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14 de octubre 2011    /   DIGITAL
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Gritar sin abrir la boca

14 de octubre 2011    /   DIGITAL     por          
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No es que vaya a dejar de ser su amigo. Simplemente, los he eliminado de mis contactos por ser demasiado pesados e inundar mi muro con chorradas continuas. Se han convertido en llamadas a las cinco de la madrugada, molestas, inoportunas, cargantes.

He asistido a divorcios retransmitidos cual batallas de una guerra en el muro de Facebook de los excónyuges que han durado semanas, aunque parecieron meses.
Divorcios socializados, que no enredados, para luego reconciliarse volviendo a invadir muros ajenos a los que les debió importar tan poco como a mí.
Las redes sociales son banales. De cada cien mensajes solo uno aporta algo interesante, y en la mayoría de estos casos debes abandonar la red en la que estabas para acceder a una dirección externa.
Estas intromisiones murales son como chillidos irritantes y tu muro es como tu oreja, y a nadie nos gusta que nos griten. Pero entre humanos los gritos pueden resultar soportables aunque solo sea como una reminiscencia de nuestro origen simio.
Pero que te grite una marca… ¡vamos hombre¡ Pues sí, también gritan y usan nuestros muros para publicar mensajes vacíos que no aportan nada.
No hay emisor claro y definido en las redes, no hay ninguna dirección del mensaje establecida, no existe un público objetivo perfectamente segmentado, ni sin segmentar.
Las redes son un caos y las empresas no se mueven con comodidad en medio del caos. La comunicación que busque adaptar sus modelos tradicionales a este nuevo medio, que resta protagonismo a los antiguos, fracasará.
No es fácil comunicar en una maraña de mensajes en el que el corporativo es menos atractivo que el personal. No es fácil someterse a críticas, opciones, comentarios y preferencias. Es como implantar orejas a una cabeza que nunca las ha tenido y que solo hablaba para repetir, decenas, centenares, miles de veces, los mensajes comerciales. En el mejor de los casos graciosos, eso sí, las primeras cinco veces.
Lo que más me asombra de este fenómeno es cómo han engullido las redes al individuo, que ha perdido cualquier protagonismo. La falta de experiencia como usuarios ha hecho que nuestra red de contactos sea más importante que nosotros mismos, ha ganado en protagonismo y nos tiene confundidos pensando si tenía que haber rechazado a mi jefe o aceptado a mi ex, si este mensaje no lo debería leer fulanito, pero te has olvidado de si fulanito es o no tu contacto.
Llegará la red en la que el individuo mande en su red, la controle fácilmente, saque partido de ella y la ponga a trabajar en su beneficio.

Sixto Arías es director general de Mobext
Foto: Dukebody reproducida bajo lic CC


No es que vaya a dejar de ser su amigo. Simplemente, los he eliminado de mis contactos por ser demasiado pesados e inundar mi muro con chorradas continuas. Se han convertido en llamadas a las cinco de la madrugada, molestas, inoportunas, cargantes.

He asistido a divorcios retransmitidos cual batallas de una guerra en el muro de Facebook de los excónyuges que han durado semanas, aunque parecieron meses.
Divorcios socializados, que no enredados, para luego reconciliarse volviendo a invadir muros ajenos a los que les debió importar tan poco como a mí.
Las redes sociales son banales. De cada cien mensajes solo uno aporta algo interesante, y en la mayoría de estos casos debes abandonar la red en la que estabas para acceder a una dirección externa.
Estas intromisiones murales son como chillidos irritantes y tu muro es como tu oreja, y a nadie nos gusta que nos griten. Pero entre humanos los gritos pueden resultar soportables aunque solo sea como una reminiscencia de nuestro origen simio.
Pero que te grite una marca… ¡vamos hombre¡ Pues sí, también gritan y usan nuestros muros para publicar mensajes vacíos que no aportan nada.
No hay emisor claro y definido en las redes, no hay ninguna dirección del mensaje establecida, no existe un público objetivo perfectamente segmentado, ni sin segmentar.
Las redes son un caos y las empresas no se mueven con comodidad en medio del caos. La comunicación que busque adaptar sus modelos tradicionales a este nuevo medio, que resta protagonismo a los antiguos, fracasará.
No es fácil comunicar en una maraña de mensajes en el que el corporativo es menos atractivo que el personal. No es fácil someterse a críticas, opciones, comentarios y preferencias. Es como implantar orejas a una cabeza que nunca las ha tenido y que solo hablaba para repetir, decenas, centenares, miles de veces, los mensajes comerciales. En el mejor de los casos graciosos, eso sí, las primeras cinco veces.
Lo que más me asombra de este fenómeno es cómo han engullido las redes al individuo, que ha perdido cualquier protagonismo. La falta de experiencia como usuarios ha hecho que nuestra red de contactos sea más importante que nosotros mismos, ha ganado en protagonismo y nos tiene confundidos pensando si tenía que haber rechazado a mi jefe o aceptado a mi ex, si este mensaje no lo debería leer fulanito, pero te has olvidado de si fulanito es o no tu contacto.
Llegará la red en la que el individuo mande en su red, la controle fácilmente, saque partido de ella y la ponga a trabajar en su beneficio.

Sixto Arías es director general de Mobext
Foto: Dukebody reproducida bajo lic CC

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