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16 de septiembre 2014    /   CREATIVIDAD
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Art hacking para una sociedad donde «las pizzas llegan más rápido que la policía»

16 de septiembre 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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Cuando el artista urbano Martin Parker abandonó el grafiti, la razón no fue que quisiera sacar sus mensajes sociales y políticos de los muros de París y Nueva York, donde solía plasmarlos. Lo que quería era mejorarlos. Su trasmutación se debió a que encontró «un mejor método de expresarse utilizando elementos más allá de la pintura y el aerosol», esgrime. Su lema, tomado de Fort Boyard: «siempre más alto, más grande, más fuerte». Su estilo: el art-hacking en renovación constante.
Las declaraciones se las respondía este artista que guarda con recelo su identidad a la entrevista que lograba hacerle Inzestreet. Al exgrafitero ahora le sirve cualquier cosa que encuentre en las calles para mandar bombazos a las conciencias de la sociedad. Todo muro, máquina, instalación, cartel luminoso o mobiliario que se cruce por su camino puede ser objeto de una rápida intervención cultural con mensaje.
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El francoamericano asegura que lo de llevar su vida al anonimato fue una consecuencia de la persecución a la que se vieron sometidos muchos artistas urbanos en Nueva York tras el control policial que imperó en la ciudad tras el 11 de septiembre de 2001. Por seguridad, se desharía de su identidad, pero pondría cada vez más fuerza en el contenido de sus recados.
«Tendemos a olvidar que el génesis del arte de la calle era el grafiti y fue principalmente una reclamación protesta. Muchos artistas urbanos de hoy no hacen nada: un poco de cemento en moldes de sus rostros sin sentido, pegar trozos de espejo, pintar ojos en bolardos de aceras parisienses… ¡que se detengan! Están relegando el arte urbano a un rango de segunda clase decorativa de arte».
Para él, crear es llenar de rifles una máquina expendedora, disponer estanterías de piedras lapidatorias con las medidas perfectas que indica el estado iraní, recolocar las letras de los escaparates de las instituciones financieras, hackear carteles luminosos de carretera para que hablen de algo más que del tráfico y hacer misivas en collages tamaño túnel.
Poco a poco, este desconocido activista se va haciendo un hueco en las redes y en las conversaciones de acciones urbanas de altura artística. Asegura que para que deje de hacer lo que hace, primero tendrá que dejar de ver una sociedad donde «las pizzas llegan más rápido que la policía».
* Fotos encontradas en Ufunk
Más información en Inzestreet
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Cuando el artista urbano Martin Parker abandonó el grafiti, la razón no fue que quisiera sacar sus mensajes sociales y políticos de los muros de París y Nueva York, donde solía plasmarlos. Lo que quería era mejorarlos. Su trasmutación se debió a que encontró «un mejor método de expresarse utilizando elementos más allá de la pintura y el aerosol», esgrime. Su lema, tomado de Fort Boyard: «siempre más alto, más grande, más fuerte». Su estilo: el art-hacking en renovación constante.
Las declaraciones se las respondía este artista que guarda con recelo su identidad a la entrevista que lograba hacerle Inzestreet. Al exgrafitero ahora le sirve cualquier cosa que encuentre en las calles para mandar bombazos a las conciencias de la sociedad. Todo muro, máquina, instalación, cartel luminoso o mobiliario que se cruce por su camino puede ser objeto de una rápida intervención cultural con mensaje.
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El francoamericano asegura que lo de llevar su vida al anonimato fue una consecuencia de la persecución a la que se vieron sometidos muchos artistas urbanos en Nueva York tras el control policial que imperó en la ciudad tras el 11 de septiembre de 2001. Por seguridad, se desharía de su identidad, pero pondría cada vez más fuerza en el contenido de sus recados.
«Tendemos a olvidar que el génesis del arte de la calle era el grafiti y fue principalmente una reclamación protesta. Muchos artistas urbanos de hoy no hacen nada: un poco de cemento en moldes de sus rostros sin sentido, pegar trozos de espejo, pintar ojos en bolardos de aceras parisienses… ¡que se detengan! Están relegando el arte urbano a un rango de segunda clase decorativa de arte».
Para él, crear es llenar de rifles una máquina expendedora, disponer estanterías de piedras lapidatorias con las medidas perfectas que indica el estado iraní, recolocar las letras de los escaparates de las instituciones financieras, hackear carteles luminosos de carretera para que hablen de algo más que del tráfico y hacer misivas en collages tamaño túnel.
Poco a poco, este desconocido activista se va haciendo un hueco en las redes y en las conversaciones de acciones urbanas de altura artística. Asegura que para que deje de hacer lo que hace, primero tendrá que dejar de ver una sociedad donde «las pizzas llegan más rápido que la policía».
* Fotos encontradas en Ufunk
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