué pasa con los nuevos modelos de familia? ¿Pueden investigar en su pasado quienes nacieron de un vientre de alquiler, por ejemplo? ¿O quienes fueron gestados en un laboratorio a través de un óvulo y esperma donados?

«En genealogías de personas nacidas gracias a la contribución de un donante, los árboles genealógicos pueden tener la incógnita de la identidad del donante o donantes, pero el resto de ramas estarán copadas por la familia de origen (padres, abuelos, hermanos, tíos, primos, etc.) y elegida (parejas, amigos, hijos, mascotas, etc.)». Por tanto, siempre puede investigarse esa parte conocida de su familia. Y en el caso de que ese aspecto genético fuera importante, Nieto recomienda hacerse un test de ADN. Es algo que ocurre, por ejemplo, en el caso de los bebés robados.

genealogía viva y su manifiesto

¿Para qué sirve un árbol genealógico? «Para despejar incógnitas familiares sobre filiaciones o acontecimientos y que dejen de ser mitos. Sirve para conocer el historial médico de nuestra familia y prevenir enfermedades. Sirve para tener un hobby con el que estar entretenido, viajar, aprender, etc. Y sirve para ser una persona más autoconsciente». Y una utilidad más: descubrir qué hay en tu pasado genético que te ha inclinado a realizar la profesión que ejerces hoy.

«Mi pasado podría haberme llevado a ejercer otras profesiones, pero me ha inclinado a buscar respuestas a incógnitas familiares a través de la genealogía», explica Nieto. «En otras personas se puede ver más claro cómo un trauma o un duelo familiar les ha conducido a una profesión heredada o elegida».

«Yo no creo que en nuestro destino esté escrito, pero soy consciente de que algunos aspectos de nuestra vida están muy condicionados por nuestros orígenes y por las vivencias y creencias de las personas que han criado a aquellos que nos han educado a nosotros. La ciencia de la Epigénetica estudia cómo el medio influye en los genes y ha demostrado con diferentes experimentos que los traumas se heredan, pero que también, y esto es un alivio, se pueden revertir si nos lo proponemos».

Según la genealogía viva de la que habla Nieto, para construir nuestra red genealógica no basta solo con bucear en archivos y registros civiles en busca de partidas de bautismo o registro de matrimonios. Esas pruebas documentales con pátina amarilla de tiempo son mentirosas a veces.

«Los documentos mienten; las personas, también», asegura Mireia Nieto. «Pero es nuestro deber reflejar la versión oficial de nuestra genealogía y luego buscar más documentos y testimonios que corroboren las filiaciones y los hechos o que las desmonten. La verdad es escurridiza y quizá no la conozcamos nunca, pero ese valor debe guiarnos en nuestra investigación»

En otras ocasiones, esos documentos se olvidan de otros personajes fundamentales en la historia familiar, las mujeres, porque la sociedad solo tomaba como referentes principales a los elementos masculinos del linaje.

Mireia Nieto habla de genealogía viva

«Nuestras antepasadas han sido sistemáticamente ninguneadas por los genealogistas», afirma rotunda Nieto. «Todas las genealogías contemporáneas deberían rescatar las biografías de esas mujeres olvidadas, fueran célebres o anónimas. Todas lo merecen, aunque se resignaran a los mandatos de género. Y especialmente si fueron valientes, los desafiaron y fueron castigadas por ello».

No es tarea sencilla, sin embargo, rescatar a las mujeres de ese olvido institucional, pero la experta en genealogía viva insiste: «Es nuestro deber prestarlas más atención porque pueden quedarse resumidas con nombre, apellidos, fechas de nacimiento, matrimonio y defunción y un “sus labores”».

En cualquier caso, una buena historia familiar no se queda solo en el armazón, en un montón de documentación que nos sirva para formar las ramas de ese árbol. Saber qué cosas pasaron en la familia que provocaron que la balanza se inclinara a uno u otro lado o qué pasó en la vida de la bisabuela materna para que tuviera tan mal carácter solo se puede descubrir hablando con nuestros familiares y amigos.

