24 de julio 2020    /   BUSINESS
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Una nueva forma de pensar

Gucci reflexiona sobre maneras alternativas de ser, consumir y cuidar nuestro entorno

24 de julio 2020    /   BUSINESS     por          
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Las redes sociales y la vertiginosa comunicación están debilitando el pensamiento creativo y fomentando la uniformización. Con el mundo del arte como telón de fondo, Gucci quiere hacernos reflexionar sobre la necesidad de buscar nuevos espacios que permitan a las personas construir nuevas clases de pensamientos y relacionarse entre sí y con el planeta de una forma diferente. En un momento de gran incertidumbre para la humanidad, provocada por un virus microscópico que ha puesto todo patas arriba, Gucci quiere reflexionar sobre maneras alternativas de ser, de consumir y de cuidar nuestro entorno.

Y lo está haciendo de muy diversas maneras. No Space, just a place es una de ellas. Se trata de un proyecto multidimensional inspirado en las reflexiones de Alessandro Michele, director creativo de la firma de moda italiana, sobre la sociedad. «El valor ético y estético de las relaciones entre los estilos y el género, el concepto de paisajes de aprendizaje, la apremiante necesidad de autoexpresión y un manifiesto antropológico sempiterno son temáticas clave para Michele y se reflejan tanto en la misión como en las aspiraciones de estos espacios alternativos”, señala Myriam Ben Salah, comisaría de la exposición. 

Vuelve a recurrir Michele al concepto de eterotopía, desarrollado por el filósofo francés Michel Foucault para describir la ubicación física de una utopía. Así, la exposición presenta una nueva definición del espacio alternativo como un lugar donde se está construyendo un futuro utópico, un futuro en el que las personas interactúan entre sí y con su entorno de una manera diferente y más deseable, un futuro para pensar acerca de estar juntos y ser diferentes.

gucci

De hecho, en las etiquetas de algunas prendas de su última colección se puede leer «Gucci Eterotopia», que hace referencia a la moda como un espacio de autoafirmación poética. Y lo explica en su página web: «Procedente de las palabras de la antigua Grecia héteros (otros, diferentes) y topos (lugar), el término heterotopía describe un mundo dentro de otros mundos, un lugar en la sociedad que de alguna manera es también otro lugar y que refleja y desafía lo que hay en el exterior».

Históricamente, los espacios artísticos independientes y alternativos han sido lugares clandestinos ubicados en escaparates, lofts, almacenes y demás emplazamientos olvidados por la cultura mainstream. Contrastan con la neutralidad de la «caja blanca» que caracteriza a las galerías de arte comerciales mediante la promoción de obras que a menudo destacan por su compromiso político y su carácter experimental, y en las que prima el debate artístico sobre la viabilidad económica. 

No es casualidad que esta exposición se desarrolle en Seúl. Desde finales de los años 90, esta ciudad ha vivido el auge espontáneo de este tipo de proyectos que cuestionan el ecosistema artístico desde un punto de vista crítico. No Space, Just a Place, que ocupa las tres plantas del Museo Daelim, pretende dar visibilidad a estos lugares radicales y reflexionar sobre nuevas narrativas de cara al futuro.

Y a punto de inaugurar llega el coronavirus y hace que todo tenga más sentido. «La incertidumbre que ha provocado la pandemia hace que nos planteemos hasta nuestra forma de ser y nuestra forma de vivir», asegura Ben Salah, para quien «el arte siempre está un paso por delante en términos de progreso social o pensamiento político, y tiene la capacidad de adoptar ideas que se perciben como marginales y llevarlas a la conciencia pública».

El coronavirus también ha puesto sobre la mesa la necesidad de Gucci de regenerar una industria de la moda cada vez más alejada de las sensibilidades y necesidades contemporáneas. Muy activo en redes socialesdurante el confinamiento, Alessandro Michele ha reflexionado en su cuenta de Instagram sobre cómo debería ser este negocio en la era poscovid. Y la primera conclusión a la que llegó, y que anunció en rueda de prensa virtual, fue la reducción del número de colecciones de ocho a dos al año.

«Nuestras imprudentes acciones han quemado la casa en la que vivimos. Pensamos en nosotros mismos como seres separados de la naturaleza, nos creímos astutos y todopoderosos. Tamaña arrogancia nos hizo perder el vínculo con las mariposas, las flores, los árboles y las raíces», escribió Michele en su cuenta de Instagram. 

gucci

Punto y final al viejo ritual de las dos temporadas primavera-verano y otoño-invierno. «Los considero términos pobres y obsoletos. Etiquetas de un discurso impersonal que perdió su significado. Recipientes que se fueron desvinculando poco a poco de la vida que los generó y acabaron perdiendo el contacto con la realidad», explica en esa misma red social.

La decisión de alargar la vida de la ropa y de que esta permanezca más tiempo en las tiendas no hace más que confirmar un camino que Gucci ya había emprendido con anterioridad. En 2018 la firma alcanzó la neutralidad de carbono en la totalidad de su cadena de suministro. Un año después eliminó todas las pieles de sus colecciones. Este mismo año se unió a The Lion’s Share, una iniciativa que destina fondos destinados a proteger especies en peligro de extinción y sus hábitats naturales. Y su última campaña publicitaria sitúa a la naturaleza en el centro del negocio. Iniciativas que demuestran el compromiso de la firma con la sostenibilidad.

Gucci sabe lo que significa tomar la iniciativa en la industria de la moda. Lo comprobó cuando decidió terminar con las rebajas o cuando apostó por un canon de belleza diverso e inclusivo. Ahora espera que otras marcas le sigan en este cambio de estrategia centrado en ralentizar los ritmos de producción y contribuyan a salvar el planeta.

