18 de julio 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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El origen de los dichos: Hacer la pelota

18 de julio 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Bota bota mi pelota/ si se me rompe/ me compran otra. ¡Cuánta diversión puede proporcionarnos una esfera hecha de trapos, plástico, cuero o papel de aluminio! Pero ¿tiene algo que ver un balón con adular al alguien para sacar tajada de él? Efectivamente, no.

Pelota es un galicismo que entró en España en la Edad Media y comparte familia latina con nuestra españolísima pella. No lo digo yo, lo dice este señor, José Enrique Gargallo, profesor de Filología Románica en la Universidad de Barcelona, que de lenguaje y de etimología sabe infinitamente más que yo.

El profesor Gargallo nos hablaba en su programa de la polisemia de esta palabra. Nos sirve para jugar, sí, pero es también un montón de cosas. Basta con echar un vistazo al Diccionario de la RAE para comprobarlo. Si nos fijamos bien, la definición número 8 nos dice: «(Porque pasa por todas las manos). f. coloq. prostituta». Y por ahí van los tiros.

Según el Diccionario de Autoridades, nos cuentan en el blog 1 de 3, «Vulgarmente se da este nombre de pelota a la mujer pública». O sea, a la prostituta. En el lenguaje criminal, un pelote era el chulo que vivía de la explotación de sus chicas. Por tanto, pelota era el apelativo que se le daba a su protegida.

Estos chulos de antes –no sé si los de ahora también, no soy usuaria de este tipo de servicios– exigían a sus chicas que adularan, sobetearan, lisonjearan y fueran cariñosas y supersimpáticas con los clientes que pagaban por sus encantos con el fin de que estos volvieran a llamarlas en próximos apretones. Lo que hoy llamamos «fidelizar».

De esta manera, a la acción del peloteo, de la adulación se le dice hacer la pelota. Y el que la ejecuta, ya sea hombre o mujer, es un pelota. Eso sí, ese sentido peyorativo que tenía el apelativo a las prostitutas se ha perdido ya. Hoy no es un adjetivo positivo, pero tampoco es un insulto de los que provoquen duelos, vaya.

Aunque, si nos ponemos filosóficos y metafóricos, ¿no podría ser prostitución esa pringosa adulación al contrario, generalmente un superior, con el fin de conseguir de él algún beneficio? Ahí os lo dejo para vuestra meditación semanal.

Una segunda versión nos la da el blog Saberia, y nos remite a un personaje histórico: Fernando VII.

Según Saberia, la expresión «hacer la pelota» tiene su origen en el siglo XIX, época en la que el billar comenzó a ser popular en nuestro país y una de las aficiones favoritas del rey Fernando VII.

«Pelotas» es como se llamaba al montón de nobles y cortesanos que jugaban con el monarca, dejándole las bolas (pelotas) del billar tan colocaditas que el buen Fernando solo tenía que darles un ligero toque para colarlas y hacer carambola.

Yo, qué queréis que os diga, me quedo con la primera. Me va más el rollo canalla.

Bota bota mi pelota/ si se me rompe/ me compran otra. ¡Cuánta diversión puede proporcionarnos una esfera hecha de trapos, plástico, cuero o papel de aluminio! Pero ¿tiene algo que ver un balón con adular al alguien para sacar tajada de él? Efectivamente, no.

Pelota es un galicismo que entró en España en la Edad Media y comparte familia latina con nuestra españolísima pella. No lo digo yo, lo dice este señor, José Enrique Gargallo, profesor de Filología Románica en la Universidad de Barcelona, que de lenguaje y de etimología sabe infinitamente más que yo.

El profesor Gargallo nos hablaba en su programa de la polisemia de esta palabra. Nos sirve para jugar, sí, pero es también un montón de cosas. Basta con echar un vistazo al Diccionario de la RAE para comprobarlo. Si nos fijamos bien, la definición número 8 nos dice: «(Porque pasa por todas las manos). f. coloq. prostituta». Y por ahí van los tiros.

Según el Diccionario de Autoridades, nos cuentan en el blog 1 de 3, «Vulgarmente se da este nombre de pelota a la mujer pública». O sea, a la prostituta. En el lenguaje criminal, un pelote era el chulo que vivía de la explotación de sus chicas. Por tanto, pelota era el apelativo que se le daba a su protegida.

Estos chulos de antes –no sé si los de ahora también, no soy usuaria de este tipo de servicios– exigían a sus chicas que adularan, sobetearan, lisonjearan y fueran cariñosas y supersimpáticas con los clientes que pagaban por sus encantos con el fin de que estos volvieran a llamarlas en próximos apretones. Lo que hoy llamamos «fidelizar».

De esta manera, a la acción del peloteo, de la adulación se le dice hacer la pelota. Y el que la ejecuta, ya sea hombre o mujer, es un pelota. Eso sí, ese sentido peyorativo que tenía el apelativo a las prostitutas se ha perdido ya. Hoy no es un adjetivo positivo, pero tampoco es un insulto de los que provoquen duelos, vaya.

Aunque, si nos ponemos filosóficos y metafóricos, ¿no podría ser prostitución esa pringosa adulación al contrario, generalmente un superior, con el fin de conseguir de él algún beneficio? Ahí os lo dejo para vuestra meditación semanal.

Una segunda versión nos la da el blog Saberia, y nos remite a un personaje histórico: Fernando VII.

Según Saberia, la expresión «hacer la pelota» tiene su origen en el siglo XIX, época en la que el billar comenzó a ser popular en nuestro país y una de las aficiones favoritas del rey Fernando VII.

«Pelotas» es como se llamaba al montón de nobles y cortesanos que jugaban con el monarca, dejándole las bolas (pelotas) del billar tan colocaditas que el buen Fernando solo tenía que darles un ligero toque para colarlas y hacer carambola.

Yo, qué queréis que os diga, me quedo con la primera. Me va más el rollo canalla.

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