3 de septiembre 2012    /   CINE/TV
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Harry Harrison: cuando la ciencia ficción es un arte

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La novela de Harrison “¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!” dio lugar a la gran película “Soylent Green” (Richard Fleischer, 1973), titulada en España como “Hasta que el destino nos alcance”. Charlton Heston y Eduard G.Robinson viven en un mundo con graves problemas alimentarios, donde la comida que suministra el Gobierno procede del reciclaje de los cadáveres humanos… No se pierdan el tráiler, preocupantemente actual.

“West of Eden” es una de las mejores novelas que he leído estos años. La encontré en una vieja librería de Edimburgo, en una edición barata con una encantadora portada pulp. Especula con pasmosa precisión y credibilidad científicas sobre un planeta Tierra en donde no cayó ningún gran meteorito hace 65 millones de años y los dinosaurios no se extinguieron, sino que siguieron evolucionando hasta los Ylané, una civilización muy avanzada basada en el control genético de otros organismos.

Su sociedad, matriarcal y fuertemente jerarquizada en función de los méritos de cada saurio, funciona como un engranaje perfectamente engrasado pero solo puede colonizar las latitudes más cálidas… ¿Y los mamíferos? También siguieron evolucionando, hasta los hombres, que viven al norte, separados por el frío de los Ylané.

En esta ucronía, ambas civilizaciones sienten una profunda xenofobia mutua lo que hace que en los escasos encuentros entre unos y otros se produzcan baños de sangre. Los hombres viven en pequeñas tribus nómadas, siguiendo a los mamuts y otras presas, y esquivando en lo posible al disciplinado e implacable ejército de los diversificados y evolucionados saurios.

En una escaramuza un joven humano, casi un niño, es apresado por los saurios para estudiar su genética. El niño aprende el lenguaje de los Ylané, y estos descubren que los hombres son inteligentes aunque igualmente asquerosos. A partir de aquí, los avatares de ambas especies se mezclarán, impelidas por un inminente cambio climático que les hace desplazarse de sus hábitats… Por desgracia, esta joya es prácticamente inencontrable en castellano (Editorial Granada, 1984), descatalogada y nunca repescada.

En “Billy, el héroe galáctico” un mercenario gradullón, casi alcohólico, fuerte como una roca, pero que sufrió la amputación de un brazo durante una batalla, es sometido a un implante en el quirófano de la nave espacial. En el almacén solo disponen de brazos izquierdos, así que nuestro héroe debe aprender a luchar con… dos brazos izquierdos. De Harrison cabe también recordar “La rata de acero inoxidable”, o “Universo cautivo”, o incluso varias tiras de Flash Gordon que redactó en los años 60. Era abogado, y experto en esperanto, lengua que aparecía a menudo en sus novelas. Su web oficial ofrece un recorrido visual sobre toda su obra.

En 2003 Minotauro tuvo el acierto de publicar en nuestro país los tres volúmenes de “50 en 50, medio siglo de relatos” con las mejores piezas que el propio Harrison seleccionó para celebrar que llevaba ¡50 años escribiendo! Son la mejor forma de repasar la mejor ciencia ficción del pasado siglo, en casi todas sus vertientes, pues el gran sentido del humor de Harrison, una imaginación desbordante y una clarividencia que incluso llega a superar a Philip K.Dick convierten su obra en imprescindible.

Harry Harrison falleció hace unos días, a los 87 años de edad. Desde aquí le envío un fuerte abrazo, sea cual sea el mundo o galaxia desde donde, sin duda continúa inventando el futuro…

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“West of Eden” es una de las mejores novelas que he leído estos años. La encontré en una vieja librería de Edimburgo, en una edición barata con una encantadora portada pulp. Especula con pasmosa precisión y credibilidad científicas sobre un planeta Tierra en donde no cayó ningún gran meteorito hace 65 millones de años y los dinosaurios no se extinguieron, sino que siguieron evolucionando hasta los Ylané, una civilización muy avanzada basada en el control genético de otros organismos.

Su sociedad, matriarcal y fuertemente jerarquizada en función de los méritos de cada saurio, funciona como un engranaje perfectamente engrasado pero solo puede colonizar las latitudes más cálidas… ¿Y los mamíferos? También siguieron evolucionando, hasta los hombres, que viven al norte, separados por el frío de los Ylané.

En esta ucronía, ambas civilizaciones sienten una profunda xenofobia mutua lo que hace que en los escasos encuentros entre unos y otros se produzcan baños de sangre. Los hombres viven en pequeñas tribus nómadas, siguiendo a los mamuts y otras presas, y esquivando en lo posible al disciplinado e implacable ejército de los diversificados y evolucionados saurios.

En una escaramuza un joven humano, casi un niño, es apresado por los saurios para estudiar su genética. El niño aprende el lenguaje de los Ylané, y estos descubren que los hombres son inteligentes aunque igualmente asquerosos. A partir de aquí, los avatares de ambas especies se mezclarán, impelidas por un inminente cambio climático que les hace desplazarse de sus hábitats… Por desgracia, esta joya es prácticamente inencontrable en castellano (Editorial Granada, 1984), descatalogada y nunca repescada.

En “Billy, el héroe galáctico” un mercenario gradullón, casi alcohólico, fuerte como una roca, pero que sufrió la amputación de un brazo durante una batalla, es sometido a un implante en el quirófano de la nave espacial. En el almacén solo disponen de brazos izquierdos, así que nuestro héroe debe aprender a luchar con… dos brazos izquierdos. De Harrison cabe también recordar “La rata de acero inoxidable”, o “Universo cautivo”, o incluso varias tiras de Flash Gordon que redactó en los años 60. Era abogado, y experto en esperanto, lengua que aparecía a menudo en sus novelas. Su web oficial ofrece un recorrido visual sobre toda su obra.

En 2003 Minotauro tuvo el acierto de publicar en nuestro país los tres volúmenes de “50 en 50, medio siglo de relatos” con las mejores piezas que el propio Harrison seleccionó para celebrar que llevaba ¡50 años escribiendo! Son la mejor forma de repasar la mejor ciencia ficción del pasado siglo, en casi todas sus vertientes, pues el gran sentido del humor de Harrison, una imaginación desbordante y una clarividencia que incluso llega a superar a Philip K.Dick convierten su obra en imprescindible.

Harry Harrison falleció hace unos días, a los 87 años de edad. Desde aquí le envío un fuerte abrazo, sea cual sea el mundo o galaxia desde donde, sin duda continúa inventando el futuro…

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