fbpx
21 de mayo 2018    /   IDEAS
por
 

Gioconda Belli, la poetisa feminista que escribe versos a los hombres

21 de mayo 2018    /   IDEAS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

En 1965 comenzó a estudiar secundaria en el Real Colegio de Santa Isabel de Madrid. Un colegio de monjas que en aquella época tenía dos clases de alumnas claramente diferenciadas: las ricas y las pobres. Entraban por puertas distintas, rezaban en lugares diferentes (la capillita para las ricas, la iglesia para las pobres). Y mientras unas no tenían uniforme, las otras contaban con tres: el de verano, el de invierno y el de gala.

Cuando las niñas ricas querían hacer pis pedían la permisión para que les dieran la llave. Después, por supuesto, de haber comenzado con un obligatorio bon jour ma mère reverencial.

Con tanta pijería no es de extrañar que de ese colegio salieran alumnas tan afamadas como, por ejemplo, la reina Fabiola de Bélgica.

¿Cómo es posible que al mismo tiempo y desde ese mismo colegio saliera también Gioconda Belli, la poetisa y activista nicaragüense reconocida como una de las grandes defensoras de los derechos de la mujer en el continente americano, que además luchó contra la dictadura de Somoza como militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, compaginando su labor de escritora con la del transporte clandestino de armas?

La respuesta pudiera ser que incluso la educación que nos deforma también nos forma. En especial, si tenemos la sensibilidad suficiente para detectar, a través de ella, todo lo que no está como es debido.

Hoy, a sus 70 años, su bibliografía sobre el tema del feminismo es ya casi inabarcable. Desde sus iniciales poemas, en los que abordaba el cuerpo y la sensualidad de la mujer, hasta su primera novela, La mujer habitada, que superó el millón de ejemplares en países tan alejados de su cultura latina como es Alemania. O incluso su novela más reciente, El país de las mujeres, en la que habla de un país gobernado exclusivamente por ellas.

Pero lo más llamativo de esta gran poetisa es que, pese a su lucha militante en el feminismo, jamás dejó de incluir al hombre en sus poemas. Un claro ejemplo puede ser este, titulado precisamente, De la mujer al hombre.

Dios te hizo hombre para mí.

Te admiro desde lo más profundo
de mi subconsciente,
con una admiración extraña y desbordada
que tiene un dobladillo de ternura.

Tus problemas, tus cosas
me intrigan, me interesan
y te observo
mientras discurres y discutes
hablando del mundo
y dándole una nueva geografía de palabras.

Mi mente está covada para recibirte,
para pensar tus ideas
y darte a pensar las mías;
te siento, mi compañero, hermoso,
juntos somos completos
y nos miramos con orgullo
conociendo nuestras diferencias
sabiéndonos mujer y hombre
y apreciando la disimilitud
de nuestros cuerpos.

Esta forma de sentir y de vivir con pasión su relación con los hombres (tras tres matrimonios consecutivos) le ha llevado a tener que soportar ciertas críticas desde un feminismo más excluyente. Pero Belli, consecuente con sus certezas y sus sentimientos, quiso dejar clara su visión del tema con otro poema que, para que no hubiera la menor duda de lo que estaba hablando, tituló Nueva tesis feminista.

¿Cómo decirte, hombre,
que no te necesito?
No puedo cantar a la liberación femenina
si no te canto
y te invito a descubrir liberaciones conmigo.

No me gusta la gente que se engaña
diciendo que el amor no es necesario
–’témeles, yo le tiemblo’.

Hay tanto nuevo que aprender,
hermosos cavernícolas que rescatar,
nuevas maneras de amar que aún no hemos inventado.

A nombre propio declaro
que me gusta saberme mujer
frente a un hombre que se sabe hombre,
que sé de ciencia cierta
que el amor
es mejor que las multivitaminas,
que la pareja humana
es el principio inevitable de la vida,
que por eso no quiero jamás liberarme del hombre;
lo amo
con todas sus debilidades
y me gusta compartir con su terquedad
todo este ancho mundo
donde ambos nos somos imprescindibles.

No quiero que me acusen de mujer tradicional
pero pueden acusarme
tantas como cuantas veces quieran
de mujer.

Gioconda Belli, educada en un colegio clasista solo para niñas, llena sus versos de complicidad y equivalencia cuando le habla al hombre. Esa es parte de su contribución hacia una liberación definitiva de la mujer en la que, finalmente, estemos todos.

