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7 de noviembre 2019    /   CINE/TV
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«Hola, Mundo», el viaje como método de crianza

7 de noviembre 2019    /   CINE/TV     por          
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Algunos niños tienen múltiples cuadros y álbumes de fotos criando polvo en las casas de sus abuelos; otros tienen vídeos caseros del momento en que metieron la cara en la tarta de cumpleaños o se cayeron de bruces por un tobogán. Koke tiene un documental; un documental que explica cómo sus padres descubrieron que aquello que daba sentido a sus vidas le aportaba a su hijo mucho más de lo que nunca habían podido imaginar. Esta es la historia de Hola, Mundo y de cómo el viaje puede ayudar a construir la personalidad de un niño.

EN BUSCA DE ‘ALGO’ QUE RECORDAR

Una voz en off con acento andaluz acompaña las primeras imágenes del documental. Es inconfundible: la has escuchado decenas de veces cantando aquello de el Corazón partío. De pronto, mientras esperas a que aparezca Shakira entonando un gorgorito, Alejandro Sanz pronuncia una frase que te devuelve a la realidad de lo que estás viendo: «Nadie le dice a los demás «no me gusta viajar» aunque así sea. Viajar está de moda, así que viajamos, cada vez más… Hasta que, un día, llegan los hijos».

Los hijos. Ese parece ser el límite para muchos padres, el punto y final para algunas actividades y hábitos que los hace sentirse bien o que, incluso, los definen como personas (aunque también hay quienes se presentan como madre antes que con otro rasgo de identidad). Lucía Sánchez y Rubén Señor, en cambio, decidieron convertir la actividad que más los definía en una herramienta para criar a su hijo: el viaje.

Rubén y Lucía sufren los síntomas de un extraño síndrome desde hace años, concretamente desde las 12:15 del mediodía del 1 de julio de 2013. Ese fue el momento exacto en el que dejaron su trabajo como publicistas y comenzaron una vuelta al mundo que los catapultó a una nueva situación llena de incertidumbres y mariposas en el pericardio: vivir viajando a través de su web, la recién nacida Algo que recordar.

Lo que al principio parecía un salto al vacío fue, en realidad, una zambullida hacia un mundo ingrávido en el que se movían con total facilidad. El planeta se convirtió en su oficina y, a partir de él, nacieron artículos, fotos, videos y documentales en los que transmitían todos los aprendizajes que iban adquiriendo por el camino.

«Y entonces, ocurrió: llegó el flechazo».

La voz de Lucía marca un cambio de tercio en el documental. «Nos enamoramos de los niños viajeros. Habíamos coincidido en varios países con familias de todos lados que viajaban con sus hijos por un par de semanas, seis meses e incluso tres años. Se acercaban a todo el mundo, se presentaban en varios idiomas… eran como muy libres».

Lucía y Rubén se dieron cuenta de que aquellos niños que habían tenido el viaje como base de su crianza estaban «muy conectados consigo mismos y con sus necesidades», explica Rubén en el documental. «Nos parecían muy autónomos, capaces de tomar decisiones, de resolver problemas, de inventar mundos imaginarios con cualquier cosa o con ninguna, amantes de la naturaleza…».

Un nuevo horizonte se abrió frente a los creadores de Algo que recordar. Ellos, que habían descartado ser padres para poder viajar sin ataduras, descubrieron que viajar con niños no solo era posible, sino algo que deseaban hacer con todas sus fuerzas. En esa tormenta de emociones contradictorias, Lucía y Rubén se hicieron una promesa: tendrían un hijo para regalarle el mundo, para poder darle todo lo que habían visto, aprendido y vivido.

Ese hijo se llamó Koke, nació en 2016 y sus padres aún ignoraban en aquel momento la magnitud de su promesa.

INSTRUCCIONES PARA CUMPLIR UNA PROMESA

Paso 1: Ignore la presión social

Lucía y Rubén ya habían pasado por la fase de los dedos acusadores cuando decidieron dejarlo todo y marcharse de viaje. Sin embargo, ahora era distinto; ahora había un niño de por medio. «En estos tres años hemos necesitado devorar libros, artículos y publicaciones que escriben personas como algunos de los expertos que aparecen en el documental para fundamentar que no estamos locos y que llevarle la contraria al mundo es lo más cuerdo que hemos hecho nunca», explica Lucía Sánchez.

Según los creadores de Hola, Mundo, el objetivo inicial de la pieza surgió como un alegato ante las opiniones críticas que habían recibido por la elección de su forma de vida y de «una necesidad de dar argumentos a aquellos en una situación similar a la nuestra, para tener algo que decir a la gente de su entorno», explica Rubén Señor.

