9 de febrero 2012    /   BUSINESS
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“Hemos entrado en la era de las próximas dos horas”

9 de febrero 2012    /   BUSINESS     por          
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Había una vez un mundo previsible donde un business plan se hacía a dos años vista. Los individuos hablaban de una cosa llamada ‘contrato indefinido’ y había personas, incluso, que trabajaban toda su vida en una misma empresa y una única profesión. Ocurrió hace mucho tiempo. Un tiempo muy lejano psicológica y emocionalmente. Los negocios han cambiado de era, aunque la mayoría de la población, conservadora por condición, se resista a aceptarlo. La avanzadilla de este nuevo mundo que convive con la tradición es, según el editor de Fast Company, Robert Safian, la Generación Flux.

Los negocios, en la actualidad, funcionan bajo la misma lógica que la meteorología. “Hay veces que puedes predecir el tiempo para los próximos 15 días. Otras veces solo puedes dar un pronóstico para los dos días siguientes y otras no puedes prever ni qué va a pasar en las próximas dos horas”.

La cita es de DJ Patil, experto en la teoría del caos. Safian lo entrevisa en su artículo This is Generation Flux: Meet the pionners of the new (and chaotic) frontier of business. Es la metáfora con la que explica que el caos y la incertidumbre se han impuesto en los negocios. “Hemos entrado en la era de las próximas dos horas”, escribe el editor de Fast Company.

“El ritmo de cambio en nuestra economía y nuestra cultura se está acelerando (alimentado por la adopción global de las tecnologías móviles y sociales) y nuestra posibilidad de ver el futuro se está reduciendo”, considera Safian en su texto. “Desde el surgimiento de Facebook a la caída de Blockbuster (…). La incertidumbre se ha impuesto en las salas de reuniones mientras los ejecutivos y los trabajadores (empleados y desempleados) intentan gestionar preguntas básicas como: ¿Qué ventajas competitivas tiene estar en el poder? ¿Qué habilidades importan más? ¿Cómo puedes medir el riesgo y la oportunidad cuando los fundamentos de tu negocio pueden cambiar de un día para otro?”.

Safian cita varios ejemplos sobre la rapidez de cambio que se ha impuesto en los negocios. Habla de la industria de la telefonía móvil. En cinco años ese mercado estaba controlado por tres compañías (Nokia, Research in Motion y Motorola). Hoy Apple y Samsung dominan el mercado. En otra época también hubiese sido inimaginable el ascenso fulgurante de Groupon o Zynga.

Economía de la incertidumbre

La carta de navegación en los negocios, definitivamente, no tiene lugar en esta nueva economía. “Cuando la gente de negocios busca una previsión o un modelo que defina la próxima era no es posible encontrar ningún escenario certero a largo plazo”, asegura el artículo. “Pero hay una certidumbre. La próxima década se definirá más por la fluidez que por otro nuevo paradigma. Si hay una pauta en todo esto es que no hay pautas. El insight más valioso es que estamos, en un sentido crítico, en un tiempo de caos. Prosperar en este escenario requiere un nuevo enfoque totalmente distinto”.

Esa visión es la que tienen las personas que forman la Generación Flux. Un grupo que, como dice Safian, no tiene tanto que ver con un concepto demográfico como con una actitud y una mentalidad. Estas personas se mueven bien en la inestabilidad. Toleran (y disfrutan) replantear sus carreras, sus modelos de negocio y sus suposiciones.

Formar parte de la Generación Flux no es una elección. Es una necesidad para alcanzar el éxito en los negocios. No es una cuestión de preguntarse si te gustan las circunstancias. Es un tema de adaptarse a las circunstancias.

La tarea, sin embargo, no es fácil por un motivo. Las instituciones (educativas, políticas, administrativas, corporativas…) no están hechas para los flux. Apenas unas cuantas están preparadas para un era en la que “la habilidad más importante es la capacidad de desarrollar nuevas habilidades”.

La fundadora de Soulsight, Carmen Bustos, asegura que tenemos que olvidar «el concepto ‘para toda la vida'». «Se acabó. Las grandes empresas ya no van a poder garantizarnos un proyecto profesional», especifica.

«Emprender, por tanto, no va a ser una opción, sino una realidad para todos aquellos que quieran demostrar su talento. Afortunadamente, me encuentro con mucha gente joven que lo tiene claro. Huyen del status quo y se rigen por unos valores que favorecen la cultura DIY (do it yourself). No esperan nada de nadie, porque saben que todo depende de ellos».

