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11 de julio 2014    /   IDEAS
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Dos siglos de guerras por la heroína

11 de julio 2014    /   IDEAS     por          
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Hace poco que los EE UU parecen haber aceptado que su famosa cruzada contra la droga ha sido un fracaso. Lanzada en 1971 por Nixon como una iniciativa de salud pública por las adicciones de la generación de Vietnam y radicalizada en el 81 por Reagan, solo ha logrado incrementar tanto el poder de los cárteles como el abuso de las sustancias. Pero este conflicto no nació en el vacío, si no que es el resultado de un continuo que puede rastrearse hasta principios del siglo XIX.

Dessa Bergen-Cico, investigadora de la universidad de Siracusa y autora del libro War and drugs: The Role of Military Conflict in the Development of Substance Abuse, pone la primera piedra en este camino en los dos conflictos militares de mediados del XIX que llevaron a Inglaterra a luchar por el privilegio de venderle opio a China.
A la guerra para comerciar con opio
«Básicamente», explica al teléfono desde Canadá, «China solo quería comerciar con piezas de plata, pero había una escasez de esta materia prima debido a que España había comenzado a acuñar moneda con ella». Inglaterra, que necesitaba comprar té, observó que en el país del Centro había un creciente interés en el opio, del que los chinos habían desarrollado una nueva forma de consumo altamente adictiva: fumarlo mezclado con tabaco. Pese a las continuas prohibiciones de los emperadores, la droga seguía llegando gracias a la corrupción de los funcionarios portuarios.
En 1830, Inglaterra exportó a China unas 700 toneladas de opio desde India, que en 1833 se triplicaron hasta las 2.000. Para entonces, el 27% de los hombres chinos eran adictos y su esperanza de vida era de seis años después de iniciar el consumo, si era crónico, y de 20 si era eventual. En 1839, tras la destrucción de grandes cantidades de opio inglés a su llegada a los puertos de China, Inglaterra va a la guerra para asegurar su comercio.
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El abuso del opio por parte de todos los estamentos de la sociedad china hizo, en opinión de Bergen-Cico, «más manejables y dóciles» a los soldados asiáticos, cuyo gobierno se rindió a los tres años al firmar el tratado de Nankín, por el que cedían el control de Hong Kong y abrían cinco puertos al comercio británico, tanto de opio como de otros objetos. A este le siguieron otra serie de tratados desventajosos para China con EE UU y Francia y esta guerra se convirtió en la primera que usó la droga como arma para dominar a una población.
En 1860, cuando finaliza la segunda parte de este conflicto, iniciado en 1856 con el asalto del barco Arrow, acusado de contrabando por oficiales chinos, Inglaterra exportaba ya 6.000 toneladas de opio a China. «Este comercio comenzó a ser extremadamente lucrativo para los poderes coloniales», argumenta Bergen-Cico, «así que se convirtió en el modelo con el que también Francia, Holanda y en cierta manera España financiaron sus imperios: vender opio a China y al sur de Asia».