Sin embargo, como explica el propio Rubén, «el documental se fue alejando de este objetivo y el viaje se convirtió en hilo conductor para contar cosas más elevadas». Esas cosas más elevadas eran los mecanismos para criar a un niño durante sus primeros años de vida, los más importantes en el desarrollo de un ser humano.

Paso 2: Lea mucho (y de calidad)

Hola, Mundo no es un videoblog disfrazado de documental sobre unos padres que viajan y se lo pasan pipa con su hijo. Cada paso está trazado con un sentido, y ese sentido lo dan los múltiples apoyos científicos que aparecen en el mismo y sientan las bases de lo aprendido por Rubén y Lucía para la educación de Koke. Entre esos apoyos científicos se encuentran figuras como el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, la pediatra Lucía Galán, el psicólogo Alberto Soler y la doctora en biología Katia Hueso.

Entrelazando las imágenes de las vivencias de la familia en Algo que recordar, los diferentes entrevistados van dejando caer píldoras basadas en sus conocimientos científicos sobre algunos miedos o prejuicios habituales del hecho de viajar con niños. Entre ellos se encuentran el temor a contraer enfermedades o la objeción de que, siendo tan pequeños, no se van a acordar de los lugares recorridos.

Respecto a esto último, Alberto Soler realiza una argumentación a favor de realizar viajes con niños muy pequeños para fomentar la estabilidad emocional del niño. El psicólogo explica que un niño «no va a poder contar ese recuerdo, pero hay  muchas formas diferentes de recordar. No se va a acordar de forma explícita, pero todo lo que ha vivido con esas experiencias positivas tan cercanas junto a sus padres construyen la base de todo su desarrollo». Esas experiencias, según cuenta un artículo mencionado por el psicólogo, «pueden ejercer una labor protectora frente a la depresión y otros problemas de la fase adulta».

Por su parte, Álvaro Bilbao, autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres, habla en Hola, Mundo de la sobreprotección. «Vivimos en una sociedad en la que tenemos a los niños muy sobreprotegidos. Cuando viajamos lejos de la sociedad occidental, vemos que los niños aprenden habilidades de una manera muy distinta, se forman grupos grandes en los que aprenden, juegan, disfrutan. Esa es una fuente muy grande de confianza para ellos».

Según explica el neuropsicólogo, «cuando un niño tiene que tomar decisiones por sí solo y no está bajo la constante sobreprotección de los padres, lo que ocurre en su cerebro es que se activa la corteza orbitofrontal. Esta es una zona muy importante porque activa todas las regiones frontales del cerebro, que son las últimas que hemos desarrollado como especie y que nos permiten tomar mejores decisiones, tener más autocontrol y resolver mejor los problemas».

Paso 3: Recorra el mundo (sin miedo)

Desde cero hasta los dos años y diez meses. Ese es el recorrido temporal en la vida de Koke que se presencia en Hola, Mundo. Sin embargo, su recorrido espacial es exponencialmente mayor de lo que cabría esperar para ese lapso de tiempo tan reducido en la vida de un bebé:

Tokio, Shangái, Nueva York, París, Colombia,

Sudáfrica, Suazilandia, Argentina, Puerto Rico, Miami, Chicago,

Costa Oeste, Frankfurt, Roma, Brasil, Chile,

Cuba, Islandia, Irlanda, Egipto.

Gracias a su perseverancia, la pareja pudo continuar con la forma de vida viajera que habían llevado hasta ese momento, esta vez junto a su hijo. Durante sus dos primeros años de vida Koke caminó junto pingüinos, vio jirafas en libertad, presenció la aurora boreal, caminó a tientas frente a glaciares, se subió a tocar instrumentos con bandas callejeras en Cuba y Puerto Rico, sobrevoló el Gran Cañón en helicóptero, chapoteó en las lagunas altiplánicas del desierto de Atacama o entró en templos budistas.

Pero, más allá de los países visitados, lo que impactó a Rubén y Lucía fue el efecto que tenía el viaje sobre la personalidad de Koke: el contacto con diferentes culturas, gastronomías, religiones, seres humanos y, sobre todo, el hecho de estar junto a sus padres 24 horas al día habían influido de forma directa en el crecimiento de su hijo. Combinando lo aprendido de sus múltiples lecturas científicas con las posibilidades que ofrecía tener tantos estímulos diferentes para Koke, los padres fueron viendo cómo este iba desarrollando cualidades que lo diferenciaban de otros niños de su edad.

