30 de mayo 2012    /   BUSINESS
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Hotel Divorce: divorcios amistosos en solo un fin de semana

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El 14 de febrero de 2011 San Valentín sufrió un revés. Ese día nacía una empresa llamada Divorce Hotel en Amsterdam. La compañía tenía como misión concentrar en un fin de semana todas las negociaciones y los trámites de divorcio de una pareja. Todo se haría de viernes a domingo en un hotel de lujo, con un amplio despliegue de servicios jurídicos, psicológicos y anti-estrés.

Desde entonces hasta ahora 17 parejas han recurrido a los servicios de Divorce Hotel en Holanda. “Solo llevamos a cabo divorcios basados en la ley holandesa”, especifica el fundador, Jim Halfens.

Pero esto podría ser así durante muy poco tiempo más. En la actualidad, Halfens negocia con hoteles y despachos de abogados estadounidenses para llevar esta modalidad de separación hasta ese país y, además, está en conversaciones con dos productoras de TV para crear un reality show.

España también está en su plan de expansión. “Esperamos implantarnos allí lo antes posible”, apunta.

El fin de semana típico comienza con el check-in del viernes. Empieza entonces la cuenta atrás para que el domingo todo esté arreglado y todos estén contentos. Los cónyuges duermen en habitaciones separadas a no ser que, como ocurrió en una ocasión, pidan pasar la noche juntos.

“Nuestro abogado y mediador tiene una charla previa para descubrir dónde pueden surgir asuntos complicados. El sábado empieza un programa a medida en el que los cónyuges mantienen conversaciones con abogados, agentes inmobiliarios y notarios. El domingo la pareja firma el divorcio y ahí se acaba todo”, explica el holandés.

El maratón negociador se alterna con jakuzzis, terapias de relajación, paseos y buenos restaurantes destinados a suavizar el trance.

El fin de semana cuesta 2.500 euros. La cifra incluye los trámites del divorcio y el hotel. “Los divorcios son, a menudo, procesos centrados en luchas y negatividad”, indica. “Nosotros decimos que cuando un marido y una mujer están convencidos de que se quieren divorciar, tienen la posibilidad de separarse de forma positiva. En Divorce Hotel pueden ahorrar mucho dinero y mucho estrés”.

No todas las parejas son admitidas para este fin de semana destinado a cerrar, definitivamente, una etapa de su vida. “Nosotros decidimos quién puede ir al hotel. Evidentemente solo podemos ayudar a parejas que quieren separarse de forma positiva. Esto lo comprobamos haciendo una entrevista previa. Si una pareja se pelea constantemente, no tiene ningún sentido que vayan al hotel. En ese caso, ofrecemos el divorcio tradicional, como el español. Ya hemos hecho una docena de este tipo”.

Halfens decidió crear este servicio después de ver a un amigo triste y apático durante varios meses en los que se eternizaba la negociación de su divorcio. “Una separación cuesta mucho tiempo y dinero. Pensé que tenía que haber otra forma de divorciarse y preparamos una programa de 3 días por un precio razonable”, sostiene.

Para el lanzamiento eligió un 14 de febrero, día de los enamorados, porque pensaron que “San Valentín es un día positivo”, asegura. “Consideramos que el fracaso de un matrimonio es negativo pero el divorcio supone un comienzo positivo de una nueva vida. Eso es mejor que instalarse en la negatividad de mirar atrás constantemente”.

Descubrimos este hotel por 11870

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El 14 de febrero de 2011 San Valentín sufrió un revés. Ese día nacía una empresa llamada Divorce Hotel en Amsterdam. La compañía tenía como misión concentrar en un fin de semana todas las negociaciones y los trámites de divorcio de una pareja. Todo se haría de viernes a domingo en un hotel de lujo, con un amplio despliegue de servicios jurídicos, psicológicos y anti-estrés.

Desde entonces hasta ahora 17 parejas han recurrido a los servicios de Divorce Hotel en Holanda. “Solo llevamos a cabo divorcios basados en la ley holandesa”, especifica el fundador, Jim Halfens.

Pero esto podría ser así durante muy poco tiempo más. En la actualidad, Halfens negocia con hoteles y despachos de abogados estadounidenses para llevar esta modalidad de separación hasta ese país y, además, está en conversaciones con dos productoras de TV para crear un reality show.

España también está en su plan de expansión. “Esperamos implantarnos allí lo antes posible”, apunta.

El fin de semana típico comienza con el check-in del viernes. Empieza entonces la cuenta atrás para que el domingo todo esté arreglado y todos estén contentos. Los cónyuges duermen en habitaciones separadas a no ser que, como ocurrió en una ocasión, pidan pasar la noche juntos.

“Nuestro abogado y mediador tiene una charla previa para descubrir dónde pueden surgir asuntos complicados. El sábado empieza un programa a medida en el que los cónyuges mantienen conversaciones con abogados, agentes inmobiliarios y notarios. El domingo la pareja firma el divorcio y ahí se acaba todo”, explica el holandés.

El maratón negociador se alterna con jakuzzis, terapias de relajación, paseos y buenos restaurantes destinados a suavizar el trance.

El fin de semana cuesta 2.500 euros. La cifra incluye los trámites del divorcio y el hotel. “Los divorcios son, a menudo, procesos centrados en luchas y negatividad”, indica. “Nosotros decimos que cuando un marido y una mujer están convencidos de que se quieren divorciar, tienen la posibilidad de separarse de forma positiva. En Divorce Hotel pueden ahorrar mucho dinero y mucho estrés”.

No todas las parejas son admitidas para este fin de semana destinado a cerrar, definitivamente, una etapa de su vida. “Nosotros decidimos quién puede ir al hotel. Evidentemente solo podemos ayudar a parejas que quieren separarse de forma positiva. Esto lo comprobamos haciendo una entrevista previa. Si una pareja se pelea constantemente, no tiene ningún sentido que vayan al hotel. En ese caso, ofrecemos el divorcio tradicional, como el español. Ya hemos hecho una docena de este tipo”.

Halfens decidió crear este servicio después de ver a un amigo triste y apático durante varios meses en los que se eternizaba la negociación de su divorcio. “Una separación cuesta mucho tiempo y dinero. Pensé que tenía que haber otra forma de divorciarse y preparamos una programa de 3 días por un precio razonable”, sostiene.

Para el lanzamiento eligió un 14 de febrero, día de los enamorados, porque pensaron que “San Valentín es un día positivo”, asegura. “Consideramos que el fracaso de un matrimonio es negativo pero el divorcio supone un comienzo positivo de una nueva vida. Eso es mejor que instalarse en la negatividad de mirar atrás constantemente”.

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