15 de julio 2015    /   BUSINESS
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Hic et Nunc seguimos hablando como César y Catulo

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Sigue vivo pese a que ya han pasado más de 2.700 años desde aquel día en que alguien escribió en una fíbula de oro, de derecha a izquierda, algo que podría traducirse como «Manlio me hizo para Numerio». Se dice que aquella inscripción, que se grabó en el siglo VII antes de Cristo en la joya encontrada en Praeneste (ciudad cercana a Roma), es el texto escrito en latín más antiguo del mundo.
De aquella arcaica lengua al castellano que se habla en la actualidad distan casi 3.000 años. Pero el latín pervive en nuestra lengua, incluso más de lo que a priori (¿ves?) pueda pensarse.
Seguimos recurriendo al latín cuando tenemos que indicar que algo se ha hecho ex profeso, motu proprio y/o ipso facto. Cuando entonamos el mea culpa por haber sufrido un lapsus, más propio de un junior que de un senior, o por habernos quedado in albis. O, simplemente, para, después de un annus horribilis, decidir que no hay nada mejor que carpe diem… (Y seguimos empleándolas pese a que todas estas expresiones cuentan con su correspondiente en castellano).
«De la gran Roma no han perdurado solo el teatro de Mérida o la muralla de Barcino: también han llegado hasta nosotros, en mejor estado y sin ninguna pérdida, palabras como spa, cum laude o alea iacta est. El latín no es solo un idioma que evolucionó al castellano, catalán, francés, italiano, portugués o rumano. Es que, además, ahora lo hablamos tal como lo hablaban César o Catulo en algunas frases que se han conservado intactas hasta hoy».
Una noche Pere Led tuvo un sueño revelador (y raro, como suelen ser los sueños). Grosso modo, de él dedujo que el latín está plenamente vigente en nuestra manera de hablar. Y eso era algo digno de compartir con dos buenos amigos como el recientemente fallecido Josep Manuel Udina (‘Molo’) y el ilustrador Toni Batllori.
Pere les convenció de que debían recopilar expresiones y palabras latinas que seguimos empleando en nuestro día a día y reunirlas en un libro en el que se explicase su significado, pero también su origen. A Molo le encargó la elaboración de los textos y a Toni los dibujos que los ilustrarían. Él se ocuparía de coordinar y de indagar sobre la presencia del latín en los medios de comunicación, en los rótulos de las tiendas, en los logos de las marcas, en la jerga de abogados y políticos…
Al arsenal de recortes de periódicos y fotografías que Pere iba acumulando se unieron las conclusiones de las pesquisas que tanto aquel como Molo y Toni realizaron en su entorno más cercano. Querían saber qué expresiones latinas utilizaban con más frecuencia sus familiares y amigos y hasta qué punto entendían su significado. «Los resultados de estas pequeñas encuestas fueron más bien modestos, todo hay que decirlo. Pero, lejos de desanimarnos, estimuló todavía más la pretensión instructiva y a la vez divertida del libro».
Lo que se fraguó en apenas unas horas tardó cuatro años en materializarse en un libro, Hic et Nunc. Aquí y ahora… Seguimos hablando latín, publicado por Gedisa, y cuya primera edición se publicaría en catalán. La castellana vio la luz hace unas cuantas semanas.
En el prólogo del mismo, Molo admitiría lo difícil que resulta definir un libro que no es un diccionario al uso porque, más que definiciones de rigor, «las explicaciones de los latinismos se afanan en pedir un esfuerzo de reflexión para descubrir la relación existente entre ideas y locuciones solo aparentemente inconexas».
Los autores reconocen que pueden echarse en falta algunas expresiones: «La primera selección de palabras y frases latinas era bastante más extensa, pero nos vimos obligados por exigencias editoriales a reducir la lista confeccionada y fue entonces cuando se suprimieron algunas expresiones por ser más conocidas (mea culpa, statu quo….) y otras se incluyeron como entradas «interiores», que constan en el anexo final de abreviaturas y siglas (es el caso, por ejemplo, de in extremis). Siempre con la intención de conservar el mayor número posible de los latinismos más comúnmente usados todavía hoy».
Aunque el libro no pretende defender el retorno del latín, Pere no puede evitar cierta pesadumbre al hablar de su presencia en los actuales planes de estudio: «Desde hace años, la enseñanza de los elementos básicos de lenguas y humanismo clásicos se están perdiendo en los programas escolares de educación secundaria y también universitaria. La prensa escrita sigue contribuyendo a su pervivencia con referencias constantes a esa cultura, que ojalá todos sus lectores conserven».
 