Sin embargo, y como explica Lucía, «Koke no es más listo que otros niños, sino que cuenta con más estímulos para potenciar sus puntos positivos. El viaje permite que se desarrolle de forma natural lo que a cada niño se le da mejor. Por ejemplo, si un niño es observador, tiene 24 horas al día para descubrirlo y entrenarlo». Para Rubén, la cualidad más destacada adquirida por Koke es el «contacto con la gente, la naturalidad con que habla y se presenta, el desenfado para hablar y acercarse a quien sea… Se ha convertido en un arma de socialización masiva». Y remata entre risas: «el problema es que es un puto torbellino y no hay quien lo pare».

Pese a que en Hola, Mundo Rubén y Lucía muestran su experiencia de viaje casi constante con Koke, hay también una idea muy clara plasmada en la obra. Como explica Lucía, «el documental no es “déjalo todo y vete ocho meses de viaje”. La idea es inspirar a cada uno dentro de sus posibilidades, probar a ir con tus hijos dos semanas a un lugar diferente como puede ser Japón, en lugar de dos semanas a Fuengirola. E incluso más allá de eso: dejar tiempo para realizar un ocio común con niños, donde toda la familia forme parte del viaje. No hace falta irse a Australia para que se puedan aprovechar los beneficios que tiene el viaje en familia, como son el juego libre, salir de tu entorno, cruzarte con gente que no conoces… Si ir Asturias es tu límite, ahí también es posible».

Para Rubén y Lucía la educación que ha ido recibiendo Koke es la ideal, pero son conscientes de que se van acercando lentamente a los seis años, la edad obligatoria de escolarización en España. Respecto a ese tema, Lucía explica que «estamos en fase de escucha e investigación de todas las posibilidades. Estamos valorando métodos como worldschooling o el de algunas escuelas alternativas que comprendan nuestra situación y el beneficio que tiene el viaje como forma complementaria a un sistema educativo que, por otra parte, tampoco podemos ignorar eternamente. No estamos en plan “por favor, que no pise un cole ni de coña”, pero sí una fórmula que pueda cuadrar con el viaje».

Hola, Mundo se estrenó el 24 de octubre en Madrid y el 7 de noviembre lo hará en Barcelona con entrada gratuita. Sus creadores se encuentran en negociaciones con diversas plataformas de streaming para la futura difusión de la obra (y a punto de comenzar un nuevo viaje, esta vez en autocaravana).

Algunos niños tienen múltiples cuadros y álbumes de fotos criando polvo en las casas de sus abuelos; otros tienen vídeos caseros del momento en que metieron la cara en la tarta de cumpleaños o se cayeron de bruces por un tobogán. Koke tiene un documental; un documental que explica cómo sus padres descubrieron que aquello que daba sentido a sus vidas le aportaba a su hijo mucho más de lo que nunca habían podido imaginar. Esta es la historia de Hola, Mundo y de cómo el viaje puede ayudar a construir la personalidad de un niño.

EN BUSCA DE ‘ALGO’ QUE RECORDAR

Una voz en off con acento andaluz acompaña las primeras imágenes del documental. Es inconfundible: la has escuchado decenas de veces cantando aquello de el Corazón partío. De pronto, mientras esperas a que aparezca Shakira entonando un gorgorito, Alejandro Sanz pronuncia una frase que te devuelve a la realidad de lo que estás viendo: «Nadie le dice a los demás «no me gusta viajar» aunque así sea. Viajar está de moda, así que viajamos, cada vez más… Hasta que, un día, llegan los hijos».

Los hijos. Ese parece ser el límite para muchos padres, el punto y final para algunas actividades y hábitos que los hace sentirse bien o que, incluso, los definen como personas (aunque también hay quienes se presentan como madre antes que con otro rasgo de identidad). Lucía Sánchez y Rubén Señor, en cambio, decidieron convertir la actividad que más los definía en una herramienta para criar a su hijo: el viaje.

Rubén y Lucía sufren los síntomas de un extraño síndrome desde hace años, concretamente desde las 12:15 del mediodía del 1 de julio de 2013. Ese fue el momento exacto en el que dejaron su trabajo como publicistas y comenzaron una vuelta al mundo que los catapultó a una nueva situación llena de incertidumbres y mariposas en el pericardio: vivir viajando a través de su web, la recién nacida Algo que recordar.

Lo que al principio parecía un salto al vacío fue, en realidad, una zambullida hacia un mundo ingrávido en el que se movían con total facilidad. El planeta se convirtió en su oficina y, a partir de él, nacieron artículos, fotos, videos y documentales en los que transmitían todos los aprendizajes que iban adquiriendo por el camino.

