20 de junio 2022    /   CREATIVIDAD
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‘Haz de luz’ de Rayden, cómo explicarle a un ciego lo que debería ver

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Enumerarle situaciones llenas de belleza a alguien que no puede ver. A alguien que nació ciego y que teme que, si en algún momento consigue que su sentido de la vista esté operativo, el mundo sea más feo que lo que ha percibido hasta entonces. Esa fue la motivación tras Haz de luz, una historia real en la que Rayden fue más que un mero espectador.

Lucía Gil era una niña ciega de nacimiento por culpa de la amaurosis congénita de Leber. Una enfermedad rara, de esas sobre las que casi nadie investiga. Sus padres habían preguntado por todo el planeta en busca de soluciones para revertir la situación de su hija. Hasta que encontraron un tratamiento experimental en Filadelfia que estaba totalmente fuera de sus posibilidades económicas. Ahí empezó una recaudación de fondos con todo tipo de iniciativas: recogida de tapones, carreras populares… Y, algo después, la idea de hacer un documental sobre su historia. Una película para la que pidieron a Rayden una canción. 

Y en ese momento apareció el miedo. Pero no a la operación en sí, o a que no saliera bien. Era miedo a que la belleza que ella le había concedido al mundo, sin verlo con los ojos, se desvaneciera en el momento en el que pudiera contemplarlo

Lucía es de Alcalá de Henares (Madrid), como Rayden, y se conocieron cuando ella tenía 12 años. El músico se quedó impresionado por la entereza con la que llevaba su enfermedad y por su historia. Y hablando de alguien a quien la falta de empatía le parece la mayor desgracia que está sufriendo el mundo y que intenta practicar el arte útil, estaba claro que se iba a involucrar en el proyecto.

En las pruebas previas al tratamiento para saber si Lucía era idónea para someterse a él, pudo distinguir la luz de la oscuridad. Y en ese momento apareció el miedo. Pero no a la operación en sí, o a que no saliera bien. Era miedo a que la belleza que ella le había concedido al mundo, sin verlo con los ojos, se desvaneciera en el momento en el que pudiera contemplarlo. «¿Y si no me gusta lo que veo?», preguntó a sus padres.

Y Rayden, pensando en ella y en sus miedos, pero también en su hijo pequeño, empezó a repasar esas cosas que merece la pena experimentar en la vida. Atardeceres, la llama de una hoguera, el cielo nocturno, viajar, las películas, la amistad… cosas importantes, aunque se vean con los ojos cerrados, como bien dice la canción. La belleza, en la más amplia de sus acepciones.

Nacido a mediados de los 80, el madrileño creció en la escena rapera, curtiéndose en colectivos como A3Bandas y Crew Cuervos y ganando peleas de gallos hiphoperas en cuanto tenía un micrófono en sus manos. Pero desde que en 2010 empezó a publicar en solitario, ha ido incluyendo en sus canciones influencias musicales totalmente heterogéneas.

Acompañan a unas letras exquisitas y demoledoras a partes iguales. Con reflexiones contra los prejuicios, el sectarismo, la doble moral, las incongruencias de nuestra manera de vivir… Reflexiones de esas que hacen pensar a quien las escucha. O a quien las lee, porque además de seis álbumes de estudio, Rayden tiene publicados tres poemarios. Poemas que, a menudo, acaban desarrollándose en canciones.

Finalmente, Lucía tuvo que someterse a un trasplante de retina de urgencia por una herida en el ojo. Eso impidió que siguiera con el tratamiento en Estados Unidos y el documental se paró. Pero la familia le pidió a Rayden que publicara Haz de luz igualmente, conscientes de que se había escrito desde el corazón y que amplificaba la fuerza de la historia.

Apareció en 2019 en Sinónimo, un álbum que es parte de la trilogía dedicada a la palabra que el madrileño terminó en 2021 con Homónimo (y al que precedió Antónimo). Y, aunque escuchándolo no lo parezca, es un disco que Rayden hizo entre ataques de ansiedad, prácticamente con un pie en el estudio y otro en la consulta del psicólogo.