«El sistema, por el momento, no está diseñado para que todo esto se dé de forma natural, pero la tecnología abre puertas que hacen que personas inquietas puedan acceder a estas oportunidades», continúa la experta en design thinking. «Todo esto favorece la meritocracia y una mayor conciencia social».

«En el fondo nos tenemos que sentir afortunados de estar viviendo estos cambios, de vivir en este caos. La sociedad flux estimula la creatividad, te reta constantemente y hace que crezcamos profesional y personalmente sin parar de aprender. El famoso reinventarse o morir. ¡Viva el caos!».

Economía móvil y social

El artículo sobre la Generación Flux sostiene que esta nueva economía gira en torno a lo social y la movilidad. Dos hechos que, en realidad, surgen como manifestación de un mundo global ultraconectado. Esto hace que las compañías tecnológicas como Facebook, Groupon o LinkedIn hayan alcanzado las más altas cotas de valor.

El móvil y los medios sociales no solo están cambiando la forma de vida de la población mundial. Han sido decisivos en la economía. “La disrupción caótica se produce de forma desenfrenada”, asegura Safian. No solo en compañías como Apple, Facebook y Google. “Nadie predijo que General Motors quedaría en bancarrota y volvería del abismo para conseguir mejores resultados que Toyota”.

Economía de la agilidad

Las grandes corporaciones parten con desventaja en este nuevo escenario. No tienen la agilidad de las empresas pequeñas. No pueden alcanzar su velocidad de movimiento. La cief marketing officer de GE, Beth Comstock, dice en el artículo de Fast Company que “en una compañía grande nunca sientes que eres suficientemente rápido”.

La innovación en el modelo de negocio es constante en esta economía, según Comstock. La directiva asegura que sus equipos tradicionales son demasiado lentos y que nunca innovan lo suficientemente rápido. Su aspiración es “sistematizar el cambio”, organizarse de forma menos jerárquica y confiar más en los equipos.

La gran mayoría de las estructuras empresariales fueron creadas para una época industrial. Entonces la prioridad era la eficiencia, dice Safian, pero nadie tenía en cuenta la necesidad de adaptación a nuevos escenarios. Ese modelo entrenaba a las personas para esperar una vida ordenada y previsible. Pero el presente es incierto y desordenado. Y, hoy, la gestión de la incertidumbre es uno de los grandes retos de los empresarios y gestores económicos.

El dicho milenario chino es hoy más verdad que nunca: “Lo único que permanece es el cambio”.

Economía sin nostalgias

Hay una palabra que esconde muchas otras en su interior: ‘conservador’. Detrás de esas once letras hay muchos conceptos: miedo, comodidad, pereza, adicción a la seguridad… La persona conservadora teme al cambio. En tiempos de incertidumbre mira al pasado. Allí se siente seguro. Allí todo es conocido y no requiere demasiado esfuerzo. Lo más fácil es volver a construir el pasado sobre el presente. Muchos se empeñan en cambiar su alrededor en vez de cambiar ellos mismos.

Pero el río es más poderoso que cada una de sus gotas. “Este impulso es tan cierto en las personas como en los negocios”, afirma el editor en el artículo. “Cuando el pasado ha sido dinamitado por las nuevas tecnologías y la omnipresente red global hiperconectada always-on, nuestras viejas prácticas pueden resultar bastante inútiles”.

Un consejo de Javi Creus, fundador de Ideas for Change: «Hazte amigo del cambio. No dejes de aprender. Mantente abierto. Utiliza todo lo que sabes, no solo lo que te han enseñado. Que no te importe ser único, raro, tú mismo. Ten un plan A, un plan B y un plan C. Habla más de lo que quieres hacer que de lo que hiciste. Inventa, prueba, equivócate, sigue».

Foto: Libby Levi Opensource Way

Había una vez un mundo previsible donde un business plan se hacía a dos años vista. Los individuos hablaban de una cosa llamada ‘contrato indefinido’ y había personas, incluso, que trabajaban toda su vida en una misma empresa y una única profesión. Ocurrió hace mucho tiempo. Un tiempo muy lejano psicológica y emocionalmente. Los negocios han cambiado de era, aunque la mayoría de la población, conservadora por condición, se resista a aceptarlo. La avanzadilla de este nuevo mundo que convive con la tradición es, según el editor de Fast Company, Robert Safian, la Generación Flux.

