12 de mayo 2014    /   IDEAS
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¿Eres una persona normal?

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–Oye, ¿y qué tal Fulanito?
–Majo, muy normal.
Últimamente el atributo de ser normal es un valor en alza. Si os fijáis, cuando preguntan por alguien y lo definen como ‘muy normal’, le damos mucho valor a este adjetivo. Estamos rodeados de personas que no son francas, que tienen miedos, complejos y envidias, que no son realmente ellos y se enmascaran en lo que la sociedad quiere que sean, sin ser, sin dejar salir su verdadero yo, intentando emular lo que admiran o envidian, lo que les gustaría ser y no son. En general, hay muchos monstruos en las cabezas de la sociedad, así que cuando aparece alguien limpio, transparente, sin ‘malos rollos’, se agradece.
Es el resultado de que nos digan cómo tenemos que ser, cuando en el colegio nos modelan como clones, cuando la sociedad nos marca a la hora de vestir, nos define un patrón de vida: estudia, hipotécate, toma café, el rosa no se lleva, los niños no lloran… Nos convertimos en lo que quieren que seamos, sin ser lo que somos. Y sinceramente, creo que todos tenemos cualidades, virtudes y valores añadidos que nos diferencian. Lo difícil es reconocerlo y potenciarlo sin ser como nos dicen que seamos.
Al final, las personas auténticas, aquellos osados que tienen la suficiente personalidad para dejarse ser ellos mismos, coherentes y consecuentes, son los que más nos llegan, los que más valoramos: los extraordinariamente normales. Esos con los que siempre es un placer entablar una conversación, esos con los que todo el mundo se siente a gusto, con los que todo el mundo se quiere sentar.
Cuanto más admiro a alguien me doy cuenta de que es más humilde. El poder radica en la capacidad de mirar más allá de lo establecido sin creerse especial. Los normales tienen una personalidad lo suficientemente fuerte como para poder ser auténticos y convivir con la norma, saben ser ellos mismos sin incomodar a lo establecido. Son capaces de transitar sin molestar, no critican, no se entrometen, son consecuentes. No destacan por obligación, no sufren por envidia, no tienen disfraz, son lo que son y por eso son fáciles de aceptar y de convivir. No hay más, no esconden una segunda personalidad atrapada, una maquinación disfrazada en buenas palabras… Podríamos etiquetarlos como el modelo WYSIWYG (What you see is what you get o lo que ves es lo que hay).
gentenormal
Hay también personas superlativamente extraordinarias, pocas pero las hay; destacan por una o varias facetas. Son número uno, líderes y muy admirados. Pero no es lo mismo. Estos son genios y los extraordinariamente normales son aquellos que siendo auténticos, coherentes en sus múltiples yos y momentos, conocen lo que les apasiona y se dedican a ello. Son claros porque no intentan ser lo que no son. Además, tienen la capacidad de adaptarse al entorno, no se creen superiores a nadie y son fáciles de tratar. No es necesario que sean genios. Puede ser el panadero de la esquina, mi vecino de enfrente o aquella profesora que tuve en el instituto. También puede ser un ejecutivo de una multinacional o un barman en un chiringuito.
Su poder radica en la capacidad de ser auténticos mientras miran más allá de lo establecido; son consecuentes con ellos mismos y tienen una opinión propia. Navegan en aguas donde se valora lo mediocre, y aún así conviven en armonía sin perder su esencia. Hay pocos y son fáciles de descubrir, solo hay que estar atento. Dicen que en momentos de crisis sale lo mejor y lo peor de las personas. Es ahora cuando los extraordinariamente normales destacan, porque siguen siendo ellos.
No somos uno, somos múltiples. A lo largo de un solo día convivimos con numerosos roles de forma automática y no siempre consciente: soy mamá, soy amante, soy profesional, soy amiga… y siempre soy la misma persona. Los normales son capaces de ser ellos en todas sus facetas: su esencia, su personalidad, ‘marca’ su diferencia.
En lo que se ha puesto tan de moda últimamente, la ‘marca personal’, las personas extraordinariamente normales dejan una huella profunda, un buen sabor de boca cuando los conoces, te produce una sonrisa cuando te preguntan por ellos.
–Majo, muy normal.

