16 de febrero 2017    /   IDEAS
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Los asesinos nacieron como rebeldía frente al poder

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La película Assassin’s Creed, estrenada recientemente en los cines de medio mundo, es la culminación de la exitosa saga de videojuegos con el mismo nombre. En realidad, la Hermandad de los Asesinos existió, pero ni  las consolas ni las pantallas reflejan por asomo su auténtica historia. Los productores no vieron interesante la jugosa crónica de los hechos que rodearon a esta particular secta. Quizás la autocensura impuso su velo sobre una verdad menos comercial.

La secta de los Hasaasín, creada en Persia en el siglo X, tiene el dudoso honor de ser el padre del término asesino en la mayoría de las lenguas europeas. La razón hay que buscarla en su modus operandi, al ejecutar a sus adversarios a la luz del día empleando una simple daga. Después de acabar con su objetivo, aun pudiendo huir, no se resistían a ser detenidos o liquidados. Su motivación se apoyaba en su inquebrantable lealtad hacia el creador de la secta, Hasan al Sabbah, conocido como el viejo de la Montaña.

Hasan era defensor a ultranza del ismaelismo radical, una corriente islámica dentro del chiismo. Para defender y extender su credo, Hasan comenzó instalando su cuartel general en la inexpugnable fortificación de Talmut, construida sobre una escarpada montaña. A este refugio se añadió sucesivamente una red de castillos estratégicos a lo largo del actual Irán, Irak y las montañas de Siria y Líbano.

La secta de los Hasaasín, creada en Persia en el siglo X, tiene el dudoso honor de ser el padre del término asesino en la mayoría de las lenguas europeas

La fortaleza de Talmut ejercía su poder sobre las aldeas cercanas. El Viejo escogía a los mejores hijos de los campesinos y los llevaba al fortín para que recibiesen una completa formación. Además de la doctrina religiosa y adiestramiento militar, se les enseñaba varias lenguas y conocimientos de otras culturas. Pero Hasan, personaje culto y astuto, ideó una plan que le garantizó la fidelidad ciega de sus futuros emisarios. Una noche, elegía a un grupo de sus pupilos y los drogaba con una mermelada elaborada con mantequilla de cannabis y frutos secos, conocida como dawamask.

Una vez dormidos eran trasladados a los hermosos jardines que existían en el palacio y cuyo acceso estaba siempre restringido. Al despertar se encontraban con un banquete de manjares y vino que les servían bellas mujeres con las que se amancebaban. Volvían a ser dormidos y al despertar regresaban a su triste mazmorra de piedra. Hasan les confirmaba que habían estado en el paraíso y que si querían regresar a él sólo tenían que cumplir sus ordenes sin pensar. Al prometerles la gloria eterna se convertían en guerreros con una determinación y una ferocidad excepcionales.

Las instrucciones de Hasan al Sabah a sus Hassasín era principalmente aniquilar a sus enemigos, que eran siempre personas con mucho poder: soberanos, príncipes, gobernadores y autoridades religiosas. Nunca se atacaba a gente sencilla. Los asesinos se desplazaban al lugar donde se encontraba su víctima para realizar labores de espía, mientras llevaban una vida normal a la espera de recibir la señal para actuar.

Otras veces, para cometer sus asesinatos se disfrazaban de soldados, hombres místicos, mayordomos… Constituían un cuerpo de élite y su eficacia fue tan grande que la fama de los Asesinos se extendió como la pólvora. Su reputación infundía temor y respeto y, durante casi tres siglos, ejercieron gran influencia en la política de Oriente Medio. Sus víctimas fueron siempre musulmanes insignes, y sólo está documentada la muerte un rey cruzado de Jerusalén.

La utilización de la violencia selectiva con fines políticos y religiosos les ha hecho ser recordados como los primeros terroristas de la historia. El asesinato era la única manera de la secta de enfrentase a sus poderosos enemigos, sobre todo los turcos. Los ismaelitas llamaban a sus asesinos devotos porque combinaban la acción política de sus crímenes con la acción religiosa de sus misioneros.

El asesinato era la única manera de la secta de enfrentase a sus poderosos enemigos

Era una organización perfecta en la que el fanatismo y el frío cálculo estaban equilibrados. Es ridículo otorgarles el patrimonio exclusivo de la violencia sanguinaria, pues basta con repasar las matanzas de las sectas de los cruzados. Lo que sucedió es que la historia la escriben siempre los vencedores y tras ser aniquilados por los mongoles, su historia nos ha llegado a través del relato de los suníes, miembros de la otra gran rama del Islam y enemigos recalcitrantes.

Al caer Talmut, se destruyó su gran biblioteca —que atrajo a muchos intelectuales de la época— y con ella su versión de los hechos.