Los negocios, en la actualidad, funcionan bajo la misma lógica que la meteorología. “Hay veces que puedes predecir el tiempo para los próximos 15 días. Otras veces solo puedes dar un pronóstico para los dos días siguientes y otras no puedes prever ni qué va a pasar en las próximas dos horas”.

La cita es de DJ Patil, experto en la teoría del caos. Safian lo entrevisa en su artículo This is Generation Flux: Meet the pionners of the new (and chaotic) frontier of business. Es la metáfora con la que explica que el caos y la incertidumbre se han impuesto en los negocios. “Hemos entrado en la era de las próximas dos horas”, escribe el editor de Fast Company.

“El ritmo de cambio en nuestra economía y nuestra cultura se está acelerando (alimentado por la adopción global de las tecnologías móviles y sociales) y nuestra posibilidad de ver el futuro se está reduciendo”, considera Safian en su texto. “Desde el surgimiento de Facebook a la caída de Blockbuster (…). La incertidumbre se ha impuesto en las salas de reuniones mientras los ejecutivos y los trabajadores (empleados y desempleados) intentan gestionar preguntas básicas como: ¿Qué ventajas competitivas tiene estar en el poder? ¿Qué habilidades importan más? ¿Cómo puedes medir el riesgo y la oportunidad cuando los fundamentos de tu negocio pueden cambiar de un día para otro?”.

Safian cita varios ejemplos sobre la rapidez de cambio que se ha impuesto en los negocios. Habla de la industria de la telefonía móvil. En cinco años ese mercado estaba controlado por tres compañías (Nokia, Research in Motion y Motorola). Hoy Apple y Samsung dominan el mercado. En otra época también hubiese sido inimaginable el ascenso fulgurante de Groupon o Zynga.

Economía de la incertidumbre

La carta de navegación en los negocios, definitivamente, no tiene lugar en esta nueva economía. “Cuando la gente de negocios busca una previsión o un modelo que defina la próxima era no es posible encontrar ningún escenario certero a largo plazo”, asegura el artículo. “Pero hay una certidumbre. La próxima década se definirá más por la fluidez que por otro nuevo paradigma. Si hay una pauta en todo esto es que no hay pautas. El insight más valioso es que estamos, en un sentido crítico, en un tiempo de caos. Prosperar en este escenario requiere un nuevo enfoque totalmente distinto”.

Esa visión es la que tienen las personas que forman la Generación Flux. Un grupo que, como dice Safian, no tiene tanto que ver con un concepto demográfico como con una actitud y una mentalidad. Estas personas se mueven bien en la inestabilidad. Toleran (y disfrutan) replantear sus carreras, sus modelos de negocio y sus suposiciones.

Formar parte de la Generación Flux no es una elección. Es una necesidad para alcanzar el éxito en los negocios. No es una cuestión de preguntarse si te gustan las circunstancias. Es un tema de adaptarse a las circunstancias.

La tarea, sin embargo, no es fácil por un motivo. Las instituciones (educativas, políticas, administrativas, corporativas…) no están hechas para los flux. Apenas unas cuantas están preparadas para un era en la que “la habilidad más importante es la capacidad de desarrollar nuevas habilidades”.

La fundadora de Soulsight, Carmen Bustos, asegura que tenemos que olvidar «el concepto ‘para toda la vida'». «Se acabó. Las grandes empresas ya no van a poder garantizarnos un proyecto profesional», especifica.

«Emprender, por tanto, no va a ser una opción, sino una realidad para todos aquellos que quieran demostrar su talento. Afortunadamente, me encuentro con mucha gente joven que lo tiene claro. Huyen del status quo y se rigen por unos valores que favorecen la cultura DIY (do it yourself). No esperan nada de nadie, porque saben que todo depende de ellos».

«El sistema, por el momento, no está diseñado para que todo esto se dé de forma natural, pero la tecnología abre puertas que hacen que personas inquietas puedan acceder a estas oportunidades», continúa la experta en design thinking. «Todo esto favorece la meritocracia y una mayor conciencia social».

«En el fondo nos tenemos que sentir afortunados de estar viviendo estos cambios, de vivir en este caos. La sociedad flux estimula la creatividad, te reta constantemente y hace que crezcamos profesional y personalmente sin parar de aprender. El famoso reinventarse o morir. ¡Viva el caos!».