Las redes sociales y la vertiginosa comunicación están debilitando el pensamiento creativo y fomentando la uniformización. Con el mundo del arte como telón de fondo, Gucci quiere hacernos reflexionar sobre la necesidad de buscar nuevos espacios que permitan a las personas construir nuevas clases de pensamientos y relacionarse entre sí y con el planeta de una forma diferente. En un momento de gran incertidumbre para la humanidad, provocada por un virus microscópico que ha puesto todo patas arriba, Gucci quiere reflexionar sobre maneras alternativas de ser, de consumir y de cuidar nuestro entorno.

Y lo está haciendo de muy diversas maneras. No Space, just a place es una de ellas. Se trata de un proyecto multidimensional inspirado en las reflexiones de Alessandro Michele, director creativo de la firma de moda italiana, sobre la sociedad. «El valor ético y estético de las relaciones entre los estilos y el género, el concepto de paisajes de aprendizaje, la apremiante necesidad de autoexpresión y un manifiesto antropológico sempiterno son temáticas clave para Michele y se reflejan tanto en la misión como en las aspiraciones de estos espacios alternativos”, señala Myriam Ben Salah, comisaría de la exposición. 

Vuelve a recurrir Michele al concepto de eterotopía, desarrollado por el filósofo francés Michel Foucault para describir la ubicación física de una utopía. Así, la exposición presenta una nueva definición del espacio alternativo como un lugar donde se está construyendo un futuro utópico, un futuro en el que las personas interactúan entre sí y con su entorno de una manera diferente y más deseable, un futuro para pensar acerca de estar juntos y ser diferentes.

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De hecho, en las etiquetas de algunas prendas de su última colección se puede leer «Gucci Eterotopia», que hace referencia a la moda como un espacio de autoafirmación poética. Y lo explica en su página web: «Procedente de las palabras de la antigua Grecia héteros (otros, diferentes) y topos (lugar), el término heterotopía describe un mundo dentro de otros mundos, un lugar en la sociedad que de alguna manera es también otro lugar y que refleja y desafía lo que hay en el exterior».

Históricamente, los espacios artísticos independientes y alternativos han sido lugares clandestinos ubicados en escaparates, lofts, almacenes y demás emplazamientos olvidados por la cultura mainstream. Contrastan con la neutralidad de la «caja blanca» que caracteriza a las galerías de arte comerciales mediante la promoción de obras que a menudo destacan por su compromiso político y su carácter experimental, y en las que prima el debate artístico sobre la viabilidad económica. 

No es casualidad que esta exposición se desarrolle en Seúl. Desde finales de los años 90, esta ciudad ha vivido el auge espontáneo de este tipo de proyectos que cuestionan el ecosistema artístico desde un punto de vista crítico. No Space, Just a Place, que ocupa las tres plantas del Museo Daelim, pretende dar visibilidad a estos lugares radicales y reflexionar sobre nuevas narrativas de cara al futuro.

Y a punto de inaugurar llega el coronavirus y hace que todo tenga más sentido. «La incertidumbre que ha provocado la pandemia hace que nos planteemos hasta nuestra forma de ser y nuestra forma de vivir», asegura Ben Salah, para quien «el arte siempre está un paso por delante en términos de progreso social o pensamiento político, y tiene la capacidad de adoptar ideas que se perciben como marginales y llevarlas a la conciencia pública».

El coronavirus también ha puesto sobre la mesa la necesidad de Gucci de regenerar una industria de la moda cada vez más alejada de las sensibilidades y necesidades contemporáneas. Muy activo en redes socialesdurante el confinamiento, Alessandro Michele ha reflexionado en su cuenta de Instagram sobre cómo debería ser este negocio en la era poscovid. Y la primera conclusión a la que llegó, y que anunció en rueda de prensa virtual, fue la reducción del número de colecciones de ocho a dos al año.

«Nuestras imprudentes acciones han quemado la casa en la que vivimos. Pensamos en nosotros mismos como seres separados de la naturaleza, nos creímos astutos y todopoderosos. Tamaña arrogancia nos hizo perder el vínculo con las mariposas, las flores, los árboles y las raíces», escribió Michele en su cuenta de Instagram. 

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Punto y final al viejo ritual de las dos temporadas primavera-verano y otoño-invierno. «Los considero términos pobres y obsoletos. Etiquetas de un discurso impersonal que perdió su significado. Recipientes que se fueron desvinculando poco a poco de la vida que los generó y acabaron perdiendo el contacto con la realidad», explica en esa misma red social.

La decisión de alargar la vida de la ropa y de que esta permanezca más tiempo en las tiendas no hace más que confirmar un camino que Gucci ya había emprendido con anterioridad. En 2018 la firma alcanzó la neutralidad de carbono en la totalidad de su cadena de suministro. Un año después eliminó todas las pieles de sus colecciones. Este mismo año se unió a The Lion’s Share, una iniciativa que destina fondos destinados a proteger especies en peligro de extinción y sus hábitats naturales. Y su última campaña publicitaria sitúa a la naturaleza en el centro del negocio. Iniciativas que demuestran el compromiso de la firma con la sostenibilidad.

Gucci sabe lo que significa tomar la iniciativa en la industria de la moda. Lo comprobó cuando decidió terminar con las rebajas o cuando apostó por un canon de belleza diverso e inclusivo. Ahora espera que otras marcas le sigan en este cambio de estrategia centrado en ralentizar los ritmos de producción y contribuyan a salvar el planeta.

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