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23 de abril 2014    /   DIGITAL
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Google: De tener suerte a tener un mayordomo

23 de abril 2014    /   DIGITAL     por          
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El 2014 que se construyó en 1964 tenía casas inteligentes, coches con cerebro robótico y llamadas telefónicas a la Luna. Isaac Asimov visitó este «nanotomizado mundo del futuro» en la Exposición Mundial de Nueva York celebrada hace 50 años y escribió: «Lo que está por venir, al menos a través de los ojos de esta feria, es maravilloso».
En aquella exposición presentaron la videoconferencia como algo habitual en 2014. Entonces ni siquiera existían los ordenadores personales. Fue justamente en esa feria cuando Olivetti mostró Programma 101, la primera máquina que salió al mercado, un año después, como ‘computadora personal de sobremesa’. «Tú verás y escucharás a la persona que telefonees. La pantalla no solo se utilizará para ver al individuo que llamas, sino para estudiar documentos y fotografías, y leer pasajes de libros». El escritor no se equivocó. Varios años antes de 2014 ya se utilizaba la pantalla compartida en el Hangout de Google o Skype, por ejemplo, y se leían libros en pantallas de ordenador, móvil o tableta.
«Los satélites permitirán que se pueda llamar a cualquier lugar de la Tierra, incluso a las estaciones meteorológicas de la Antártida», escribió el bioquímico ruso nacionalizado estadounidense. Para 2014 General Motors ya nos hacía viviendo en colonias en la Luna. Asimov pensó que las llamadas también llegarían hasta allí, aunque serían un «pelín incómodas» por el desfase de 2,5 segundos entre la frase de la Tierra y la contestación de la Luna. Las conversaciones con Marte resultarían aún más tediosas: 3,5 minutos entre el habitante del tercer planeta y el residente en Marte.
Hoy también está descrito el mundo del futuro. El director del laboratorio de inteligencia artificial de Google, Ray Kurzweil, prevé que dentro de cinco años los individuos abandonarán sus teclados y se relacionarán con sus dispositivos mediante voz. Los ordenadores se convertirán en una especie de «asistentes computerizados» personalizados por su dueño y, según el futurista, dentro de 25 años podrían llegar a ser tan sofisticados como Samantha, el software del que se enamora Theodore en la película Her.

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Samantha llama a Theodore en ‘Her’.

El experto en internet de las cosas César García y el especialista en robótica Toni Ferraté piensan que los pronósticos de Kurzweil se cumplirán. «En sus libros, lleva unas cuantas predicciones inverosímiles acertadas», indica este último. E incluso podríamos hablar de fechas más cercanas «si simplificamos el problema a solo funciones asistenciales personales (compañía, charla, recordatorio de tareas, priorización de la agenda personal, consejos de salud, consejos médicos, psicología, inteligencia emocional, contar cuentos, empatía y adaptación a distintas edades, diferentes niveles de inteligencia y varios estados emocionales)».
Pero eso, por el momento, es el futuro. Hoy el navegador Chrome y el sistema operativo Android entienden y transcriben muchísimas palabras de 50 idiomas, aunque el presente es aún una etapa primitiva para los asistentes de voz. Hoy contestan a preguntas como ¿lloverá mañana?, ¿cuál es el parque más cercano?, ¿qué hora es en Isla de Pascua?, ¿cuántas rupias son 300€? o ¿cómo se dice «albahaca» en inglés?
En los laboratorios de ingeniería de Google trabajan en el paso de un mundo escrito a un mundo hablado y, cada día, procesan 5.000 horas más de audio de la Península Ibérica y 14 años de audio de todo el mundo. Esto supone que los servicios de reconocimiento de voz de Google (buscador, correo…) van creciendo a un ritmo del 20% anual.
«Estamos cambiando las búsquedas en una cajita blanca escribiendo en indio a una especie de mayordomo», explica Pedro Moreno, investigador senior de Google y responsable del servicio de reconocimiento de voz de la división de Android, en las oficinas de Madrid de esta compañía. «Estamos en medio de una transformación brutal. Hace unos 15 años nacieron los primeros buscadores: Altavista, Infoseek… En sus inicios, las búsquedas estaban mediatizadas por personas que procedían de entornos académicos. Por eso se creó una cajita donde se teclea un texto y unos algoritmos de búsqueda sacan páginas de una base de datos. El tiempo lo ha ido haciendo más sofisticado. Los algoritmos son ahora más complejos (por ejemplo, el famoso PageRank de los fundadores de Google) y hay más análisis lingüístico. Pero sigue siendo una búsqueda en una caja blanca y hemos acostumbrado a los usuarios a escribir como indios porque creemos que a Google lo único que le interesa son las palabras clave. Lo demás (artículos, pronombres…) sobra».
Moreno dice que «eso está muy bien cuando eres un experto y sabes bien cómo manejar un navegador, pero las búsquedas se están haciendo ubicuas». Eso significa que se realizan desde cualquier dispositivo. El principal punto de conexión entre el humano y su mundo digital fue durante años el ordenador. En el futuro el concepto de computadora como lo entendemos hoy desaparecerá y esa inteligencia estará repartida en la ropa, las gafas, los muebles, el coche y muchos otros objetos conectados entre sí.
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Feria de Nueva York de 1964

