fbpx
12 de julio 2012    /   BUSINESS
por
 

Guía de los idiomas que no existen

12 de julio 2012    /   BUSINESS     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

En mitad de un importante debate parlamentario la portavoz de un destacado partido político del país lamentaba que el Gobierno tuviera que emprender recortes porque le hubieran aconsejado hacerlo, ya fuera en alemán, en inglés o en belga. Rápidamente la diputada, que fue eurodiputada, se ha dado cuenta del error y ha corregido. El «belga» no existe como idioma. Si acaso el francés, en la parte valona, o el neerlandés, en la parte flamenca, ambos con algunas diferencias dialectales respecto a lo que se habla en Francia y Holanda respectivamente. Para que estas erratas no vuelvan a repetirse, aquí va una lista de idiomas que, ¡ojo!, no existen. De nada.

Por ejemplo, no existe el ‘indio’. Si acaso, existe el hindi, idioma que hablan unos 500 millones de personas, fundamentalmente habitantes de la India. No existe tampoco el ‘brasileño’, ya que aunque tenga ciertas diferencias con la lengua madre europea, allí hablan portugués. De hecho, hay muchos más brasileños hablando portugués que portugueses.

Pasa lo mismo que con el español: no hay mexicano, argentino, peruano, chileno, uruguayo, hondureño, cubano ni demás idiomas en Latinoamérica: lo que hay es una comunidad hispanohablante mucho mayor en Centroamérica y Sudamérica que en España. Tampoco hay ‘filipino’, sino tagalo. No hay canadiense, sino francés o inglés. No hay ‘estadounidense’ ni ‘australiano’, sino inglés. Tampoco hay ‘camboyano’, sino jemer, ni ‘srilankeño’, sino tamil. No hay ‘pakistaní’ o ‘afgano’, sino urdu. No hay ‘azerbayano’, sino azerí; ‘austríaco’ o ‘finlandés’, sino finés.

Tampoco hay ‘iraní’, sino persa. Viendo tamaño lío resulta fácil llegar a una conclusión: hay un montón de países que comparten su idioma. Así es, sagaz lector, lo que conjugado con el hecho de que haya países que estén inmensamente más poblados que otros nos deja curiosos datos lingüísticos como que, por ejemplo, en Estados Unidos haya ya más gente hablando español que en la propia España que, dada la población de México, es el tercer país del mundo en hablantes… ¡de su propio idioma!

Pero estas ‘injerencias’ idiomáticas de países que adoptan (o les hacen adoptar) idiomas ajenos no son suficientes para destronar al rey de reyes: el chino mandarín es, con mucho, el idioma más hablado en nuestro planeta, a pesar de que solo se hable en un país y algunos territorios como Tíbet o Hong Kong y zonas de influencia como Singapur. Detrás vienen idiomas que han colonizado, por la fuerza o mediante la cultura, otros territorios: el español y el inglés.

El esquema se repite un poco más abajo de la clasificación: el hindi destaca por la cantidad de gente que lo habla en un solo país, la India. De hecho, el país da como para colar a otro buen puñado de idiomas entre los más hablados del mundo, como el bengalí, el tamil, el maratí, el telugú. A mucha distancia, el portugués, que debe su auge a la enorme población brasileña, además de a la contribución de sus antiguas colonias africanas.

¿Y quién tiene la culpa de todo esto? Agradézcanselo a Nemrod, un rey de la antigua Mesopotamia que, según el Antiguo Testamento, quiso construir una torre tan alta que llegara hasta el cielo. Dios, que por lo visto no quería tener visita, hizo que los constructores de la torre empezaran a hablar distintos idiomas y, confundidos y desorientados, abandonaran la construcción de la obra y se dispersaran por el mundo.

La Biblia tiene explicaciones para todo. Y los historiadores y arqueólogos, que saben que los mitos y explicaciones del Antiguo Testamento, en ocasiones, son metáforas que se basan en algunos elementos de la realidad, ubican las ruinas de la endemoniada torre en algún zigurat del entorno de la antigua Babilonia, allá por Irak. Irak, donde no hablan ‘iraquí’, sino árabe.

En mitad de un importante debate parlamentario la portavoz de un destacado partido político del país lamentaba que el Gobierno tuviera que emprender recortes porque le hubieran aconsejado hacerlo, ya fuera en alemán, en inglés o en belga. Rápidamente la diputada, que fue eurodiputada, se ha dado cuenta del error y ha corregido. El «belga» no existe como idioma. Si acaso el francés, en la parte valona, o el neerlandés, en la parte flamenca, ambos con algunas diferencias dialectales respecto a lo que se habla en Francia y Holanda respectivamente. Para que estas erratas no vuelvan a repetirse, aquí va una lista de idiomas que, ¡ojo!, no existen. De nada.

Por ejemplo, no existe el ‘indio’. Si acaso, existe el hindi, idioma que hablan unos 500 millones de personas, fundamentalmente habitantes de la India. No existe tampoco el ‘brasileño’, ya que aunque tenga ciertas diferencias con la lengua madre europea, allí hablan portugués. De hecho, hay muchos más brasileños hablando portugués que portugueses.

Pasa lo mismo que con el español: no hay mexicano, argentino, peruano, chileno, uruguayo, hondureño, cubano ni demás idiomas en Latinoamérica: lo que hay es una comunidad hispanohablante mucho mayor en Centroamérica y Sudamérica que en España. Tampoco hay ‘filipino’, sino tagalo. No hay canadiense, sino francés o inglés. No hay ‘estadounidense’ ni ‘australiano’, sino inglés. Tampoco hay ‘camboyano’, sino jemer, ni ‘srilankeño’, sino tamil. No hay ‘pakistaní’ o ‘afgano’, sino urdu. No hay ‘azerbayano’, sino azerí; ‘austríaco’ o ‘finlandés’, sino finés.

Tampoco hay ‘iraní’, sino persa. Viendo tamaño lío resulta fácil llegar a una conclusión: hay un montón de países que comparten su idioma. Así es, sagaz lector, lo que conjugado con el hecho de que haya países que estén inmensamente más poblados que otros nos deja curiosos datos lingüísticos como que, por ejemplo, en Estados Unidos haya ya más gente hablando español que en la propia España que, dada la población de México, es el tercer país del mundo en hablantes… ¡de su propio idioma!

Pero estas ‘injerencias’ idiomáticas de países que adoptan (o les hacen adoptar) idiomas ajenos no son suficientes para destronar al rey de reyes: el chino mandarín es, con mucho, el idioma más hablado en nuestro planeta, a pesar de que solo se hable en un país y algunos territorios como Tíbet o Hong Kong y zonas de influencia como Singapur. Detrás vienen idiomas que han colonizado, por la fuerza o mediante la cultura, otros territorios: el español y el inglés.

El esquema se repite un poco más abajo de la clasificación: el hindi destaca por la cantidad de gente que lo habla en un solo país, la India. De hecho, el país da como para colar a otro buen puñado de idiomas entre los más hablados del mundo, como el bengalí, el tamil, el maratí, el telugú. A mucha distancia, el portugués, que debe su auge a la enorme población brasileña, además de a la contribución de sus antiguas colonias africanas.

¿Y quién tiene la culpa de todo esto? Agradézcanselo a Nemrod, un rey de la antigua Mesopotamia que, según el Antiguo Testamento, quiso construir una torre tan alta que llegara hasta el cielo. Dios, que por lo visto no quería tener visita, hizo que los constructores de la torre empezaran a hablar distintos idiomas y, confundidos y desorientados, abandonaran la construcción de la obra y se dispersaran por el mundo.

La Biblia tiene explicaciones para todo. Y los historiadores y arqueólogos, que saben que los mitos y explicaciones del Antiguo Testamento, en ocasiones, son metáforas que se basan en algunos elementos de la realidad, ubican las ruinas de la endemoniada torre en algún zigurat del entorno de la antigua Babilonia, allá por Irak. Irak, donde no hablan ‘iraquí’, sino árabe.

Compártelo twitter facebook whatsapp
¿Es el transporte público gratuito una opción para las grandes ciudades?
¿Tenemos que convertirnos en un clon de Alemania para reducir el número de ninis?
El gin-tonic sin ensalada, por favor: un paseo por el barrio de Gràcia
La riqueza cultural enterrada en los cines y teatros en ruina
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 11
  • El caso del «azerí» y el «finés» es distinto al del resto que se nombran, porque esas palabras son
    también el gentilicio de esos países. Decir «azerbayano» (al idioma) no es como decir «pakistaní»
    al urdu, es como decir «españolí» al español o castellano.

    Aunque es cierto que «azerbayano» y «finlandés» son sinónimos de «azerí» y «finés» como gentilicios.

    • Quiero decir:
      «Pakistaní» es un gentilicio
      «Azerí» es un idioma y un gentilicio
      «Azerbayano» es un gentilicio que significa lo mismo que «azerí» en su acepción como gentilicio
      «Tagalo» es un idioma

      Y utilizo «gentilicio» como adjetivo que hace referencia al Estado al que pertenece cada persona,
      no al grupo étnico o cultural

    • El finlandés es el gentilicio del país, pero el idioma es el finés, ya que el otro idioma, que es hablado por el 10% de los finlandeses, es el sueco.

  • Me encantó tu artículo y lo comparti en mi Face, sin embargo un amigo me llamó la atención con el siguiente comentario:
    «La http://www.rae.es es la autoridad, y si hay idioma Finlandés, así que a pedir que corrijan el sitio ;)»
    Y te cuento que si existe el Finlandés como idioma. Ahora no entiendo por qué está en rojo en la Rae…
    saludos y felicidades.

  • Hola. Te comentaba ayer a través de Facebook que la mayor cantidad de hablantes de castellano está en Norteamérica, no en Centroamérica. En realidad, el orden es Sudamérica (195 millones), Norteamérica (160 millones), Centroamérica (64 millones), Europa (46 millones) y África (1,2 millones). Saludos.

  • Una aclaración: En Afganistán no se habla urdu, sino que dari (dialecto del persa) y pastún.

    Y el urdu y el hindi son dos partes de un diasistema llamado «indostánico». Otros diasistemas (o macrolenguas) son el «serbocroata» (serbio, croata y bosnio) o el «gallego-portugués».

    Y sobre la disputa entre castellano y español, la RAE los considera a ambos sinónimos. Es algo similar a la relación entre italiano y toscano.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    El rollo legal de las cookies

    La Ley 34/2002 nos obliga a avisarte de que usamos cookies propias y de terceros (ni de cuartos ni de quintos) con objetivos estadísticos y de sesión y para mostrarte la 'publi' que nos da de comer. Tenemos una política de cookies majísima y bla bla bla. Si continúas navegando, asumimos que aceptas y que todo guay. Si no te parece bien, huye y vuelve por donde has venido, que nadie te obliga a entrar aquí. Pincha este enlace para conocer los detalles. Tranquilo, este mensaje solo sale una vez. Esperamos.

    ACEPTAR
    Aviso de cookies