7 de septiembre 2017    /   IDEAS
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El voluntariado también puede consistir en tomarse una caña con un vecino

7 de septiembre 2017    /   IDEAS     por          
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Por la, ya escasa, luz que entra por la ventana de la cocina, Felicidad deduce que deben de ser cerca de las ocho y media de la tarde. Únicamente el sonido del telefonillo consigue hacerla reaccionar del ensimismamiento al que le han inducido sus hipótesis horarias. Es David, su vecino. Acaba de volver del trabajo y le pregunta si le apetece tomarse una caña. Antes de contestarle con un rotundo sí, Felicidad ya está cogiendo las llaves y abriendo la puerta.

Felicidad es una gran vecina del madrileño barrio de Embajadores. El título no lo otorga el presidente de la comunidad de vecinos. Ni siquiera es un título, sino la forma con la que en el programa Grandes Vecinos, promovido por la asociación Grandes Amigos , se denomina a las personas de edad avanzada que forman parte del proyecto.

«Es gente que ha manifestado que se siente sola. La soledad es un concepto subjetivo y no exclusivo de la gente mayor, pero es cierto que es un colectivo bastante vulnerable en este aspecto. Lo que pretende el programa es generar, o más bien facilitar, la creación de redes sociales a partir de vecinos próximos a sus hogares».

Quien explica el porqué del programa es la responsable del mismo, Gracia Escalante, una de las técnicas de Grandes Amigos. La fundación nació, según nos cuenta, en el París de los años 40 de la mano de un noble de la ciudad: Armand Marquiset. La guerra acababa de terminar y muchos de los mayores de la capital francesa, cuyos hijos y nietos habían muerto durante la contienda, se enfrentaban al futuro completamente solos. Marquiset trataba de paliar el problema creando redes de colaboración de personas cercanas a estos ancianos.

La asociación fue creciendo a otras ciudades galas para saltar más tarde a otros lugares de Europa, África y América. En 2003 un grupo de amigos, crea en Madrid, la Fundación Amigos de los Mayores, replicando el modelo de la asociación francesa de la que nace la idea, para luego extenderse a Pontevedra y Guipúzcoa.

Excursiones, actividades culturales, tertulias, acompañamiento en domicilio o en residencias, ayuda en las gestiones, etc. son algunas de las acciones que realizan Grandes Amigos. También el programa Grandes Vecinos, que comenzó a funcionar en París durante la década pasada y llegó a Madrid en 2015.

«Actualmente la estamos llevando a cabo en algunos distritos del centro donde el número de personas mayores es más elevado y donde es más frecuente el vecindario de toda la vida».

Personas como Felicidad se benefician de la compañía de gente como David Parrales. «Mi figura es la del Vecino, que es como conocemos aquí a los voluntarios», nos cuenta este.

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Ir al cine o a un concierto, tomarse algo en una terraza o simplemente dar un paseo es lo que Parrales y el resto de vecinos proponen a Esperanza y al resto de grandes vecinos. «Es un tipo de voluntario bastante cómodo en el sentido de que apenas te quita tiempo. Basta con acercarte al telefonillo de tu vecino cuando vuelves del trabajo y preguntarle si le apetece dar una vuelta o simplemente charlar un rato en casa».

Sus inquietudes sociales llevaron a Parrales a conocer el proyecto a través de una web de voluntariado. «Allí conocí a Grandes Amigos, me di de alta en su plataforma y aquí estoy». La web no solo sirve para «captar» voluntarios, sino que desempeña un importante papel en el desarrollo del programa.

«A los organizadores, la plataforma online nos sirve para llevar un control pero también a los voluntarios –explica Escalante-. Normalmente, un gran vecino suele estar en contacto con dos o más vecinos, por lo que estos, a través de la web, pueden saber cuál ha sido la actividad en los últimos días de la persona mayor y así amoldarse a su agenda o incluso apuntarse a sus planes».

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Además de vecino, Parrales es dinamizador. Su labor incluye la de promover actividades con los vecinos del barrio, poner en contacto a grandes vecinos entre sí o con los voluntarios y dar a conocer el proyecto al mayor número de gente posible para que cunda el boca a oreja.

Tanto él como Escalante inciden en el que el programa huye de la mera labor asistencial: «No se trata de que los grandes vecinos solo reciban. Ellos también son capaces de aportar cosas y eso es algo que les dejamos claro desde el principio. No queremos que sean sujetos pasivos simplemente por el hecho de su edad».

Felicidad así lo cree: «Hacen falta iniciativas como esta porque hay mucha gente sola. Los mayores tenemos que poner de nuestra parte para no hundirnos en ella: abrir nuestro círculo de amistades y no solo con gente de nuestra edad. También con los jóvenes».

Ella lo hizo hace un tiempo, cuando estaba atravesando un pequeño bache anímico. «Me habían robado el bolso y me encontraba muy baja de moral. Fui al médico y el enfermero me habló del programa, así que me apunté». Gracias a eso, ahora comparte su tiempo con amigas y amigos de su generación, más mayores y también más jóvenes. «Los voluntarios me wasapean y me preguntan cómo estoy. Ayer me vino a buscar una de ellas y bajamos a caminar. Después fuimos a comprar un pollo».

