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20 de enero 2016    /   CIENCIA
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¿Hay que elegir entre Isaac Asimov y Stephen Hawking?

20 de enero 2016    /   CIENCIA     por          
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Rotundamente no, aunque yo tomaré partido. Este artículo se desliza en torno a una efeméride imperfecta, pues será en 2017 cuando se cumplan 25 años de su muerte, y un poco más tarde celebraremos el centenario de su nacimiento. Pero no he podido esperar hasta entonces para gritar: «¡Adoro a Isaac Asimov!». Además, tengo la incómoda sensación de que Stephen Hawking nos va a abandonar este año, y la comparto con ustedes. Acerté con Manuel Fraga y con la Duquesa de Alba, avisados quedan; tengo buen ojo para predecir decesos, excepto con el de mi suegra, que se me resiste cada año.

Hawking no solo no ha ganado el premio Nobel de Física, tampoco ha sido distinguido con ningún galardón científico de peso, con excepción de la Medalla Hughes en 1976, y el Andrew Gemant en 1998, cuando las noticias sobre el progreso de su enfermedad ya eclipsaban sus hallazgos en el campo de la física teórica. Lo demás casi todo son premios institucionales u honoríficos (Príncipe de Asturias, Orden del Imperio Británico y una docena de doctorados honoris causa, entre otros) que se multiplican día a día y que complican su densa agenda y la de su nutrido grupo de asesores. Hawking tiene muchos méritos, sin duda, pero hoy día invisten doctor honoris causa a cualquiera ¡incluso Mariano Rajoy ha pasado por ese trance!

1hawk

Un servidor es hombre de ciencias, y puedo afirmar que si el mediático físico no padeciera esa interminable enfermedad neurodegenerativa que tendría que haber acabado con su vida hace décadas, sus opiniones tendrían mucha menos repercusión, no ya para el público en general, que ni siquiera lo conocería, sino para la comunidad científica, que mira con recelo las cifras superventas de algunos de sus libritos de divulgación.

Hay uno de Isaac Asimov titulado Introducción a la ciencia con casi mil quinientas páginas publicadas en 1973. Todas fascinantes, todas imprescindibles. Este volumen recibió el premio James T. Grady a la divulgación científica y no solo a mí, sino a muchas personas de mi entorno adolescente, ese libro nos hizo reflexionar y nos empujó a elegir una carrera de ciencias. Pero Asimov no iba en silla de ruedas; era un ruso con gafas de pasta y cejas pobladas que se había instalado durante la Guerra Fría en EEUU. Nada cool. Tampoco ganó ningún premio de prestigio en el ámbito científico más allá de los literarios. Murió en Brooklyn en 1992.

Esas patillas imposibles, esas gafas de pasta… Si Asimov hubiera abierto un garito en Malasaña, se habría forrado; pero no. Prefirió seguir escribiendo libros en Nueva York, y no podemos reprochárselo.

Aunque ha sido insuficientemente traducido a la gran pantalla, hay algunas cintas notables basadas en sus novelas, como Yo robot (Alex Proyas, 2004), Viaje alucinante (Richard Fleischer, 1966), o El hombre bicentenario (Chris Columbus, 1999). ¿Para cuándo un biopic de Asimov? Hawking ya tiene el suyo: La teoría del todo (James Marsh, 2014).

Fundación es una de las sagas más inteligentes jamás escritas en el terreno de la ciencia ficción, y su invención de la llamada Psicohistoria, una rama de las Matemáticas que juega con probabilidades y ecuaciones para predecir el futuro, es todo un canto contra los charlatanes, videntes, astrólogos, adivinos, tarotistas, imanes, sacerdotes, lectores de posos de café, y en general desmonta cualquier religión, ya sea monoteísta y multitudinaria como las que afligen los tiempos convulsos en que nos ha tocado vivir; o bien politeísta o de cualquier otra naturaleza.

Asimov era un ateo como Dios manda.