En la feria de 1964 vislumbraban ya esa conversación entre máquinas o el también llamado internet de las cosas. «Los hombres seguirán retirándose de la naturaleza para crear ambientes más adaptados a su vida», escribió Asimov en su ensayo. «Los techos y las paredes brillarán suavemente y en una variedad de colores que cambiarán al pulsar un botón. Las ventanas controlarán el paso de la luz regulando la opacidad del cristal. (…) Las cocinas estarán diseñadas para preparar ‘autocomidas’ (calentar agua y convertirla en café, tostar pan, freír o preparar huevos revueltos…). Los desayunos podrán programarse la noche anterior para que estén listos a una hora determinada de la mañana siguiente».
El escritor de ciencia ficción adelantó el futuro. Ese 2014 que describió queda aún lejos pero encaja perfectamente en el futuro que trazan los expertos.
Esta transición de la búsqueda en ordenador a la conversación con dispositivos se sitúa hoy en la fase del uso masivo del móvil. Este dispositivo no tienen un teclado cómodo ni una pantalla grande como una computadora y eso es lo que obligó a los ingenieros de Google a pensar en una nueva forma de buscar las cosas. «Hay que tener en cuenta que hoy la venta de teléfonos es cuatro veces mayor que la de ordenadores. En muchos países del sudeste asiático o de África el acceso a internet es más habitual a través de un móvil que de una computadora porque el dispositivo es más barato», indica Moreno. «Nosotros nos planteamos cómo simplificar las búsquedas para las personas que solo se conectan a internet mediante su móvil. ¿Por qué no trasladar la forma habitual en la que nos comunicamos los humanos a las máquinas? Al final, de lo que se trata es de que tu móvil se convierta en tu asistente».
El ingeniero especifica que, en resumen, esta evolución se basa en «pasar de un sistema basado en preguntas a un sistema basado en la conversación». «Estamos dando los primeros pasos hacia un asistente con el que puedas hablar y eso tiene una implicación brutal. Hablar con un dispositivo como puedes hablar con una amiga abre un universo de información a millones de individuos».
Hasta que eso ocurra en las oficinas de esta compañía trabajan, por una parte, en el reconocimiento de voz y, por otra, en el análisis semántico. Y a esto hay que añadir muchos otros aspectos técnicos, según Moreno, como «evitar que el ruido dificulte la conversación o crear nuevos algoritmos que consuman menos energía».
Para llegar a ese sofisticado mayordomo dentro de cinco años, desde la parte de atrás de los dispositivos (esa que solo ven los ingenieros), se han producido algunos cambios. «En los últimos tres años los errores en el reconocimiento de voz se han reducido muchísimo. Antes las tecnologías se basaban en modelos estadísticos, pero desde hace diez años se utilizan los modelos neuronales», explica el ingeniero. «En esa evolución de búsqueda a asistencia personal juega un papel muy importante la memoria. El mayordomo recordará las conversaciones anteriores para mejorar su servicio y estará conectado con los dispositivos del hogar, el coche y otros aparatos».
La feria de 1964 eligió como lema esta frase: Paz mediante el entendimiento. En aquella ocasión se referían solo a los humanos. Cincuenta años después, la humanidad trabaja en hallar un entendimiento quizá mucho más ambicioso: el de los hombres y las máquinas.