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–Oye, ¿y qué tal Fulanito?
–Majo, muy normal.
Últimamente el atributo de ser normal es un valor en alza. Si os fijáis, cuando preguntan por alguien y lo definen como ‘muy normal’, le damos mucho valor a este adjetivo. Estamos rodeados de personas que no son francas, que tienen miedos, complejos y envidias, que no son realmente ellos y se enmascaran en lo que la sociedad quiere que sean, sin ser, sin dejar salir su verdadero yo, intentando emular lo que admiran o envidian, lo que les gustaría ser y no son. En general, hay muchos monstruos en las cabezas de la sociedad, así que cuando aparece alguien limpio, transparente, sin ‘malos rollos’, se agradece.
Es el resultado de que nos digan cómo tenemos que ser, cuando en el colegio nos modelan como clones, cuando la sociedad nos marca a la hora de vestir, nos define un patrón de vida: estudia, hipotécate, toma café, el rosa no se lleva, los niños no lloran… Nos convertimos en lo que quieren que seamos, sin ser lo que somos. Y sinceramente, creo que todos tenemos cualidades, virtudes y valores añadidos que nos diferencian. Lo difícil es reconocerlo y potenciarlo sin ser como nos dicen que seamos.
Al final, las personas auténticas, aquellos osados que tienen la suficiente personalidad para dejarse ser ellos mismos, coherentes y consecuentes, son los que más nos llegan, los que más valoramos: los extraordinariamente normales. Esos con los que siempre es un placer entablar una conversación, esos con los que todo el mundo se siente a gusto, con los que todo el mundo se quiere sentar.
Cuanto más admiro a alguien me doy cuenta de que es más humilde. El poder radica en la capacidad de mirar más allá de lo establecido sin creerse especial. Los normales tienen una personalidad lo suficientemente fuerte como para poder ser auténticos y convivir con la norma, saben ser ellos mismos sin incomodar a lo establecido. Son capaces de transitar sin molestar, no critican, no se entrometen, son consecuentes. No destacan por obligación, no sufren por envidia, no tienen disfraz, son lo que son y por eso son fáciles de aceptar y de convivir. No hay más, no esconden una segunda personalidad atrapada, una maquinación disfrazada en buenas palabras… Podríamos etiquetarlos como el modelo WYSIWYG (What you see is what you get o lo que ves es lo que hay).
gentenormal
Hay también personas superlativamente extraordinarias, pocas pero las hay; destacan por una o varias facetas. Son número uno, líderes y muy admirados. Pero no es lo mismo. Estos son genios y los extraordinariamente normales son aquellos que siendo auténticos, coherentes en sus múltiples yos y momentos, conocen lo que les apasiona y se dedican a ello. Son claros porque no intentan ser lo que no son. Además, tienen la capacidad de adaptarse al entorno, no se creen superiores a nadie y son fáciles de tratar. No es necesario que sean genios. Puede ser el panadero de la esquina, mi vecino de enfrente o aquella profesora que tuve en el instituto. También puede ser un ejecutivo de una multinacional o un barman en un chiringuito.
Su poder radica en la capacidad de ser auténticos mientras miran más allá de lo establecido; son consecuentes con ellos mismos y tienen una opinión propia. Navegan en aguas donde se valora lo mediocre, y aún así conviven en armonía sin perder su esencia. Hay pocos y son fáciles de descubrir, solo hay que estar atento. Dicen que en momentos de crisis sale lo mejor y lo peor de las personas. Es ahora cuando los extraordinariamente normales destacan, porque siguen siendo ellos.
No somos uno, somos múltiples. A lo largo de un solo día convivimos con numerosos roles de forma automática y no siempre consciente: soy mamá, soy amante, soy profesional, soy amiga… y siempre soy la misma persona. Los normales son capaces de ser ellos en todas sus facetas: su esencia, su personalidad, ‘marca’ su diferencia.
En lo que se ha puesto tan de moda últimamente, la ‘marca personal’, las personas extraordinariamente normales dejan una huella profunda, un buen sabor de boca cuando los conoces, te produce una sonrisa cuando te preguntan por ellos.
–Majo, muy normal.

