2 de junio 2016    /   CINE/TV
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‘Guerra y paz’ y por qué nueve palabras valen por cientos de imágenes

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¿Una imagen vale más que mil palabras? ¿Es una frase hecha? Más bien lo segundo. La realidad se opone a la frase en actos mundanos.

El médico explica la radiografía. Las instrucciones explican los botones o iconos de un aparato. Compramos productos visualmente atractivos tras escuchar a conocidos o leer opiniones en los foros. El locutor expone la evolución de una carrera porque la televisión no muestra el circuito a golpe de vista. Si una imagen valiera más que mil palabras, los políticos no hablarían. (Las palabras los ensalzan y las palabras los enfangan). Las palabras aclaran el significado de unos trazos en un papel:

Regreso al futuro. Póster minimalista.
Imagen de ShootTheGlass

En el arte, lo mismo. Hay artes que, en principio, no necesitan la palabra, como la música o la pintura. Aunque leer sobre un pintor nos hace comprender mejor o admirar más su trabajo. En las artes donde las palabras pueden estirarse o encogerse (el cine, las series, la escritura) una palabra vale según si transmite o no lo que desea el autor.

Cómo NO convertir palabras en imágenes

Tolstoi escribió en Guerra y paz:

«Como suele suceder, Piotr no se dio cuenta de la dureza de las privaciones físicas sufridas ni de los sufrimientos de su cautiverio hasta que, gracias a los cosacos, se vio libre de él. Una vez en libertad […]»

El escueto «gracias a los cosacos, se vio libre» se convierte en la adaptación de Guerra y paz (2016) por BBC en nueve escenas. Un engorde que no añade mayor intensidad a las tribulaciones de Piotr Bezújov (interpretado por un magnífico Paul Dano).

Guerra y paz - palabras e imágenes

No significa que el trabajo de adaptación de Andrew Davis sea fallido. Trasladar las 1.300 páginas de Guerra y paz es complicado. (La mayoría de los espectadores ignora el esfuerzo de convertir palabras en imágenes. Para muchos, basta poner la cámara delante del texto). Guerra y paz es una producción que se disfruta y deja un buena sensación. Sin embargo, secuencias como el rescate de Piotr, se antojan largas. Aquí sirve para reflexionar sobre el valor de las palabras y de las imágenes.

A Tolstoi le interesan las vicisitudes de Piotr Bezújov y su transformación. Por esto pasa de puntillas por la liberación. Le basta:

 «gracias a los cosacos, se vio libre de él»

Davis busca redimir por segunda vez al miserable Dolokhov, cosa que consigue con el rescate de Piotr. También le sirve para mostrar la muerte de uno de los personajes secundarios. Por supuesto, las nueve escenas podrían eliminarse y no disminuiría la belleza de Guerra y paz. Al contrario, sería una adaptación pulida. Recordemos la secuencia del rescate:

1 – Piort camina agotado.
2 – Dolokhov y Denisov observan a los franceses y a los prisioneros.
3 – Petya Rostov entrega a Denisov una carta del mando supremo.
4 – Denisov pide a Dolokhov que cuide del chico. (Un cliché. Intuimos que el joven morirá).
5 – Dolokhov y Petya van a infiltrarse en el campamento francés.
6 – Dolokhov finge ser francés y sonsaca a un soldado.
7 – Petya comparte sus ambiciones con un superior.
8 – Los rusos se preparan para atacar a los franceses.
9 – Ataque de los franceses.
10 – Dolokhov remata franceses y busca prisioneros. Encuentra a Piort.

Podría haberse prescindido de lo que ocurre entre la escena 2 y la 9. (Hablando de escenas de guion, siempre con números). Podría haberse pasado de la escena 1 a la 10 o incluso fusionar la 1 y la 10. Dolokhov podría redimirse igualmente. En cualquier caso, es evidente el engorde de las palabras respecto a Tolstoi.

Cómo convertir palabras en imágenes

Imagen e BBC. Guerra y paz. Anatole y Yelena.
Guerra y paz. Anatole y Yelena. Imagen de BBC.

Por supuesto, hay otras escenas que no existen en el libro que Davis da por hecho partiendo de conjeturas o pensamientos de los personajes. Las adaptaciones son así. Por ejemplo, Tolstoi escribió los pensamientos de Piotr respecto a Yelena, su futura esposa:

«Me han dicho que su hermano Anatole estaba enamorado de ella; que ella lo estaba de él; que ha habido algo feo entre los dos; que hay que alejar a su hermano…»

Davis transforma las palabras de Tolstoi en una escena: Anatole se pega a su hermana en la cama y la manosea. Aquí Davis ACIERTA al transformar los pensamientos en acción. No demora un hecho, como el rescate de Piotr, si no que sustituye palabras por imágenes.

Ambas secuencias dejan una reflexión a los interesados en la mezcla de palabras e imágenes (no solo a los guionistas, realizadores o directores de cine). Las palabras no son más importantes que las imágenes, ni menos. Ante la necesidad de comunicarnos debemos preguntarnos: ¿es lo suficientemente clara la imagen que quiero usar para comunicar una idea, una emoción, un pensamiento? ¿Necesito más o menos palabras? ¿Quizá ninguna?

Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, nos da una pista:

«La perfección se consigue, no cuando no haya más que añadir, sino cuando no hay nada más por quitar».

Ahí está la clave. Con el «gracias a los cosacos», Tolstoi entendió que no necesitaba más palabras. Los lectores de Guerra y paz, atentos a Piotr, tampoco las reclaman. Por esto, es una frase tan simple como bella. En las 1.300 páginas de Guerra y Paz ni sobran ni faltan palabras.

