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24 de julio 2015    /   IDEAS
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Generación perdida será la tuya

24 de julio 2015    /   IDEAS     por          
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Era el año 2012 cuando dos madrileñas salieron a la calle, plantaron una silla en el camino y a quien se animaba a sentarse, le decían: «oye, ¿qué quieres hacer con tu vida?». Y lo que contestó la gente formó un pequeño mapa sociológico. Los niños apabullaban con la claridad con la que percibían su propio futuro: sus respuestas eran de una palabra sola. Militar. Actor. Electricista. Jinete. Pero con la adolescencia llegaban los balbuceos. «No sé», «ni idea», «uf, complicado». Los resoplidos continuaban hasta que la edad superaba la treintena. Por entonces las incertidumbres eran las mismas, pero se miraban con menos gravedad. Todos parecían tomarse la vida con actitud.
A Natalia Pedrajas y Milena Montesinos –las madrileñas curiosas– el experimento les gustó. Y por eso trabajaron hasta convertirlo en proyecto. Lo nombraron ‘¿Qué quieres hacer con tu vida?’ y establecieron un único público al que dirigir la preguntita tormentosa: los jóvenes. Ambas quisieron descubrir con esta iniciativa por qué derroteros circulan los anhelos de nuestra generación.
caravana-qqhctv
«¿Por qué lo hicimos?», se preguntan en su web. «Porque estábamos cansadas de que nos dijeran qué se esperaba de nosotros, qué debíamos ser o hacer. Porque hacemos muchas cosas pero nos preguntamos pocas». Y entonces, este 2015, Pedrajas y Montesinos decidieron que una caravana recorrería 30 ciudades españolas en 30 días para indagar. La comitiva estaría formada por siete «jóvenes inquietos» que se encargarían de hurgar en asociaciones, empresas y particulares de todo el país. Tendrían un mes para tomar nota.
Para llevar el plan adelante contaron con el impulso de Global Shapers Madrid («una comunidad de jóvenes conectados por su forma de ver el mundo, la pasión por mejorarlo, y las iniciativas puestas en marcha para generar impacto social») y con la colaboración de las organizaciones Quiero Salvar El Mundo Haciendo Marketing y Two Much.

Y ahora las libretas ya están llenas. El equipo reunió cientos de conversaciones a lo largo de 5.000 kilómetros («una pregunta abierta, una cámara siempre lista para grabar y un micro dispuesto a escuchar»). Volvieron a Madrid la semana pasada y desde entonces ponen orden en los testimonios y preparan un informe final.
En Barcelona nos contaron algunos de los trazos con los que la generación de entre 20 y 30 años dibuja su propio perfil. ¿Qué es lo que quieren? Lo primero, que se les escuche. Y cuando les dejan, expresan esto:
Que –muchos de ellos– buscan la realización en valores tradicionales, como el estudio o un trabajo digno. Que quieren dinero, pero más ligado al reconocimiento que al ser rico en sí. Y que, en el ranking, las relaciones interpersonales son pesos pesados: tener novio o novia es una prioridad a la hora de construir un proyecto de vida.
Viajar es también un denominador común, una predilección para desarrollarse en lo personal y en lo profesional. La juventud suspira por salir y conocer y correr los límites de las propias creencias… para luego volver. Los nacidos en los 80 sienten un gran arraigo hacia su tierra y su cultura. E imaginan un futuro vinculado a su lugar de origen y en el que trazar redes de colaboración.
«Desde los medios de comunicación nos han puesto la etiqueta de Generación Perdida. Pero perdidos desde luego que no estamos. Quizás lo tengamos un poco difícil, pero estamos muy despiertos», dice Sara Sánchez, una de las siete DaVincis de la caravana y al mando de la comunicación.
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«Cada vez que pensamos en el paro juvenil buscamos las soluciones fuera. Y nosotros creemos que todo tiene que venir de dentro. Las personas deben responsabilizarse y preguntarse ¿qué estoy haciendo yo para cambiar la situación actual? ¿Cómo me comporto con mi familia, con los estudios, con la profesión, con los amigos? Debemos hacer el ejercicio consciente y saber que muchas pequeñas microrrevoluciones pueden causar una transformación global». Sánchez habla desde un coworking céntrico de Barcelona, donde varios jóvenes se reúnen para poner ideas en común. Para pensarlas pero, sobre todo, para llevarlas a la práctica.
Ella es «periodista por vocación, economista por coyuntura y community manager de profesión». Su último cumpleaños, el número 28, lo pasó hace unos días en la carretera, y también a bordo de la caravana conoció, junto a su equipo, la realidad que afecta a jóvenes emprendedores de toda España, a estudiantes universitarios y a particulares que se acercaron para contarles eso: qué es lo que quieren hacer con sus vidas. Ser escritora, vivir de la música, comercializar productos ecológicos, viajar en bicicleta por Nueva Zelanda, promover la cooperación internacional. Y así cientos de aspiraciones.
Innovandis, de San Sebastián, es uno de los ejemplos que menciona Sánchez. Es un proyecto que promueve la actitud emprendedora desde la universidad a través de una asignatura. También visitaron Bluscus, una iniciativa en la que unos jóvenes de Vigo promocionan el turismo local vinculado a la explotación de mariscos. En la lista hay además un comedor social, una asociación de estudiantes o un programa de intercambio de favores (con social coins), entre otros.
¿Hay talento es España?, preguntamos. «Sí, mucho», responde Sánchez. Los jóvenes españoles no sabrán hablar en público –no están acostumbrados–, les costará trabajar en equipo y tendrán una visión sesgada de las organizaciones (no saben el por qué ni el para qué). Pero esta generación está hiperformada (¡habla inglés!) y tienen muchas habilidades sociales: fruto de los viajes, se han desarrollado en la escucha y en la conexión con el otro. «En el panorama actual es clave tener habilidades transversales y, a la vez, buscar la individualidad», indica. Y remata con otra pregunta introspectiva: «¿Qué tienes tú que te diferencia del otro?».
reunion-qqhctv
En Vigo, una de las primeras ciudades donde llegaron, la caravana salió en los medios de comunicación. La noticia de su llegada corrió como la pólvora y en una escuela de primaria la mecha prendió: en sus aulas, entre niños de 9 y 10 años, hablaron sobre la gran incógnita. ¿Qué quieres hacer en tu vida? Sánchez se ríe cuando lo cuenta: «Es que para pensar en tu futuro no tienes que esperar a estar con el agua al cuello».