«Y entonces, ocurrió: llegó el flechazo».

La voz de Lucía marca un cambio de tercio en el documental. «Nos enamoramos de los niños viajeros. Habíamos coincidido en varios países con familias de todos lados que viajaban con sus hijos por un par de semanas, seis meses e incluso tres años. Se acercaban a todo el mundo, se presentaban en varios idiomas… eran como muy libres».

Lucía y Rubén se dieron cuenta de que aquellos niños que habían tenido el viaje como base de su crianza estaban «muy conectados consigo mismos y con sus necesidades», explica Rubén en el documental. «Nos parecían muy autónomos, capaces de tomar decisiones, de resolver problemas, de inventar mundos imaginarios con cualquier cosa o con ninguna, amantes de la naturaleza…».

Un nuevo horizonte se abrió frente a los creadores de Algo que recordar. Ellos, que habían descartado ser padres para poder viajar sin ataduras, descubrieron que viajar con niños no solo era posible, sino algo que deseaban hacer con todas sus fuerzas. En esa tormenta de emociones contradictorias, Lucía y Rubén se hicieron una promesa: tendrían un hijo para regalarle el mundo, para poder darle todo lo que habían visto, aprendido y vivido.

Ese hijo se llamó Koke, nació en 2016 y sus padres aún ignoraban en aquel momento la magnitud de su promesa.

INSTRUCCIONES PARA CUMPLIR UNA PROMESA

Paso 1: Ignore la presión social

Lucía y Rubén ya habían pasado por la fase de los dedos acusadores cuando decidieron dejarlo todo y marcharse de viaje. Sin embargo, ahora era distinto; ahora había un niño de por medio. «En estos tres años hemos necesitado devorar libros, artículos y publicaciones que escriben personas como algunos de los expertos que aparecen en el documental para fundamentar que no estamos locos y que llevarle la contraria al mundo es lo más cuerdo que hemos hecho nunca», explica Lucía Sánchez.

Según los creadores de Hola, Mundo, el objetivo inicial de la pieza surgió como un alegato ante las opiniones críticas que habían recibido por la elección de su forma de vida y de «una necesidad de dar argumentos a aquellos en una situación similar a la nuestra, para tener algo que decir a la gente de su entorno», explica Rubén Señor.

Sin embargo, como explica el propio Rubén, «el documental se fue alejando de este objetivo y el viaje se convirtió en hilo conductor para contar cosas más elevadas». Esas cosas más elevadas eran los mecanismos para criar a un niño durante sus primeros años de vida, los más importantes en el desarrollo de un ser humano.

Paso 2: Lea mucho (y de calidad)

Hola, Mundo no es un videoblog disfrazado de documental sobre unos padres que viajan y se lo pasan pipa con su hijo. Cada paso está trazado con un sentido, y ese sentido lo dan los múltiples apoyos científicos que aparecen en el mismo y sientan las bases de lo aprendido por Rubén y Lucía para la educación de Koke. Entre esos apoyos científicos se encuentran figuras como el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, la pediatra Lucía Galán, el psicólogo Alberto Soler y la doctora en biología Katia Hueso.

Entrelazando las imágenes de las vivencias de la familia en Algo que recordar, los diferentes entrevistados van dejando caer píldoras basadas en sus conocimientos científicos sobre algunos miedos o prejuicios habituales del hecho de viajar con niños. Entre ellos se encuentran el temor a contraer enfermedades o la objeción de que, siendo tan pequeños, no se van a acordar de los lugares recorridos.

Respecto a esto último, Alberto Soler realiza una argumentación a favor de realizar viajes con niños muy pequeños para fomentar la estabilidad emocional del niño. El psicólogo explica que un niño «no va a poder contar ese recuerdo, pero hay  muchas formas diferentes de recordar. No se va a acordar de forma explícita, pero todo lo que ha vivido con esas experiencias positivas tan cercanas junto a sus padres construyen la base de todo su desarrollo». Esas experiencias, según cuenta un artículo mencionado por el psicólogo, «pueden ejercer una labor protectora frente a la depresión y otros problemas de la fase adulta».

Por su parte, Álvaro Bilbao, autor del libro El cerebro del niño explicado a los padres, habla en Hola, Mundo de la sobreprotección. «Vivimos en una sociedad en la que tenemos a los niños muy sobreprotegidos. Cuando viajamos lejos de la sociedad occidental, vemos que los niños aprenden habilidades de una manera muy distinta, se forman grupos grandes en los que aprenden, juegan, disfrutan. Esa es una fuente muy grande de confianza para ellos».