La leyenda de los Asesinos permaneció en el tiempo y en el París de 1849 se creó Le Club des Haschischins. Liderado por Baudelaire, convocaba en el hotel Pimodan a artistas, intelectuales y científicos de la época como Delacroix, Victor Hugo, Dumas, Balzac y el Dr. Moreau. El objetivo de este círculo era la exploración de experiencias inducidas con drogas procedentes del otro lado del Mediterráneo. La principal droga que usaron era el dawamask de los Asesinos, a la que en ocasiones añadían opio. De estos viajes psicotrópicos surgieron varios libros, como Los paraísos artificiales del poeta maldito.

No terminó en Francia la huella de los Asesinos porque su eco alcanzó a la generación beat y años más tarde, en 1999, un sello grunge editó el disco titulado Hashisheen: the end of law que reunía texto y sonidos inspirados en el Viejo de la Montaña. Aparecía la voz grabada de Burroughs, junto a Iggy Pop y Paty Smith, que narraba la historia de la secta y se incidía en una frase revolucionaria que pronunció su líder antes de morir:  «Nada es verdad, todo está permitido».

Esta sentencia hace referencia a los momentos en las que el Viejo decretaba la Resurrección para todos su miembros y durante la que anulaba la ley islámica. La observancia de los preceptos religiosos se prohibía y se proclamaba el paraíso en vida y la libertad plena. Los ismaelitas no tenían obligación de rezar, no debían guardar el Ramadán, y, si querían, podían beber, drogarse y estar con mujeres. Los Asesinos compartieron con la generación beat y sus herederos grunge el inconformismo contra el orden establecido y, en ciertas épocas, la reivindicación del libre albedrío. Aunque fuera de contexto, este asunto sí aparece recogido en la película.

Receta para hacer dawamask

Ingredientes:

200 g. de mantequilla cannábica

600 g. de azúcar

300 g. de miel

¼ de taza de avellanas trituradas

¼ de taza de almendras trituradas

¼ de taza de piñones triturados

1 taza de agua

½ cucharada (de té) de agua de rosas. El agua de rosas es básicamente esencia de rosas: agua destilada (como para cubrir los pétalos) y pétalos de rosa frescos. Hervir 60 u 80 minutos

Introducimos la miel, el azúcar y el agua en una cazuela y ponemos todo a hervir hasta que quede una pasta viscosa y espesa. Después echamos los piñones, las almendras y las avellanas, apagamos y removemos hasta que esté frío. Por último, añadimos el agua de rosas para darle aroma.

La película Assassin’s Creed, estrenada recientemente en los cines de medio mundo, es la culminación de la exitosa saga de videojuegos con el mismo nombre. En realidad, la Hermandad de los Asesinos existió, pero ni  las consolas ni las pantallas reflejan por asomo su auténtica historia. Los productores no vieron interesante la jugosa crónica de los hechos que rodearon a esta particular secta. Quizás la autocensura impuso su velo sobre una verdad menos comercial.

La secta de los Hasaasín, creada en Persia en el siglo X, tiene el dudoso honor de ser el padre del término asesino en la mayoría de las lenguas europeas. La razón hay que buscarla en su modus operandi, al ejecutar a sus adversarios a la luz del día empleando una simple daga. Después de acabar con su objetivo, aun pudiendo huir, no se resistían a ser detenidos o liquidados. Su motivación se apoyaba en su inquebrantable lealtad hacia el creador de la secta, Hasan al Sabbah, conocido como el viejo de la Montaña.

Hasan era defensor a ultranza del ismaelismo radical, una corriente islámica dentro del chiismo. Para defender y extender su credo, Hasan comenzó instalando su cuartel general en la inexpugnable fortificación de Talmut, construida sobre una escarpada montaña. A este refugio se añadió sucesivamente una red de castillos estratégicos a lo largo del actual Irán, Irak y las montañas de Siria y Líbano.

La secta de los Hasaasín, creada en Persia en el siglo X, tiene el dudoso honor de ser el padre del término asesino en la mayoría de las lenguas europeas

La fortaleza de Talmut ejercía su poder sobre las aldeas cercanas. El Viejo escogía a los mejores hijos de los campesinos y los llevaba al fortín para que recibiesen una completa formación. Además de la doctrina religiosa y adiestramiento militar, se les enseñaba varias lenguas y conocimientos de otras culturas. Pero Hasan, personaje culto y astuto, ideó una plan que le garantizó la fidelidad ciega de sus futuros emisarios. Una noche, elegía a un grupo de sus pupilos y los drogaba con una mermelada elaborada con mantequilla de cannabis y frutos secos, conocida como dawamask.