Era el año 2012 cuando dos madrileñas salieron a la calle, plantaron una silla en el camino y a quien se animaba a sentarse, le decían: «oye, ¿qué quieres hacer con tu vida?». Y lo que contestó la gente formó un pequeño mapa sociológico. Los niños apabullaban con la claridad con la que percibían su propio futuro: sus respuestas eran de una palabra sola. Militar. Actor. Electricista. Jinete. Pero con la adolescencia llegaban los balbuceos. «No sé», «ni idea», «uf, complicado». Los resoplidos continuaban hasta que la edad superaba la treintena. Por entonces las incertidumbres eran las mismas, pero se miraban con menos gravedad. Todos parecían tomarse la vida con actitud.
A Natalia Pedrajas y Milena Montesinos –las madrileñas curiosas– el experimento les gustó. Y por eso trabajaron hasta convertirlo en proyecto. Lo nombraron ‘¿Qué quieres hacer con tu vida?’ y establecieron un único público al que dirigir la preguntita tormentosa: los jóvenes. Ambas quisieron descubrir con esta iniciativa por qué derroteros circulan los anhelos de nuestra generación.
caravana-qqhctv
«¿Por qué lo hicimos?», se preguntan en su web. «Porque estábamos cansadas de que nos dijeran qué se esperaba de nosotros, qué debíamos ser o hacer. Porque hacemos muchas cosas pero nos preguntamos pocas». Y entonces, este 2015, Pedrajas y Montesinos decidieron que una caravana recorrería 30 ciudades españolas en 30 días para indagar. La comitiva estaría formada por siete «jóvenes inquietos» que se encargarían de hurgar en asociaciones, empresas y particulares de todo el país. Tendrían un mes para tomar nota.
Para llevar el plan adelante contaron con el impulso de Global Shapers Madrid («una comunidad de jóvenes conectados por su forma de ver el mundo, la pasión por mejorarlo, y las iniciativas puestas en marcha para generar impacto social») y con la colaboración de las organizaciones Quiero Salvar El Mundo Haciendo Marketing y Two Much.

