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15 de mayo 2017    /   BUSINESS
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‘Hermano asno’: la historia del hombre asociada a los burros

15 de mayo 2017    /   BUSINESS     por        fotografia  Mondelo
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Dejando a un lado la ternura que despierta cualquier cachorro, el burro es uno de los mamíferos que más asociamos a la inocencia de la infancia. Niños y pollinos se entienden y se quieren como si fuera algo determinado en sus genes. La infancia de muchos de los que hoy ya tienen cierta edad y han tenido la suerte de pasar sus veranos en la casa de sus abuelos en el pueblo probablemente esté asociada en su mayoría a la figura de un asno.

Esa razón por sí sola hubiera bastado para que Eliseo García Nieto, periodista y cineasta, y Mondelo, fotógrafo de prensa, hayan escrito un voluminoso libro sobre burros llamado Hermano asno, editado por la Diputación de Córdoba. Pero la nostalgia del candor infantil no es el único motivo impulsor de esta obra.

Desfile de las fiestas de la Octava del Corpus en Peñalsordo (Badajoz) por Mondelo
Desfile de las fiestas de la Octava del Corpus en Peñalsordo (Badajoz) por Mondelo

De todos los animales que pueblan la Tierra, solo dos tienen un simbolismo capaz de representar lo mejor y lo peor. Hablamos del hombre y del burro. Ambos pueden ser símbolo de trabajo, de esfuerzo, de ternura, de fidelidad, de abnegación… Pero también son símbolo de la lujuria, la tozudez, la estupidez…

No es este el único lazo que une al asno y al ser humano. El rucio ha sido empleado durante siglos como animal de trabajo. Agricultores, mineros, pastores, trazadores de carreteras, obreros que fueron colocando los primeros postes de la luz en España… se han servido de este animal para llevar a cabo su labor y ahora, cuando la mecánica se ha impuesto a la fuerza bruta del burro, estos animales han dejado de ser útiles condenándoles a una extinción lenta y silenciosa.

«Cuando me enteré de que los burros se estaban extinguiendo, me dio por pensar y me di cuenta de que en realidad les pasaba una situación paralela a la que les ocurría a sus amos, los trabajadores», explica a Yorokobu García Nieto. «En realidad, lo que está desapareciendo son los trabajadores, empezando por los agrarios, siguiendo por los mineros, los pastores… Y no dejé de sentir todavía una identificación mayor, no ya solamente desde el punto de vista del candor infantil, sino una especie de solidaridad de trabajador a trabajador».

El resultado es Hermano asno, un volumen de 560 páginas y 200 fotos en el que se expone un retrato de familia de ambos animales, el burro y el hombre, y que Eliseo García Nieto describe como «un reportaje periodístico sin más, con texto y fotos como los que salen en las revistas, pero más amplio».

Cuando Efe, la agencia donde trabajaba en ese momento, realizó un ERE entre sus empleados, no tuvo duda en acogerse a él. Era el momento de lanzarse de lleno a escribir el libro. En un principio, él mismo se encargaría del texto y las fotos. Pero cuando se enteró de que Mondelo, fotógrafo en la misma agencia y con quien había tenido una muy buena relación, también estaba libre, tuvo claro que sería el veterano periodista quien debía encargarse de las imágenes. «De los aciertos grandes que he tenido en mi vida, uno ha sido proponerle a Mondelo hacer esto. No solo ya por la calidad de las fotos, sino porque hemos trabajado realmente con la escuela de agencia, a pesar de no haber trabajado nunca juntos», asegura García Nieto.

El periodista solo tiene elogios para su compañero de aventuras, a quien define como «una escuela viviente del periodismo». «Jamás nos tuvimos que decir una palabra cuando hacíamos una cobertura. Bajábamos del coche y él ya sabía lo que tenía que hacer para ayudarme a mí a hacer mi trabajo, y yo exactamente lo mismo. Ha sido un trabajo de equipo perfecto, hemos congeniado a las mil maravillas».

La burra Platerilla en el cementerio de Moguer (Huelva), por Mondelo
La burra Platerilla en el cementerio de Moguer (Huelva), por Mondelo

El libro, nos dice su autor, está lleno de trampas y juegos que el lector debe descubrir. Su estructura «sigue un poco, a modo de homenaje, la de Platero y yo». En la obra de Juan Ramón Jiménez no encontramos bloques de acción, sino un ciclo temporal: primavera, verano, otoño e invierno, que simbolizan también las distintas etapas de la vida: la infancia, la adolescencia, la madurez y la vejez y muerte.