El monopolio francés
En este proceso, los franceses lograron establecer una gran colonia, la Indochina francesa. Esta se componía principalmente de los territorios actuales de Laos, Vietnam y Camboya. En 1881 establecieron en Saigón una organización gubernamental llamada Manufacture d’Opium, encargada de controlar el monopolio del opio, que vendían principalmente a la población vietnamita.
Cuando está a punto de estallar la II Guerra Mundial, había en la Indochina francesa unos 2.500 fumaderos de opio y, según glosa el libro de Bergen-Cico, el 15% de los beneficios franceses venían por impuestos a la adormidera. «Este comercio fue uno de los catalizadores de la expulsión de los franceses de Vietnam», razona, «ya que los locales veían esta venta y adicción como una forma de abuso y esclavismo». Su lucha por la independencia culminó en 1954 con la proclamación de las naciones de Camboya, Laos y de dos Vietnam, uno comunista al norte del paralelo 17. En este momento, el comercio global de opio estaba en su punto más bajo. EE UU, deseoso de machacar rojos allá donde surgieran, entró en su guerra más famosa y volvió a florecer la adormidera.
La heroína como arma de guerra
«En Vietnam los comunistas hicieron que fuera sencillo para los soldados estadounidenses y británicos en el sur conseguir heroína y marihuana y así les era más fácil vencerles, si estaban bajo sus efectos», aclara. Se estima que para el final de la guerra, un 30% de los reclutas volvieron con algún tipo de problema de drogas y algunos comandantes estimaban que el 75% fumaba hierba.
Mientras, en la madre patria, los movimientos pacifistas hacían del consumo de marihuana y LSD un símbolo de su lucha contra el sistema, pero poco a poco crecían los usuarios de heroína. Esta entró en principio a través de las cadenas de suministro del ejército. «En parte se debía a una transferencia social basada en el desconocimiento de la juventud de si iba a ir o no a la guerra», explica Bergen-Cico, que creció durante estos años.
De cerca de 57.000 adictos a la heroína en EE UU en 1965 y de contabilizabar dos hospitalizaciones mensuales por sobredosis en 1970, se pasa en 1975 a 560.000 adictos y dos sobredosis diarias. Una parte de los veteranos de Vietnam aplicaron sus conocimientos para el crimen, como los que se integraron en bandas de motores como los Hell’s Angel o los Mongols o los pilotos que volaban bajo el radar en la frontera sur del país para traer droga desde Latinoamérica.
En 1971, Nixon anunciaba su guerra contra las drogas; en el 73 se creaba la DEA y en el 81 Reagan radicalizaba su enfoque, centrándose más en la militarización que en las políticas de salud pública. Curiosamente, mientras hacían esto, se planeaba en Afganistán la operación Mosquito. Esta buscaba usar la táctica de la heroína como arma de guerra, justo como los norvietnamitas habían hecho contra EE UU.
La idea era que se fomentaría el cultivo opio en la zona y luego se suministraría a los soldados soviéticos. Aunque el segundo paso no llegó a ponerse en práctica, el primero sí que sentó las bases para el narcoestado afgano. Entonces, solo el 5% de la heroína mundial usaba la cosecha afgana. Hoy, según las Naciones Unidas, es el 90%.

