22 de junio 2015    /   BUSINESS
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LIMBO: la brigada ciudadana de guardianes de semillas

22 de junio 2015    /   BUSINESS     por          
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Adriana David es una arquitecta mexicana apasionada por los proyectos de sustentabilidad. La idea que tiene en mente esta vez surgió después de echar un vistazo a algunas estadísticas sobre producción de comida. Le sirvieron para corroborar que existe una «inminente crisis alimentaria» de la que parece nadie nos está previniendo. Suficiente para terminar de reafirmarse en «lo crítico que es hoy en día proteger las semillas».
No es solo que su madre, cabeza de la fundación Canasta de Semillas, le haya contagiado la pasión por los granos. «Es que además de concienciar a la población sobre esta crisis alimentaria es necesario reconectarla con la idea de proteger nuestra propia comida y dar apoyo inmediato a comunidades en crisis», explica. Para eso trata de financiar colectivamente un proyecto llamado Limbo.
«Es una red comunitaria de conservadores de semillas», define. «Funciona con tres elementos principales: jardines de semillas, guardianes y consumidores. Los guardianes se acercan al jardín de semillas de su barrio, seleccionan la variedad que desean resguardar y dejan registro de ello en uno de los módulos de la instalación». Se refiere al primer prototipo de jardín público que quiere poner en marcha en Ciudad de México con la intención de que más adelante se multipliquen por toda la urbe.
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Según su plan (desarrollado gracias a una beca pública –FONCA– que obtuvo), estos jardines comunitarios se irán conformando según vaya creciendo el número de guardianes en cada barrio, que dispondrán y se responsabilizarán de cada uno de los pequeños almacenes hexagonales que conforman el jardín al completo. «De este modo se vuelven parte del sistema, atesorando una especie que tendrán la libertad de reproducir para consumo personal o como donación a una comunidad necesitada. Cuanto más guardianes, más espacio verde aparece en los jardines. Y en caso de alguna crisis, se hacen responsables de devolver un poco de esa semilla».
El diseño arquitectónico de los jardines permite que se contraigan simplemente apilando sus módulos. «Es así como son enviados a las comunidades necesitadas, los consumidores», pone punto final a la cadena que quiere que se forme con la finalidad de «prevenir una posible escasez de alimentos».
Adriana se inventó este sistema tras investigar a fondo sobre el asunto. Por eso piensa que es un error olvidar que «las civilizaciones como las conocemos hoy en día existen gracias a la domesticación de especies vegetales y al desarrollo de las técnicas de almacenamiento de semilla. Solo por eso dejamos de ser cazadores recolectores y nos convertimos en seres sedentarios».
Habla de cómo desde que se empezó a practicar esta salvaguarda en Oriente Próximo, las familias y pueblos de todo el planeta se han preocupado por conservar la semilla para la siguiente temporada de cultivo, «y de esta forma nunca quedar desprovistos de comida». Por eso alerta de que haber perdido «nuestro instinto natural de autosuficiencia alimentaria» es un riesgo que no deberíamos ignorar.
«¿Cómo es posible que no seamos capaces de controlar nuestra propia fuente de alimento?», se cuestiona. «Vivimos en una sociedad en la que los conocimientos básicos de supervivencias son inexistentes».
Con los ojos puestos en el caso mexicano, advierte que existen riesgos reales para que se declare una crisis alimenticia como es el crecimiento poblacional y las constantes crisis climáticas y políticas. «Y México importa el 95% de sus semillas de empresas transnacionales, eso quiere decir que no solo corremos el riesgo de nuestras crisis internas, sino también de todos los países que nos abastecen de comida día a día».
«Hemos permitido que los grandes imperios de comida controlen nuestra alimentación a tal punto que hemos perdido esa conexión con la vida en la tierra», opina. Su red de protectores de semilla, formada por Guardianes y Consumidores con una instalación pública (el jardín de semillas) de por medio, es la apuesta para asegurar «alimento para el futuro».

