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24 de marzo 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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Huevos a la escocesa  

24 de marzo 2015    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Los huevos a la flamenca, a la cubana, a la gallega, a la mexicana… se comen. Pero los huevos a la escocesa… se enfrían.
Comencemos por el principio. En Escocia hay casi ciento setenta clanes, cuyo origen se remonta varios siglos atrás, y cuya sonoridad no siempre empieza por el consabido Mac…
El caso es que cada clan lleva asociado un lema (en latín o en inglés), una enseña y un diseño del tartán, que es la lana con la que se confeccionan las falditas escocesas o kilts. Es como si en España los Fernández vistieran diferente de los López o de los Martínez y cada uno peleara por su hegemonía en las fiestas populares.
Pero de todos ellos el más escocés es precisamente Scott. No en vano fue el escritor Walter Scott quien modernizó el árbol genealógico de todos los nacidos al norte del Muro de Adriano. Es como llamarse España en España. Le sucede a la viuda de Francisco Umbral y también a Paco España. Ningún norteamericano se apellida ‘Estadosunidos’ o simplemente ‘Usa’.
Cuando tuvo lugar la sangrienta batalla de Culloden en 1746, donde la rebelión jacobita fue aplastada sin piedad por las tropas reales del rey Jorge II, el fucsia no se había inventado ni el verde fosforito, por lo que los colores de los tartanes eran más bien apagados. El atuendo se completa todavía hoy con una camisola y un bolsito donde llevar una petaca llena de whisky de malta, la bebida nacional. Este bolsito se llama sporran y hasta hace poco era obligatorio confeccionarlo con piel de foca. La oportuna prohibición de seguir masacrando estos animales ha cambiado las reglas, por fortuna.

Toda esa genitalidad liberada no puede sino exacerbar el sentimiento patriótico y nacionalista


Y respecto a la ropa interior, en fin, ya saben que los bravos habitantes de las Highlands (Tierras Altas) ignoran la existencia del gayumbo y llevan las pelotas al aire, que, créanme, en esas tierras es bastante frío y cortante. Lo peor es cuando toman el autobús de línea o el tren con sus galas y aposentan sus reales sobre los asientos. A veces llevan un gran estuche en el que duerme una gaita, porque van a participar en algún evento local relacionado con los clanes o con la propia historia de Escocia.
Igual que hay plazas reservadas para embarazadas o ancianos, debería imponerse al menos un asiento por vehículo para quien vaya restregando su escroto y sus nalgas por el tapizado o el plástico del servicio público.
En el reino animal suelen ser los machos los que marcan el territorio, por lo que cabe concluir que toda esa genitalidad liberada no puede sino exacerbar el sentimiento patriótico y nacionalista. Sin duda, la cuestión de la independencia hunde sus raíces en las entrepiernas peludas y saltarinas de los MacAlister, Campbell, MacGregor, Ramsey y el resto de clanes.
La próxima vez que se pongan un calzoncillo, o que se lo quiten a alguien, piensen en la endiablada meteorología de las Tierras Altas… y sentirán un escalofrío en las ‘zonas bajas’.
 
Imagen de portada: Tim Large / Shutterstock

Los huevos a la flamenca, a la cubana, a la gallega, a la mexicana… se comen. Pero los huevos a la escocesa… se enfrían.
Comencemos por el principio. En Escocia hay casi ciento setenta clanes, cuyo origen se remonta varios siglos atrás, y cuya sonoridad no siempre empieza por el consabido Mac…
El caso es que cada clan lleva asociado un lema (en latín o en inglés), una enseña y un diseño del tartán, que es la lana con la que se confeccionan las falditas escocesas o kilts. Es como si en España los Fernández vistieran diferente de los López o de los Martínez y cada uno peleara por su hegemonía en las fiestas populares.
Pero de todos ellos el más escocés es precisamente Scott. No en vano fue el escritor Walter Scott quien modernizó el árbol genealógico de todos los nacidos al norte del Muro de Adriano. Es como llamarse España en España. Le sucede a la viuda de Francisco Umbral y también a Paco España. Ningún norteamericano se apellida ‘Estadosunidos’ o simplemente ‘Usa’.
Cuando tuvo lugar la sangrienta batalla de Culloden en 1746, donde la rebelión jacobita fue aplastada sin piedad por las tropas reales del rey Jorge II, el fucsia no se había inventado ni el verde fosforito, por lo que los colores de los tartanes eran más bien apagados. El atuendo se completa todavía hoy con una camisola y un bolsito donde llevar una petaca llena de whisky de malta, la bebida nacional. Este bolsito se llama sporran y hasta hace poco era obligatorio confeccionarlo con piel de foca. La oportuna prohibición de seguir masacrando estos animales ha cambiado las reglas, por fortuna.

Toda esa genitalidad liberada no puede sino exacerbar el sentimiento patriótico y nacionalista


Y respecto a la ropa interior, en fin, ya saben que los bravos habitantes de las Highlands (Tierras Altas) ignoran la existencia del gayumbo y llevan las pelotas al aire, que, créanme, en esas tierras es bastante frío y cortante. Lo peor es cuando toman el autobús de línea o el tren con sus galas y aposentan sus reales sobre los asientos. A veces llevan un gran estuche en el que duerme una gaita, porque van a participar en algún evento local relacionado con los clanes o con la propia historia de Escocia.
Igual que hay plazas reservadas para embarazadas o ancianos, debería imponerse al menos un asiento por vehículo para quien vaya restregando su escroto y sus nalgas por el tapizado o el plástico del servicio público.
En el reino animal suelen ser los machos los que marcan el territorio, por lo que cabe concluir que toda esa genitalidad liberada no puede sino exacerbar el sentimiento patriótico y nacionalista. Sin duda, la cuestión de la independencia hunde sus raíces en las entrepiernas peludas y saltarinas de los MacAlister, Campbell, MacGregor, Ramsey y el resto de clanes.
La próxima vez que se pongan un calzoncillo, o que se lo quiten a alguien, piensen en la endiablada meteorología de las Tierras Altas… y sentirán un escalofrío en las ‘zonas bajas’.
 
Imagen de portada: Tim Large / Shutterstock

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