18 de octubre 2011    /   BUSINESS
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Llegan los ‘hak-parazzi’: Corea fomenta la delación entre los ciudadanos

18 de octubre 2011    /   BUSINESS     por          
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Si paseas por una calle de Seúl y se te ocurre en tirar un papel al suelo, piénsalo bien: puede andar rondando un ‘espía ciudadano’, un individuo armado con una cámara de vídeo dispuesto a denunciarte ante las autoridades para llevarse una ‘recompensa’ por la multa que te va a caer.  
Los hak-parazzis, como se denominan estos individuos que transitan la estrecha franja entre el periodismo ciudadano y la delación, nacieron en 2009 impulsados por el Ministerio de Educación, que ofrecía dinero (entre 250 y 400 euros) a los ciudadanos que informaran sobre la impartición de clases ilegales (nocturnas) en las escuelas privadas, una práctica habitual en el ultracompetitivo sistema educativo coreano. El departamento lleva gastados 2,5 millones de euros en pagos a hak-parazzis desde 2009, según publica The New York Times.
Ante semejante estímulo, las aulas se llenaron de falsos padres equipados con cámaras de vídeo que grababan a profesores y jefes de estudios ofreciendo sus ilícitas clases. Peor aún: el Gobierno tomó nota y empezó a extenderlo a otras áreas: vertidos ilegales, quema ilícita de basuras, bares sin salida de humos o incluso conductores que tiran una colilla por la ventanilla del coche o (¡anatema!) fumar en zonas donde está prohibido.
Las recompensan oscilan entre los 3 euros por la citada colilla hasta los 700 euros, aunque el Gobierno de Seúl ha llegado a ofrecer 2.000 millones de won (1,5 millones de euros) por graves casos de corrupción que involucren a altos cargos de la administración.

¿Fumando en horas de trabajo y en zona prohibida? ¡Ay, ay, ay!
Las consecuencias directas de la política de fomento de la delación han sido diversas. La principal, la pérdida de confianza entre los coreanos, que se quejan de la quiebra de la fe en el prójimo. No menos importante es el surgimiento de un nuevo sector económico en torno a la controvertida práctica, un bálsamo para muchos, dada la dura crisis económica: algunos hak-parazzis se han profesionalizado (el periódico entrevista a uno de ellos, que asegura ganar el equivalente a 70.000 euros al año grabando a los vecinos que no recogen las cacas de sus perros) y han surgido academias de hak-parazzis en las que se enseñan técnicas de espionaje, como esconderse una cámara o seguir a un infractor.
Por si fuera poco, en la Red se ha desatado una guerra de investigación/ocultación entre espiados y espías: los maestros intercambian consejos sobre cómo detectar a un hak-parazzi, mientras éstos leen sus consejos para afinar sus técnicas de ocultación. En páginas como esta se comparten técnicas sobre cómo localizar y documentar un vertido ilegal en una fábrica de petróleo (aquí traducida al inglés).
La estrategia de Corea del Sur de involucrar a sus ciudadanos en las tareas de vigilancia no es nueva. El gobierno ha ofrecido tradicionalmente generosos beneficios a sus ciudadanos por infiltrarse como espías en Corea del Norte. Pero la delación entre ciudadanos pasa de castaño oscuro, pues ha generado un ambiente de sospecha y paranoia que amenaza con romper la armonía social en el país.
Visto en Khaleej Times, The New York Times y Reuters.
Entre tanto, en Corea:
¿Quieres arruinar  tu vida sexual? Mudarte a Corea del Sur puede ser una buena opción
Cortémonos el pelo como mandan los cánones del socialismo
¿Está preparado un policía español para verse dibujado como un ratón de cómic?
Los temblores de una clase de artes marciales provocan el desalojo de un rascacielos en Corea

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Los hak-parazzis, como se denominan estos individuos que transitan la estrecha franja entre el periodismo ciudadano y la delación, nacieron en 2009 impulsados por el Ministerio de Educación, que ofrecía dinero (entre 250 y 400 euros) a los ciudadanos que informaran sobre la impartición de clases ilegales (nocturnas) en las escuelas privadas, una práctica habitual en el ultracompetitivo sistema educativo coreano. El departamento lleva gastados 2,5 millones de euros en pagos a hak-parazzis desde 2009, según publica The New York Times.
Ante semejante estímulo, las aulas se llenaron de falsos padres equipados con cámaras de vídeo que grababan a profesores y jefes de estudios ofreciendo sus ilícitas clases. Peor aún: el Gobierno tomó nota y empezó a extenderlo a otras áreas: vertidos ilegales, quema ilícita de basuras, bares sin salida de humos o incluso conductores que tiran una colilla por la ventanilla del coche o (¡anatema!) fumar en zonas donde está prohibido.
Las recompensan oscilan entre los 3 euros por la citada colilla hasta los 700 euros, aunque el Gobierno de Seúl ha llegado a ofrecer 2.000 millones de won (1,5 millones de euros) por graves casos de corrupción que involucren a altos cargos de la administración.

¿Fumando en horas de trabajo y en zona prohibida? ¡Ay, ay, ay!
Las consecuencias directas de la política de fomento de la delación han sido diversas. La principal, la pérdida de confianza entre los coreanos, que se quejan de la quiebra de la fe en el prójimo. No menos importante es el surgimiento de un nuevo sector económico en torno a la controvertida práctica, un bálsamo para muchos, dada la dura crisis económica: algunos hak-parazzis se han profesionalizado (el periódico entrevista a uno de ellos, que asegura ganar el equivalente a 70.000 euros al año grabando a los vecinos que no recogen las cacas de sus perros) y han surgido academias de hak-parazzis en las que se enseñan técnicas de espionaje, como esconderse una cámara o seguir a un infractor.
Por si fuera poco, en la Red se ha desatado una guerra de investigación/ocultación entre espiados y espías: los maestros intercambian consejos sobre cómo detectar a un hak-parazzi, mientras éstos leen sus consejos para afinar sus técnicas de ocultación. En páginas como esta se comparten técnicas sobre cómo localizar y documentar un vertido ilegal en una fábrica de petróleo (aquí traducida al inglés).
La estrategia de Corea del Sur de involucrar a sus ciudadanos en las tareas de vigilancia no es nueva. El gobierno ha ofrecido tradicionalmente generosos beneficios a sus ciudadanos por infiltrarse como espías en Corea del Norte. Pero la delación entre ciudadanos pasa de castaño oscuro, pues ha generado un ambiente de sospecha y paranoia que amenaza con romper la armonía social en el país.
Visto en Khaleej Times, The New York Times y Reuters.
Entre tanto, en Corea:
¿Quieres arruinar  tu vida sexual? Mudarte a Corea del Sur puede ser una buena opción
Cortémonos el pelo como mandan los cánones del socialismo
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Opiniones 6
  • A mi esta noticia me recuerda a la novela »1984» de George Orwell, en la que los vecinos e incluso los propios hijos eran los delatores de conductas prohibidas por el gobierno del libro.

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