El 2014 que se construyó en 1964 tenía casas inteligentes, coches con cerebro robótico y llamadas telefónicas a la Luna. Isaac Asimov visitó este «nanotomizado mundo del futuro» en la Exposición Mundial de Nueva York celebrada hace 50 años y escribió: «Lo que está por venir, al menos a través de los ojos de esta feria, es maravilloso».
En aquella exposición presentaron la videoconferencia como algo habitual en 2014. Entonces ni siquiera existían los ordenadores personales. Fue justamente en esa feria cuando Olivetti mostró Programma 101, la primera máquina que salió al mercado, un año después, como ‘computadora personal de sobremesa’. «Tú verás y escucharás a la persona que telefonees. La pantalla no solo se utilizará para ver al individuo que llamas, sino para estudiar documentos y fotografías, y leer pasajes de libros». El escritor no se equivocó. Varios años antes de 2014 ya se utilizaba la pantalla compartida en el Hangout de Google o Skype, por ejemplo, y se leían libros en pantallas de ordenador, móvil o tableta.
«Los satélites permitirán que se pueda llamar a cualquier lugar de la Tierra, incluso a las estaciones meteorológicas de la Antártida», escribió el bioquímico ruso nacionalizado estadounidense. Para 2014 General Motors ya nos hacía viviendo en colonias en la Luna. Asimov pensó que las llamadas también llegarían hasta allí, aunque serían un «pelín incómodas» por el desfase de 2,5 segundos entre la frase de la Tierra y la contestación de la Luna. Las conversaciones con Marte resultarían aún más tediosas: 3,5 minutos entre el habitante del tercer planeta y el residente en Marte.
Hoy también está descrito el mundo del futuro. El director del laboratorio de inteligencia artificial de Google, Ray Kurzweil, prevé que dentro de cinco años los individuos abandonarán sus teclados y se relacionarán con sus dispositivos mediante voz. Los ordenadores se convertirán en una especie de «asistentes computerizados» personalizados por su dueño y, según el futurista, dentro de 25 años podrían llegar a ser tan sofisticados como Samantha, el software del que se enamora Theodore en la película Her.

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Samantha llama a Theodore en ‘Her’.

El experto en internet de las cosas César García y el especialista en robótica Toni Ferraté piensan que los pronósticos de Kurzweil se cumplirán. «En sus libros, lleva unas cuantas predicciones inverosímiles acertadas», indica este último. E incluso podríamos hablar de fechas más cercanas «si simplificamos el problema a solo funciones asistenciales personales (compañía, charla, recordatorio de tareas, priorización de la agenda personal, consejos de salud, consejos médicos, psicología, inteligencia emocional, contar cuentos, empatía y adaptación a distintas edades, diferentes niveles de inteligencia y varios estados emocionales)».
Pero eso, por el momento, es el futuro. Hoy el navegador Chrome y el sistema operativo Android entienden y transcriben muchísimas palabras de 50 idiomas, aunque el presente es aún una etapa primitiva para los asistentes de voz. Hoy contestan a preguntas como ¿lloverá mañana?, ¿cuál es el parque más cercano?, ¿qué hora es en Isla de Pascua?, ¿cuántas rupias son 300€? o ¿cómo se dice «albahaca» en inglés?
En los laboratorios de ingeniería de Google trabajan en el paso de un mundo escrito a un mundo hablado y, cada día, procesan 5.000 horas más de audio de la Península Ibérica y 14 años de audio de todo el mundo. Esto supone que los servicios de reconocimiento de voz de Google (buscador, correo…) van creciendo a un ritmo del 20% anual.
«Estamos cambiando las búsquedas en una cajita blanca escribiendo en indio a una especie de mayordomo», explica Pedro Moreno, investigador senior de Google y responsable del servicio de reconocimiento de voz de la división de Android, en las oficinas de Madrid de esta compañía. «Estamos en medio de una transformación brutal. Hace unos 15 años nacieron los primeros buscadores: Altavista, Infoseek… En sus inicios, las búsquedas estaban mediatizadas por personas que procedían de entornos académicos. Por eso se creó una cajita donde se teclea un texto y unos algoritmos de búsqueda sacan páginas de una base de datos. El tiempo lo ha ido haciendo más sofisticado. Los algoritmos son ahora más complejos (por ejemplo, el famoso PageRank de los fundadores de Google) y hay más análisis lingüístico. Pero sigue siendo una búsqueda en una caja blanca y hemos acostumbrado a los usuarios a escribir como indios porque creemos que a Google lo único que le interesa son las palabras clave. Lo demás (artículos, pronombres…) sobra».
Moreno dice que «eso está muy bien cuando eres un experto y sabes bien cómo manejar un navegador, pero las búsquedas se están haciendo ubicuas». Eso significa que se realizan desde cualquier dispositivo. El principal punto de conexión entre el humano y su mundo digital fue durante años el ordenador. En el futuro el concepto de computadora como lo entendemos hoy desaparecerá y esa inteligencia estará repartida en la ropa, las gafas, los muebles, el coche y muchos otros objetos conectados entre sí.
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Feria de Nueva York de 1964