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Foto: Digital Trends

Sus ya inviolables tres leyes de la robótica han sido incorporadas a los desarrollos de los ingenieros expertos en ingeniería artificial. Se las recuerdo, porque nunca está de más tenerlas presentes, ahora que los robots se van incorporando lenta pero inexorablemente a la vida cotidiana. Sin duda alguna convivirán con nuestros hijos y nietos. Puede que hasta terminen teniendo sexo con ellos.

1.- Ningún robot causará daño a un ser humano o permitirá, con su inacción, que un ser humano resulte dañado.

2.- Todo robot obedecerá las órdenes recibidas de los seres humanos, excepto cuando esas órdenes puedan entrar en contradicción con la primera ley.

3.- Todo robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando esta protección no entre en contradicción con la primera o la segunda ley.

Simples y bellas como el filo de la navaja de Ockham.

Asimov publicó cientos de títulos, traducidos a decenas de idiomas, y por ello se le acusaba de tener negros, de que él no había escrito todo eso. Probablemente tampoco Stephen King, ni Lope de Vega, ni muchísimo menos Shakespeare, ¿y qué?

La fotosíntesis, el universo, el código genético, el tiempo y su maravillosa serie de libros de historia: los egipcios, los griegos, los romanos… Nadie explicó tan bien y tan concisamente lo que sucedió en esas remotas épocas, casi como un Heródoto contemporáneo. De hecho su principal fuente solían ser los impagables Nueve libros de la Historia, a los que salpimentaba con hallazgos contemporáneos y un punto de vista tan didáctico que convertía la Antigüedad en un fascinante mosaico de conocimientos e intrigas. Quizá de esa querencia brotó su interés por la novela negra, que cultivó con gran talento en títulos como Asesinato en la convención.

Si a estas alturas aún no he logrado contagiarles mi pasión por este personaje irrepetible, tómense unos minutos en visionar esta entrevista realizada en 1988 en la que predice exactamente lo que es hoy internet. Atención a su estilismo. Esa camisa, ese pasador… ¡esa dicción! (está subtitulada al castellano).

Era bioquímico y ganó todos los premios imaginables en el mundo de la literatura de ciencia ficción (Hugo, Skylark, Nébula, Locus, etc.). Su gran mérito, entre otros, fue lograr que personas que detestan ese binomio, ciencia ficción, de esos que dicen «no, a mí es que la ciencia ficción no me gusta nada; prefiero los problemas reales de la gente», hayan caído en las redes de novelas como Fundación o cualquiera de sus excelentes secuelas.

En este breve vídeo, que se cierra precisamente con una cita de Stephen Hawking, escuchamos la famosa Metáfora del cuarto de baño enunciada por Asimov hace más de un cuarto de siglo:

Para terminar, que nadie piense que tengo algo contra Stephen Hawking; al contrario, le admiro y reconozco que su asombrosa intensidad profesional a pesar de su no menos asombrosa decadencia física, me impresiona. Quizá gracias a eso algunas personas que solo ven la tele y leen un par de libros al año hayan ojeado su muy notable Breve historia del tiempo, y eso haya cambiado sus vidas. Pero ¿saben qué? No me lo creo.

Yo me quedo con Asimov.

¡ÚLTIMA HORA! Acaban de conceder a Stephen Hawking el Premio Fronteras que otorga el BBVA, por descubrir algo muy obvio, que todos sospechamos desde pequeños, a saber, que las galaxias se formaron a partir de perturbaciones cuánticas en el principio del universo. ¡A buenas horas! Asimov también lo sabía, pero nunca lo dijo para no parecer un listillo.

Rotundamente no, aunque yo tomaré partido. Este artículo se desliza en torno a una efeméride imperfecta, pues será en 2017 cuando se cumplan 25 años de su muerte, y un poco más tarde celebraremos el centenario de su nacimiento. Pero no he podido esperar hasta entonces para gritar: «¡Adoro a Isaac Asimov!». Además, tengo la incómoda sensación de que Stephen Hawking nos va a abandonar este año, y la comparto con ustedes. Acerté con Manuel Fraga y con la Duquesa de Alba, avisados quedan; tengo buen ojo para predecir decesos, excepto con el de mi suegra, que se me resiste cada año.

Hawking no solo no ha ganado el premio Nobel de Física, tampoco ha sido distinguido con ningún galardón científico de peso, con excepción de la Medalla Hughes en 1976, y el Andrew Gemant en 1998, cuando las noticias sobre el progreso de su enfermedad ya eclipsaban sus hallazgos en el campo de la física teórica. Lo demás casi todo son premios institucionales u honoríficos (Príncipe de Asturias, Orden del Imperio Británico y una docena de doctorados honoris causa, entre otros) que se multiplican día a día y que complican su densa agenda y la de su nutrido grupo de asesores. Hawking tiene muchos méritos, sin duda, pero hoy día invisten doctor honoris causa a cualquiera ¡incluso Mariano Rajoy ha pasado por ese trance!

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Un servidor es hombre de ciencias, y puedo afirmar que si el mediático físico no padeciera esa interminable enfermedad neurodegenerativa que tendría que haber acabado con su vida hace décadas, sus opiniones tendrían mucha menos repercusión, no ya para el público en general, que ni siquiera lo conocería, sino para la comunidad científica, que mira con recelo las cifras superventas de algunos de sus libritos de divulgación.

Hay uno de Isaac Asimov titulado Introducción a la ciencia con casi mil quinientas páginas publicadas en 1973. Todas fascinantes, todas imprescindibles. Este volumen recibió el premio James T. Grady a la divulgación científica y no solo a mí, sino a muchas personas de mi entorno adolescente, ese libro nos hizo reflexionar y nos empujó a elegir una carrera de ciencias. Pero Asimov no iba en silla de ruedas; era un ruso con gafas de pasta y cejas pobladas que se había instalado durante la Guerra Fría en EEUU. Nada cool. Tampoco ganó ningún premio de prestigio en el ámbito científico más allá de los literarios. Murió en Brooklyn en 1992.

Esas patillas imposibles, esas gafas de pasta… Si Asimov hubiera abierto un garito en Malasaña, se habría forrado; pero no. Prefirió seguir escribiendo libros en Nueva York, y no podemos reprochárselo.

Aunque ha sido insuficientemente traducido a la gran pantalla, hay algunas cintas notables basadas en sus novelas, como Yo robot (Alex Proyas, 2004), Viaje alucinante (Richard Fleischer, 1966), o El hombre bicentenario (Chris Columbus, 1999). ¿Para cuándo un biopic de Asimov? Hawking ya tiene el suyo: La teoría del todo (James Marsh, 2014).

Fundación es una de las sagas más inteligentes jamás escritas en el terreno de la ciencia ficción, y su invención de la llamada Psicohistoria, una rama de las Matemáticas que juega con probabilidades y ecuaciones para predecir el futuro, es todo un canto contra los charlatanes, videntes, astrólogos, adivinos, tarotistas, imanes, sacerdotes, lectores de posos de café, y en general desmonta cualquier religión, ya sea monoteísta y multitudinaria como las que afligen los tiempos convulsos en que nos ha tocado vivir; o bien politeísta o de cualquier otra naturaleza.

Asimov era un ateo como Dios manda.

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Foto: Digital Trends

Sus ya inviolables tres leyes de la robótica han sido incorporadas a los desarrollos de los ingenieros expertos en ingeniería artificial. Se las recuerdo, porque nunca está de más tenerlas presentes, ahora que los robots se van incorporando lenta pero inexorablemente a la vida cotidiana. Sin duda alguna convivirán con nuestros hijos y nietos. Puede que hasta terminen teniendo sexo con ellos.

1.- Ningún robot causará daño a un ser humano o permitirá, con su inacción, que un ser humano resulte dañado.

2.- Todo robot obedecerá las órdenes recibidas de los seres humanos, excepto cuando esas órdenes puedan entrar en contradicción con la primera ley.

3.- Todo robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando esta protección no entre en contradicción con la primera o la segunda ley.

Simples y bellas como el filo de la navaja de Ockham.