Hace poco que los EE UU parecen haber aceptado que su famosa cruzada contra la droga ha sido un fracaso. Lanzada en 1971 por Nixon como una iniciativa de salud pública por las adicciones de la generación de Vietnam y radicalizada en el 81 por Reagan, solo ha logrado incrementar tanto el poder de los cárteles como el abuso de las sustancias. Pero este conflicto no nació en el vacío, si no que es el resultado de un continuo que puede rastrearse hasta principios del siglo XIX.

Dessa Bergen-Cico, investigadora de la universidad de Siracusa y autora del libro War and drugs: The Role of Military Conflict in the Development of Substance Abuse, pone la primera piedra en este camino en los dos conflictos militares de mediados del XIX que llevaron a Inglaterra a luchar por el privilegio de venderle opio a China.
A la guerra para comerciar con opio
«Básicamente», explica al teléfono desde Canadá, «China solo quería comerciar con piezas de plata, pero había una escasez de esta materia prima debido a que España había comenzado a acuñar moneda con ella». Inglaterra, que necesitaba comprar té, observó que en el país del Centro había un creciente interés en el opio, del que los chinos habían desarrollado una nueva forma de consumo altamente adictiva: fumarlo mezclado con tabaco. Pese a las continuas prohibiciones de los emperadores, la droga seguía llegando gracias a la corrupción de los funcionarios portuarios.
En 1830, Inglaterra exportó a China unas 700 toneladas de opio desde India, que en 1833 se triplicaron hasta las 2.000. Para entonces, el 27% de los hombres chinos eran adictos y su esperanza de vida era de seis años después de iniciar el consumo, si era crónico, y de 20 si era eventual. En 1839, tras la destrucción de grandes cantidades de opio inglés a su llegada a los puertos de China, Inglaterra va a la guerra para asegurar su comercio.
Interior_chinese_lodging_house,_san_francisco
El abuso del opio por parte de todos los estamentos de la sociedad china hizo, en opinión de Bergen-Cico, «más manejables y dóciles» a los soldados asiáticos, cuyo gobierno se rindió a los tres años al firmar el tratado de Nankín, por el que cedían el control de Hong Kong y abrían cinco puertos al comercio británico, tanto de opio como de otros objetos. A este le siguieron otra serie de tratados desventajosos para China con EE UU y Francia y esta guerra se convirtió en la primera que usó la droga como arma para dominar a una población.
En 1860, cuando finaliza la segunda parte de este conflicto, iniciado en 1856 con el asalto del barco Arrow, acusado de contrabando por oficiales chinos, Inglaterra exportaba ya 6.000 toneladas de opio a China. «Este comercio comenzó a ser extremadamente lucrativo para los poderes coloniales», argumenta Bergen-Cico, «así que se convirtió en el modelo con el que también Francia, Holanda y en cierta manera España financiaron sus imperios: vender opio a China y al sur de Asia».
El monopolio francés
En este proceso, los franceses lograron establecer una gran colonia, la Indochina francesa. Esta se componía principalmente de los territorios actuales de Laos, Vietnam y Camboya. En 1881 establecieron en Saigón una organización gubernamental llamada Manufacture d’Opium, encargada de controlar el monopolio del opio, que vendían principalmente a la población vietnamita.
Cuando está a punto de estallar la II Guerra Mundial, había en la Indochina francesa unos 2.500 fumaderos de opio y, según glosa el libro de Bergen-Cico, el 15% de los beneficios franceses venían por impuestos a la adormidera. «Este comercio fue uno de los catalizadores de la expulsión de los franceses de Vietnam», razona, «ya que los locales veían esta venta y adicción como una forma de abuso y esclavismo». Su lucha por la independencia culminó en 1954 con la proclamación de las naciones de Camboya, Laos y de dos Vietnam, uno comunista al norte del paralelo 17. En este momento, el comercio global de opio estaba en su punto más bajo. EE UU, deseoso de machacar rojos allá donde surgieran, entró en su guerra más famosa y volvió a florecer la adormidera.
La heroína como arma de guerra
«En Vietnam los comunistas hicieron que fuera sencillo para los soldados estadounidenses y británicos en el sur conseguir heroína y marihuana y así les era más fácil vencerles, si estaban bajo sus efectos», aclara. Se estima que para el final de la guerra, un 30% de los reclutas volvieron con algún tipo de problema de drogas y algunos comandantes estimaban que el 75% fumaba hierba.
Mientras, en la madre patria, los movimientos pacifistas hacían del consumo de marihuana y LSD un símbolo de su lucha contra el sistema, pero poco a poco crecían los usuarios de heroína. Esta entró en principio a través de las cadenas de suministro del ejército. «En parte se debía a una transferencia social basada en el desconocimiento de la juventud de si iba a ir o no a la guerra», explica Bergen-Cico, que creció durante estos años.
De cerca de 57.000 adictos a la heroína en EE UU en 1965 y de contabilizabar dos hospitalizaciones mensuales por sobredosis en 1970, se pasa en 1975 a 560.000 adictos y dos sobredosis diarias. Una parte de los veteranos de Vietnam aplicaron sus conocimientos para el crimen, como los que se integraron en bandas de motores como los Hell’s Angel o los Mongols o los pilotos que volaban bajo el radar en la frontera sur del país para traer droga desde Latinoamérica.
En 1971, Nixon anunciaba su guerra contra las drogas; en el 73 se creaba la DEA y en el 81 Reagan radicalizaba su enfoque, centrándose más en la militarización que en las políticas de salud pública. Curiosamente, mientras hacían esto, se planeaba en Afganistán la operación Mosquito. Esta buscaba usar la táctica de la heroína como arma de guerra, justo como los norvietnamitas habían hecho contra EE UU.
La idea era que se fomentaría el cultivo opio en la zona y luego se suministraría a los soldados soviéticos. Aunque el segundo paso no llegó a ponerse en práctica, el primero sí que sentó las bases para el narcoestado afgano. Entonces, solo el 5% de la heroína mundial usaba la cosecha afgana. Hoy, según las Naciones Unidas, es el 90%.

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