Y ahora las libretas ya están llenas. El equipo reunió cientos de conversaciones a lo largo de 5.000 kilómetros («una pregunta abierta, una cámara siempre lista para grabar y un micro dispuesto a escuchar»). Volvieron a Madrid la semana pasada y desde entonces ponen orden en los testimonios y preparan un informe final.
En Barcelona nos contaron algunos de los trazos con los que la generación de entre 20 y 30 años dibuja su propio perfil. ¿Qué es lo que quieren? Lo primero, que se les escuche. Y cuando les dejan, expresan esto:
Que –muchos de ellos– buscan la realización en valores tradicionales, como el estudio o un trabajo digno. Que quieren dinero, pero más ligado al reconocimiento que al ser rico en sí. Y que, en el ranking, las relaciones interpersonales son pesos pesados: tener novio o novia es una prioridad a la hora de construir un proyecto de vida.
Viajar es también un denominador común, una predilección para desarrollarse en lo personal y en lo profesional. La juventud suspira por salir y conocer y correr los límites de las propias creencias… para luego volver. Los nacidos en los 80 sienten un gran arraigo hacia su tierra y su cultura. E imaginan un futuro vinculado a su lugar de origen y en el que trazar redes de colaboración.
«Desde los medios de comunicación nos han puesto la etiqueta de Generación Perdida. Pero perdidos desde luego que no estamos. Quizás lo tengamos un poco difícil, pero estamos muy despiertos», dice Sara Sánchez, una de las siete DaVincis de la caravana y al mando de la comunicación.
Sara-que-quieres-hacer-con-tu-vida
«Cada vez que pensamos en el paro juvenil buscamos las soluciones fuera. Y nosotros creemos que todo tiene que venir de dentro. Las personas deben responsabilizarse y preguntarse ¿qué estoy haciendo yo para cambiar la situación actual? ¿Cómo me comporto con mi familia, con los estudios, con la profesión, con los amigos? Debemos hacer el ejercicio consciente y saber que muchas pequeñas microrrevoluciones pueden causar una transformación global». Sánchez habla desde un coworking céntrico de Barcelona, donde varios jóvenes se reúnen para poner ideas en común. Para pensarlas pero, sobre todo, para llevarlas a la práctica.
Ella es «periodista por vocación, economista por coyuntura y community manager de profesión». Su último cumpleaños, el número 28, lo pasó hace unos días en la carretera, y también a bordo de la caravana conoció, junto a su equipo, la realidad que afecta a jóvenes emprendedores de toda España, a estudiantes universitarios y a particulares que se acercaron para contarles eso: qué es lo que quieren hacer con sus vidas. Ser escritora, vivir de la música, comercializar productos ecológicos, viajar en bicicleta por Nueva Zelanda, promover la cooperación internacional. Y así cientos de aspiraciones.
Innovandis, de San Sebastián, es uno de los ejemplos que menciona Sánchez. Es un proyecto que promueve la actitud emprendedora desde la universidad a través de una asignatura. También visitaron Bluscus, una iniciativa en la que unos jóvenes de Vigo promocionan el turismo local vinculado a la explotación de mariscos. En la lista hay además un comedor social, una asociación de estudiantes o un programa de intercambio de favores (con social coins), entre otros.
¿Hay talento es España?, preguntamos. «Sí, mucho», responde Sánchez. Los jóvenes españoles no sabrán hablar en público –no están acostumbrados–, les costará trabajar en equipo y tendrán una visión sesgada de las organizaciones (no saben el por qué ni el para qué). Pero esta generación está hiperformada (¡habla inglés!) y tienen muchas habilidades sociales: fruto de los viajes, se han desarrollado en la escucha y en la conexión con el otro. «En el panorama actual es clave tener habilidades transversales y, a la vez, buscar la individualidad», indica. Y remata con otra pregunta introspectiva: «¿Qué tienes tú que te diferencia del otro?».
reunion-qqhctv
En Vigo, una de las primeras ciudades donde llegaron, la caravana salió en los medios de comunicación. La noticia de su llegada corrió como la pólvora y en una escuela de primaria la mecha prendió: en sus aulas, entre niños de 9 y 10 años, hablaron sobre la gran incógnita. ¿Qué quieres hacer en tu vida? Sánchez se ríe cuando lo cuenta: «Es que para pensar en tu futuro no tienes que esperar a estar con el agua al cuello».

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Opiniones 2
  • Son pocas las veces en las que me he preguntado a mí misma si hice bien en decidir dedicar mi vida a ser diseñadora gráfica. Y aunque pocas, en cada una de esas contadas ocasiones siempre he acabado llegando, y aún hoy día, a la misma conclusión: Sí.
    Sí, porque todo lo relacionado con la belleza ha sido siempre mi pasión.
    Sí, porque simplificar un mensaje a una representación gráfica dejando una ámplia gama de interpretaciones y sensaciones en función de los ojos que la estén viendo, es lo que me llena y me hace sentir que lo que hago es especial.
    Sí, porque la comunicación es lo que hace al Ser Humano y a todo nuestro entorno y nuestro mundo único.
    Sí, porque cada pieza gráfica lleva un pedacito de la imaginación, del esfuerzo, del corazón y de la ilusión del Creador.
    Sí, porque aunque sea un área profesional muy competitivo donde los plagios tienen lugar y dónde a los diseñadores se nos toma por gente «corrientilla», la realidad es que cada diseño es único e irrepetible en toda su esencia. La realidad es que nuestra función mueve masas y negocios, atrae muchas miradas, despierta ideales y sensaciones.
    Y aunque la crisis nos ha dejado a muchísimos, demasiados diseñadores, como a muchos otros profesionales de distintos sectores, sin poder trabajar en lo que nos apasiona; esto es lo que nos mueve, nos hace vivir en armonía con nosotros mismos y con nuestro entorno, lo que nos motiva y nos da ilusión cada día. Por eso, hemos decidido hacer esto con nuestra vida, aunque no esté siendo fácil (¿qué lo es?). Pero hasta que la situación económica, laboral y social mejore para todos y nosotros los jóvenes podamos despegar hacia un futuro, de nuevo, más estable y agradable intentaremos sobrevivir y conformarnos con hacer algunos trabajitos de aquello que nos gusta y nos enamora y trabajando en algún ámbito que «no se nos da mal» para poder seguir viviendo sin cuentos y con pocas o ninguna dependencia.
    Y siempre, con ilusión y sonrientes porque aún en las peores circunstancias, siempre hay alguien que está peor y no podemos dejar que nada ni nadie nos atropelle.

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