Foto: Jorge Mejía Peralta. Flickr. Licencia CC by 2.0

En 1965 comenzó a estudiar secundaria en el Real Colegio de Santa Isabel de Madrid. Un colegio de monjas que en aquella época tenía dos clases de alumnas claramente diferenciadas: las ricas y las pobres. Entraban por puertas distintas, rezaban en lugares diferentes (la capillita para las ricas, la iglesia para las pobres). Y mientras unas no tenían uniforme, las otras contaban con tres: el de verano, el de invierno y el de gala.

Cuando las niñas ricas querían hacer pis pedían la permisión para que les dieran la llave. Después, por supuesto, de haber comenzado con un obligatorio bon jour ma mère reverencial.

Con tanta pijería no es de extrañar que de ese colegio salieran alumnas tan afamadas como, por ejemplo, la reina Fabiola de Bélgica.

¿Cómo es posible que al mismo tiempo y desde ese mismo colegio saliera también Gioconda Belli, la poetisa y activista nicaragüense reconocida como una de las grandes defensoras de los derechos de la mujer en el continente americano, que además luchó contra la dictadura de Somoza como militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, compaginando su labor de escritora con la del transporte clandestino de armas?

La respuesta pudiera ser que incluso la educación que nos deforma también nos forma. En especial, si tenemos la sensibilidad suficiente para detectar, a través de ella, todo lo que no está como es debido.

Hoy, a sus 70 años, su bibliografía sobre el tema del feminismo es ya casi inabarcable. Desde sus iniciales poemas, en los que abordaba el cuerpo y la sensualidad de la mujer, hasta su primera novela, La mujer habitada, que superó el millón de ejemplares en países tan alejados de su cultura latina como es Alemania. O incluso su novela más reciente, El país de las mujeres, en la que habla de un país gobernado exclusivamente por ellas.

Pero lo más llamativo de esta gran poetisa es que, pese a su lucha militante en el feminismo, jamás dejó de incluir al hombre en sus poemas. Un claro ejemplo puede ser este, titulado precisamente, De la mujer al hombre.

Dios te hizo hombre para mí.

Te admiro desde lo más profundo
de mi subconsciente,
con una admiración extraña y desbordada
que tiene un dobladillo de ternura.

Tus problemas, tus cosas
me intrigan, me interesan
y te observo
mientras discurres y discutes
hablando del mundo
y dándole una nueva geografía de palabras.

Mi mente está covada para recibirte,
para pensar tus ideas
y darte a pensar las mías;
te siento, mi compañero, hermoso,
juntos somos completos
y nos miramos con orgullo
conociendo nuestras diferencias
sabiéndonos mujer y hombre
y apreciando la disimilitud
de nuestros cuerpos.

Esta forma de sentir y de vivir con pasión su relación con los hombres (tras tres matrimonios consecutivos) le ha llevado a tener que soportar ciertas críticas desde un feminismo más excluyente. Pero Belli, consecuente con sus certezas y sus sentimientos, quiso dejar clara su visión del tema con otro poema que, para que no hubiera la menor duda de lo que estaba hablando, tituló Nueva tesis feminista.

¿Cómo decirte, hombre,
que no te necesito?
No puedo cantar a la liberación femenina
si no te canto
y te invito a descubrir liberaciones conmigo.

No me gusta la gente que se engaña
diciendo que el amor no es necesario
–’témeles, yo le tiemblo’.

Hay tanto nuevo que aprender,
hermosos cavernícolas que rescatar,
nuevas maneras de amar que aún no hemos inventado.

A nombre propio declaro
que me gusta saberme mujer
frente a un hombre que se sabe hombre,
que sé de ciencia cierta
que el amor
es mejor que las multivitaminas,
que la pareja humana
es el principio inevitable de la vida,
que por eso no quiero jamás liberarme del hombre;
lo amo
con todas sus debilidades
y me gusta compartir con su terquedad
todo este ancho mundo
donde ambos nos somos imprescindibles.

No quiero que me acusen de mujer tradicional
pero pueden acusarme
tantas como cuantas veces quieran
de mujer.

Gioconda Belli, educada en un colegio clasista solo para niñas, llena sus versos de complicidad y equivalencia cuando le habla al hombre. Esa es parte de su contribución hacia una liberación definitiva de la mujer en la que, finalmente, estemos todos.

Foto: Jorge Mejía Peralta. Flickr. Licencia CC by 2.0

Compártelo twitter facebook whatsapp
Drones para la resistencia
Desmontando Facebook en 10 pasos
Por qué amamos la ligereza y huimos de la profundidad
Tener, almacenar, guardar
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *