fbpx
11 de octubre 2018    /   CREATIVIDAD
por
 

Cómo la tolerancia y Grindr están matando los barrios LGTB

11 de octubre 2018    /   CREATIVIDAD     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Cuando el museo de diseño de Londres propuso a Andrés Jaque hacer una exposición sobre un diseño que estuviera transformando las ciudades, el arquitecto lo tuvo claro: Grindr, la aplicación de contactos sexuales entre hombres, era quizá la revolución urbana más importante de los últimos años, pensó. «Todos los conflictos a los que están expuestas las ciudades en estos momentos pasan por esta app», confirma el arquitecto. «La importancia de calles y plazas palidece en comparación con la de Grindr».

De todas las formas en las que esta app está cambiando las ciudades occidentales hay una más que evidente: la progresiva desaparición de los barrios LGTB. Desde Castro en San Francisco hasta el Soho de Londres, pasando por Greenwich Village en Nueva York, Le Marais en París o Chueca en Madrid. Las barreras urbanas entre estos barrios y el resto de la ciudad se están difuminando, su singularidad se está diluyendo.

En un artículo, el periódico The Guardian alertaba de que en los últimos años han cerrado un tercio de los locales gais del Soho. Otro reportaje de la revista Vox analizaba la idéntica situación de Chicago y añadía un dato más: según el número de matrimonios homosexuales y heterosexuales censados en ciertas zonas (algo no del todo preciso por no tener en cuenta a los solteros, pero aun así orientativo), se puede concluir que la concentración de gais y lesbianas en barrios tradicionalmente considerados homosexuales es un fenómeno en clara remisión. La tendencia parece clara.

Office for Political Innovation es el estudio de análisis de Andrés Jaque. Con base entre Madrid y Nueva York, esta oficina analiza la arquitectura y el urbanismo desde un prisma político y ha dedicado tiempo a estudiar el caso concreto de Grindr. Jaque asegura que su uso «está directamente relacionado con la desaparición de los locales de ocio nocturno de la comunidad gay». Este fenómeno, asegura, potencia que los barrios gais se integren dentro de la normatividad y pierdan lo queer y transgresor por el camino. «Lugares que antes conectaban a la gente mediante el baile han pasado a ser un símbolo de estatus», afirma. En Chueca, por decirlo de alguna forma, cada vez hay más señoras bien tomando el brunch y menos bares de osos organizando orgías. Pero Grindr no es el único factor a tener en cuenta en esta ecuación.

En Chueca cada vez hay más señoras bien tomando el brunch y menos bares de osos organizando orgías

En 2017 se produjeron 287 agresiones en Madrid por LGTBfobia. Son 47 episodios más de los registrados en 2016 y continúan con una tendencia alcista detectada en los últimos años. Lejos de hacer un análisis alarmista, Paco Ramírez, de Stop LGTBfobia, saca conclusiones esperanzadoras: «Hay más agresiones por la mayor visibilidad que están teniendo las personas LGBTI+ y porque están saliendo del barrio de Chueca al que se habían relegado», afirma. «La mayor parte de agresiones denunciadas han tenido lugar en zonas aledañas a Chueca. Las parejas ya no se dejan de dar la mano tras salir del barrio, como hacían antes, y las expresiones de género tampoco se disimulan fuera».

Los barrios gais surgieron a mediados de los años 70 como espacio seguro donde las personas LGTB podían ser ellas mismas y socializar. Si en las grandes ciudades esa seguridad está cada vez más extendida y la socialización está al alcance de los dedos en cualquier lugar con 3G, parece lógico concluir que estos barrios están condenados a su desaparición, pero ¿sería esto una gran pérdida?

Muchos ven los barrios LGTB como guetos que cada vez tienen menos sentido, un anacronismo urbano con poco futuro. Estas tesis entienden que la difuminación del barrio gay supondría la creación de una ciudad más inclusiva. Otros perciben en estas zonas espacios seguros que aún hoy son necesarios, focos de cultura (y de contracultura) y reivindicación política que benefician a toda la sociedad.

En un artículo en The New Republic, el periodista Andrew Sullivan asegura que la desaparición de los barrios gais conllevará la desaparición de la cultura queer. No es el único. El colectivo SaveSoho, creado por el actor Stephen Fry en 2014 para luchar contra la gentrificación del barrio, va más allá y en una carta abierta al alcalde de Londres asegura que la propia personalidad de la capital inglesa está amenazada. Según el escrito, «el 20% de los trabajos creativos de Londres se encuentran en este barrio». La gentrificación y especulación inmobiliaria, argumenta, están matando la personalidad del Soho y amenazando el potencial creativo de toda la ciudad.

Grindr es la revolución urbana más importante de los últimos años. Todos los conflictos a los que están expuestas las ciudades pasan por esta app

A lo largo del globo otros analistas han dado la voz de alarma: en su libro There Goes The Gayborhood?, el sociólogo Amin Ghaziani alerta de que la dispersión del colectivo LGTB podría tener como consecuencia la pérdida de influencia política, algo no del todo extrapolable a la realidad española por tener un sistema político diferente, con listas cerradas y, por tanto, menos protagonismo del candidato de un determinado distrito. En su ensayo, Ghaziani habla de que solo ciertos locales míticos o históricos, puede tener un «efecto ancla» y retrasar la desaparición de los barrios LGTB.

El lugar que mejor representa en España la descripción de Ghaziani probablemente sea Berkana. En torno a esta librería de temática feminista y LGTB, fundada en 1983, empezaron a florecer los primeros bares de ambiente de la capital. «En aquella época nos daban las gracias por alquilar los locales», recuerda Mar de Griñó, una de sus dueñas. Defiende que el barrio era necesario entonces, «cuando no existían Grindr, ni Tinder, ni todas estas cosas».

Mucha gente visitaba Madrid para poder pasar el fin de semana allí y ser ella misma. «Era lo que llamábamos el síndrome de la Cenicienta», comenta divertida. Entiende que Chueca no cumple la misma función en la actualidad, pero le da pena, se diría casi que rabia, que las cosas marchen así. «Es negativo que desaparezca un barrio que fue el motor de un cambio social, que iba unido a una lucha LGTB, que desaparezca la identidad del movimiento».

No es que vaya a morir, es que cierta parte de Chueca ya ha muerto. Y no me parece algo necesariamente negativo

De Griñó culpa de este cambio a la especulación. «Estaba claro que este se iba a convertir en un barrio turístico y a mí eso no me importaba; al final lo que queríamos era visibilidad», opina. «Lo que no apruebo es lo que ha venido detrás por parte de los poderes económicos». Además, piensa que la identidad del barrio se va a diluir, pero ella resiste, como hacen muchos, y lucha porque no sea así. «Igual es porque tengo una edad y soy una nostálgica», confiesa. «Mira, te voy a dar un número de teléfono. Llama a este chico, es muy joven, pero sabe mucho del tema y te puede dar un punto de vista diferente».

Ignacio Elpidio nació en 1991 y sí, sabe mucho del tema. Tanto como para escribir un libro. Este antropólogo madrileño está a punto de publicar un ensayo de título premonitorio: Cuando muera Chueca (Editorial Egae). A juzgar por sus palabras, parece que Elpidio no va a llorar en el funeral. «No es que vaya a morir, es que cierta parte de Chueca ya ha muerto», aventura el sociólogo. Pone como ejemplo la tesis del antropólogo Fernando Villamil, publicada en 2002, y que ya analizaba entonces la muerte de los barrios gais. «Esto se lleva anunciando desde la irrupción de los chats, es anterior a Grindr», explica Elpidio.

Pero en su opinión, no son tanto las aplicaciones como la codicia lo que está matando al barrio. Alerta de que factores como la gentrificación y turistificación han cambiado el perfil de Chueca y predica que si el barrio es cada vez más excluyente, la gente dejará de ir.

«Y no me parece algo necesariamente negativo», añade, «ha habido muchos activistas, como Shangay Lily o Jordi Petit, que han definido la existencia del barrio como un mal necesario», explica. Y parece que su existencia es hoy menos necesaria que nunca.

Toda persona no heterosexual tiene un mapa mental muy claro de dónde puede ir de la mano con su pareja y donde no, pero esos mapas se están ampliando

A ese respecto, Elpidio explica que «toda persona no heterosexual tiene un mapa mental muy claro de dónde puede ir de la mano con su pareja y donde no». Él lo tenía. Pero sus esquemas y mapas se rompieron cuando vio por primera vez a dos chicos cogidos de la mano en Móstoles, de donde es originario. «Pensé: ya no hace falta ir a Chueca para hacer esto. Los mapas se han ampliado, se han diluido», recuerda, «y eso no puede ser sino positivo».

Elpidio tiene una visión menos romántica, menos idealizada, de lo que ha supuesto Chueca para el colectivo. Quizá porque tampoco analiza lo que pasa en el barrio como algo aislado. «La idea más importante que desarrollo en mi libro es la de la geografía de la diversidad sexual y de género», dice. «Todos los espacios están vinculados entre sí. Cuando Chueca cambia, ese cambio afecta a Lavapiés o a Vallecas».

Por eso, más que de difuminación de los barrios LGTB, Elpidio prefiere hablar de su extensión. La cuestión no es si es tanto la desaparición del urbanismo queer, sino su asimilación en la urbe. Y entender si este fenómeno podrá fomentar la construcción de ciudades más inclusivas.

Cuando el museo de diseño de Londres propuso a Andrés Jaque hacer una exposición sobre un diseño que estuviera transformando las ciudades, el arquitecto lo tuvo claro: Grindr, la aplicación de contactos sexuales entre hombres, era quizá la revolución urbana más importante de los últimos años, pensó. «Todos los conflictos a los que están expuestas las ciudades en estos momentos pasan por esta app», confirma el arquitecto. «La importancia de calles y plazas palidece en comparación con la de Grindr».

De todas las formas en las que esta app está cambiando las ciudades occidentales hay una más que evidente: la progresiva desaparición de los barrios LGTB. Desde Castro en San Francisco hasta el Soho de Londres, pasando por Greenwich Village en Nueva York, Le Marais en París o Chueca en Madrid. Las barreras urbanas entre estos barrios y el resto de la ciudad se están difuminando, su singularidad se está diluyendo.

En un artículo, el periódico The Guardian alertaba de que en los últimos años han cerrado un tercio de los locales gais del Soho. Otro reportaje de la revista Vox analizaba la idéntica situación de Chicago y añadía un dato más: según el número de matrimonios homosexuales y heterosexuales censados en ciertas zonas (algo no del todo preciso por no tener en cuenta a los solteros, pero aun así orientativo), se puede concluir que la concentración de gais y lesbianas en barrios tradicionalmente considerados homosexuales es un fenómeno en clara remisión. La tendencia parece clara.

Office for Political Innovation es el estudio de análisis de Andrés Jaque. Con base entre Madrid y Nueva York, esta oficina analiza la arquitectura y el urbanismo desde un prisma político y ha dedicado tiempo a estudiar el caso concreto de Grindr. Jaque asegura que su uso «está directamente relacionado con la desaparición de los locales de ocio nocturno de la comunidad gay». Este fenómeno, asegura, potencia que los barrios gais se integren dentro de la normatividad y pierdan lo queer y transgresor por el camino. «Lugares que antes conectaban a la gente mediante el baile han pasado a ser un símbolo de estatus», afirma. En Chueca, por decirlo de alguna forma, cada vez hay más señoras bien tomando el brunch y menos bares de osos organizando orgías. Pero Grindr no es el único factor a tener en cuenta en esta ecuación.

En Chueca cada vez hay más señoras bien tomando el brunch y menos bares de osos organizando orgías

En 2017 se produjeron 287 agresiones en Madrid por LGTBfobia. Son 47 episodios más de los registrados en 2016 y continúan con una tendencia alcista detectada en los últimos años. Lejos de hacer un análisis alarmista, Paco Ramírez, de Stop LGTBfobia, saca conclusiones esperanzadoras: «Hay más agresiones por la mayor visibilidad que están teniendo las personas LGBTI+ y porque están saliendo del barrio de Chueca al que se habían relegado», afirma. «La mayor parte de agresiones denunciadas han tenido lugar en zonas aledañas a Chueca. Las parejas ya no se dejan de dar la mano tras salir del barrio, como hacían antes, y las expresiones de género tampoco se disimulan fuera».

En 2017 se produjeron 287 agresiones en Madrid por LGTBfobia. Son 47 episodios más de los registrados en 2016 y continúan con una tendencia alcista detectada en los últimos años. Lejos de hacer un análisis alarmista, Paco Ramírez, de Stop LGTBfobia, saca conclusiones esperanzadoras: «Hay más agresiones por la mayor visibilidad que están teniendo las personas LGBTI+ y porque están saliendo del barrio de Chueca al que se habían relegado», afirma. «La mayor parte de agresiones denunciadas han tenido lugar en zonas aledañas a Chueca. Las parejas ya no se dejan de dar la mano tras salir del barrio, como hacían antes, y las expresiones de género tampoco se disimulan fuera».

Los barrios gais surgieron a mediados de los años 70 como espacio seguro donde las personas LGTB podían ser ellas mismas y socializar. Si en las grandes ciudades esa seguridad está cada vez más extendida y la socialización está al alcance de los dedos en cualquier lugar con 3G, parece lógico concluir que estos barrios están condenados a su desaparición, pero ¿sería esto una gran pérdida?

Muchos ven los barrios LGTB como guetos que cada vez tienen menos sentido, un anacronismo urbano con poco futuro. Estas tesis entienden que la difuminación del barrio gay supondría la creación de una ciudad más inclusiva. Otros perciben en estas zonas espacios seguros que aún hoy son necesarios, focos de cultura (y de contracultura) y reivindicación política que benefician a toda la sociedad.

En un artículo en The New Republic, el periodista Andrew Sullivan asegura que la desaparición de los barrios gais conllevará la desaparición de la cultura queer. No es el único. El colectivo SaveSoho, creado por el actor Stephen Fry en 2014 para luchar contra la gentrificación del barrio, va más allá y en una carta abierta al alcalde de Londres asegura que la propia personalidad de la capital inglesa está amenazada. Según el escrito, «el 20% de los trabajos creativos de Londres se encuentran en este barrio». La gentrificación y especulación inmobiliaria, argumenta, están matando la personalidad del Soho y amenazando el potencial creativo de toda la ciudad.

Grindr es la revolución urbana más importante de los últimos años. Todos los conflictos a los que están expuestas las ciudades pasan por esta app

A lo largo del globo otros analistas han dado la voz de alarma: en su libro There Goes The Gayborhood?, el sociólogo Amin Ghaziani alerta de que la dispersión del colectivo LGTB podría tener como consecuencia la pérdida de influencia política, algo no del todo extrapolable a la realidad española por tener un sistema político diferente, con listas cerradas y, por tanto, menos protagonismo del candidato de un determinado distrito. En su ensayo, Ghaziani habla de que solo ciertos locales míticos o históricos, puede tener un «efecto ancla» y retrasar la desaparición de los barrios LGTB.

El lugar que mejor representa en España la descripción de Ghaziani probablemente sea Berkana. En torno a esta librería de temática feminista y LGTB, fundada en 1983, empezaron a florecer los primeros bares de ambiente de la capital. «En aquella época nos daban las gracias por alquilar los locales», recuerda Mar de Griñó, una de sus dueñas. Defiende que el barrio era necesario entonces, «cuando no existían Grindr, ni Tinder, ni todas estas cosas».

Mucha gente visitaba Madrid para poder pasar el fin de semana allí y ser ella misma. «Era lo que llamábamos el síndrome de la Cenicienta», comenta divertida. Entiende que Chueca no cumple la misma función en la actualidad, pero le da pena, se diría casi que rabia, que las cosas marchen así. «Es negativo que desaparezca un barrio que fue el motor de un cambio social, que iba unido a una lucha LGTB, que desaparezca la identidad del movimiento».

No es que vaya a morir, es que cierta parte de Chueca ya ha muerto. Y no me parece algo necesariamente negativo

De Griñó culpa de este cambio a la especulación. «Estaba claro que este se iba a convertir en un barrio turístico y a mí eso no me importaba; al final lo que queríamos era visibilidad», opina. «Lo que no apruebo es lo que ha venido detrás por parte de los poderes económicos». Además, piensa que la identidad del barrio se va a diluir, pero ella resiste, como hacen muchos, y lucha porque no sea así. «Igual es porque tengo una edad y soy una nostálgica», confiesa. «Mira, te voy a dar un número de teléfono. Llama a este chico, es muy joven, pero sabe mucho del tema y te puede dar un punto de vista diferente».

