20 octubre, 2016    /   BUSINESS
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‘Mr. Robot’ y ‘Juego de Tronos’ deben mucho a Charles Dickens

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Érase una vez un inglés que inventó las series de televisión antes de que se llamaran series y existiese la televisión. Escribió la primera novela por entregas: Los papeles póstumos del Club Pickwick. Se llamaba Charles Dickens y los londinenses hacían cola para comprar cada una de las entregas. Es el primer protagonista del libro Historia de las series escrito por Toni de la Torre.

Si Shakespeare está considerado por algunos como el primer guionista de cine, Dickens debería ser considerado el primer guionista de televisión. Gracias a los aciertos del autor de Casa desolada como escritor y editor de novelas por entregas, hoy vemos Mr. Robot, Juego de Tronos o The Leftovers.

Sobre los hombros de Dickens había una gran responsabilidad —al igual que los guionistas de nuestro tiempo—: estaba obligado a enganchar a los lectores entrega a entrega para comer él y los trabajadores de la imprenta y el editor y los vendedores de ejemplares. Semana a semana.

Pero entre Dickens y Vince Gilligan (Breaking Bad, Better call Saul) hay otros nombres y otros hechos y anécdotas que aparecen recogidos en las 646 páginas de Historia de las series. De la Torre habla de series, por supuesto, de los inventores de la televisión —como artefacto y medio de masas—, de los seriales de cine y de los pioneros en las primeras emisiones dramáticas en televisión, de los productores que desde el comienzo apostaron por la cultura y el alto entretenimiento (y otros que fueron meros mercaderes) y de los sufridos guionistas.

Leyendo Historia de las series se entiende por qué la ficción británica, con BBC a la cabeza, sobresale entre las de otros países. Tradición. 86 años después de El Club Pickwick, un grupo de locos produjo la primera ficción de televisión. Sí, para la BBC. Fue una breve adaptación de una obra de Luigi Pirandello: The Man With the Flower in His Mouth. (La televisión comenzó con ambiciones). Aún quedaban unos años para que llegaran las primeras series de televisión. Series que en muchos casos salieron del esfuerzo de los guionistas contra la censura, los patrocinadores, un público conservador y el desprecio intelectual. (Sin embargo, nadie desprecia los libros porque exnovias de toreros publiquen —negro mediante— sus memorias).

Pero ¿quién recuerda a los guionistas, históricamente menospreciados por la industria e invisibles para el público como un árbitro de fútbol hasta que hacen algo que no gusta a los espectadores? Algunos guionistas hasta piden perdón por matar a los personajes o por escribir un final insatisfactorio para las masas. (En España, por ejemplo, aún hoy, los festivales de televisión invitan a los realizadores de televisión en lugar de a los creadores, y parte de la industria confía a directores de cine la creación de «series de calidad» cuando hace décadas que Estados Unidos cedió el control a los guionistas). Por esto, uno, como guionista, agradece que Historia de las series hable de los creadores.

Se agradece que mencione que James Allardice escribió las alabadas presentaciones de Alfred Hitchcock presenta

Se agradece que resalte el esfuerzo de Rod Serling por usar la fantasía como vehículo de denuncia: La dimensión desconocida, cuya influencia llega hasta nuestros días. Sin Serling no se concibe Black Mirror ni otras series de fantasía y ciencia ficción. Que Serling fuera maestro de ceremonias del espectáculo fue una estrategia para ganar visibilidad.

Se agradece que hable de Paddy Chayefsky, que acabaría escribiendo Network, un mundo implacable: sabía de lo que hablaba porque comenzó en televisión con Marty (el telefilm) y saltó al cine con Marty (la película). Y junto a él, tipos como Horton Foote o Gore Vidal. Todos guionistas de televisión.

Se agradece que se hable de Patrick McGoohan y su vivencias como El prisionero número 6. (Tan premonitoria en muchas cosas sobre la política y lo que valen nuestros votos, allá por 1967).

Se agradece la reivindicación de Steven Bochco y Michael Kozoll como precursores de las series contemporáneas con Canción triste de Hill Street (1981-1987). Serie que catapultó a futuros creadores: David Milch (Deadwood), Mark Frost (Twin Peaks) y Joel Surnow (24) entre otros. Historia de las series destaca que Canción triste de Hill Street fue renovada por Fred Silverman (presidente de NBC), aunque la primera temporada acabó en el puesto 83 de las series más vistas. Productores así necesita la ficción española: visionarios, arriesgados e inteligentes.

Después llegaron los guionistas de la llamada Tercera Edad de Oro de las series: los Chase, Simon y Sorkin y otros creadores que perfeccionaron el arte de la narración serial.

La televisión no es un arte menor. Para los contadores de historias, la televisión es un magnífico vehículo para llegar al corazón y la mente de millones de personas. Son grandes o pequeños quienes la hacen. Para los primeros, Historia de las series de Toni de la Torre es un libro que hace justicia y una lectura placentera para quien realmente ama las series.

