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29 de junio 2018    /   CINE/TV
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La ‘Guía Michelin’ de los bares que solo existen en las series y los tebeos

29 de junio 2018    /   CINE/TV     por          
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Existen decenas de guías que destacan los mejores bares y restaurantes del mundo, pero solo una que recopila más de 1.500 restaurantes y bares que únicamente existen en películas, series, tebeos y novelas. Se llama Enciclopedia de bares y restaurantes de ficción y ha sido publicado con intención de convertirse en un clásico a la altura de la Guía Michelín, la Guía Campsa y TripAdvisor.

El autor, Óscar Alarcia, también conocido como Frunobula, comenzó este proyecto ciclópeo un tanto hastiado de la imagen que se transmite en las series de ficción de los profesionales que trabajan en la hostelería y que acaba calando en la realidad.

«Siempre me he fijado mucho en cómo funcionan las cosas en los bares de la ficción y en cómo se comportan los camareros y los clientes. Dentro de ese aura de irrealidad y cartón piedra, en los bares de ficción suceden historias fascinantes. También suceden en los de verdad, claro, pero en mi caso concreto me he refugiado en los bares de ficción porque los de verdad cada vez me interesan menos», explica.

«Vivo en el barrio de Malasaña, que es un parque temático sobresaturado de bares. Esa felicidad que intentan transmitir me parece tan fría como los vasos llenos de silicona pegados a las bandejas que se usan en el teatro. Por otra parte, al pensar en la hostelería de ficción, me llama la atención esa curiosa discordancia entre la enorme experiencia que tienen muchos actores, que se han pasado la vida trabajando de camareros, y lo irreal que es todo en la pantalla. Figurantes bebiendo de tazas vacías, todo tan aséptico, las cañas tan “mal tirás”, esa iluminación irreal, todo eso me inquietaba bastante y traté de poner orden», comenta el autor, que compagina su profesión de camarero con la de escritor y editor de su propio sello, Libritos Jenkins.

El resultado es esta Enciclopedia de restaurantes y bares de ficción, compuesta por más de 1.500 referencias, entre las que se cuentan todo tipo de bares surgidos de la imaginación de escritores como Robert Louis Stevenson o Charles Dickens, tabernas galácticas, restaurantes de tebeo o pubs de serie de televisión.

Todos los géneros y universos de ficción están representados en ella pues, no en vano, uno de los miedos de Alarcia era «que alguien echara en falta su escena de bar favorita». Un trabajo titánico que puede leerse también como un ensayo relativo a la importancia que los bares tienen en toda historia de ficción, en las que raro es que no haya uno de estos locales.

«Desde el albor de los tiempos, en todas las pequeñas comunidades sociales había una “casa pública” que, con el tiempo, fue derivando en los bares que tenemos hoy en día. Un bar es un escenario en el que establecen relación personas desconocidas entre sí y que no comparten techo. En la realidad, igual que en el cine o la televisión, estos lugares facilitan la conversación y las situaciones inverosímiles. Cualquiera puede entrar y salir por la puerta en cualquier momento, esa es la base de estos sitios en la ficción».

Además de un escenario recurrente que facilita los encuentros entre personajes y ayuda a hacer fluir la historia, los bares de ficción son un elemento tan eficaz para describir a los personajes como su forma de vestir o su deje en el hablar.

«Mientras escribía el libro, comparaba cómo serían los bares de muchas películas y series con los de mi ciudad. Me imaginaba en qué barrio estarían o qué tipo de clientela tendrían. Al final me daba cuenta de que es fácil saber a qué tipo de público están dirigidas determinadas series cuando todo el rato van a cafeterías o discotecas pijas, a restaurantes sofisticados o bien a tugurios infectos», indica. «Por eso, cuando los guionistas lo hacen bien, los bares son una especie de descripción de lo que hay dentro de la cabeza de los protagonistas».

