3 enero, 2012    /   DIGITAL
por

Google, Amazon y Wikipedia, hijos de Montessori

3 enero, 2012    /   DIGITAL     por
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Cuando una periodista preguntó a Larry Page y Sergey Brin, los creadores de Google, si creían que su gran éxito y su capacidad para la innovación se debió a la influencia de sus padres, profesores de universidad, ellos contestaron que no. En todo caso, dijeron, su espíritu autodidacta, su capacidad de iniciativa, la libertad de pensar por sí mismos, la aprendieron, en gran parte, en las aulas de Montessori.

Pero la historia no acaba ahí. Fieles a ese pasado, decidieron utilizar el método con el que aprendieron de pequeños como base para organizar su empresa. De esta forma, en sus oficinas hay libertad de horarios, de relajarse cuando uno quiera, de desarrollar el trabajo, el ocio, la comida, en el momento en el que mejor les parezca. Tienen salas de juego y de masajes. Tienen gimnasios. Se pueden llevar a sus hijos o a sus mascotas si lo necesitan. La decoración es creativa, juvenil, alegre. Todo lo que es necesario para fomentar la creatividad, estimular el espíritu libre, el sentirse a gusto en la oficina. Y, por supuesto, con la exigencia y la disciplina, entendida como la premisa de respetar la calidad de lo que hacen y de entregarlo en el momento previsto, que necesita una gran empresa.

Maria Montessori fue una científica italiana que se dio cuenta de una cosa muy simple: los niños están preparados para aprender desde el momento en el que nacen. Con esta idea tan sencilla ideó un método que consiste en dejar que las criaturas aprendan por ellas mismas.

En sus colegios, normalmente preescolares, el profesor no es quien les enseña. Se les da libertad, controlada, en la que hay unas ciertas reglas, para que ellos solos elijan a qué dedicar su tiempo. Se les da todos los materiales, se crea un ambiente tranquilo, basado en la concentración y el silencio, en la creatividad y la armonía, y se les deja que hagan lo que quieran.

Sus pequeñas mentes infantiles, deseosas de aprender, de desarrollar sus potencialidades, se sienten estimuladas. Sólo necesita que las dejen hacer, y, con ciertas directrices y con la ayuda de juguetes preparados, consiguen aprender a escribir, a leer, a tener capacidad matemática, a hacer música y arte.

Y también otras muchas cosas. Porque en esa “libertad vigilada” desarrollan su autoestima, su capacidad autodidacta, la pasión por resolver problemas y por imaginar cosas nuevas. Cosas, todas ellas, imprescindibles en la empresa moderna. Y más en un sector como este, el tecnológico, donde todo cambia a una velocidad de vértigo.

Empresarios como Jeff Bezos, el nuevo guru informático, creador de Amazon, o Jimmy Wales, de Wikipedia, también pasaron por ese método. Los resultados saltan a la vista.

Evidentemente, no todos los que salen de Montessori hacen cosas tan grandes. Miles de alumnos anónimos llevan una vida normal. No todos tienen que ser empresarios, ni tampoco tener éxito. Pero da una muestra de lo que podemos hacer, sencillamente, si cambiamos nuestro paradigma, nuestra forma de entender el trabajo. Y la educación. Que es la misma cosa.

Cuando una periodista preguntó a Larry Page y Sergey Brin, los creadores de Google, si creían que su gran éxito y su capacidad para la innovación se debió a la influencia de sus padres, profesores de universidad, ellos contestaron que no. En todo caso, dijeron, su espíritu autodidacta, su capacidad de iniciativa, la libertad de pensar por sí mismos, la aprendieron, en gran parte, en las aulas de Montessori.

Pero la historia no acaba ahí. Fieles a ese pasado, decidieron utilizar el método con el que aprendieron de pequeños como base para organizar su empresa. De esta forma, en sus oficinas hay libertad de horarios, de relajarse cuando uno quiera, de desarrollar el trabajo, el ocio, la comida, en el momento en el que mejor les parezca. Tienen salas de juego y de masajes. Tienen gimnasios. Se pueden llevar a sus hijos o a sus mascotas si lo necesitan. La decoración es creativa, juvenil, alegre. Todo lo que es necesario para fomentar la creatividad, estimular el espíritu libre, el sentirse a gusto en la oficina. Y, por supuesto, con la exigencia y la disciplina, entendida como la premisa de respetar la calidad de lo que hacen y de entregarlo en el momento previsto, que necesita una gran empresa.

Maria Montessori fue una científica italiana que se dio cuenta de una cosa muy simple: los niños están preparados para aprender desde el momento en el que nacen. Con esta idea tan sencilla ideó un método que consiste en dejar que las criaturas aprendan por ellas mismas.

En sus colegios, normalmente preescolares, el profesor no es quien les enseña. Se les da libertad, controlada, en la que hay unas ciertas reglas, para que ellos solos elijan a qué dedicar su tiempo. Se les da todos los materiales, se crea un ambiente tranquilo, basado en la concentración y el silencio, en la creatividad y la armonía, y se les deja que hagan lo que quieran.

Sus pequeñas mentes infantiles, deseosas de aprender, de desarrollar sus potencialidades, se sienten estimuladas. Sólo necesita que las dejen hacer, y, con ciertas directrices y con la ayuda de juguetes preparados, consiguen aprender a escribir, a leer, a tener capacidad matemática, a hacer música y arte.

Y también otras muchas cosas. Porque en esa “libertad vigilada” desarrollan su autoestima, su capacidad autodidacta, la pasión por resolver problemas y por imaginar cosas nuevas. Cosas, todas ellas, imprescindibles en la empresa moderna. Y más en un sector como este, el tecnológico, donde todo cambia a una velocidad de vértigo.

Empresarios como Jeff Bezos, el nuevo guru informático, creador de Amazon, o Jimmy Wales, de Wikipedia, también pasaron por ese método. Los resultados saltan a la vista.

Evidentemente, no todos los que salen de Montessori hacen cosas tan grandes. Miles de alumnos anónimos llevan una vida normal. No todos tienen que ser empresarios, ni tampoco tener éxito. Pero da una muestra de lo que podemos hacer, sencillamente, si cambiamos nuestro paradigma, nuestra forma de entender el trabajo. Y la educación. Que es la misma cosa.

Compártelo twitter facebook whatsapp
StreetSpark, una app que encuentra gente como tú
Dime qué servicio de mensajería usas y te diré cómo de desnudo estás
Tuenti Sitios: el primer paso hacia la geolocalización
Enviar dinero debería ser tan fácil como enviar un WhatsApp
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 9
  • He tenido la oportunidad de estar en las oficinas de Google Dublín y hay cosas ciertas y otras que no lo son tanto (acerca de sus mitos). Es cierto que hay salas recreativas, de relax y hasta un pub irlandés dentro mismo de las oficinas. Hay libertad de organización, comida self-service 24h y un sinfín de privilegios. Pero, libertad de horarios? por supuesto, no había nadie allí que trabajara menos de 10 horas diarias, incluso 12 o 15 Las oficinas están abiertas 24/7. Así que todas esas ¨distracciones o amenidades¨ no son más que algo presencial, anecdótico.

  • ” y se les deja que hagan lo que quieran” pues claro que sí, que los niños pueden aprender solos, a su ritmo con su propia motivación.

  • Este artículo ha vuelto a aparecer gratamente en mi vida. Cuando estábamos decidiendo colegio para nuestro hijo, Montessori en Valdemarin era una opción finalista, y este post fue el último empujoncito que necesitabamos para decidirnos. A día de hoy creemos que acertamos. ¡Gracias por vuestros maravillosos artículos!.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *