22 de noviembre 2011    /   DIGITAL
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Good design is good business

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Numerosos casos de éxito corroboran estas palabras que pronunció el presidente de IBM, Thomas Watson Jr., nada menos que en el año 1950. BMW, Oxo, Apple, no sólo apuestan por el Diseño como palanca de diferenciación —como lo hizo IBM cuando se dio cuenta de que para vender más maquinas que Olivetti tenía que incorporar un valor capaz de diferenciar su producto— sino que en sus comités de dirección y en sus equipos hay grandes diseñadores.

Diseñadores que deciden junto con el resto de responsables de la organización la estrategia de la compañía, entrando a formar parte de la resolución de cualquier problema u objetivo desde el minuto uno en que se inicia el proceso. Porque ése es uno de los grandes valores del Diseño, ayudar a resolver problemas.

Es más, los CEO de estas compañías trabajan tan de la mano de estos grandes diseñadores, que el Diseño pasa a formar parte de la cultura y ADN de la empresa desde un punto de vista estratégico, estético y funcional. No se concibe ningún proyecto donde no haya Diseño aplicado en estas tres vertientes.

Tom Peters comenta de forma reiterada en muchas de sus conferencias y publicaciones, que en una economía  “too many me too”  el diseño es clave para conseguir diferenciarse.

Un buen Diseño por supuesto que nos ayuda diferenciar nuestra propuesta de la competencia, pero además también nos puede permitir encontrar esos océanos azules tan queridos, deseados y difíciles de encontrar.

Un buen Diseño genera confianza y empatía a través de códigos de comunicación que representan nuestros valores, consigue que la experiencia sea única gracias a esa diferenciación que mencionaba antes y, por qué no, nos puede ayudar a ser más competitivos, permitiéndonos ahorrar costes importantes.

Aun así, hay empresas que siguen infravalorando el poder el diseño y de los diseñadores, relegándolos al plano puramente ejecutor de los gustos personales de cualquier director de la organización, cuando una de las ventajas más importantes del buen Diseño es que está al servicio de las necesidades de los clientes. Por tanto, nunca se podría basar en gustos personales.

Deberíamos darle a esta disciplina el respeto que se merece dentro de nuestras organizaciones, y empezar a reconocer que, aunque nos cueste, “no todos somos diseñadores ni sabemos de diseño”. Igual que un buen financiero se ha formado una serie de años para gestionar las finanzas de una empresa y toma decisiones con autonomía compartida, el buen diseñador ha hecho exactamente lo mismo.

Invertir en Diseño, invertir en buenos diseñadores y gestionar tu compañía a través del Diseño es la mejor manera de hacer que tu negocio destaque y conquiste el corazón de tú público. Hoy más que nunca Thomas Watson Jr. tendría razón: “Good design is good business”.

Carmen Bustos. Socia fundadora de Soulsight.

Numerosos casos de éxito corroboran estas palabras que pronunció el presidente de IBM, Thomas Watson Jr., nada menos que en el año 1950. BMW, Oxo, Apple, no sólo apuestan por el Diseño como palanca de diferenciación —como lo hizo IBM cuando se dio cuenta de que para vender más maquinas que Olivetti tenía que incorporar un valor capaz de diferenciar su producto— sino que en sus comités de dirección y en sus equipos hay grandes diseñadores.

Diseñadores que deciden junto con el resto de responsables de la organización la estrategia de la compañía, entrando a formar parte de la resolución de cualquier problema u objetivo desde el minuto uno en que se inicia el proceso. Porque ése es uno de los grandes valores del Diseño, ayudar a resolver problemas.

Es más, los CEO de estas compañías trabajan tan de la mano de estos grandes diseñadores, que el Diseño pasa a formar parte de la cultura y ADN de la empresa desde un punto de vista estratégico, estético y funcional. No se concibe ningún proyecto donde no haya Diseño aplicado en estas tres vertientes.

Tom Peters comenta de forma reiterada en muchas de sus conferencias y publicaciones, que en una economía  “too many me too”  el diseño es clave para conseguir diferenciarse.

Un buen Diseño por supuesto que nos ayuda diferenciar nuestra propuesta de la competencia, pero además también nos puede permitir encontrar esos océanos azules tan queridos, deseados y difíciles de encontrar.

Un buen Diseño genera confianza y empatía a través de códigos de comunicación que representan nuestros valores, consigue que la experiencia sea única gracias a esa diferenciación que mencionaba antes y, por qué no, nos puede ayudar a ser más competitivos, permitiéndonos ahorrar costes importantes.

Aun así, hay empresas que siguen infravalorando el poder el diseño y de los diseñadores, relegándolos al plano puramente ejecutor de los gustos personales de cualquier director de la organización, cuando una de las ventajas más importantes del buen Diseño es que está al servicio de las necesidades de los clientes. Por tanto, nunca se podría basar en gustos personales.

Deberíamos darle a esta disciplina el respeto que se merece dentro de nuestras organizaciones, y empezar a reconocer que, aunque nos cueste, “no todos somos diseñadores ni sabemos de diseño”. Igual que un buen financiero se ha formado una serie de años para gestionar las finanzas de una empresa y toma decisiones con autonomía compartida, el buen diseñador ha hecho exactamente lo mismo.

Invertir en Diseño, invertir en buenos diseñadores y gestionar tu compañía a través del Diseño es la mejor manera de hacer que tu negocio destaque y conquiste el corazón de tú público. Hoy más que nunca Thomas Watson Jr. tendría razón: “Good design is good business”.

Carmen Bustos. Socia fundadora de Soulsight.

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