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17 de octubre 2016    /   IDEAS
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Guías con estrellitas: la dictadura de TripAdvisor

17 de octubre 2016    /   IDEAS     por          
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Después de un par de horas al sol en la playa, mi mujer y yo regresamos al apartotel. Al paso vimos un restaurante chino cerrado.

¿Cenamos aquí?, dije. Era la hora de almorzar y ya estaba pensando en la cena.

Tras un almuerzo de albóndigas de lata y patatas fritas con el fondo de las noticias locales (ningún asesinato, ningún accidente, exportación de fresas), busqué en internet sobre el chino. Quería asegurarme: en octubre cierran locales en zonas de costa. Encontré críticas atroces de 2014 en Tripadvisor. Ninguna de años posteriores. Escribo en octubre de 2016. El chino estaba en el puesto 56 de 64 locales de la pequeña localidad costera.

Parecía que los primeros comentarios asustaron a otros críticos de bares y restaurantes. Críticos que buscan acumular medallitas de colorines. Y aunque las críticas eran de 2014, dudé si satisfacer mi antojo. Lo comenté a mi mujer.

Vayamos a la aventura, dijo ella.

Salimos redondos, como decimos en Sevilla cuando estamos satisfechos por la comida y la bebida.

Las críticas de 2014 no se correspondían con nuestra experiencia. Volviendo, pensaba cómo nos dejamos guiar por desconocidos y que las críticas sobre comidas y actividades efímeras deberían tener fecha de caducidad. Pasado un tiempo deberían ser eliminadas de internet.

El plato que comió él crítico no es el mismo plato que tú comes. De un día para otro pueden cambiar los cocineros y los camareros y las cartas. De un año para otro, mucho más.

Puesto que las webs de críticas de bares y restaurantes no eliminan los comentarios de los usuarios, deberíamos fijarnos en las fechas de publicación. Recomendación que parece estúpida o innecesaria, pero por las redes sociales circulan noticias con meses y hasta años de antigüedad que damos por recientes.

Conviene mirar opiniones respecto a productos electrónicos que queramos comprar o que supongan un gasto importante. Un coche. Un seguro de coche. Una casa. Un robot de limpieza. Estudiar qué banco o caja podría estafarnos menos con las comisiones. ¿Dos euros por un correo electrónico para comunicar una transferencia?

Un teléfono móvil, por ejemplo, salvo error de fábrica o deterioro en transporte, es idéntico para todos los compradores. Muchos usuarios de una web pueden coincidir en sus impresiones: el móvil XZ se calienta demasiado o la pantalla táctil de XZ es poco sensible. Sí. Podemos fiarnos de un elevado número de críticas sobre un objeto industrial.

No deberíamos tomar por válidas las críticas sobre un restaurante o un bar o una cafetería. Es guiarse por paladares y olfatos de gente que no conocemos sobre cosas que desaparecieron. ¿Qué pruebas respaldan a los críticos de comida y bebida? No podemos rebatir los platos que pidieron años atrás. Desaparecieron.

Tener como guía estas críticas supone aceptar un juicio que, por otra parte, puede ser malintencionado o hecho con prejuicio o desconocimiento.

Mejor vayamos a la aventura. No atender a las guías ni las webs ni los blogs sobre qué comer, qué mirar, qué visitar, qué hacer, qué ver, qué leer. Nos apartan de experimentar, de probar, de crecer: anulan el criterio y las propias experiencias.

Tenemos una vida de por sí rutinaria. Organizar el trabajo, sí: a tal hora, reunión y tal otra, hablar con el gestor.

Encorsetar la diversión, no.

Saber que tengo que terminar un encargo antes del jueves, sí. Aceptar que no me gustará el pato a la naranja del restaurante…, porque lo dijo un individuo en 2014, no, de ninguna manera.

Aceptemos la aventura en el día a día, si no queremos sentirnos aborregados. La aventura no tiene por qué consistir en organizar —¡organizar!— una serie de actividades supuestamente excitantes. Una forma de introducir un poco de incertidumbre a la vida, de gracia, de la posibilidad de conectar con la originalidad es no atender los debes y tienes sobre el ocio o, si nos topamos con una guía, llevarle la contraria. Si mi mujer y yo hubiéramos prestado atención a las malas críticas sobre el chino, nos habríamos perdido un delicioso pato a la naranja y un paseo nocturno con una agradable brisa. Una brisa que, como el pato, no será tu brisa.

 

Después de un par de horas al sol en la playa, mi mujer y yo regresamos al apartotel. Al paso vimos un restaurante chino cerrado.

¿Cenamos aquí?, dije. Era la hora de almorzar y ya estaba pensando en la cena.

Tras un almuerzo de albóndigas de lata y patatas fritas con el fondo de las noticias locales (ningún asesinato, ningún accidente, exportación de fresas), busqué en internet sobre el chino. Quería asegurarme: en octubre cierran locales en zonas de costa. Encontré críticas atroces de 2014 en Tripadvisor. Ninguna de años posteriores. Escribo en octubre de 2016. El chino estaba en el puesto 56 de 64 locales de la pequeña localidad costera.

Parecía que los primeros comentarios asustaron a otros críticos de bares y restaurantes. Críticos que buscan acumular medallitas de colorines. Y aunque las críticas eran de 2014, dudé si satisfacer mi antojo. Lo comenté a mi mujer.

Vayamos a la aventura, dijo ella.

Salimos redondos, como decimos en Sevilla cuando estamos satisfechos por la comida y la bebida.

Las críticas de 2014 no se correspondían con nuestra experiencia. Volviendo, pensaba cómo nos dejamos guiar por desconocidos y que las críticas sobre comidas y actividades efímeras deberían tener fecha de caducidad. Pasado un tiempo deberían ser eliminadas de internet.

El plato que comió él crítico no es el mismo plato que tú comes. De un día para otro pueden cambiar los cocineros y los camareros y las cartas. De un año para otro, mucho más.

Puesto que las webs de críticas de bares y restaurantes no eliminan los comentarios de los usuarios, deberíamos fijarnos en las fechas de publicación. Recomendación que parece estúpida o innecesaria, pero por las redes sociales circulan noticias con meses y hasta años de antigüedad que damos por recientes.

Conviene mirar opiniones respecto a productos electrónicos que queramos comprar o que supongan un gasto importante. Un coche. Un seguro de coche. Una casa. Un robot de limpieza. Estudiar qué banco o caja podría estafarnos menos con las comisiones. ¿Dos euros por un correo electrónico para comunicar una transferencia?

Un teléfono móvil, por ejemplo, salvo error de fábrica o deterioro en transporte, es idéntico para todos los compradores. Muchos usuarios de una web pueden coincidir en sus impresiones: el móvil XZ se calienta demasiado o la pantalla táctil de XZ es poco sensible. Sí. Podemos fiarnos de un elevado número de críticas sobre un objeto industrial.

No deberíamos tomar por válidas las críticas sobre un restaurante o un bar o una cafetería. Es guiarse por paladares y olfatos de gente que no conocemos sobre cosas que desaparecieron. ¿Qué pruebas respaldan a los críticos de comida y bebida? No podemos rebatir los platos que pidieron años atrás. Desaparecieron.

Tener como guía estas críticas supone aceptar un juicio que, por otra parte, puede ser malintencionado o hecho con prejuicio o desconocimiento.

Mejor vayamos a la aventura. No atender a las guías ni las webs ni los blogs sobre qué comer, qué mirar, qué visitar, qué hacer, qué ver, qué leer. Nos apartan de experimentar, de probar, de crecer: anulan el criterio y las propias experiencias.

Tenemos una vida de por sí rutinaria. Organizar el trabajo, sí: a tal hora, reunión y tal otra, hablar con el gestor.

Encorsetar la diversión, no.

Saber que tengo que terminar un encargo antes del jueves, sí. Aceptar que no me gustará el pato a la naranja del restaurante…, porque lo dijo un individuo en 2014, no, de ninguna manera.

Aceptemos la aventura en el día a día, si no queremos sentirnos aborregados. La aventura no tiene por qué consistir en organizar —¡organizar!— una serie de actividades supuestamente excitantes. Una forma de introducir un poco de incertidumbre a la vida, de gracia, de la posibilidad de conectar con la originalidad es no atender los debes y tienes sobre el ocio o, si nos topamos con una guía, llevarle la contraria. Si mi mujer y yo hubiéramos prestado atención a las malas críticas sobre el chino, nos habríamos perdido un delicioso pato a la naranja y un paseo nocturno con una agradable brisa. Una brisa que, como el pato, no será tu brisa.

 

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Opiniones 12
    • Yo no he interpretado que no se puedan hacer críticas, sino que no siempre son fiables. Viva la libertad de expresión, pero no todo lo que se expresa es cierto o razonable y menos en internet. Creo que el mensaje es que lo más importante es ser capaz de tener tu propio criterio y asumir que de vez en cuando nos vamos a equivocar.

  • Interesante reflexión que no comparto. Y menos desde que ayer me comí (bueno, es un decir) la peor hamburguesa de mi vida. Podía haber consultado las opiniones de otros clientes, como casi siempre hago. Pero no, esta vez decidí saborear el gustillo de la aventura. Y no me gustó, he de decir. De hecho, me enfado aún más al revisar las reviews a posteriores y comprobar que, efectivamente, acababa de comer en un sitio infecto, de la categoría de “no te hagas eso a ti mismo, por dios”. Es cierto que si las críticas tienen varios años o incluso meses podemos poner en duda su veracidad, pero si son recientes y unánimes… prefiero hacerles caso y disfrutar de la comida, que para aventura ya está el Parque de Atracciones.

  • Eso sin contar la cantidad de estafadores que buscan un descuento o una cena gratis bajo la amenaza de un mal comentario en uno de esos sitios.

    Totalmente de acuerdo en que esa información publicada deberia ser contrastada tambien y eliminada pasado cierto tiempo.

  • Yo soy dueño de restaurante y viajero global… y aunque hasta cierto punto recibir criticas a veces es duro, creo que el tripadvisor es una herramienta genial cuando estás en lugares desconocidos y al final, se basa en las opiniones de quienes comieron o se hospedaron en los lugares… que mejor crítica que esa?

  • Entendiendo el espíritu de tu mensaje y también que la gente es mas lista de lo que parece y capaz de dilucidar sobre la fecha del comentario, la cantidad de comentarios, las coincidencias y las sobrexageraciones. Diré pues: me parece más que útil herramientas como tripadvisor, el titular no le hace justicia. Te has parado a pensar que igual si hubieses ido el 2014 la experiencia podría haber sido coincidente. Lo mas seguro es que se cuelen opiniones interesadas de la competencia y eso fuera, pero no lo podemos saber. La herramienta esta bien el tema es como utilizarla! Saludos!!!

  • “Al paso vimos un restaurante chino cerrado. ¿Cenamos aquí?, dije”. No entiendo esta frase ¿Cenasteis en un restaurante que estaba cerrado? ¿Forzasteis las puertas y cenasteis a oscuras? ¿O es que estaba cerrado y luego abrieron?

    • ¿No queda claro en el párrafo de las albóndigas de lata que miré los horarios del chino? Si aún tienes dudas, tras «¿Cenamos aquí?, dije» añadí: «Era la hora de almorzar y ya estaba pensando en la cena».

  • Ésto no deja de ser una guía de lo que no hacer… ¿De quien me fío ahora?

    Es broma, soy partidario de usar TripAdvisor como una referencia no como una Biblia. A grandes rasgos se puede intuir, si se sabe usar bien, qué te vas a encontrar pero no funciona a nivel de detalles porque un mal día lo tiene cualquiera y un mal paladar mucho más.

  • Llama la atención leer un artículo así, cuesta entender cómo alguien osa en decirnos qué no debemos hacer caso a las críticas siendo, esencialmente, una crítica. Un oxímoron (mal escrito) de una página de largo.

  • Buenas!
    Felicidades por la web. No me había animado a comentar nada hasta ahora, aunque os leo desde hace año y pico.

    Pues es algo que venía pensando desde hace tiempo: cuánta credibilidad puedes dar a un comentario de TripAdvisor o Yelp, teniendo en cuenta que por un lado habrá interesados (dueños de restaurantes, familiares… etc.) en poner comentarios positivos muchas veces desmedidos, y por otro estarán los llamados “haters”, individuos que han tenido una mala experiencia, o no, pero que deciden cebarse y desahogarse con críticas pésimas.
    Y en medio de este fuego cruzado aparecemos los potenciales clientes, incapaces de saber a quién dar credibilidad, de quién fiarse y en quién no confiar.
    Pues hace poco me hablaron de una una app con formato de red social y espíritu netamente positivo y SINCERO, en la que compartir sólo con amigos tus recomendaciones y experiencias de restaurantes en los que hayas estado, concretando incluso algún qué otro plato para facilitar las primeras visitas en las que la carta desconocida abruma.
    La verdad, me ha molado bastante la idea de esta app. Se llama Placest, como superlativo para sitio en inglés.
    He descubierto unos cuantos restaurantes muy recomendables últimamente con ella. Bastante útil la verdad.
    Dejo el link de Placest en el campo WEB por si tienes curiosidad.
    Un saludo!

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