Economía móvil y social

El artículo sobre la Generación Flux sostiene que esta nueva economía gira en torno a lo social y la movilidad. Dos hechos que, en realidad, surgen como manifestación de un mundo global ultraconectado. Esto hace que las compañías tecnológicas como Facebook, Groupon o LinkedIn hayan alcanzado las más altas cotas de valor.

El móvil y los medios sociales no solo están cambiando la forma de vida de la población mundial. Han sido decisivos en la economía. “La disrupción caótica se produce de forma desenfrenada”, asegura Safian. No solo en compañías como Apple, Facebook y Google. “Nadie predijo que General Motors quedaría en bancarrota y volvería del abismo para conseguir mejores resultados que Toyota”.

Economía de la agilidad

Las grandes corporaciones parten con desventaja en este nuevo escenario. No tienen la agilidad de las empresas pequeñas. No pueden alcanzar su velocidad de movimiento. La cief marketing officer de GE, Beth Comstock, dice en el artículo de Fast Company que “en una compañía grande nunca sientes que eres suficientemente rápido”.

La innovación en el modelo de negocio es constante en esta economía, según Comstock. La directiva asegura que sus equipos tradicionales son demasiado lentos y que nunca innovan lo suficientemente rápido. Su aspiración es “sistematizar el cambio”, organizarse de forma menos jerárquica y confiar más en los equipos.

La gran mayoría de las estructuras empresariales fueron creadas para una época industrial. Entonces la prioridad era la eficiencia, dice Safian, pero nadie tenía en cuenta la necesidad de adaptación a nuevos escenarios. Ese modelo entrenaba a las personas para esperar una vida ordenada y previsible. Pero el presente es incierto y desordenado. Y, hoy, la gestión de la incertidumbre es uno de los grandes retos de los empresarios y gestores económicos.

El dicho milenario chino es hoy más verdad que nunca: “Lo único que permanece es el cambio”.

Economía sin nostalgias

Hay una palabra que esconde muchas otras en su interior: ‘conservador’. Detrás de esas once letras hay muchos conceptos: miedo, comodidad, pereza, adicción a la seguridad… La persona conservadora teme al cambio. En tiempos de incertidumbre mira al pasado. Allí se siente seguro. Allí todo es conocido y no requiere demasiado esfuerzo. Lo más fácil es volver a construir el pasado sobre el presente. Muchos se empeñan en cambiar su alrededor en vez de cambiar ellos mismos.

Pero el río es más poderoso que cada una de sus gotas. “Este impulso es tan cierto en las personas como en los negocios”, afirma el editor en el artículo. “Cuando el pasado ha sido dinamitado por las nuevas tecnologías y la omnipresente red global hiperconectada always-on, nuestras viejas prácticas pueden resultar bastante inútiles”.

Un consejo de Javi Creus, fundador de Ideas for Change: «Hazte amigo del cambio. No dejes de aprender. Mantente abierto. Utiliza todo lo que sabes, no solo lo que te han enseñado. Que no te importe ser único, raro, tú mismo. Ten un plan A, un plan B y un plan C. Habla más de lo que quieres hacer que de lo que hiciste. Inventa, prueba, equivócate, sigue».

Foto: Libby Levi Opensource Way

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Opiniones 15
  • De nuevo Yorokobu defendiendo el despido libre, la falta de derechos laborales, la inseguridad laboral… Todo en aras de la postmodernidad. Estamos explotados pero somos modernos y tenemos gafas de pasta… ¡¡¡Yujuuuu!! Una pregunta: ¿os paga el Partido Popular?

    • Hola Pablo,

      No. No nos paga el Partido Popular. Nada más lejos. ¡Jaja!

      Y tampoco defendemos el despido libre, ni la falta de derechos laborales, ni la inseguridad laboral. De lo que habla este artículo es de la nueva situación en los negocios. De lo que ocurre. Nos guste o no. Es lo que está sucediendo en el mundo.

      Además, no es una declaración de principios de Yorokobu. El artículo se basa en una reflexión de un autor y nos pareció interesante recoger sus palabras porque es una descripción de lo que está ocurriendo en muchos países.

      No veo la relación del despido libre y la falta de derechos laborales con un cambio de estructura donde prima la flexibilidad. Eso es otro tema.

      Entiendo tu indignación, pero a lo mejor estás disparando al ‘enemigo’ equivocado.

      Un saludo!