Así, Hermano asno, arranca con el inicio de la vida y el protagonista, además del burro, es el Ejército por dos razones: primero, porque ellos tienen un programa intensivo dedicado a la recuperación del asno. Y también porque el ejército es el símbolo de la lucha.

El resto de capítulos hablan del abandono que están sufriendo los pueblos, de historia, de economía, de sexualidad, de humor, de trabajo, de religión, de política… y todo con un hilo conductor, el burro, como símbolo de nuestra propia existencia humana.

«El libro es un círculo que empieza con la vida y acaba con la muerte», aclara García Nieto. «Y dentro, todo son círculos que dan vueltas». Al fin y al cabo, en Occidente, durante el Renacimiento, se representaba a la vida como una rueda que daba vueltas porque en el centro había un burro haciéndola girar, como si fuera una noria.

Conseguir que este enorme volumen haya visto la luz ha supuesto a los dos periodistas cinco años de trabajo y esfuerzo. El trabajo de campo comenzó en diciembre de 2012 con las cabalgatas de Reyes y acabó en abril de 2014 «con una entrevista que nos pareció ya absolutamente insuperable porque entrevistamos a un sacerdote de 101 años junto a un burro que caza conejos». Mondelo y García Nieto tuvieron claro entonces que aquel era el punto final perfecto.

El proceso de documentación, explica el autor del texto, ha sido exhaustivo: libros, documentales, películas, museos, testimonios recogidos prácticamente por toda España (a excepción de Levante, Baleares, Ceuta y Melilla) hasta completar algo más de 750 referencias bibliográficas que le pasaron factura a los ojos. Desgarros en la retina, curiosamente con forma de herradura, que acabaron en un quirófano. En total, dos años de búsqueda de documentación.

Tampoco fue fácil encontrar una editorial que quisiera publicar Hermano asno. El volumen y exigencias del proyecto hicieron que varias de ellas renunciaran a su publicación. Finalmente fue la Diputación de Córdoba, provincia vinculada desde muy antiguo a la cría de burros y protagonista de uno de los capítulos del libro, quien asumió la edición de la obra.

Su portada, una preciosa foto en blanco y negro de una paisana gallega subida a lomos de un rucio, es, según García Nieto y Mondelo, un doble homenaje: al burro, por supuesto, y a la mujer. En esta vida, explica, todos somos burros de otros: el pobre es el burro del rico, el negro es el burro del blanco, la mujer es el burro del hombre. Las mujeres, dice, son el burro universal porque son las trabajadoras por antonomasia.

Pascual Rovira, fundador de la Asociación para la Defensa del Brorico, con Mandla, el primer asno acogido en sus instalaciones en Rute (Córdoba), por Mondelo
Pascual Rovira, fundador de la Asociación para la Defensa del Brorico, con Mandla, el primer asno acogido en sus instalaciones en Rute (Córdoba), por Mondelo

«Las mujeres estáis en la base, siempre, sosteniéndolo todo con vuestro esfuerzo, con vuestro trabajo e incluso con vuestra capacidad reproductiva. Sois el origen y la base de todo. Al igual que el burro, que es el origen, la base y el sustento de muchas familias, porque muchas no habrían podido sobrevivir sin la ayuda de burros; y nuestra civilización existe gracias a los burros», continua explicando el paralelismo entre asnos y féminas.

«La portada es un homenaje y resumen perfecto de todo el libro», concluye Eliseo García Nieto. «No solo tiene el homenaje al débil que estamos diciendo, lo del trabajo, lo del burro, sino que también es un símbolo de la trascendencia, de la muerte y del sentido un poco metafísico y simbólico que tiene todo. Para mí, la portada es un poco el resumen de todo lo que hay dentro del libro».

Para leer este libro no se necesita más que tiempo. «El libro está pensado también para leerlo lento», asegura su autor. «Es una de las trampas que tiene. Porque el lenguaje he procurado que no sea complejo ni técnico ni nada de eso, pero sí está pensado para que haya que leerlo con lentitud, a paso de burro. Es un libro asnal en todos los sentidos. Está hecho a ritmo asnal y pensado para leerlo a ritmo asnal, para que leerlo sea un acto consciente: me voy a sentar y leer».

Cualquiera puede disfrutar con la lectura de Hermano asno. Basta con sentir curiosidad por su entorno, por sí mismo, por cómo es España. Pero no es un libro que trata de dar respuestas, advierte su autor. «Intenta que cada cual se plantee preguntas que, a lo mejor, antes ni se le habían pasado por la cabeza, que es lo que me ha ocurrido a mí al escribirlo y es lo que espero que ocurra a quien lo lea».

