25 de marzo 2019    /   IDEAS
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‘Hasta nunqui’, la forma cursi y coloquial que tiene Twitter de mandarte a la mierda

25 de marzo 2019    /   IDEAS     por          
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—¿A que no sabes a quién me encontré ayer?

—Ni idea. Dame una pista

—¡Holi, cuquiiiiiiiis!

—¿Chon? ¡Qué pereza de chica! ¿Y te braseó mucho?

—Toda una línea de metro, no te digo más.

—¡Ostras, qué viaje! ¡Y has sobrevivido sin morir de un coma diabético!

—Bueno, no te creas. Desde ayer me noto que hablo raro y no sé si tendrá que ver con ella.

—¿¡En serioooooo!?

—Nop, es bromi.

—¡Uy, pues sip! ¡Y lo contagioso que es esto!

—Que no, bobi, que es de coña.

—Okis, vamos a dejarlo aquí. Vuelve a casa y márcate una sesión intensiva de documentales de la 2. A ver si te liberas de tanto azúcar. Besis.

—Desde luego, guapi, cómo eres. Hala, hasta nunqui.

Si hay algún diabético en la sala, ya disculpará esta subida de azúcar tan de sopetón, pero es lo que tiene a veces el lenguaje en Twitter, que cuando se pone tierno no hay quien lo frene.

Twitter es esa jungla de hashtags y gifs que nos tienen sorbido el coco y la dialéctica. Si algo distingue a esta red social es el uso coloquial y familiar que hacemos del lenguaje y que volcamos sin complejos en sus 280 caracteres. Vamos, que hablamos como nos sale de las tripas, sin filtros, ni normas ni ortografía que valgan.

La Academia afirma en el Libro de estilo de la lengua española que se trata de reflejos de la comunicación oral en la escritura digital. Y que, por eso, por tratar de suavizar las expresiones y darles un tono familiar e informal, los hablantes tuiteros optan por ciertos recursos para logarlo. Uno de ellos es el «uso de -i o -is en la terminación de palabras (holis, besis, okis…) o la adición de una -p en casos como sip o nop».

Si la RAE te parece demasiado mayor para opinar de estas cosas, las filólogas Carlota de Benito y Ana Estrada publicaron un estudio conjunto titulado Holi, en Twitter hablamos raro un besi: la variación lingüística en Twitter donde explican muy claramente la formación de estos coloquialismos. «El sufijo -i», dicen, «nace ya asociado con los diminutivos, especialmente su uso afectivo, debido a que es común en nombres propios y vocativos (Mari, Pati, Carloti, Javi, cuqui, cari)».

Ahora bien, si tu mundo es maniqueo y necesitas imperiosamente saber si saludando con un holi en Twitter y despidiéndote con un hasta nunqui estás obrando bien, mamá RAE te dice que sí, siempre y cuando tengas claro con quién estás hablando, en qué contexto y en qué registro.

Vamos, que mejor que no le hables así a tu jefe ni a tu cliente si solo te une a ellos una relación laboral. Pero si el roce y las jornadas maratonianas de trabajo han hecho el cariño, qué te impide enviarles muchos besis.

A mí, disculpadme si me da la risa.

 

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—Toda una línea de metro, no te digo más.

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—Bueno, no te creas. Desde ayer me noto que hablo raro y no sé si tendrá que ver con ella.

—¿¡En serioooooo!?

—Nop, es bromi.

—¡Uy, pues sip! ¡Y lo contagioso que es esto!

—Que no, bobi, que es de coña.

—Okis, vamos a dejarlo aquí. Vuelve a casa y márcate una sesión intensiva de documentales de la 2. A ver si te liberas de tanto azúcar. Besis.

—Desde luego, guapi, cómo eres. Hala, hasta nunqui.

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Ahora bien, si tu mundo es maniqueo y necesitas imperiosamente saber si saludando con un holi en Twitter y despidiéndote con un hasta nunqui estás obrando bien, mamá RAE te dice que sí, siempre y cuando tengas claro con quién estás hablando, en qué contexto y en qué registro.

Vamos, que mejor que no le hables así a tu jefe ni a tu cliente si solo te une a ellos una relación laboral. Pero si el roce y las jornadas maratonianas de trabajo han hecho el cariño, qué te impide enviarles muchos besis.

A mí, disculpadme si me da la risa.

 

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