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El médico explica la radiografía. Las instrucciones explican los botones o iconos de un aparato. Compramos productos visualmente atractivos tras escuchar a conocidos o leer opiniones en los foros. El locutor expone la evolución de una carrera porque la televisión no muestra el circuito a golpe de vista. Si una imagen valiera más que mil palabras, los políticos no hablarían. (Las palabras los ensalzan y las palabras los enfangan). Las palabras aclaran el significado de unos trazos en un papel:

Regreso al futuro. Póster minimalista.
Imagen de ShootTheGlass

En el arte, lo mismo. Hay artes que, en principio, no necesitan la palabra, como la música o la pintura. Aunque leer sobre un pintor nos hace comprender mejor o admirar más su trabajo. En las artes donde las palabras pueden estirarse o encogerse (el cine, las series, la escritura) una palabra vale según si transmite o no lo que desea el autor.

Cómo NO convertir palabras en imágenes

Tolstoi escribió en Guerra y paz:

«Como suele suceder, Piotr no se dio cuenta de la dureza de las privaciones físicas sufridas ni de los sufrimientos de su cautiverio hasta que, gracias a los cosacos, se vio libre de él. Una vez en libertad […]»

El escueto «gracias a los cosacos, se vio libre» se convierte en la adaptación de Guerra y paz (2016) por BBC en nueve escenas. Un engorde que no añade mayor intensidad a las tribulaciones de Piotr Bezújov (interpretado por un magnífico Paul Dano).

Guerra y paz - palabras e imágenes

No significa que el trabajo de adaptación de Andrew Davis sea fallido. Trasladar las 1.300 páginas de Guerra y paz es complicado. (La mayoría de los espectadores ignora el esfuerzo de convertir palabras en imágenes. Para muchos, basta poner la cámara delante del texto). Guerra y paz es una producción que se disfruta y deja un buena sensación. Sin embargo, secuencias como el rescate de Piotr, se antojan largas. Aquí sirve para reflexionar sobre el valor de las palabras y de las imágenes.

A Tolstoi le interesan las vicisitudes de Piotr Bezújov y su transformación. Por esto pasa de puntillas por la liberación. Le basta:

 «gracias a los cosacos, se vio libre de él»

Davis busca redimir por segunda vez al miserable Dolokhov, cosa que consigue con el rescate de Piotr. También le sirve para mostrar la muerte de uno de los personajes secundarios. Por supuesto, las nueve escenas podrían eliminarse y no disminuiría la belleza de Guerra y paz. Al contrario, sería una adaptación pulida. Recordemos la secuencia del rescate:

1 – Piort camina agotado.
2 – Dolokhov y Denisov observan a los franceses y a los prisioneros.
3 – Petya Rostov entrega a Denisov una carta del mando supremo.
4 – Denisov pide a Dolokhov que cuide del chico. (Un cliché. Intuimos que el joven morirá).
5 – Dolokhov y Petya van a infiltrarse en el campamento francés.
6 – Dolokhov finge ser francés y sonsaca a un soldado.
7 – Petya comparte sus ambiciones con un superior.
8 – Los rusos se preparan para atacar a los franceses.
9 – Ataque de los franceses.
10 – Dolokhov remata franceses y busca prisioneros. Encuentra a Piort.

Podría haberse prescindido de lo que ocurre entre la escena 2 y la 9. (Hablando de escenas de guion, siempre con números). Podría haberse pasado de la escena 1 a la 10 o incluso fusionar la 1 y la 10. Dolokhov podría redimirse igualmente. En cualquier caso, es evidente el engorde de las palabras respecto a Tolstoi.

Cómo convertir palabras en imágenes

Imagen e BBC. Guerra y paz. Anatole y Yelena.
Guerra y paz. Anatole y Yelena. Imagen de BBC.

Por supuesto, hay otras escenas que no existen en el libro que Davis da por hecho partiendo de conjeturas o pensamientos de los personajes. Las adaptaciones son así. Por ejemplo, Tolstoi escribió los pensamientos de Piotr respecto a Yelena, su futura esposa:

«Me han dicho que su hermano Anatole estaba enamorado de ella; que ella lo estaba de él; que ha habido algo feo entre los dos; que hay que alejar a su hermano…»

Davis transforma las palabras de Tolstoi en una escena: Anatole se pega a su hermana en la cama y la manosea. Aquí Davis ACIERTA al transformar los pensamientos en acción. No demora un hecho, como el rescate de Piotr, si no que sustituye palabras por imágenes.

Ambas secuencias dejan una reflexión a los interesados en la mezcla de palabras e imágenes (no solo a los guionistas, realizadores o directores de cine). Las palabras no son más importantes que las imágenes, ni menos. Ante la necesidad de comunicarnos debemos preguntarnos: ¿es lo suficientemente clara la imagen que quiero usar para comunicar una idea, una emoción, un pensamiento? ¿Necesito más o menos palabras? ¿Quizá ninguna?

Antoine de Saint-Exupéry, autor de El Principito, nos da una pista:

«La perfección se consigue, no cuando no haya más que añadir, sino cuando no hay nada más por quitar».

Ahí está la clave. Con el «gracias a los cosacos», Tolstoi entendió que no necesitaba más palabras. Los lectores de Guerra y paz, atentos a Piotr, tampoco las reclaman. Por esto, es una frase tan simple como bella. En las 1.300 páginas de Guerra y Paz ni sobran ni faltan palabras.

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