«Sin testimonios orales, escritos o audiovisuales solo podemos imaginar o conjeturar cómo eran, qué pensaban, cómo se comportaban… Como esta información se pierde en pocas generaciones, es importante recogerla y preservarla. Mi cliente es el que recopila la información para que yo empiece a trabajar», aclara Mieria Nieto. «Si nuestros familiares y antepasados han generado documentación más allá de certificados de nacimiento/bautismo, matrimonio y defunción/entierro, podemos saber algo más de sus vicisitudes y maneras de pensar».

«Que la historia de uno de tus apellidos no sea peculiar no significa que la historia de tu familia no sea apasionante», afirma la creadora de Tataranietos. Solo es cuestión de empezar a investigar. Y de tener la valentía suficiente para asumir y aceptar lo que podamos descubrir.

 

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De genealogía sabe mucho Mireia Nieto. Esta experta universitaria en Genealogía y Archivos por la Universidad de Córdoba lleva años buceando en sus orígenes y en los de quien se interesa por conocer su propia historia familiar desde su web Tataranietos.

La genealogía «es una ciencia auxiliar de Ciencias Sociales, no solo de la Historia, pero está muy asociada a ella», explica Nieto. «Es una ciencia porque utiliza un método científico para demostrar filiaciones y relaciones de parentesco».

Además, implica el conocimiento en otras muchas materias como la Historia, la Documentación y la Archivística, «la Antropología, para saber más sobre relaciones de parentesco; Sociología y Psicología, para entender mejor las relaciones humanas; Genética, para explorar la vía de la genealogía genética (test de ADN) con el fin de demostrar parentescos biológicos…».

Ella aboga por una disciplina que va más allá de un árbol genealógico donde quede reflejado el linaje familiar y si en alguna rama perdida de ese árbol hubo algún noble de cuyo escudo y blasón podamos presumir. Es más, recomienda centrarse solo en el conocimiento profundo de las primeras generaciones que nos precedieron, «al menos hasta los tatarabuelos», no más atrás.

genealogía viva portada del libro

Por eso prefiere hablar de genealogía viva, algo que define como «una gran dosis de pasado, mucho presente y una apuesta de futuro». Se trataría, pues, de «un nuevo enfoque que propone conocer mejor nuestra identidad y conectar con nuestros familiares, parientes, antepasados y ancestros investigando y analizando sus biografías», tal y como explica en las primeras páginas de su libro Genealogía viva. El árbol genealógico como vía de crecimiento personal.

«Todos los seres humanos explicamos nuestra existencia por las decisiones o acciones de otros que nacieron antes que nosotros y, además, una parte de nuestra manera de entender el mundo se la debemos a aquellos que nos han criado. Así que conocer la historia de nuestra familia y nuestros orígenes biológicos es fundamental para entender cómo hemos llegado a existir y nos hemos convertido en la persona que somos en la actualidad». Es decir, para nuestro autoconocimiento.

Para empezar, Nieto prefiere cambiar la imagen del árbol genealógico tradicional por la de red. «Si cambiásemos la metáfora del árbol genealógico por la de red genealógica, reflejaríamos mejor quién forma parte de nuestra familia y a quién debemos nuestra genética. Con el árbol tendemos a hacer una representación gráfica clásica en la que solo se incluye a aquellas personas con las que presuntamente compartimos genes». Y la genealogía viva que defiende esta experta es mucho más.

«La genealogía no equivale a la investigación de los parentescos biológicos», aclara, «tanto estudia la familia (lazos sociales) como los orígenes biológicos». Y en esos lazos sociales se incluyen amigos, parejas, compañeros de trabajo e incluso mascotas. Nuestra historia vital no viene marcada solo por el ADN, sino por una serie mucho más compleja de relaciones y circunstancias. No saber quiénes fueron nuestros padres o nuestros abuelos solo implica desconocer una parte de nuestra genealogía.

¿Y qué pasa con los nuevos modelos de familia? ¿Pueden investigar en su pasado quienes nacieron de un vientre de alquiler, por ejemplo? ¿O quienes fueron gestados en un laboratorio a través de un óvulo y esperma donados?