Este 2022 Rayden ha mostrado otra de sus facetas presentándose al Festival de Benidorm, antesala española de Eurovisión. Pocos imaginaban que la actitud reivindicativa y la coherencia del cantante tuvieran un hueco en ese escenario y en ese concurso. Pero Rayden nunca busca el camino fácil, más bien es el que abre los caminos. Y aunque no salió seleccionado para representar a España, dejó claro que haciendo las cosas con integridad se puede pisar cualquier tarima.

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Lucía Gil era una niña ciega de nacimiento por culpa de la amaurosis congénita de Leber. Una enfermedad rara, de esas sobre las que casi nadie investiga. Sus padres habían preguntado por todo el planeta en busca de soluciones para revertir la situación de su hija. Hasta que encontraron un tratamiento experimental en Filadelfia que estaba totalmente fuera de sus posibilidades económicas. Ahí empezó una recaudación de fondos con todo tipo de iniciativas: recogida de tapones, carreras populares… Y, algo después, la idea de hacer un documental sobre su historia. Una película para la que pidieron a Rayden una canción. 

Y en ese momento apareció el miedo. Pero no a la operación en sí, o a que no saliera bien. Era miedo a que la belleza que ella le había concedido al mundo, sin verlo con los ojos, se desvaneciera en el momento en el que pudiera contemplarlo

Lucía es de Alcalá de Henares (Madrid), como Rayden, y se conocieron cuando ella tenía 12 años. El músico se quedó impresionado por la entereza con la que llevaba su enfermedad y por su historia. Y hablando de alguien a quien la falta de empatía le parece la mayor desgracia que está sufriendo el mundo y que intenta practicar el arte útil, estaba claro que se iba a involucrar en el proyecto.

En las pruebas previas al tratamiento para saber si Lucía era idónea para someterse a él, pudo distinguir la luz de la oscuridad. Y en ese momento apareció el miedo. Pero no a la operación en sí, o a que no saliera bien. Era miedo a que la belleza que ella le había concedido al mundo, sin verlo con los ojos, se desvaneciera en el momento en el que pudiera contemplarlo. «¿Y si no me gusta lo que veo?», preguntó a sus padres.

Y Rayden, pensando en ella y en sus miedos, pero también en su hijo pequeño, empezó a repasar esas cosas que merece la pena experimentar en la vida. Atardeceres, la llama de una hoguera, el cielo nocturno, viajar, las películas, la amistad… cosas importantes, aunque se vean con los ojos cerrados, como bien dice la canción. La belleza, en la más amplia de sus acepciones.

Nacido a mediados de los 80, el madrileño creció en la escena rapera, curtiéndose en colectivos como A3Bandas y Crew Cuervos y ganando peleas de gallos hiphoperas en cuanto tenía un micrófono en sus manos. Pero desde que en 2010 empezó a publicar en solitario, ha ido incluyendo en sus canciones influencias musicales totalmente heterogéneas.

Acompañan a unas letras exquisitas y demoledoras a partes iguales. Con reflexiones contra los prejuicios, el sectarismo, la doble moral, las incongruencias de nuestra manera de vivir… Reflexiones de esas que hacen pensar a quien las escucha. O a quien las lee, porque además de seis álbumes de estudio, Rayden tiene publicados tres poemarios. Poemas que, a menudo, acaban desarrollándose en canciones.

Finalmente, Lucía tuvo que someterse a un trasplante de retina de urgencia por una herida en el ojo. Eso impidió que siguiera con el tratamiento en Estados Unidos y el documental se paró. Pero la familia le pidió a Rayden que publicara Haz de luz igualmente, conscientes de que se había escrito desde el corazón y que amplificaba la fuerza de la historia.

Apareció en 2019 en Sinónimo, un álbum que es parte de la trilogía dedicada a la palabra que el madrileño terminó en 2021 con Homónimo (y al que precedió Antónimo). Y, aunque escuchándolo no lo parezca, es un disco que Rayden hizo entre ataques de ansiedad, prácticamente con un pie en el estudio y otro en la consulta del psicólogo.

Este 2022 Rayden ha mostrado otra de sus facetas presentándose al Festival de Benidorm, antesala española de Eurovisión. Pocos imaginaban que la actitud reivindicativa y la coherencia del cantante tuvieran un hueco en ese escenario y en ese concurso. Pero Rayden nunca busca el camino fácil, más bien es el que abre los caminos. Y aunque no salió seleccionado para representar a España, dejó claro que haciendo las cosas con integridad se puede pisar cualquier tarima.

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