Sin embargo, cuando los guionistas no tienen demasiadas ganas de esforzarse, o cuando las necesidades de la producción así lo exigen, surgen los bares genéricos o intercambiables. Locales tipo ACME que, de tan impersonales que son, cualquiera podría entrar en ellos.

«Igual que aquí hablamos del “bar de tapas” o el “bar de viejos” para referirnos a un sitio anónimo pero con una idiosincrasia muy definida, en las series de Estados Unidos utilizan estos términos genéricos como Joe’s Bar. Esto ha sido muy explotado en la ficción para que se identifique con el local la mayor parte de audiencia posible. Por eso el bar de Los Simpsons se llama Moe’s, que es ese equivalente del Casa Manolo global y popular. Eso también explica por qué en la mayoría de las películas no se ve el nombre del local de la “escena de bar”: para que pienses que podría ser el bar de al lado de tu casa».

Una vez diseñada la personalidad del sitio al que deben ir los personajes de un universo de ficción para tomar una caña o un café, es necesario decorarlo. Llenarlo de elementos que los hagan creíbles, sean estos muebles, cuadros, botellas de licor o grifos de cerveza.

«Las marcas de cervezas y licores de ficción es otro asunto que me parecía fascinante, por eso también lo trato en el libro. Hay empresas que se dedican a aportar atrezo realista pero inventado para colocar de fondo en los estancos o quioscos de las películas, pero, además de eso, últimamente estoy viendo que la realidad cada vez copia más a la ficción. Aparte de apropiarse de esas marcas ficticias y convertirlas en reales, como la cerveza Duff de Los Simpsons, el envoltorio de los productos de los supermercados cada vez parece más propio de una fantasía. Es como si intentaran hacernos sentir personajes. Antes solo sucedía con las cajas de cereales y otros productos para niños, pero ahora esas cervezas artesanas, esos cócteles de nombres exóticos y esa decoración parecen intentar trasladarnos a un mundo de dibujos animados».

Dentro de lo malo, si finalmente lo de convertirse en personaje de dibujos animados resulta algo inevitable, al menos quedará la satisfacción de poder disfrutar de muchos de esos locales inventados. Por si eso sucede, Óscar Alarcia recomienda algunos de sus locales favoritos:

Los bares paródicos
Bares como La Ostra Azul de la saga de Loca academia de policía, The Blue Note de Agárralo como puedas o el saloon subacuático de Top Secret son de mis favoritos por lo que ese rincón del cine disparatado ochentero representa.

El Nogard Dna Egroeg
En un episodio de Enano rojo aparecía este bar en el que todo funcionaba al revés. Ibas a la barra, te daban el dinero, una jarra vacía y tú echabas la cerveza dentro, y luego vomitabas en el plato. Tras la típica pelea a puñetazos en el bar, se te curaban todos los moratones. Un sitio así sería ideal para perder peso y recuperarse.

Lefty’s
Es el bar del videojuego Leisure Suit Larry. Fue el primer local restringido para adultos al que fui. Tenía 10 añitos y se podía entrar y salir todas las veces que quisieras hasta llevarte a la chica, como en la cita de Atrapado en el tiempo.

El saloon de Bienvenido Mr. Marshall
Es el saloon del Oeste perfecto y está en Villar del Río o, al menos, en el Villar del Río del sueño de su alcalde, interpretado por Pepe Isbert.

El clásico dinner
Es el típico local con su Wurlitzer, sus sodas, sus perritos y batidos de colores en pajita, con la gente echándose a bailar… Los greasy spoons de baldosas ajedrezadas de los años 50 que fueron reinventados en el cine de los ochenta con el Frosty Palace de Grease o la heladería de Pleasantville. Me gustan esos sitios anclados en un tiempo y espacio genuinamente próspero y feliz, como de tebeo de Archie.

Friendsy’s
Se trata de una cadena de restaurantes familiares paródicos que aparece en la película Seeking a friend for the end of the world. Si el mundo estuviese a punto de implosionar, sin duda sería el sitio ideal para acabar los días de la especie humana; especialmente, si siguen allí Keira Knightley y Gillian Jacobs.

Existen decenas de guías que destacan los mejores bares y restaurantes del mundo, pero solo una que recopila más de 1.500 restaurantes y bares que únicamente existen en películas, series, tebeos y novelas. Se llama Enciclopedia de bares y restaurantes de ficción y ha sido publicado con intención de convertirse en un clásico a la altura de la Guía Michelín, la Guía Campsa y TripAdvisor.

El autor, Óscar Alarcia, también conocido como Frunobula, comenzó este proyecto ciclópeo un tanto hastiado de la imagen que se transmite en las series de ficción de los profesionales que trabajan en la hostelería y que acaba calando en la realidad.

«Siempre me he fijado mucho en cómo funcionan las cosas en los bares de la ficción y en cómo se comportan los camareros y los clientes. Dentro de ese aura de irrealidad y cartón piedra, en los bares de ficción suceden historias fascinantes. También suceden en los de verdad, claro, pero en mi caso concreto me he refugiado en los bares de ficción porque los de verdad cada vez me interesan menos», explica.

«Vivo en el barrio de Malasaña, que es un parque temático sobresaturado de bares. Esa felicidad que intentan transmitir me parece tan fría como los vasos llenos de silicona pegados a las bandejas que se usan en el teatro. Por otra parte, al pensar en la hostelería de ficción, me llama la atención esa curiosa discordancia entre la enorme experiencia que tienen muchos actores, que se han pasado la vida trabajando de camareros, y lo irreal que es todo en la pantalla. Figurantes bebiendo de tazas vacías, todo tan aséptico, las cañas tan “mal tirás”, esa iluminación irreal, todo eso me inquietaba bastante y traté de poner orden», comenta el autor, que compagina su profesión de camarero con la de escritor y editor de su propio sello, Libritos Jenkins.

El resultado es esta Enciclopedia de restaurantes y bares de ficción, compuesta por más de 1.500 referencias, entre las que se cuentan todo tipo de bares surgidos de la imaginación de escritores como Robert Louis Stevenson o Charles Dickens, tabernas galácticas, restaurantes de tebeo o pubs de serie de televisión.

Todos los géneros y universos de ficción están representados en ella pues, no en vano, uno de los miedos de Alarcia era «que alguien echara en falta su escena de bar favorita». Un trabajo titánico que puede leerse también como un ensayo relativo a la importancia que los bares tienen en toda historia de ficción, en las que raro es que no haya uno de estos locales.

«Desde el albor de los tiempos, en todas las pequeñas comunidades sociales había una “casa pública” que, con el tiempo, fue derivando en los bares que tenemos hoy en día. Un bar es un escenario en el que establecen relación personas desconocidas entre sí y que no comparten techo. En la realidad, igual que en el cine o la televisión, estos lugares facilitan la conversación y las situaciones inverosímiles. Cualquiera puede entrar y salir por la puerta en cualquier momento, esa es la base de estos sitios en la ficción».

Además de un escenario recurrente que facilita los encuentros entre personajes y ayuda a hacer fluir la historia, los bares de ficción son un elemento tan eficaz para describir a los personajes como su forma de vestir o su deje en el hablar.

«Mientras escribía el libro, comparaba cómo serían los bares de muchas películas y series con los de mi ciudad. Me imaginaba en qué barrio estarían o qué tipo de clientela tendrían. Al final me daba cuenta de que es fácil saber a qué tipo de público están dirigidas determinadas series cuando todo el rato van a cafeterías o discotecas pijas, a restaurantes sofisticados o bien a tugurios infectos», indica. «Por eso, cuando los guionistas lo hacen bien, los bares son una especie de descripción de lo que hay dentro de la cabeza de los protagonistas».

Sin embargo, cuando los guionistas no tienen demasiadas ganas de esforzarse, o cuando las necesidades de la producción así lo exigen, surgen los bares genéricos o intercambiables. Locales tipo ACME que, de tan impersonales que son, cualquiera podría entrar en ellos.