Una vez dormidos eran trasladados a los hermosos jardines que existían en el palacio y cuyo acceso estaba siempre restringido. Al despertar se encontraban con un banquete de manjares y vino que les servían bellas mujeres con las que se amancebaban. Volvían a ser dormidos y al despertar regresaban a su triste mazmorra de piedra. Hasan les confirmaba que habían estado en el paraíso y que si querían regresar a él sólo tenían que cumplir sus ordenes sin pensar. Al prometerles la gloria eterna se convertían en guerreros con una determinación y una ferocidad excepcionales.

Las instrucciones de Hasan al Sabah a sus Hassasín era principalmente aniquilar a sus enemigos, que eran siempre personas con mucho poder: soberanos, príncipes, gobernadores y autoridades religiosas. Nunca se atacaba a gente sencilla. Los asesinos se desplazaban al lugar donde se encontraba su víctima para realizar labores de espía, mientras llevaban una vida normal a la espera de recibir la señal para actuar.

Otras veces, para cometer sus asesinatos se disfrazaban de soldados, hombres místicos, mayordomos… Constituían un cuerpo de élite y su eficacia fue tan grande que la fama de los Asesinos se extendió como la pólvora. Su reputación infundía temor y respeto y, durante casi tres siglos, ejercieron gran influencia en la política de Oriente Medio. Sus víctimas fueron siempre musulmanes insignes, y sólo está documentada la muerte un rey cruzado de Jerusalén.

La utilización de la violencia selectiva con fines políticos y religiosos les ha hecho ser recordados como los primeros terroristas de la historia. El asesinato era la única manera de la secta de enfrentase a sus poderosos enemigos, sobre todo los turcos. Los ismaelitas llamaban a sus asesinos devotos porque combinaban la acción política de sus crímenes con la acción religiosa de sus misioneros.

El asesinato era la única manera de la secta de enfrentase a sus poderosos enemigos

Era una organización perfecta en la que el fanatismo y el frío cálculo estaban equilibrados. Es ridículo otorgarles el patrimonio exclusivo de la violencia sanguinaria, pues basta con repasar las matanzas de las sectas de los cruzados. Lo que sucedió es que la historia la escriben siempre los vencedores y tras ser aniquilados por los mongoles, su historia nos ha llegado a través del relato de los suníes, miembros de la otra gran rama del Islam y enemigos recalcitrantes.

Al caer Talmut, se destruyó su gran biblioteca —que atrajo a muchos intelectuales de la época— y con ella su versión de los hechos.

La leyenda de los Asesinos permaneció en el tiempo y en el París de 1849 se creó Le Club des Haschischins. Liderado por Baudelaire, convocaba en el hotel Pimodan a artistas, intelectuales y científicos de la época como Delacroix, Victor Hugo, Dumas, Balzac y el Dr. Moreau. El objetivo de este círculo era la exploración de experiencias inducidas con drogas procedentes del otro lado del Mediterráneo. La principal droga que usaron era el dawamask de los Asesinos, a la que en ocasiones añadían opio. De estos viajes psicotrópicos surgieron varios libros, como Los paraísos artificiales del poeta maldito.

No terminó en Francia la huella de los Asesinos porque su eco alcanzó a la generación beat y años más tarde, en 1999, un sello grunge editó el disco titulado Hashisheen: the end of law que reunía texto y sonidos inspirados en el Viejo de la Montaña. Aparecía la voz grabada de Burroughs, junto a Iggy Pop y Paty Smith, que narraba la historia de la secta y se incidía en una frase revolucionaria que pronunció su líder antes de morir:  «Nada es verdad, todo está permitido».

Esta sentencia hace referencia a los momentos en las que el Viejo decretaba la Resurrección para todos su miembros y durante la que anulaba la ley islámica. La observancia de los preceptos religiosos se prohibía y se proclamaba el paraíso en vida y la libertad plena. Los ismaelitas no tenían obligación de rezar, no debían guardar el Ramadán, y, si querían, podían beber, drogarse y estar con mujeres. Los Asesinos compartieron con la generación beat y sus herederos grunge el inconformismo contra el orden establecido y, en ciertas épocas, la reivindicación del libre albedrío. Aunque fuera de contexto, este asunto sí aparece recogido en la película.

Receta para hacer dawamask

Ingredientes:

200 g. de mantequilla cannábica

600 g. de azúcar

300 g. de miel

¼ de taza de avellanas trituradas

¼ de taza de almendras trituradas

¼ de taza de piñones triturados

1 taza de agua

½ cucharada (de té) de agua de rosas. El agua de rosas es básicamente esencia de rosas: agua destilada (como para cubrir los pétalos) y pétalos de rosa frescos. Hervir 60 u 80 minutos

Introducimos la miel, el azúcar y el agua en una cazuela y ponemos todo a hervir hasta que quede una pasta viscosa y espesa. Después echamos los piñones, las almendras y las avellanas, apagamos y removemos hasta que esté frío. Por último, añadimos el agua de rosas para darle aroma.

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