16 de octubre 2015    /   DIGITAL
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Hay dos tipos de hashtags en Twitter, pero solo uno te hace parecer un novato

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Sin ellos no se entiende Twitter y casi que tampoco Instagram, a pesar de que, en este caso, las gente los use de manera muy arbitraria. Incluso, de un tiempo a esta parte fueron algo más en Facebook. Las etiquetas o hashtags son el pan nuestro de cada día en muchas redes sociales, así que no ha de extrañarnos que hasta en las universidades estén estudiándolos.
En concreto, vamos a hablar de los hashtags de Twitter, pero se traslada a cualquier red social. Encabezados por una almohadilla, se supone que sirven para organizar una conversación en torno a un mismo tema: la gente tuitea con esa etiqueta y puede leer los tuits relacionados de otros usuarios, mientras que para un gestor de comunidades puede servir a la hora de monitorizar la conversación sobre su marca, producto, campaña, etc. Hasta aquí todo bien. El problema es cuando los usuarios deciden hacer lo que les dé la gana con los hashtags. Ahí tenemos algo para analizar.
Un estudio confirma que hay dos tipos de hashtags: los organizativos, útiles para usuarios y gestores; y los creativos, aquellos formados por varias palabras juntas que sirven para hacer un comentario o un chiste malo.

Son las conclusiones a las que llegó la lingüista estadounidense Allison Shapp tras analizar 5000 tuits elegidos al azar. La investigadora está interesada en el uso del lenguaje en internet y había notado cómo los hashtags, que habían nacido para ordenar temas o conectar a gente con los mismos intereses, se estaban usando para otros propósitos que nada tenían que ver.

Para investigarlo, tomó a 25 tuiteros y 25 tuiteras (decidió el sexo por su nombre) y escogió sus 100 tuits más recientes. Escudriñó todos los hashtags usados y decidió a qué categoría pertenecía cada uno de ellos. A partir de ahí, comenzó el análisis.
Shapp estableció las dos categorías que hemos comentado y percibió que en la primera, la que mola, hay más enlaces (85% frente a 15%); también, más posibilidades de que los mensajes sean marcados como favoritos o retuiteados, al tratarse de hashtags vinculados a un evento en directo. La segunda variante tiene mucha menos repercusión.
Además, la investigadora comprobó que, si había varios hashtags en el tuit, había más posibilidades de que estuvieran integrados dentro del texto. También que los mayores tuiteadores no utilizaban los hashtags necesariamente con mayor frecuencia. A ellos no les hace falta figurar en la conversación: su número de seguidores ya les ayuda a difundir la palabra.
El metahashtag

Shapp también se fijó en algo muy particular: la gente que usaba la palabra hashtag para unir una serie de palabras como si fueran una etiqueta. Al parecer, la idea es que tú, lector, interpretes todo eso como un hashtag de los secundarios sin que duelan los ojos con tantas palabras seguidas.

El estudio también se centró en el número de hashtags que utilizamos en cada tuit. El 93,5% de los tuits analizados tenían de una a cuatro etiquetas. Según las conclusiones de Shapp, «coincide con la hipótesis basada en el propósito de etiquetar como amontonamiento de palabras clave, con el fin de hacer un tuit» o mensaje de Facebook o foto de Instagram «‘buscable’»:

Una foto publicada por José Manuel Blanco (@josemblanco) el


De nuevo, el tipo 1 es el más importante, pues son una especie de tags que ayudan a localizar mensajes en el futuro, y encima en pocos caracteres. Ya sabes: no desperdicies letras para nada.
Y atención, porque aquí, quien quiera, también puede encontrar guerra de sexos: los hombres tienden más a usar etiquetas del tipo tag y las mujeres del tipo comentario. Según la lingüista y profesora en la Universidad de Georgetown Deborah Tannen, la preferencia de las féminas por hashtags expresivos es similar «a su uso de los puntos de exclamación, mayúsculas y repetición de letras para mostrar énfasis y al hecho de que los patrones de entonación de las mujeres tienden a variar más que los hombres».
Las conclusiones que la lingüista sacó en Twitter se pueden llevar a Instagram, donde el uso alternativo de los hashtags alcanza el paroxismo. Por ejemplo, en las fotos de comida, que pueden llevar etiquetas a diestro y siniestro.

Una foto publicada por Eve's Photo Stock (@evesphotostock) el


Pero también, cómo no, los hashtags que no tienen ningún sentido. ¿Qué imagen crees que proyectas?