Por la, ya escasa, luz que entra por la ventana de la cocina, Felicidad deduce que deben de ser cerca de las ocho y media de la tarde. Únicamente el sonido del telefonillo consigue hacerla reaccionar del ensimismamiento al que le han inducido sus hipótesis horarias. Es David, su vecino. Acaba de volver del trabajo y le pregunta si le apetece tomarse una caña. Antes de contestarle con un rotundo sí, Felicidad ya está cogiendo las llaves y abriendo la puerta.

Felicidad es una gran vecina del madrileño barrio de Embajadores. El título no lo otorga el presidente de la comunidad de vecinos. Ni siquiera es un título, sino la forma con la que en el programa Grandes Vecinos, promovido por la asociación Grandes Amigos , se denomina a las personas de edad avanzada que forman parte del proyecto.

«Es gente que ha manifestado que se siente sola. La soledad es un concepto subjetivo y no exclusivo de la gente mayor, pero es cierto que es un colectivo bastante vulnerable en este aspecto. Lo que pretende el programa es generar, o más bien facilitar, la creación de redes sociales a partir de vecinos próximos a sus hogares».

Quien explica el porqué del programa es la responsable del mismo, Gracia Escalante, una de las técnicas de Grandes Amigos. La fundación nació, según nos cuenta, en el París de los años 40 de la mano de un noble de la ciudad: Armand Marquiset. La guerra acababa de terminar y muchos de los mayores de la capital francesa, cuyos hijos y nietos habían muerto durante la contienda, se enfrentaban al futuro completamente solos. Marquiset trataba de paliar el problema creando redes de colaboración de personas cercanas a estos ancianos.

La asociación fue creciendo a otras ciudades galas para saltar más tarde a otros lugares de Europa, África y América. En 2003 un grupo de amigos, crea en Madrid, la Fundación Amigos de los Mayores, replicando el modelo de la asociación francesa de la que nace la idea, para luego extenderse a Pontevedra y Guipúzcoa.

Excursiones, actividades culturales, tertulias, acompañamiento en domicilio o en residencias, ayuda en las gestiones, etc. son algunas de las acciones que realizan Grandes Amigos. También el programa Grandes Vecinos, que comenzó a funcionar en París durante la década pasada y llegó a Madrid en 2015.

«Actualmente la estamos llevando a cabo en algunos distritos del centro donde el número de personas mayores es más elevado y donde es más frecuente el vecindario de toda la vida».

Personas como Felicidad se benefician de la compañía de gente como David Parrales. «Mi figura es la del Vecino, que es como conocemos aquí a los voluntarios», nos cuenta este.

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Ir al cine o a un concierto, tomarse algo en una terraza o simplemente dar un paseo es lo que Parrales y el resto de vecinos proponen a Esperanza y al resto de grandes vecinos. «Es un tipo de voluntario bastante cómodo en el sentido de que apenas te quita tiempo. Basta con acercarte al telefonillo de tu vecino cuando vuelves del trabajo y preguntarle si le apetece dar una vuelta o simplemente charlar un rato en casa».

Sus inquietudes sociales llevaron a Parrales a conocer el proyecto a través de una web de voluntariado. «Allí conocí a Grandes Amigos, me di de alta en su plataforma y aquí estoy». La web no solo sirve para «captar» voluntarios, sino que desempeña un importante papel en el desarrollo del programa.

«A los organizadores, la plataforma online nos sirve para llevar un control pero también a los voluntarios –explica Escalante-. Normalmente, un gran vecino suele estar en contacto con dos o más vecinos, por lo que estos, a través de la web, pueden saber cuál ha sido la actividad en los últimos días de la persona mayor y así amoldarse a su agenda o incluso apuntarse a sus planes».

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Además de vecino, Parrales es dinamizador. Su labor incluye la de promover actividades con los vecinos del barrio, poner en contacto a grandes vecinos entre sí o con los voluntarios y dar a conocer el proyecto al mayor número de gente posible para que cunda el boca a oreja.

Tanto él como Escalante inciden en el que el programa huye de la mera labor asistencial: «No se trata de que los grandes vecinos solo reciban. Ellos también son capaces de aportar cosas y eso es algo que les dejamos claro desde el principio. No queremos que sean sujetos pasivos simplemente por el hecho de su edad».

Felicidad así lo cree: «Hacen falta iniciativas como esta porque hay mucha gente sola. Los mayores tenemos que poner de nuestra parte para no hundirnos en ella: abrir nuestro círculo de amistades y no solo con gente de nuestra edad. También con los jóvenes».

Ella lo hizo hace un tiempo, cuando estaba atravesando un pequeño bache anímico. «Me habían robado el bolso y me encontraba muy baja de moral. Fui al médico y el enfermero me habló del programa, así que me apunté». Gracias a eso, ahora comparte su tiempo con amigas y amigos de su generación, más mayores y también más jóvenes. «Los voluntarios me wasapean y me preguntan cómo estoy. Ayer me vino a buscar una de ellas y bajamos a caminar. Después fuimos a comprar un pollo».

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Opiniones 5
  • Bonito vuestro programa .Somos mayores ,independientes y con suerte, todavía sanas.
    Pero con los hijos lejos ,la compañía es necesaria ,hablar, compartir ,tomar una caña ,me parece ganial ,es rejuvenecer !!

  • Que iniciativa tan buena!!!! Enhorabuena
    Hablar con nuestros mayores y dedicarles tiempo me parece necesario.
    Se crean relaciones autenticas.

  • Tengo 64 años me van a desahuciar tengo estudios y manejo las redes estoy buscando compartír habitación a buen precio físicamente también en buenas condiciones

  • Comentarios cerrados.

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