 
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Adriana David es una arquitecta mexicana apasionada por los proyectos de sustentabilidad. La idea que tiene en mente esta vez surgió después de echar un vistazo a algunas estadísticas sobre producción de comida. Le sirvieron para corroborar que existe una «inminente crisis alimentaria» de la que parece nadie nos está previniendo. Suficiente para terminar de reafirmarse en «lo crítico que es hoy en día proteger las semillas».
No es solo que su madre, cabeza de la fundación Canasta de Semillas, le haya contagiado la pasión por los granos. «Es que además de concienciar a la población sobre esta crisis alimentaria es necesario reconectarla con la idea de proteger nuestra propia comida y dar apoyo inmediato a comunidades en crisis», explica. Para eso trata de financiar colectivamente un proyecto llamado Limbo.
«Es una red comunitaria de conservadores de semillas», define. «Funciona con tres elementos principales: jardines de semillas, guardianes y consumidores. Los guardianes se acercan al jardín de semillas de su barrio, seleccionan la variedad que desean resguardar y dejan registro de ello en uno de los módulos de la instalación». Se refiere al primer prototipo de jardín público que quiere poner en marcha en Ciudad de México con la intención de que más adelante se multipliquen por toda la urbe.
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Según su plan (desarrollado gracias a una beca pública –FONCA– que obtuvo), estos jardines comunitarios se irán conformando según vaya creciendo el número de guardianes en cada barrio, que dispondrán y se responsabilizarán de cada uno de los pequeños almacenes hexagonales que conforman el jardín al completo. «De este modo se vuelven parte del sistema, atesorando una especie que tendrán la libertad de reproducir para consumo personal o como donación a una comunidad necesitada. Cuanto más guardianes, más espacio verde aparece en los jardines. Y en caso de alguna crisis, se hacen responsables de devolver un poco de esa semilla».
El diseño arquitectónico de los jardines permite que se contraigan simplemente apilando sus módulos. «Es así como son enviados a las comunidades necesitadas, los consumidores», pone punto final a la cadena que quiere que se forme con la finalidad de «prevenir una posible escasez de alimentos».
Adriana se inventó este sistema tras investigar a fondo sobre el asunto. Por eso piensa que es un error olvidar que «las civilizaciones como las conocemos hoy en día existen gracias a la domesticación de especies vegetales y al desarrollo de las técnicas de almacenamiento de semilla. Solo por eso dejamos de ser cazadores recolectores y nos convertimos en seres sedentarios».
Habla de cómo desde que se empezó a practicar esta salvaguarda en Oriente Próximo, las familias y pueblos de todo el planeta se han preocupado por conservar la semilla para la siguiente temporada de cultivo, «y de esta forma nunca quedar desprovistos de comida». Por eso alerta de que haber perdido «nuestro instinto natural de autosuficiencia alimentaria» es un riesgo que no deberíamos ignorar.
«¿Cómo es posible que no seamos capaces de controlar nuestra propia fuente de alimento?», se cuestiona. «Vivimos en una sociedad en la que los conocimientos básicos de supervivencias son inexistentes».
Con los ojos puestos en el caso mexicano, advierte que existen riesgos reales para que se declare una crisis alimenticia como es el crecimiento poblacional y las constantes crisis climáticas y políticas. «Y México importa el 95% de sus semillas de empresas transnacionales, eso quiere decir que no solo corremos el riesgo de nuestras crisis internas, sino también de todos los países que nos abastecen de comida día a día».
«Hemos permitido que los grandes imperios de comida controlen nuestra alimentación a tal punto que hemos perdido esa conexión con la vida en la tierra», opina. Su red de protectores de semilla, formada por Guardianes y Consumidores con una instalación pública (el jardín de semillas) de por medio, es la apuesta para asegurar «alimento para el futuro».

 
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