Dejando a un lado la ternura que despierta cualquier cachorro, el burro es uno de los mamíferos que más asociamos a la inocencia de la infancia. Niños y pollinos se entienden y se quieren como si fuera algo determinado en sus genes. La infancia de muchos de los que hoy ya tienen cierta edad y han tenido la suerte de pasar sus veranos en la casa de sus abuelos en el pueblo probablemente esté asociada en su mayoría a la figura de un asno.

Esa razón por sí sola hubiera bastado para que Eliseo García Nieto, periodista y cineasta, y Mondelo, fotógrafo de prensa, hayan escrito un voluminoso libro sobre burros llamado Hermano asno, editado por la Diputación de Córdoba. Pero la nostalgia del candor infantil no es el único motivo impulsor de esta obra.

Desfile de las fiestas de la Octava del Corpus en Peñalsordo (Badajoz) por Mondelo
Desfile de las fiestas de la Octava del Corpus en Peñalsordo (Badajoz) por Mondelo

De todos los animales que pueblan la Tierra, solo dos tienen un simbolismo capaz de representar lo mejor y lo peor. Hablamos del hombre y del burro. Ambos pueden ser símbolo de trabajo, de esfuerzo, de ternura, de fidelidad, de abnegación… Pero también son símbolo de la lujuria, la tozudez, la estupidez…

No es este el único lazo que une al asno y al ser humano. El rucio ha sido empleado durante siglos como animal de trabajo. Agricultores, mineros, pastores, trazadores de carreteras, obreros que fueron colocando los primeros postes de la luz en España… se han servido de este animal para llevar a cabo su labor y ahora, cuando la mecánica se ha impuesto a la fuerza bruta del burro, estos animales han dejado de ser útiles condenándoles a una extinción lenta y silenciosa.

«Cuando me enteré de que los burros se estaban extinguiendo, me dio por pensar y me di cuenta de que en realidad les pasaba una situación paralela a la que les ocurría a sus amos, los trabajadores», explica a Yorokobu García Nieto. «En realidad, lo que está desapareciendo son los trabajadores, empezando por los agrarios, siguiendo por los mineros, los pastores… Y no dejé de sentir todavía una identificación mayor, no ya solamente desde el punto de vista del candor infantil, sino una especie de solidaridad de trabajador a trabajador».

El resultado es Hermano asno, un volumen de 560 páginas y 200 fotos en el que se expone un retrato de familia de ambos animales, el burro y el hombre, y que Eliseo García Nieto describe como «un reportaje periodístico sin más, con texto y fotos como los que salen en las revistas, pero más amplio».

Cuando Efe, la agencia donde trabajaba en ese momento, realizó un ERE entre sus empleados, no tuvo duda en acogerse a él. Era el momento de lanzarse de lleno a escribir el libro. En un principio, él mismo se encargaría del texto y las fotos. Pero cuando se enteró de que Mondelo, fotógrafo en la misma agencia y con quien había tenido una muy buena relación, también estaba libre, tuvo claro que sería el veterano periodista quien debía encargarse de las imágenes. «De los aciertos grandes que he tenido en mi vida, uno ha sido proponerle a Mondelo hacer esto. No solo ya por la calidad de las fotos, sino porque hemos trabajado realmente con la escuela de agencia, a pesar de no haber trabajado nunca juntos», asegura García Nieto.

El periodista solo tiene elogios para su compañero de aventuras, a quien define como «una escuela viviente del periodismo». «Jamás nos tuvimos que decir una palabra cuando hacíamos una cobertura. Bajábamos del coche y él ya sabía lo que tenía que hacer para ayudarme a mí a hacer mi trabajo, y yo exactamente lo mismo. Ha sido un trabajo de equipo perfecto, hemos congeniado a las mil maravillas».

La burra Platerilla en el cementerio de Moguer (Huelva), por Mondelo
La burra Platerilla en el cementerio de Moguer (Huelva), por Mondelo

El libro, nos dice su autor, está lleno de trampas y juegos que el lector debe descubrir. Su estructura «sigue un poco, a modo de homenaje, la de Platero y yo». En la obra de Juan Ramón Jiménez no encontramos bloques de acción, sino un ciclo temporal: primavera, verano, otoño e invierno, que simbolizan también las distintas etapas de la vida: la infancia, la adolescencia, la madurez y la vejez y muerte.

Así, Hermano asno, arranca con el inicio de la vida y el protagonista, además del burro, es el Ejército por dos razones: primero, porque ellos tienen un programa intensivo dedicado a la recuperación del asno. Y también porque el ejército es el símbolo de la lucha.