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Opiniones 28
  • Siento no tener algo bonito que decir, pero es que esto no me resulta muy bonito. «Los normales tienen una personalidad lo suficientemente fuerte como para poder ser auténticos y convivir con la norma». Buf. Ese razonamiento es tan arbitrario y poco fundamentado como decir: «Los normales tienen tan poca personalidad que necesitan adherirse a la norma para sentirse integrados».
    «No destacan por obligación, no sufren por envidia, no tienen disfraz, son lo que son y por eso son fáciles de aceptar y de convivir.»
    Creo que más que normalidad estás definiendo una franqueza digna de Gandhi. Las personas francas pueden describirse como tales, pero esas personas «normales», como las describes, son personas poco comunes y casi irreales.
    La normalidad de la que hablas es una solapada forma de nazismo. Separa a los no normales silenciosamente, con la simple inercia del tiempo, y convierte sin ser vista a los «desajustados» en parias. Una persona «no normal» puede ser todo eso que destacas como positivo, y mucho más – y no ser para nada ajustada a la norma, ni carente de personalidad. Pero no se lo reconocerán de la misma forma, porque dirán de esa persona que es, simplemente, «rara».
    Todos somos raros, y debemos aprender a serlo sin convertirnos en unos infelices, sin sentirnos por ellos desacertadamente mediocres. Sin rarezas no habría actitud, no habría color, sólo ruido de corriente y un equilibrio muy poco fiable. La persecución de la normalidad es un motivo de frustración para tanta gente que deberíamos cambiarla por aceptar que, en realidad, ninguno somos normales.

  • Esto es lo mas estupido e incoherente que he escuchado en mucho tiempo.
    «Los normales tienen una personalidad lo suficientemente fuerte como para poder ser auténticos y convivir con la norma, saben ser ellos mismos sin incomodar a lo establecido. Son capaces de transitar sin molestar, no critican, no se entrometen, son consecuentes.»
    En otras palabras una persona lo suficientemente amaestrada como para que no pertube, aunque sea de una forma minima, la sociedad. No molesta, no incomoda, siempre en armonia con la norma, no es enemigo de nadie.
    Dice una frase «Triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidien»
    «Hay también personas superlativamente extraordinarias, pocas pero las hay; destacan por una o varias facetas. Son número uno, líderes y muy admirados. Pero no es lo mismo. Estos son genios y los extraordinariamente normales son aquellos que siendo auténticos, coherentes en sus múltiples yos y momentos, conocen lo que les apasiona y se dedican a ello. Son claros porque no intentan ser lo que no son. Además, tienen la capacidad de adaptarse al entorno, no se creen superiores a nadie y son fáciles de tratar. No es necesario que sean genios. Puede ser el panadero de la esquina, mi vecino de enfrente o aquella profesora que tuve en el instituto. También puede ser un ejecutivo de una multinacional o un barman en un chiringuito.»
    Extraordinariamente normales, entiendase como las personas que no producen un cambio en la sociedad, ni para bien, ni para mal. El tipo de persona que puede morir sin que nadie se de cuenta de su fallecimiento. La persona que puede ser facilmente sustituida puesto que hay miles de ellas ya que es normal, es lo habitual, lo ordinario, lo usual.
    Los que para mi son dignos de admiracion son los «raros», los «anormales». Dejando de lado si sus acciones son buenas o malas para la sociedad el simple acto de ir contra corriente, de decir «esto es lo que quiero, lo que me gusta, asi no importa si es algo extraño, inusual, hasta aterrador para la sociedad. Esto es lo que soy» es un acto merecedor de fascinacion.
    ¿Que persona prefieres?, ¿al alguien tan normal, comun, ordinario que: sus conversasiones sean tediosas, su comportamiento predecible y sus gustos corrientes o a alguien con el que su platica sea excitante, sus sueños insolitos, y sus actos un misterio?.