«En genealogías de personas nacidas gracias a la contribución de un donante, los árboles genealógicos pueden tener la incógnita de la identidad del donante o donantes, pero el resto de ramas estarán copadas por la familia de origen (padres, abuelos, hermanos, tíos, primos, etc.) y elegida (parejas, amigos, hijos, mascotas, etc.)». Por tanto, siempre puede investigarse esa parte conocida de su familia. Y en el caso de que ese aspecto genético fuera importante, Nieto recomienda hacerse un test de ADN. Es algo que ocurre, por ejemplo, en el caso de los bebés robados.

genealogía viva y su manifiesto

¿Para qué sirve un árbol genealógico? «Para despejar incógnitas familiares sobre filiaciones o acontecimientos y que dejen de ser mitos. Sirve para conocer el historial médico de nuestra familia y prevenir enfermedades. Sirve para tener un hobby con el que estar entretenido, viajar, aprender, etc. Y sirve para ser una persona más autoconsciente». Y una utilidad más: descubrir qué hay en tu pasado genético que te ha inclinado a realizar la profesión que ejerces hoy.

«Mi pasado podría haberme llevado a ejercer otras profesiones, pero me ha inclinado a buscar respuestas a incógnitas familiares a través de la genealogía», explica Nieto. «En otras personas se puede ver más claro cómo un trauma o un duelo familiar les ha conducido a una profesión heredada o elegida».

«Yo no creo que en nuestro destino esté escrito, pero soy consciente de que algunos aspectos de nuestra vida están muy condicionados por nuestros orígenes y por las vivencias y creencias de las personas que han criado a aquellos que nos han educado a nosotros. La ciencia de la Epigénetica estudia cómo el medio influye en los genes y ha demostrado con diferentes experimentos que los traumas se heredan, pero que también, y esto es un alivio, se pueden revertir si nos lo proponemos».

Según la genealogía viva de la que habla Nieto, para construir nuestra red genealógica no basta solo con bucear en archivos y registros civiles en busca de partidas de bautismo o registro de matrimonios. Esas pruebas documentales con pátina amarilla de tiempo son mentirosas a veces.

«Los documentos mienten; las personas, también», asegura Mireia Nieto. «Pero es nuestro deber reflejar la versión oficial de nuestra genealogía y luego buscar más documentos y testimonios que corroboren las filiaciones y los hechos o que las desmonten. La verdad es escurridiza y quizá no la conozcamos nunca, pero ese valor debe guiarnos en nuestra investigación»

En otras ocasiones, esos documentos se olvidan de otros personajes fundamentales en la historia familiar, las mujeres, porque la sociedad solo tomaba como referentes principales a los elementos masculinos del linaje.

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«Nuestras antepasadas han sido sistemáticamente ninguneadas por los genealogistas», afirma rotunda Nieto. «Todas las genealogías contemporáneas deberían rescatar las biografías de esas mujeres olvidadas, fueran célebres o anónimas. Todas lo merecen, aunque se resignaran a los mandatos de género. Y especialmente si fueron valientes, los desafiaron y fueron castigadas por ello».

No es tarea sencilla, sin embargo, rescatar a las mujeres de ese olvido institucional, pero la experta en genealogía viva insiste: «Es nuestro deber prestarlas más atención porque pueden quedarse resumidas con nombre, apellidos, fechas de nacimiento, matrimonio y defunción y un “sus labores”».

En cualquier caso, una buena historia familiar no se queda solo en el armazón, en un montón de documentación que nos sirva para formar las ramas de ese árbol. Saber qué cosas pasaron en la familia que provocaron que la balanza se inclinara a uno u otro lado o qué pasó en la vida de la bisabuela materna para que tuviera tan mal carácter solo se puede descubrir hablando con nuestros familiares y amigos.

«Sin testimonios orales, escritos o audiovisuales solo podemos imaginar o conjeturar cómo eran, qué pensaban, cómo se comportaban… Como esta información se pierde en pocas generaciones, es importante recogerla y preservarla. Mi cliente es el que recopila la información para que yo empiece a trabajar», aclara Mieria Nieto. «Si nuestros familiares y antepasados han generado documentación más allá de certificados de nacimiento/bautismo, matrimonio y defunción/entierro, podemos saber algo más de sus vicisitudes y maneras de pensar».

«Que la historia de uno de tus apellidos no sea peculiar no significa que la historia de tu familia no sea apasionante», afirma la creadora de Tataranietos. Solo es cuestión de empezar a investigar. Y de tener la valentía suficiente para asumir y aceptar lo que podamos descubrir.

 

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