El resto de capítulos hablan del abandono que están sufriendo los pueblos, de historia, de economía, de sexualidad, de humor, de trabajo, de religión, de política… y todo con un hilo conductor, el burro, como símbolo de nuestra propia existencia humana.

«El libro es un círculo que empieza con la vida y acaba con la muerte», aclara García Nieto. «Y dentro, todo son círculos que dan vueltas». Al fin y al cabo, en Occidente, durante el Renacimiento, se representaba a la vida como una rueda que daba vueltas porque en el centro había un burro haciéndola girar, como si fuera una noria.

Conseguir que este enorme volumen haya visto la luz ha supuesto a los dos periodistas cinco años de trabajo y esfuerzo. El trabajo de campo comenzó en diciembre de 2012 con las cabalgatas de Reyes y acabó en abril de 2014 «con una entrevista que nos pareció ya absolutamente insuperable porque entrevistamos a un sacerdote de 101 años junto a un burro que caza conejos». Mondelo y García Nieto tuvieron claro entonces que aquel era el punto final perfecto.

El proceso de documentación, explica el autor del texto, ha sido exhaustivo: libros, documentales, películas, museos, testimonios recogidos prácticamente por toda España (a excepción de Levante, Baleares, Ceuta y Melilla) hasta completar algo más de 750 referencias bibliográficas que le pasaron factura a los ojos. Desgarros en la retina, curiosamente con forma de herradura, que acabaron en un quirófano. En total, dos años de búsqueda de documentación.

Tampoco fue fácil encontrar una editorial que quisiera publicar Hermano asno. El volumen y exigencias del proyecto hicieron que varias de ellas renunciaran a su publicación. Finalmente fue la Diputación de Córdoba, provincia vinculada desde muy antiguo a la cría de burros y protagonista de uno de los capítulos del libro, quien asumió la edición de la obra.

Su portada, una preciosa foto en blanco y negro de una paisana gallega subida a lomos de un rucio, es, según García Nieto y Mondelo, un doble homenaje: al burro, por supuesto, y a la mujer. En esta vida, explica, todos somos burros de otros: el pobre es el burro del rico, el negro es el burro del blanco, la mujer es el burro del hombre. Las mujeres, dice, son el burro universal porque son las trabajadoras por antonomasia.

Pascual Rovira, fundador de la Asociación para la Defensa del Brorico, con Mandla, el primer asno acogido en sus instalaciones en Rute (Córdoba), por Mondelo
Pascual Rovira, fundador de la Asociación para la Defensa del Brorico, con Mandla, el primer asno acogido en sus instalaciones en Rute (Córdoba), por Mondelo

«Las mujeres estáis en la base, siempre, sosteniéndolo todo con vuestro esfuerzo, con vuestro trabajo e incluso con vuestra capacidad reproductiva. Sois el origen y la base de todo. Al igual que el burro, que es el origen, la base y el sustento de muchas familias, porque muchas no habrían podido sobrevivir sin la ayuda de burros; y nuestra civilización existe gracias a los burros», continua explicando el paralelismo entre asnos y féminas.

«La portada es un homenaje y resumen perfecto de todo el libro», concluye Eliseo García Nieto. «No solo tiene el homenaje al débil que estamos diciendo, lo del trabajo, lo del burro, sino que también es un símbolo de la trascendencia, de la muerte y del sentido un poco metafísico y simbólico que tiene todo. Para mí, la portada es un poco el resumen de todo lo que hay dentro del libro».

Para leer este libro no se necesita más que tiempo. «El libro está pensado también para leerlo lento», asegura su autor. «Es una de las trampas que tiene. Porque el lenguaje he procurado que no sea complejo ni técnico ni nada de eso, pero sí está pensado para que haya que leerlo con lentitud, a paso de burro. Es un libro asnal en todos los sentidos. Está hecho a ritmo asnal y pensado para leerlo a ritmo asnal, para que leerlo sea un acto consciente: me voy a sentar y leer».

Cualquiera puede disfrutar con la lectura de Hermano asno. Basta con sentir curiosidad por su entorno, por sí mismo, por cómo es España. Pero no es un libro que trata de dar respuestas, advierte su autor. «Intenta que cada cual se plantee preguntas que, a lo mejor, antes ni se le habían pasado por la cabeza, que es lo que me ha ocurrido a mí al escribirlo y es lo que espero que ocurra a quien lo lea».

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Opiniones 4
  • por fin un libro sobre el ser más noble. ¿por qué no un monumento al borrico y un festival anual de poesías en su honor. Pascual, no estás sólo.

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