      : )

  • A no entonces como se explica este primer párrafo:

    «Había una vez un mundo previsible donde un business plan se hacía a dos años vista. Los individuos hablaban de una cosa llamada ‘contrato indefinido’ y había personas, incluso, que trabajaban toda su vida en una misma empresa y una única profesión. Ocurrió hace mucho tiempo. Un tiempo muy lejano psicológica y emocionalmente»

    La cosa llamada ‘contrato indefinido’ esta pasada de moda, ahora es todo producir a gusto del jefe en que «no puedes prever ni qué va a pasar en las próximas dos horas».
    doy fe de ello, me es imposible saber si ami jefe le va a dar un ataque de nervios en las próximas dos horas y voy a tener que quedarme a dormir para cumplir ese pronóstico.

    • Hola Pablo,

      Ese primer párrafo describe una realidad. No la juzga.

      Y tampoco debes generalizar. Una cosa es tu situación personal y otra cosa es una tendencia. Las estructuras flexibles no tienen nada que ver con un jefe que abusa de sus trabajadores. Una cosa es la flexibilidad y otra la explotación.

      Además, caemos fácilmente en la idea de que las cosas son o solo buenas o solo malas. Todo tiene sus ventajas e inconvenientes. Trabajar toda la vida en la misma empresa puede tener sus ventajas, pero cambiar de compañía ofrece la posibilidad de ascenso profesional, enriquecimiento personal, colaborar con otras personas, afrontar nuevos retos, aumentar el sueldo…

      E, independientemente de lo que pensemos cada uno de nosotros, insisto en que este artículo solo trata de mostrar una realidad. Nos guste o no. Y si no te gusta, haz todo lo posible por cambiarla. Utiliza tu poder.

      : )

  • O innovas o no vas. Todos los modelos de innovación social funciónan a partir de una sociedad red en la que sacrificamos seguridad (en este caso laboral) por voz (agentes libres de intermediación social o económica). Ya no se trata de que tengamos que optar por un contrato indefinido, es que no nos interesa «indefinirnos». Entiendo que esta volatilidad pueda parecer angustiante para una manera de pensar conservadora (etimológicamente hablando, no políticamente hablando) pero en una situación dinámica en la que nunca se llega a un estado de equilibrio, la respuesta evolutiva más eficiente no es precisamente la posicion indefinida en tanto que inmovil, sino más bien la indefinida en tanto que no tiene un punto de referencia fijo y constante.

  • Mar, cuando vi tu respuesta a Pablo me vino a la mente este chiste…. un saludo.
    Un señor que va en coche y se percata de que está perdido, maniobra y pregunta a alguien en la calle:
    – ¡Disculpe!, ¿podría usted ayudarme? He quedado a las 2:00 con un amigo, llevo media hora de retraso y no sé dónde me encuentro!*
    – Claro que sí -le contesta- se encuentra usted en un coche, a unos 7 Km. del centro de la ciudad, entre 40 y 42 grados de latitud norte y 58 y 60 de longitud oeste.
    – Es usted ingeniero, ¿verdad? -dice el del coche
    – Sí señor, lo soy. ¿Cómo lo ha adivinado?
    – Muy sencillo, porque todo lo que me ha dicho es «técnicamente correcto», pero «prácticamente inútil»: continúo perdido, llegaré tarde y no sé qué hacer con su información.
    – Usted es político, ¿verdad? -pregunta el de la calle.
    – En efecto -responde orgulloso el del coche- ¿cómo lo ha sabido?
    – Porque no sabe dónde está ni hacia dónde se dirige, ha hecho una promesa que no puede cumplir y espera que otro le resuelva el problema. De hecho, está usted exactamente en la misma situación que estaba antes de preguntarme, pero ahora, por alguna extraña razón parece que la culpa es mía ….

  • Todo el articulo es un canto exaltado del conservadurismo economico y politico donde los que deben cambiar son los demas (la mayoria social) para aceptar una situacion que no hemos creado, que nos han impuesto. En la argumentacion se acepta por inevitable ‘el cambio’, pero no se nombra la creatividad como herramienta de progreso, la colaboracion como metodo de enriquecimiento social, la innovacion como metodologia de desarrollo economico y social, etc. Se olvida por completo que ese futuro pintado de brillantes colores se sustenta en desigualdades sociales y economicas, y es totalmente torticero utilizar el modelo de empresas tecnologicas para ejemplificar cual a de ser el futuro de la industria, la economia y la sociedad, cuando no es aplicable a otras industrias (alimentaria, cultural, bienes de equipo, …).

    Es por completo un discurso engañoso y delirante, interesado y mezquino.

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