«Igual que aquí hablamos del “bar de tapas” o el “bar de viejos” para referirnos a un sitio anónimo pero con una idiosincrasia muy definida, en las series de Estados Unidos utilizan estos términos genéricos como Joe’s Bar. Esto ha sido muy explotado en la ficción para que se identifique con el local la mayor parte de audiencia posible. Por eso el bar de Los Simpsons se llama Moe’s, que es ese equivalente del Casa Manolo global y popular. Eso también explica por qué en la mayoría de las películas no se ve el nombre del local de la “escena de bar”: para que pienses que podría ser el bar de al lado de tu casa».

Una vez diseñada la personalidad del sitio al que deben ir los personajes de un universo de ficción para tomar una caña o un café, es necesario decorarlo. Llenarlo de elementos que los hagan creíbles, sean estos muebles, cuadros, botellas de licor o grifos de cerveza.

«Las marcas de cervezas y licores de ficción es otro asunto que me parecía fascinante, por eso también lo trato en el libro. Hay empresas que se dedican a aportar atrezo realista pero inventado para colocar de fondo en los estancos o quioscos de las películas, pero, además de eso, últimamente estoy viendo que la realidad cada vez copia más a la ficción. Aparte de apropiarse de esas marcas ficticias y convertirlas en reales, como la cerveza Duff de Los Simpsons, el envoltorio de los productos de los supermercados cada vez parece más propio de una fantasía. Es como si intentaran hacernos sentir personajes. Antes solo sucedía con las cajas de cereales y otros productos para niños, pero ahora esas cervezas artesanas, esos cócteles de nombres exóticos y esa decoración parecen intentar trasladarnos a un mundo de dibujos animados».

Dentro de lo malo, si finalmente lo de convertirse en personaje de dibujos animados resulta algo inevitable, al menos quedará la satisfacción de poder disfrutar de muchos de esos locales inventados. Por si eso sucede, Óscar Alarcia recomienda algunos de sus locales favoritos:

Los bares paródicos
Bares como La Ostra Azul de la saga de Loca academia de policía, The Blue Note de Agárralo como puedas o el saloon subacuático de Top Secret son de mis favoritos por lo que ese rincón del cine disparatado ochentero representa.

El Nogard Dna Egroeg
En un episodio de Enano rojo aparecía este bar en el que todo funcionaba al revés. Ibas a la barra, te daban el dinero, una jarra vacía y tú echabas la cerveza dentro, y luego vomitabas en el plato. Tras la típica pelea a puñetazos en el bar, se te curaban todos los moratones. Un sitio así sería ideal para perder peso y recuperarse.

Lefty’s
Es el bar del videojuego Leisure Suit Larry. Fue el primer local restringido para adultos al que fui. Tenía 10 añitos y se podía entrar y salir todas las veces que quisieras hasta llevarte a la chica, como en la cita de Atrapado en el tiempo.

El saloon de Bienvenido Mr. Marshall
Es el saloon del Oeste perfecto y está en Villar del Río o, al menos, en el Villar del Río del sueño de su alcalde, interpretado por Pepe Isbert.

El clásico dinner
Es el típico local con su Wurlitzer, sus sodas, sus perritos y batidos de colores en pajita, con la gente echándose a bailar… Los greasy spoons de baldosas ajedrezadas de los años 50 que fueron reinventados en el cine de los ochenta con el Frosty Palace de Grease o la heladería de Pleasantville. Me gustan esos sitios anclados en un tiempo y espacio genuinamente próspero y feliz, como de tebeo de Archie.

Friendsy’s
Se trata de una cadena de restaurantes familiares paródicos que aparece en la película Seeking a friend for the end of the world. Si el mundo estuviese a punto de implosionar, sin duda sería el sitio ideal para acabar los días de la especie humana; especialmente, si siguen allí Keira Knightley y Gillian Jacobs.

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