En la feria de 1964 vislumbraban ya esa conversación entre máquinas o el también llamado internet de las cosas. «Los hombres seguirán retirándose de la naturaleza para crear ambientes más adaptados a su vida», escribió Asimov en su ensayo. «Los techos y las paredes brillarán suavemente y en una variedad de colores que cambiarán al pulsar un botón. Las ventanas controlarán el paso de la luz regulando la opacidad del cristal. (…) Las cocinas estarán diseñadas para preparar ‘autocomidas’ (calentar agua y convertirla en café, tostar pan, freír o preparar huevos revueltos…). Los desayunos podrán programarse la noche anterior para que estén listos a una hora determinada de la mañana siguiente».
El escritor de ciencia ficción adelantó el futuro. Ese 2014 que describió queda aún lejos pero encaja perfectamente en el futuro que trazan los expertos.
Esta transición de la búsqueda en ordenador a la conversación con dispositivos se sitúa hoy en la fase del uso masivo del móvil. Este dispositivo no tienen un teclado cómodo ni una pantalla grande como una computadora y eso es lo que obligó a los ingenieros de Google a pensar en una nueva forma de buscar las cosas. «Hay que tener en cuenta que hoy la venta de teléfonos es cuatro veces mayor que la de ordenadores. En muchos países del sudeste asiático o de África el acceso a internet es más habitual a través de un móvil que de una computadora porque el dispositivo es más barato», indica Moreno. «Nosotros nos planteamos cómo simplificar las búsquedas para las personas que solo se conectan a internet mediante su móvil. ¿Por qué no trasladar la forma habitual en la que nos comunicamos los humanos a las máquinas? Al final, de lo que se trata es de que tu móvil se convierta en tu asistente».
El ingeniero especifica que, en resumen, esta evolución se basa en «pasar de un sistema basado en preguntas a un sistema basado en la conversación». «Estamos dando los primeros pasos hacia un asistente con el que puedas hablar y eso tiene una implicación brutal. Hablar con un dispositivo como puedes hablar con una amiga abre un universo de información a millones de individuos».
Hasta que eso ocurra en las oficinas de esta compañía trabajan, por una parte, en el reconocimiento de voz y, por otra, en el análisis semántico. Y a esto hay que añadir muchos otros aspectos técnicos, según Moreno, como «evitar que el ruido dificulte la conversación o crear nuevos algoritmos que consuman menos energía».
Para llegar a ese sofisticado mayordomo dentro de cinco años, desde la parte de atrás de los dispositivos (esa que solo ven los ingenieros), se han producido algunos cambios. «En los últimos tres años los errores en el reconocimiento de voz se han reducido muchísimo. Antes las tecnologías se basaban en modelos estadísticos, pero desde hace diez años se utilizan los modelos neuronales», explica el ingeniero. «En esa evolución de búsqueda a asistencia personal juega un papel muy importante la memoria. El mayordomo recordará las conversaciones anteriores para mejorar su servicio y estará conectado con los dispositivos del hogar, el coche y otros aparatos».
La feria de 1964 eligió como lema esta frase: Paz mediante el entendimiento. En aquella ocasión se referían solo a los humanos. Cincuenta años después, la humanidad trabaja en hallar un entendimiento quizá mucho más ambicioso: el de los hombres y las máquinas.

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De Badoo al cielo (II)
Por esto no he visto tu publicación en Facebook aunque te siga
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