    • «Los que para mi son dignos de admiracion son los “raros”, los “anormales”. Dejando de lado si sus acciones son buenas o malas para la sociedad el simple acto de ir contra corriente, de decir “esto es lo que quiero, lo que me gusta, asi no importa si es algo extraño, inusual, hasta aterrador para la sociedad. Esto es lo que soy” es un acto merecedor de fascinacion.»
      Tal cuál. Ójala nos enseñaran esto en el colegio: ESO SÍ QUE DEMUESTRA RESPETO, y no cuando todos actuamos tan hipócritamente normales. Tiendo a desconfiar de aquellos, como del «profesor enrollao» que luego te la clava.
      «¿Que persona prefieres?, ¿al alguien tan normal, comun, ordinario que: sus conversasiones sean tediosas, su comportamiento predecible y sus gustos corrientes o a alguien con el que su platica sea excitante, sus sueños insolitos, y sus actos un misterio?.»
      La autora del artículo no lo sé, pero ya te digo yo cuál de las dos es la preferida de la ciencia estadística, de la cultura masiva y de la política para borregos…

    • A mi sin embargo me parece un artículo bastante interesante…
      No creo que se refiera a la gente «normal» en el ámbito de «mayoría», porque de ser así, ya sabemos todos que lo «normal» es que todos seamos especiales o únicos. Las personas «normales» que hace alusión aquí, a mi parecer son aquellas que te imaginas cuando te imaginas a una persona normal. Dicho de otra forma, no lo que es sino lo que debería ser.
      Si te preguntan por una persona sin personalidad, pues es una persona sin personalidad. Si te preguntan por alguien aburrido pues es un tipo aburrido, no creo que le describieses como alguien normal. Por supuesto esto es algo completamente subjetivo y depende de cada uno.
      Si ahora piensas en toda la gente que calificarías de normal, te darás cuenta que no es tanta, ya que todos intentan destacar como gente especial, única, tienen en la cabeza una imagen que quieren representar.
      Yo he conocido a gente que es «normal», y entiendo a qué se refiere cuando dice que tiene una personalidad lo suficientemente fuerte como para ser uno mismo y convivir con la norma. No hace referencia a gente que no tiene opinión o que es muy manipulable, hace referencia a gente que tiene su idea en la cabeza y la puede expresar sin invalidar la opinión de otra persona, como una opinión más igual de valida que las demás (incluso aunque piense que la suya es la correcta). Son personas que tienen una posición clara, pero nunca acabas discutiendo de forma absurda y por cabezonería. Están abiertas a aceptar otra opinión si creen que es correcta. Simplemente están por encima de eso y les da igual. Son transparentes.
      Una persona normal, podría ir a un planeta de piratas y aceptar como se vive ahí. Puede que no estuviera de acuerdo con la manera de vivir, pero respeta que esa es su forma de ver las cosas y no tiene porque estar mal aunque nuestra moral diga que si.
      No se si me dejo entender…
      ¡Saludos!

  • Tengo la impresión de que la gente que hace comentarios no suele entender nada de lo que comenta….Por eso siempre me da mucha pereza hacerlos a mí.

  • Oye, ¿y tu como empresaria pagas a las personas normales que trabajan para ti? porque ya te digo yo que no, ¿y a las que no son normales? ah, no, a esas tampoco.

  • Hay infinitos grados de normalidad y de rareza, de nuevo las dos caras de la misma moneda. 🙂
    Las cosas, afortunadamente no suelen ser blancas o negras, y a veces tampoco ni de infinitos grises. Incluso pueden ser naranjas, color de infinitos matices. Es lo apasionante de la vida de cada uno: No todo es 100% subjetivo. Tampoco 100% objetivo.
    Conviene aplicar «fuzzy logic» sin pereza y con cibernética para no entrar en un círculo vicioso indecible.
    Ojalá encontremos el atajo virtuoso en equilibrio dinámico para ser más empáticos y adaptativos al punto de vista y estado emocional del prójimo, si esto pudiera depender de uno mismo y no de la providencia o del determinismo. Si no, no se entiende nada, o cada cual entenderá lo suyo, y seguramente estará feliz con ello y tampoco hará falta darle mas vueltas.
    A veces es muy útil hacerse recíprocamente esta reflexión «Oiga, entre usted «raro» y yo «normal» (o viceversa), ¿en que discrepamos de forma irreconciliable?» y minimizaríamos un buen número de iteraciones sobre lo mismo. Esto requiere «Feedback poco entrópico», y es automatizable.
    Requiere diálogo que abra la mente, lugar donde residen todas nuestras limitaciones, y causa de emociones y percepciones. Y las emociones y percepciones es información muy útil para sobrevivir, adaptarse y reproducirse. Si no fuera así, o bien no existiriamos nosotros, o bien no existirian las emociones y percepciones, como la del tiempo, tan subjetiva y objetiva a la vez.
    No lo digo yo; lo dijo Darwin.
    «No son las especies más fuertes las que sobreviven, ni tampoco las más inteligentes, sino aquellas que mejor se adaptan al cambio» ~ Charles Darwin, (1809-1882)