Érase una vez un inglés que inventó las series de televisión antes de que se llamaran series y existiese la televisión. Escribió la primera novela por entregas: Los papeles póstumos del Club Pickwick. Se llamaba Charles Dickens y los londinenses hacían cola para comprar cada una de las entregas. Es el primer protagonista del libro Historia de las series escrito por Toni de la Torre.

Si Shakespeare está considerado por algunos como el primer guionista de cine, Dickens debería ser considerado el primer guionista de televisión. Gracias a los aciertos del autor de Casa desolada como escritor y editor de novelas por entregas, hoy vemos Mr. Robot, Juego de Tronos o The Leftovers.

Sobre los hombros de Dickens había una gran responsabilidad —al igual que los guionistas de nuestro tiempo—: estaba obligado a enganchar a los lectores entrega a entrega para comer él y los trabajadores de la imprenta y el editor y los vendedores de ejemplares. Semana a semana.

Pero entre Dickens y Vince Gilligan (Breaking Bad, Better call Saul) hay otros nombres y otros hechos y anécdotas que aparecen recogidos en las 646 páginas de Historia de las series. De la Torre habla de series, por supuesto, de los inventores de la televisión —como artefacto y medio de masas—, de los seriales de cine y de los pioneros en las primeras emisiones dramáticas en televisión, de los productores que desde el comienzo apostaron por la cultura y el alto entretenimiento (y otros que fueron meros mercaderes) y de los sufridos guionistas.

Leyendo Historia de las series se entiende por qué la ficción británica, con BBC a la cabeza, sobresale entre las de otros países. Tradición. 86 años después de El Club Pickwick, un grupo de locos produjo la primera ficción de televisión. Sí, para la BBC. Fue una breve adaptación de una obra de Luigi Pirandello: The Man With the Flower in His Mouth. (La televisión comenzó con ambiciones). Aún quedaban unos años para que llegaran las primeras series de televisión. Series que en muchos casos salieron del esfuerzo de los guionistas contra la censura, los patrocinadores, un público conservador y el desprecio intelectual. (Sin embargo, nadie desprecia los libros porque exnovias de toreros publiquen —negro mediante— sus memorias).

Pero ¿quién recuerda a los guionistas, históricamente menospreciados por la industria e invisibles para el público como un árbitro de fútbol hasta que hacen algo que no gusta a los espectadores? Algunos guionistas hasta piden perdón por matar a los personajes o por escribir un final insatisfactorio para las masas. (En España, por ejemplo, aún hoy, los festivales de televisión invitan a los realizadores de televisión en lugar de a los creadores, y parte de la industria confía a directores de cine la creación de «series de calidad» cuando hace décadas que Estados Unidos cedió el control a los guionistas). Por esto, uno, como guionista, agradece que Historia de las series hable de los creadores.

Se agradece que mencione que James Allardice escribió las alabadas presentaciones de Alfred Hitchcock presenta

Se agradece que resalte el esfuerzo de Rod Serling por usar la fantasía como vehículo de denuncia: La dimensión desconocida, cuya influencia llega hasta nuestros días. Sin Serling no se concibe Black Mirror ni otras series de fantasía y ciencia ficción. Que Serling fuera maestro de ceremonias del espectáculo fue una estrategia para ganar visibilidad.

Se agradece que hable de Paddy Chayefsky, que acabaría escribiendo Network, un mundo implacable: sabía de lo que hablaba porque comenzó en televisión con Marty (el telefilm) y saltó al cine con Marty (la película). Y junto a él, tipos como Horton Foote o Gore Vidal. Todos guionistas de televisión.

Se agradece que se hable de Patrick McGoohan y su vivencias como El prisionero número 6. (Tan premonitoria en muchas cosas sobre la política y lo que valen nuestros votos, allá por 1967).

Se agradece la reivindicación de Steven Bochco y Michael Kozoll como precursores de las series contemporáneas con Canción triste de Hill Street (1981-1987). Serie que catapultó a futuros creadores: David Milch (Deadwood), Mark Frost (Twin Peaks) y Joel Surnow (24) entre otros. Historia de las series destaca que Canción triste de Hill Street fue renovada por Fred Silverman (presidente de NBC), aunque la primera temporada acabó en el puesto 83 de las series más vistas. Productores así necesita la ficción española: visionarios, arriesgados e inteligentes.

Después llegaron los guionistas de la llamada Tercera Edad de Oro de las series: los Chase, Simon y Sorkin y otros creadores que perfeccionaron el arte de la narración serial.

La televisión no es un arte menor. Para los contadores de historias, la televisión es un magnífico vehículo para llegar al corazón y la mente de millones de personas. Son grandes o pequeños quienes la hacen. Para los primeros, Historia de las series de Toni de la Torre es un libro que hace justicia y una lectura placentera para quien realmente ama las series.

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