Asimov publicó cientos de títulos, traducidos a decenas de idiomas, y por ello se le acusaba de tener negros, de que él no había escrito todo eso. Probablemente tampoco Stephen King, ni Lope de Vega, ni muchísimo menos Shakespeare, ¿y qué?

La fotosíntesis, el universo, el código genético, el tiempo y su maravillosa serie de libros de historia: los egipcios, los griegos, los romanos… Nadie explicó tan bien y tan concisamente lo que sucedió en esas remotas épocas, casi como un Heródoto contemporáneo. De hecho su principal fuente solían ser los impagables Nueve libros de la Historia, a los que salpimentaba con hallazgos contemporáneos y un punto de vista tan didáctico que convertía la Antigüedad en un fascinante mosaico de conocimientos e intrigas. Quizá de esa querencia brotó su interés por la novela negra, que cultivó con gran talento en títulos como Asesinato en la convención.

Si a estas alturas aún no he logrado contagiarles mi pasión por este personaje irrepetible, tómense unos minutos en visionar esta entrevista realizada en 1988 en la que predice exactamente lo que es hoy internet. Atención a su estilismo. Esa camisa, ese pasador… ¡esa dicción! (está subtitulada al castellano).

Era bioquímico y ganó todos los premios imaginables en el mundo de la literatura de ciencia ficción (Hugo, Skylark, Nébula, Locus, etc.). Su gran mérito, entre otros, fue lograr que personas que detestan ese binomio, ciencia ficción, de esos que dicen «no, a mí es que la ciencia ficción no me gusta nada; prefiero los problemas reales de la gente», hayan caído en las redes de novelas como Fundación o cualquiera de sus excelentes secuelas.

En este breve vídeo, que se cierra precisamente con una cita de Stephen Hawking, escuchamos la famosa Metáfora del cuarto de baño enunciada por Asimov hace más de un cuarto de siglo:

Para terminar, que nadie piense que tengo algo contra Stephen Hawking; al contrario, le admiro y reconozco que su asombrosa intensidad profesional a pesar de su no menos asombrosa decadencia física, me impresiona. Quizá gracias a eso algunas personas que solo ven la tele y leen un par de libros al año hayan ojeado su muy notable Breve historia del tiempo, y eso haya cambiado sus vidas. Pero ¿saben qué? No me lo creo.

Yo me quedo con Asimov.

¡ÚLTIMA HORA! Acaban de conceder a Stephen Hawking el Premio Fronteras que otorga el BBVA, por descubrir algo muy obvio, que todos sospechamos desde pequeños, a saber, que las galaxias se formaron a partir de perturbaciones cuánticas en el principio del universo. ¡A buenas horas! Asimov también lo sabía, pero nunca lo dijo para no parecer un listillo.

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Opiniones 4
  • ¡SI, yo tambien adoro a Asimov! Y dado que es un ateo como dios manda lo tengo en el altar mayor de mi santoral, a la vera de Sagan. De hecho tengo “Breve introducción a la Ciencia” en la mesilla de noche como si fuera la biblia y nunca, nunca me canso de releerlo.
    El Cosmos lo tenga en su gloria…¡Grande Asimov!

  • AMO a Asimov y me alegra que haya salido alguien a recordarlo. En cuanto a si escribía o no, seguro era él porque esos diálogos tan malos llevaban su sello. Por supuesto, su genio no pasaba por el estilo sino por su brillante optimismo, su imaginación, su bondad, su fascinación contagiosa por las maravillas que nos rodean. Nunca fue voluntarista, siempre propuso soluciones a los problemas más complejos de las sociedades humanas. Hoy, con las noticias sobre el 1 % de la población que tiene más dinero que la mitad, no puedo dejar de recordar los recaudos de la psicohistoria para minimizar la duración de la inevitable nueva Edad Media. Gracias, Antonio.

  • Genial articulo Asimov es un crack de niño me leí el primer libre de fundación y parte del segundo, son geniales, pero si realmente me motivo algo de él fue un libro que no recuerdo el nombre, una enciclopedia sobre varios temas científicos, desde Biología a Cuántica y esta ultima parte me la releí millones de veces.

    Genial Isaac

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