Según explica el neuropsicólogo, «cuando un niño tiene que tomar decisiones por sí solo y no está bajo la constante sobreprotección de los padres, lo que ocurre en su cerebro es que se activa la corteza orbitofrontal. Esta es una zona muy importante porque activa todas las regiones frontales del cerebro, que son las últimas que hemos desarrollado como especie y que nos permiten tomar mejores decisiones, tener más autocontrol y resolver mejor los problemas».

Paso 3: Recorra el mundo (sin miedo)

Desde cero hasta los dos años y diez meses. Ese es el recorrido temporal en la vida de Koke que se presencia en Hola, Mundo. Sin embargo, su recorrido espacial es exponencialmente mayor de lo que cabría esperar para ese lapso de tiempo tan reducido en la vida de un bebé:

Tokio, Shangái, Nueva York, París, Colombia,

Sudáfrica, Suazilandia, Argentina, Puerto Rico, Miami, Chicago,

Costa Oeste, Frankfurt, Roma, Brasil, Chile,

Cuba, Islandia, Irlanda, Egipto.

Gracias a su perseverancia, la pareja pudo continuar con la forma de vida viajera que habían llevado hasta ese momento, esta vez junto a su hijo. Durante sus dos primeros años de vida Koke caminó junto pingüinos, vio jirafas en libertad, presenció la aurora boreal, caminó a tientas frente a glaciares, se subió a tocar instrumentos con bandas callejeras en Cuba y Puerto Rico, sobrevoló el Gran Cañón en helicóptero, chapoteó en las lagunas altiplánicas del desierto de Atacama o entró en templos budistas.

Pero, más allá de los países visitados, lo que impactó a Rubén y Lucía fue el efecto que tenía el viaje sobre la personalidad de Koke: el contacto con diferentes culturas, gastronomías, religiones, seres humanos y, sobre todo, el hecho de estar junto a sus padres 24 horas al día habían influido de forma directa en el crecimiento de su hijo. Combinando lo aprendido de sus múltiples lecturas científicas con las posibilidades que ofrecía tener tantos estímulos diferentes para Koke, los padres fueron viendo cómo este iba desarrollando cualidades que lo diferenciaban de otros niños de su edad.

Sin embargo, y como explica Lucía, «Koke no es más listo que otros niños, sino que cuenta con más estímulos para potenciar sus puntos positivos. El viaje permite que se desarrolle de forma natural lo que a cada niño se le da mejor. Por ejemplo, si un niño es observador, tiene 24 horas al día para descubrirlo y entrenarlo». Para Rubén, la cualidad más destacada adquirida por Koke es el «contacto con la gente, la naturalidad con que habla y se presenta, el desenfado para hablar y acercarse a quien sea… Se ha convertido en un arma de socialización masiva». Y remata entre risas: «el problema es que es un puto torbellino y no hay quien lo pare».

Pese a que en Hola, Mundo Rubén y Lucía muestran su experiencia de viaje casi constante con Koke, hay también una idea muy clara plasmada en la obra. Como explica Lucía, «el documental no es “déjalo todo y vete ocho meses de viaje”. La idea es inspirar a cada uno dentro de sus posibilidades, probar a ir con tus hijos dos semanas a un lugar diferente como puede ser Japón, en lugar de dos semanas a Fuengirola. E incluso más allá de eso: dejar tiempo para realizar un ocio común con niños, donde toda la familia forme parte del viaje. No hace falta irse a Australia para que se puedan aprovechar los beneficios que tiene el viaje en familia, como son el juego libre, salir de tu entorno, cruzarte con gente que no conoces… Si ir Asturias es tu límite, ahí también es posible».

Para Rubén y Lucía la educación que ha ido recibiendo Koke es la ideal, pero son conscientes de que se van acercando lentamente a los seis años, la edad obligatoria de escolarización en España. Respecto a ese tema, Lucía explica que «estamos en fase de escucha e investigación de todas las posibilidades. Estamos valorando métodos como worldschooling o el de algunas escuelas alternativas que comprendan nuestra situación y el beneficio que tiene el viaje como forma complementaria a un sistema educativo que, por otra parte, tampoco podemos ignorar eternamente. No estamos en plan “por favor, que no pise un cole ni de coña”, pero sí una fórmula que pueda cuadrar con el viaje».

Hola, Mundo se estrenó el 24 de octubre en Madrid y el 7 de noviembre lo hará en Barcelona con entrada gratuita. Sus creadores se encuentran en negociaciones con diversas plataformas de streaming para la futura difusión de la obra (y a punto de comenzar un nuevo viaje, esta vez en autocaravana).

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