cave canem
Cave canem

men sana in corpore sano
Mens sana in corpore sano

homo
Homo

hic et nunc
Hic et nunc

civis romanus sum
Civis romanus sum

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Sigue vivo pese a que ya han pasado más de 2.700 años desde aquel día en que alguien escribió en una fíbula de oro, de derecha a izquierda, algo que podría traducirse como «Manlio me hizo para Numerio». Se dice que aquella inscripción, que se grabó en el siglo VII antes de Cristo en la joya encontrada en Praeneste (ciudad cercana a Roma), es el texto escrito en latín más antiguo del mundo.
De aquella arcaica lengua al castellano que se habla en la actualidad distan casi 3.000 años. Pero el latín pervive en nuestra lengua, incluso más de lo que a priori (¿ves?) pueda pensarse.
Seguimos recurriendo al latín cuando tenemos que indicar que algo se ha hecho ex profeso, motu proprio y/o ipso facto. Cuando entonamos el mea culpa por haber sufrido un lapsus, más propio de un junior que de un senior, o por habernos quedado in albis. O, simplemente, para, después de un annus horribilis, decidir que no hay nada mejor que carpe diem… (Y seguimos empleándolas pese a que todas estas expresiones cuentan con su correspondiente en castellano).
«De la gran Roma no han perdurado solo el teatro de Mérida o la muralla de Barcino: también han llegado hasta nosotros, en mejor estado y sin ninguna pérdida, palabras como spa, cum laude o alea iacta est. El latín no es solo un idioma que evolucionó al castellano, catalán, francés, italiano, portugués o rumano. Es que, además, ahora lo hablamos tal como lo hablaban César o Catulo en algunas frases que se han conservado intactas hasta hoy».
Una noche Pere Led tuvo un sueño revelador (y raro, como suelen ser los sueños). Grosso modo, de él dedujo que el latín está plenamente vigente en nuestra manera de hablar. Y eso era algo digno de compartir con dos buenos amigos como el recientemente fallecido Josep Manuel Udina (‘Molo’) y el ilustrador Toni Batllori.
Pere les convenció de que debían recopilar expresiones y palabras latinas que seguimos empleando en nuestro día a día y reunirlas en un libro en el que se explicase su significado, pero también su origen. A Molo le encargó la elaboración de los textos y a Toni los dibujos que los ilustrarían. Él se ocuparía de coordinar y de indagar sobre la presencia del latín en los medios de comunicación, en los rótulos de las tiendas, en los logos de las marcas, en la jerga de abogados y políticos…
Al arsenal de recortes de periódicos y fotografías que Pere iba acumulando se unieron las conclusiones de las pesquisas que tanto aquel como Molo y Toni realizaron en su entorno más cercano. Querían saber qué expresiones latinas utilizaban con más frecuencia sus familiares y amigos y hasta qué punto entendían su significado. «Los resultados de estas pequeñas encuestas fueron más bien modestos, todo hay que decirlo. Pero, lejos de desanimarnos, estimuló todavía más la pretensión instructiva y a la vez divertida del libro».
Lo que se fraguó en apenas unas horas tardó cuatro años en materializarse en un libro, Hic et Nunc. Aquí y ahora… Seguimos hablando latín, publicado por Gedisa, y cuya primera edición se publicaría en catalán. La castellana vio la luz hace unas cuantas semanas.
En el prólogo del mismo, Molo admitiría lo difícil que resulta definir un libro que no es un diccionario al uso porque, más que definiciones de rigor, «las explicaciones de los latinismos se afanan en pedir un esfuerzo de reflexión para descubrir la relación existente entre ideas y locuciones solo aparentemente inconexas».
Los autores reconocen que pueden echarse en falta algunas expresiones: «La primera selección de palabras y frases latinas era bastante más extensa, pero nos vimos obligados por exigencias editoriales a reducir la lista confeccionada y fue entonces cuando se suprimieron algunas expresiones por ser más conocidas (mea culpa, statu quo….) y otras se incluyeron como entradas «interiores», que constan en el anexo final de abreviaturas y siglas (es el caso, por ejemplo, de in extremis). Siempre con la intención de conservar el mayor número posible de los latinismos más comúnmente usados todavía hoy».
Aunque el libro no pretende defender el retorno del latín, Pere no puede evitar cierta pesadumbre al hablar de su presencia en los actuales planes de estudio: «Desde hace años, la enseñanza de los elementos básicos de lenguas y humanismo clásicos se están perdiendo en los programas escolares de educación secundaria y también universitaria. La prensa escrita sigue contribuyendo a su pervivencia con referencias constantes a esa cultura, que ojalá todos sus lectores conserven».
 

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