  • normal es el que cambia para no desagradar, eso es muy poco autentico.
    autentico es cambiar por propia voluntad.
    falso es cambiar por no incomodar, por interés o por miedo, o por ser normal
    es lo contrario de autentico y va muy de la mano con lo normal, aunque ser normal no es estrictamente ser falso, es dejar de ser mas bien.
    normal es «lo que se supone que debería ser» , «o lo que la mayoría es »
    y sigue siendo el concepto a autentico transparente, sincero…
    lo sincero y transparente es lo que es no lo que se supone que debería ser o lo normal
    «saben ser ellos mismos sin incomodar a lo establecido» esa es la frase que mas me molesta de todas.
    porque es muy perversa
    ¿ como ser tu mismo, verdadero, transparente coherente autentico, si esto incomoda a «lo establecido» ?
    si cambias para no incomodar, entonces ¿sigues siendo tu mismo?

  • mmmm…»convivir con la norma»… esta frase sigue resonando en mi mente… la norma no es ajena a la persona, solo cuando está interiorizada es eficaz, y de lo contrario, escapar de la norma implica una voluntad de permanecer fuera de ella, o peor aún una imposibilidad de adecuarse a esa norma. En cualquier caso, esto genera siempre conficto y tensión. No creo que sea posible convivir alegremente con las normas y que eso no moleste o incomode.
    Pero lo que plantea el artículo es verdad, hay algo magnético en esas personas que han encontado una manera de «adecuarse» y que en apariencia no presentan contradicciones. Si, en efecto, son muy normales!! ¿pero a qué precio? Supongo, por experiencia propia, que el costo de tener una personalidad tan integrada es muy alto, ya que para «adecuarse» uno debe resignar mucho; o bien podría tratarse de una característica innata, algo así como seres que han nacido con una aplicación en la que encuentran todas las herramientas para relacionarse en cualquier ámbito sin poner demasiada energía en juego…son especualciones mias, claro!
    En la otra vereda estamos los raros, locos, difíciles… A veces tengo rachas de mucha normalidad, pero por suerte la vida me pone en situaciones en las que cruzo la vereda y veo el mundo con esa óptica menos adecuada y más caótica, épocas que me permiten evolucionar. No talvez porque sea mejor estar loco, sino porque justamente esas contradicciones y rarezas son las que me permiten re-encontrarme y conocerme, son las que me hacen única y especial.
    Ojalá encontráramos una nueva manera de relacionarnos en la que cada uno pudiera desplegar sus rarezas; sentirnos unos a otros desde ese centro del ser en el que podemos ser nosotros mismos sin condiciones ni prejuicios. En mi humilde opinión, habría que despojarse de la necesidad de ser normales de una vez y para siempre!!!
    (siempre siempre me han dicho que estoy loca, y para mi no hay mejor cumplido!!!)

  • Una noticia que por lejos es una luz de esperanza, no todo està perdido.-
    Una pareja de rosarinos adoptó a un nene con parálisis cerebral y lucha por darle una vida mejor
    Damián y Pablo están juntos desde hace once años. Hace casi cuatro, se convirtieron en los papás de Benicio.
    He utilizado una parte de vuestro texto sobre » persona normal» , un comentario decìa :
    Hermosa lección de vida para gente «normal»–

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