Ignacio Elpidio nació en 1991 y sí, sabe mucho del tema. Tanto como para escribir un libro. Este antropólogo madrileño está a punto de publicar un ensayo de título premonitorio: Cuando muera Chueca (Editorial Egae). A juzgar por sus palabras, parece que Elpidio no va a llorar en el funeral. «No es que vaya a morir, es que cierta parte de Chueca ya ha muerto», aventura el sociólogo. Pone como ejemplo la tesis del antropólogo Fernando Villamil, publicada en 2002, y que ya analizaba entonces la muerte de los barrios gais. «Esto se lleva anunciando desde la irrupción de los chats, es anterior a Grindr», explica Elpidio.

Pero en su opinión, no son tanto las aplicaciones como la codicia lo que está matando al barrio. Alerta de que factores como la gentrificación y turistificación han cambiado el perfil de Chueca y predica que si el barrio es cada vez más excluyente, la gente dejará de ir.

«Y no me parece algo necesariamente negativo», añade, «ha habido muchos activistas, como Shangay Lily o Jordi Petit, que han definido la existencia del barrio como un mal necesario», explica. Y parece que su existencia es hoy menos necesaria que nunca.

Toda persona no heterosexual tiene un mapa mental muy claro de dónde puede ir de la mano con su pareja y donde no, pero esos mapas se están ampliando

A ese respecto, Elpidio explica que «toda persona no heterosexual tiene un mapa mental muy claro de dónde puede ir de la mano con su pareja y donde no». Él lo tenía. Pero sus esquemas y mapas se rompieron cuando vio por primera vez a dos chicos cogidos de la mano en Móstoles, de donde es originario. «Pensé: ya no hace falta ir a Chueca para hacer esto. Los mapas se han ampliado, se han diluido», recuerda, «y eso no puede ser sino positivo».

Elpidio tiene una visión menos romántica, menos idealizada, de lo que ha supuesto Chueca para el colectivo. Quizá porque tampoco analiza lo que pasa en el barrio como algo aislado. «La idea más importante que desarrollo en mi libro es la de la geografía de la diversidad sexual y de género», dice. «Todos los espacios están vinculados entre sí. Cuando Chueca cambia, ese cambio afecta a Lavapiés o a Vallecas».

Por eso, más que de difuminación de los barrios LGTB, Elpidio prefiere hablar de su extensión. La cuestión no es si es tanto la desaparición del urbanismo queer, sino su asimilación en la urbe. Y entender si este fenómeno podrá fomentar la construcción de ciudades más inclusivas.

Compártelo twitter facebook whatsapp
El fanzine que se fue de las manos
Un libro que tiene viento en lugar de palabras
Todo esto también es punk
El diccionario de las señas
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 2
  • Tengo 25 años y soy no binario y que para mi chueca a sido especialmente porque de los años que tengo he pasado 14 entre sus calles , plazas,garitos ,discotecas, tiendas.. los 7 primeros llendo todos los días el resto de vez en cuando y pienso que chueca no va desaparecer como barrio lgtbiq por lo sigiente

    Porque si Cuantas veces hemos dicho “Chueca no es lo que era” en los últimos años.si Pero y ¿qué me dices de ese cosquilleo que te entra cuando la casualidad, o no, te lleva a la plaza que tanto vio y calló? te acuerdas lo q se tarda en atravesar la plaza del rey para estar con los que habías quedado ? Porque llegabas y no dejabas de saludar al resto de la Gente,los bollodramas, los reencuentros,y como defendiamos nuestro barrio .
    Esas tardes, noches, madrugadas o días enteros con tus litros de cerveza, cubatas o zumito porque te estabas medicando y no podías beber (que nadie se lo creía, porque acababas bebiendo) mientras unes jugaban al futbol o aal voley o añas cartas .las noches En el truco ,el escape,en el fulanita,en el levay move,El Medea, el ghetto,
    Por esto y más, por revivir esos momentos en la plaza junto a nuestras amiges y los que estaban de paso, nos merecemos un reencuentro eterno con el barrio de chueca

    y por eso y mucho mas pienso y piensan Muhammad gente q chueca como barrio lgtbiq no desaparecera

  • Chueca ya se estaba matando solo desde hace años, pero no pasa nada, Grindr al paso que va, que hay mas scorst, chaperos y masajistas por centimetro cuadrado, tambien durará poco sino lo controlan.
    Van por el mismo camino que webs tales como tuamo.com (donde los esclavos y amos no existen, o bearwww, controlado por un par de hermanos valencianos que asustan a cualquiera con sus tacticas para decidir quien entra o no en su pagina.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *