13 de diciembre 2012    /   CREATIVIDAD
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¿”Recortes”, dicen? Miren los de una tienda de guillotinas en Madrid

13 de diciembre 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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Llamemos a este post la historia de un cambiazo indecente. Empezó hace unos años. Les prometieron un futuro glorioso. Les dijeron que eran “la generación mejor preparada de la Historia”. Les contaron que el suelo que pisaban se llamaba “sociedad del bienestar”. Les prometieron educación y sanidad gratuita. Les dibujaron un horizonte lleno de oportunidades… Y, de pronto, un día, hicieron… ¡Zas! Un hacha afilada partió su vida en dos. La del pasado y la del presente.

Nada tenía que ver una con otra. El pasado se disolvió como si nunca hubiera existido. Desapareció a velocidad de tifón. El presente fue bautizado como C R I S I S. Un nuevo dios había inundado cielo y tierra, y los mandamientos del nuevo mundo transformaban la luz del futuro en una historia de terror.

Eduardo y Juan Manuel (con apellidos en silencio por petición propia) no han olvidado ese pasado. “Tenemos 28 y 30 años y queremos desarrollar nuestra actividad profesional acorde al momento que vivimos”, dice el segundo. “Ahora nos dicen que hay crisis pero eso no se corresponde con todo lo que nos habían dicho durante tantos años antes. Hoy tenemos que volver a salir a la calle para reclamar lo que antes dábamos por hecho”.

Esa “actividad profesional acorde al momento” es una tienda de guillotinas que los dos jóvenes acaban de abrir en el barrio madrileño de Malasaña. La han llamado 198 porque, según explican en su web, estos tres números son “comunes a todos los años de la generación nacida en los 80”, un grupo de personas a la que “han puesto en guardia ofreciéndole un futuro en blanco y negro”.

Juan Manuel y Eduardo consideran que la guillotina “es un símbolo público para volver a conquistar derechos y recuperar los perdidos”.

El local tiene apenas 30 metros. Espacio suficiente para mostrar la guillotina de exposición. Es también la número 0. Las siguientes piezas que vendan se fabricarán por encargo, a un precio de 190 euros, y formarán una serie numerada.

Las medidas son estándar: 2,20 metros de alto y 75 centímetros de ancho. Pero la estética es personalizada. “El comprador puede elegir color, envejecimiento de la madera…”, especifica Juan Manuel.

En este establecimiento, los dos jóvenes, que antes se dedicaban al diseño y la informática, venden, además, polos, sudaderas, camisetas y otros productos. “Hay camisetas con dibujos relacionados con la guillotina y otras como, por ejemplo, la de la selección republicana de fútbol”.

(Descubierto en Tercerainformación)

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Llamemos a este post la historia de un cambiazo indecente. Empezó hace unos años. Les prometieron un futuro glorioso. Les dijeron que eran “la generación mejor preparada de la Historia”. Les contaron que el suelo que pisaban se llamaba “sociedad del bienestar”. Les prometieron educación y sanidad gratuita. Les dibujaron un horizonte lleno de oportunidades… Y, de pronto, un día, hicieron… ¡Zas! Un hacha afilada partió su vida en dos. La del pasado y la del presente.

Nada tenía que ver una con otra. El pasado se disolvió como si nunca hubiera existido. Desapareció a velocidad de tifón. El presente fue bautizado como C R I S I S. Un nuevo dios había inundado cielo y tierra, y los mandamientos del nuevo mundo transformaban la luz del futuro en una historia de terror.

Eduardo y Juan Manuel (con apellidos en silencio por petición propia) no han olvidado ese pasado. “Tenemos 28 y 30 años y queremos desarrollar nuestra actividad profesional acorde al momento que vivimos”, dice el segundo. “Ahora nos dicen que hay crisis pero eso no se corresponde con todo lo que nos habían dicho durante tantos años antes. Hoy tenemos que volver a salir a la calle para reclamar lo que antes dábamos por hecho”.

Esa “actividad profesional acorde al momento” es una tienda de guillotinas que los dos jóvenes acaban de abrir en el barrio madrileño de Malasaña. La han llamado 198 porque, según explican en su web, estos tres números son “comunes a todos los años de la generación nacida en los 80”, un grupo de personas a la que “han puesto en guardia ofreciéndole un futuro en blanco y negro”.

Juan Manuel y Eduardo consideran que la guillotina “es un símbolo público para volver a conquistar derechos y recuperar los perdidos”.

El local tiene apenas 30 metros. Espacio suficiente para mostrar la guillotina de exposición. Es también la número 0. Las siguientes piezas que vendan se fabricarán por encargo, a un precio de 190 euros, y formarán una serie numerada.

Las medidas son estándar: 2,20 metros de alto y 75 centímetros de ancho. Pero la estética es personalizada. “El comprador puede elegir color, envejecimiento de la madera…”, especifica Juan Manuel.

En este establecimiento, los dos jóvenes, que antes se dedicaban al diseño y la informática, venden, además, polos, sudaderas, camisetas y otros productos. “Hay camisetas con dibujos relacionados con la guillotina y otras como, por ejemplo, la de la selección republicana de fútbol”.

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