17 agosto, 2015    /   CREATIVIDAD
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«Guía Trotamundos» para invadir Alemania

17 agosto, 2015    /   CREATIVIDAD     por
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En 1944, el ministerio de Asuntos Exteriores Británico publicó Instrucciones para los soldados británicos en Alemania, un manual en el que adoctrinaba a sus tropas sobre la realidad de ese país y sus habitantes. Propaganda de la buena en la que se les prohibía confraternizar con los alemanes, sentir piedad hacia ellos, mantener relaciones sexuales, casarse con ciudadanos de dicha nacionalidad o dar crédito a los comentarios denigrantes que los alemanes profirieran hacia las tropas soviéticas porque, decían las autoridades inglesas, «el objetivo no es otro que abrir una brecha entre nosotros y nuestro aliado ruso». Cómo ha cambiado el mundo en tan solo 70 años.

Nueve meses después del desembarco de Normandía, más de treinta mil soldados británicos cruzaron el Rin como fuerza de ocupación en territorio alemán. Ante semejante situación, incomprensible para muchos de esos jóvenes que no acababan de entender la utilidad de invadir un país extranjero, las autoridades militares decidieron editar un libro en el que explicarles desde la geografía, orografía e historia de Alemania, hasta las costumbres, la cultura, la idiosincrasia de sus habitantes, el sistema monetario, la gastronomía, la política y el ocio. Una pequeña Guía Trotamundos para conquistar Alemania aunque mucho menos objetiva en su redacción, claro, pero que no le hubiera venido mal a más de uno.

El manual, reeditado recientemente en castellano por la editorial Kailas, era algo así como la segunda parte de Instrucciones para los soldados británicos en Francia. La diferencia es que, mientas el dedicado al país galo invitaba a olvidar las rencillas entre dos naciones enfrentadas en el pasado y unidas por entonces en una lucha común, el dedicado a Alemania era una sucesión de prejuicios, medias verdades y advertencias alarmistas para que los soldados británicos no tuvieran la tentación de compadecerse del pueblo alemán.

Si bien años después tanto Churchill como Montgomery declararían en sus memorias que tras la victoria había que ser condescendiente con el vencido, en 1944 no estaba el horno para bollos. Por ello, los consejos de dicho manual incluían sentencias como «los alemanes tienen mucho que expiar» o afirmaciones de que, si los alemanes estaban descontentos con Hitler y urdían atentados contra él, no era por lo espantoso de sus ideas sino porque el Führer no tuvo éxito a la hora de llevarlas a cabo.
Como buen manual de propaganda, el estilo del libro es directo, con frases cortas, destacados en negrita y resúmenes de los puntos más importantes. Los textos cargan las tintas en determinados temas que perjudican a los alemanes y, cuando es necesario, se justifica la actuación de las autoridades británicas en el desarrollo de la guerra.
Por ejemplo, de Hitler se dice para descalificarlo que era un mero cabo que «ni siquiera era alemán», se desgrana lo delirante de su ideario nacionalsocialista, sus ambiciones expansivas, su persecución a judíos y opositores de izquierdas; pero cuando se llega al tema de por qué Inglaterra fue tan complaciente con él al principio de los años 30, ahí el tono cambia.
Lejos de mencionar que por entonces no estaba tan mal visto que Hitler fuera un dique respecto del poder soviético, el manual afirma que las anexiones de Austria y Checoslovaquia fueron aceptadas a «regañadientes» por los ministros de asuntos exteriores de Francia y Gran Bretaña y que la invasión de Polonia ya fue la gota que colmó el vaso.

El libro repasa los diferentes tipos de repollo agrio, de salchichas, de cervezas y de schnaps («Modera el consumo de schnaps», aconsejan a unas tropas que, aunque liberaron Europa, muy posiblemente fueran hooligans con armas de diferentes calibres). Habla de la música de Beethoven y Wagner y explica que nadie podía escribir o hacer carrera si no era del partido nazi. En las últimas páginas del libro se incluye un listado de «Cosas que debes hacer», «Cosas que debes evitar» y un glosario de frases (escritas correctamente y con versión fonética) con las que un soldado no germanoparlante puede hacerse entender. Expresiones del tipo: «Hände hoch!», «Geben sie mir Ihre Papiere», «Setzen sie sich!», «Keine Angst». Búsquenlas en Google Tanslator, pero sepan de antemano que no son cosas muy afables.
Como colofón, se advierte a los soldados que sean prudentes con lo que hablan por teléfono porque «las líneas de teléfono nunca son privadas» y «ten cuidado con las historias que cuentan las mujeres atractivas. Podrían estar acatando órdenes». Un consejo seguramente más eficaz para un soldado que la afirmación contenida algunas páginas antes, que aseguraba que en Alemania «una de cada cuatro personas entre 15 a 41 años tienen enfermedades venéreas».

Si bien desde el punto de vista del contenido Instrucciones para los soldados británicos en Alemania es una golosina, hay que reconocer que, desde el punto de vista del diseño, es un poco anodino. Es cierto que era un libro para que llevasen las tropas como parte de su impedimenta y por tanto debía ser ligero y manejable, pero no hubiera estado mal algún que otro dibujito para ilustrar el contenido. A excepción de un mapa de Alemania, las imágenes brillan por su ausencia.

Mucho mejor lo hicieron los norteamericanos, que vieron en el cómic un medio perfecto para enseñar a los soldados rudimentos relativos al mantenimiento de automóviles, armas o municiones.
Para ello eligieron a uno de los mejores: Will Eisner. El creador de The Spirit fue llamado a filas en 1941, en pleno conflicto mundial, pero en lugar de ser destinado al frente, se le encomendó la realización de Army Motors, una publicación que explicaba a los soldados en un idioma fácil de comprender y con códigos que compartían (mujeres despampanantes, humor chusco, dibujos sencillos) temas relacionados con las ordenanzas, el papeleo administrativo del ejército o las normas de salubridad e higiene en el cuartel y en el frente.

El éxito de la publicación fue tal que, finalizada la Guerra Mundial, Army Motors se convirtió en PS The Preventive Maintenance Monthly. Esta nueva cabecera, activa hasta 1971, acompañó a los soldados norteamericanos por conflictos como Corea o Vietnam. Entre los interesantes contenidos tratados en ella se encontraba un manual que explicaba cómo manejar el fusil M-16 y que se adjuntaba con el arma.

Recientemente, buena parte de ese material se ha reeditado en el libro, PS Magazine: The Best of the Preventive Maintenance Monthly e incluso hay una reedición de tapa dura del The M16A1 Rifle: Operation and Preventive Maintenance, pero como siempre hay alguien que tiene la urgencia de subir a un campanario y armar un lío en el campus o joderles la vida a sus amigos de instituto, lo pueden consultar pinchando en este link. Sí, en este. No, ese no, eeeeste. ¡Qué paciencia!

En 1944, el ministerio de Asuntos Exteriores Británico publicó Instrucciones para los soldados británicos en Alemania, un manual en el que adoctrinaba a sus tropas sobre la realidad de ese país y sus habitantes. Propaganda de la buena en la que se les prohibía confraternizar con los alemanes, sentir piedad hacia ellos, mantener relaciones sexuales, casarse con ciudadanos de dicha nacionalidad o dar crédito a los comentarios denigrantes que los alemanes profirieran hacia las tropas soviéticas porque, decían las autoridades inglesas, «el objetivo no es otro que abrir una brecha entre nosotros y nuestro aliado ruso». Cómo ha cambiado el mundo en tan solo 70 años.

Nueve meses después del desembarco de Normandía, más de treinta mil soldados británicos cruzaron el Rin como fuerza de ocupación en territorio alemán. Ante semejante situación, incomprensible para muchos de esos jóvenes que no acababan de entender la utilidad de invadir un país extranjero, las autoridades militares decidieron editar un libro en el que explicarles desde la geografía, orografía e historia de Alemania, hasta las costumbres, la cultura, la idiosincrasia de sus habitantes, el sistema monetario, la gastronomía, la política y el ocio. Una pequeña Guía Trotamundos para conquistar Alemania aunque mucho menos objetiva en su redacción, claro, pero que no le hubiera venido mal a más de uno.

El manual, reeditado recientemente en castellano por la editorial Kailas, era algo así como la segunda parte de Instrucciones para los soldados británicos en Francia. La diferencia es que, mientas el dedicado al país galo invitaba a olvidar las rencillas entre dos naciones enfrentadas en el pasado y unidas por entonces en una lucha común, el dedicado a Alemania era una sucesión de prejuicios, medias verdades y advertencias alarmistas para que los soldados británicos no tuvieran la tentación de compadecerse del pueblo alemán.

Si bien años después tanto Churchill como Montgomery declararían en sus memorias que tras la victoria había que ser condescendiente con el vencido, en 1944 no estaba el horno para bollos. Por ello, los consejos de dicho manual incluían sentencias como «los alemanes tienen mucho que expiar» o afirmaciones de que, si los alemanes estaban descontentos con Hitler y urdían atentados contra él, no era por lo espantoso de sus ideas sino porque el Führer no tuvo éxito a la hora de llevarlas a cabo.
Como buen manual de propaganda, el estilo del libro es directo, con frases cortas, destacados en negrita y resúmenes de los puntos más importantes. Los textos cargan las tintas en determinados temas que perjudican a los alemanes y, cuando es necesario, se justifica la actuación de las autoridades británicas en el desarrollo de la guerra.
Por ejemplo, de Hitler se dice para descalificarlo que era un mero cabo que «ni siquiera era alemán», se desgrana lo delirante de su ideario nacionalsocialista, sus ambiciones expansivas, su persecución a judíos y opositores de izquierdas; pero cuando se llega al tema de por qué Inglaterra fue tan complaciente con él al principio de los años 30, ahí el tono cambia.
Lejos de mencionar que por entonces no estaba tan mal visto que Hitler fuera un dique respecto del poder soviético, el manual afirma que las anexiones de Austria y Checoslovaquia fueron aceptadas a «regañadientes» por los ministros de asuntos exteriores de Francia y Gran Bretaña y que la invasión de Polonia ya fue la gota que colmó el vaso.

El libro repasa los diferentes tipos de repollo agrio, de salchichas, de cervezas y de schnaps («Modera el consumo de schnaps», aconsejan a unas tropas que, aunque liberaron Europa, muy posiblemente fueran hooligans con armas de diferentes calibres). Habla de la música de Beethoven y Wagner y explica que nadie podía escribir o hacer carrera si no era del partido nazi. En las últimas páginas del libro se incluye un listado de «Cosas que debes hacer», «Cosas que debes evitar» y un glosario de frases (escritas correctamente y con versión fonética) con las que un soldado no germanoparlante puede hacerse entender. Expresiones del tipo: «Hände hoch!», «Geben sie mir Ihre Papiere», «Setzen sie sich!», «Keine Angst». Búsquenlas en Google Tanslator, pero sepan de antemano que no son cosas muy afables.
Como colofón, se advierte a los soldados que sean prudentes con lo que hablan por teléfono porque «las líneas de teléfono nunca son privadas» y «ten cuidado con las historias que cuentan las mujeres atractivas. Podrían estar acatando órdenes». Un consejo seguramente más eficaz para un soldado que la afirmación contenida algunas páginas antes, que aseguraba que en Alemania «una de cada cuatro personas entre 15 a 41 años tienen enfermedades venéreas».

Si bien desde el punto de vista del contenido Instrucciones para los soldados británicos en Alemania es una golosina, hay que reconocer que, desde el punto de vista del diseño, es un poco anodino. Es cierto que era un libro para que llevasen las tropas como parte de su impedimenta y por tanto debía ser ligero y manejable, pero no hubiera estado mal algún que otro dibujito para ilustrar el contenido. A excepción de un mapa de Alemania, las imágenes brillan por su ausencia.

Mucho mejor lo hicieron los norteamericanos, que vieron en el cómic un medio perfecto para enseñar a los soldados rudimentos relativos al mantenimiento de automóviles, armas o municiones.
Para ello eligieron a uno de los mejores: Will Eisner. El creador de The Spirit fue llamado a filas en 1941, en pleno conflicto mundial, pero en lugar de ser destinado al frente, se le encomendó la realización de Army Motors, una publicación que explicaba a los soldados en un idioma fácil de comprender y con códigos que compartían (mujeres despampanantes, humor chusco, dibujos sencillos) temas relacionados con las ordenanzas, el papeleo administrativo del ejército o las normas de salubridad e higiene en el cuartel y en el frente.

El éxito de la publicación fue tal que, finalizada la Guerra Mundial, Army Motors se convirtió en PS The Preventive Maintenance Monthly. Esta nueva cabecera, activa hasta 1971, acompañó a los soldados norteamericanos por conflictos como Corea o Vietnam. Entre los interesantes contenidos tratados en ella se encontraba un manual que explicaba cómo manejar el fusil M-16 y que se adjuntaba con el arma.

Recientemente, buena parte de ese material se ha reeditado en el libro, PS Magazine: The Best of the Preventive Maintenance Monthly e incluso hay una reedición de tapa dura del The M16A1 Rifle: Operation and Preventive Maintenance, pero como siempre hay alguien que tiene la urgencia de subir a un campanario y armar un lío en el campus o joderles la vida a sus amigos de instituto, lo pueden consultar pinchando en este link. Sí, en este. No, ese no, eeeeste. ¡Qué paciencia!

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