Sin ellos no se entiende Twitter y casi que tampoco Instagram, a pesar de que, en este caso, las gente los use de manera muy arbitraria. Incluso, de un tiempo a esta parte fueron algo más en Facebook. Las etiquetas o hashtags son el pan nuestro de cada día en muchas redes sociales, así que no ha de extrañarnos que hasta en las universidades estén estudiándolos.
En concreto, vamos a hablar de los hashtags de Twitter, pero se traslada a cualquier red social. Encabezados por una almohadilla, se supone que sirven para organizar una conversación en torno a un mismo tema: la gente tuitea con esa etiqueta y puede leer los tuits relacionados de otros usuarios, mientras que para un gestor de comunidades puede servir a la hora de monitorizar la conversación sobre su marca, producto, campaña, etc. Hasta aquí todo bien. El problema es cuando los usuarios deciden hacer lo que les dé la gana con los hashtags. Ahí tenemos algo para analizar.
Un estudio confirma que hay dos tipos de hashtags: los organizativos, útiles para usuarios y gestores; y los creativos, aquellos formados por varias palabras juntas que sirven para hacer un comentario o un chiste malo.

Son las conclusiones a las que llegó la lingüista estadounidense Allison Shapp tras analizar 5000 tuits elegidos al azar. La investigadora está interesada en el uso del lenguaje en internet y había notado cómo los hashtags, que habían nacido para ordenar temas o conectar a gente con los mismos intereses, se estaban usando para otros propósitos que nada tenían que ver.

Para investigarlo, tomó a 25 tuiteros y 25 tuiteras (decidió el sexo por su nombre) y escogió sus 100 tuits más recientes. Escudriñó todos los hashtags usados y decidió a qué categoría pertenecía cada uno de ellos. A partir de ahí, comenzó el análisis.
Shapp estableció las dos categorías que hemos comentado y percibió que en la primera, la que mola, hay más enlaces (85% frente a 15%); también, más posibilidades de que los mensajes sean marcados como favoritos o retuiteados, al tratarse de hashtags vinculados a un evento en directo. La segunda variante tiene mucha menos repercusión.
Además, la investigadora comprobó que, si había varios hashtags en el tuit, había más posibilidades de que estuvieran integrados dentro del texto. También que los mayores tuiteadores no utilizaban los hashtags necesariamente con mayor frecuencia. A ellos no les hace falta figurar en la conversación: su número de seguidores ya les ayuda a difundir la palabra.
El metahashtag

Shapp también se fijó en algo muy particular: la gente que usaba la palabra hashtag para unir una serie de palabras como si fueran una etiqueta. Al parecer, la idea es que tú, lector, interpretes todo eso como un hashtag de los secundarios sin que duelan los ojos con tantas palabras seguidas.

El estudio también se centró en el número de hashtags que utilizamos en cada tuit. El 93,5% de los tuits analizados tenían de una a cuatro etiquetas. Según las conclusiones de Shapp, «coincide con la hipótesis basada en el propósito de etiquetar como amontonamiento de palabras clave, con el fin de hacer un tuit» o mensaje de Facebook o foto de Instagram «‘buscable’»:

Una foto publicada por José Manuel Blanco (@josemblanco) el


De nuevo, el tipo 1 es el más importante, pues son una especie de tags que ayudan a localizar mensajes en el futuro, y encima en pocos caracteres. Ya sabes: no desperdicies letras para nada.
Y atención, porque aquí, quien quiera, también puede encontrar guerra de sexos: los hombres tienden más a usar etiquetas del tipo tag y las mujeres del tipo comentario. Según la lingüista y profesora en la Universidad de Georgetown Deborah Tannen, la preferencia de las féminas por hashtags expresivos es similar «a su uso de los puntos de exclamación, mayúsculas y repetición de letras para mostrar énfasis y al hecho de que los patrones de entonación de las mujeres tienden a variar más que los hombres».
Las conclusiones que la lingüista sacó en Twitter se pueden llevar a Instagram, donde el uso alternativo de los hashtags alcanza el paroxismo. Por ejemplo, en las fotos de comida, que pueden llevar etiquetas a diestro y siniestro.

Una foto publicada por Eve's Photo Stock (@evesphotostock) el


Pero también, cómo no, los hashtags que no tienen ningún sentido. ¿Qué imagen crees que proyectas?

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